—¿Por qué? —se preguntaba mientras su cuerpo flotaba en el fondo del agua. A simple vista pareciera que ella está en calma, pero en realidad está llorando, es solo que sus lágrimas se mezclaban con el agua—. Papá, mamá, ¿quién soy realmente? ¿Por qué no puedo recordar nada? Tengo miedo, mucho miedo.
Siete años atrás…
Abrió los ojos de golpe, vio que todo a su alrededor era blanco. Las ventanas de la habitación del hospital se hallaban abiertas y una brisa de viento provocaba que las cortinas se balancearan.
Gran parte de su cuerpo no podía moverlo. Con debilidad, levantó uno de sus brazos y se lo llevó hasta la cara, el cual le comenzaba a arder. Sus dedos sintieron la tela que rodeaba todo su rostro.
Su corazón comenzó a acelerarse, estaba algo nerviosa y confundida.
—¿Dónde estoy? —dijo con dificultad. Ella se levantó de la camilla. Cada paso que daba parecían como si se quemara, todo su cuerpo le ardía. Llegó con pasos débiles a la puerta, sus piernas se aflojaron y antes de caer de rodillas, se aferró con mucha fuerza a la manija del picaporte. Con la poca fuerza que tenía, se volvió a poner de pie. Giró el picaporte y salió de la habitación.
Agatha se apoyó contra la pared y con su ayuda comenzó a caminar. Algunos pacientes posaban sus miradas sobre Agatha, ella se detenía para recuperar el aliento y descansar por unos segundos y luego continuaba caminando.
La señora Nora entró a la habitación y vio que su hija no se encontraba en la camilla. La señora Nora salió de la habitación.
—Enfermera, ¿llevaron a mi hija para hacer algunos exámenes? —preguntó a una mujer que caminaba por el pasillo.
—El profesor Pablo aún no nos ha dado instrucciones para realizarle algunas pruebas, ¿por qué lo pregunta?
—Mi hija no está en la habitación.
—Eso no puede ser —entró a la habitación.
—¿Lo ves?
La enfermera salió de la habitación y corrió en dirección a un grupo de enfermeros.
—¿qué sucede? —preguntó un enfermero.
—La hija del doctor desapareció —comentó.
—Tenemos que buscarla —continuó otra enfermera.
—Yo me encargaré de buscarla por aquel lado —dijo otro enfermero, mientras señalaba la administración.
Los cuatro enfermeros se separaron para cubrir más terreno.
Agatha se detuvo frente a la puerta de cristal y antes de cruzar hacia el otro lado, su visión se oscureció y ella cayó boca abajo, en medio de la entrada.
El doctor Pablo corrió por el pasillo, él se acababa de enterar de que su hija había desaparecido. Él se acercó a la entrada y vio a su hija, la mitad de su cuerpo se hallaba fuera del hospital.
—Trae una camilla —ordenó a la enfermera que había atendido a la señora Nora.
—Sí —corrió en busca de la camilla.
—Agatha, despierta —hablaba Pablo.
—Hija —corrió Nora.
Pablo miró a un enfermero y con un gesto le indico que alejara a su esposa de Agatha. El enfermero agarró a la mujer y la alejó.
—No me vuelvas a dejar —lloró.
Muchas personas se acercaron a curiosear.
La enfermera bajó la camilla, y luego, con la ayuda de Pablo, levantaron el cuerpo de Agatha.
Agatha abrió unos centímetros los párpados y vio borroso el rostro de su madre y su padre y luego perdió por completo el conocimiento.
...***...
Aunque no podía ver por la oscuridad, ella sentía un extraño fluido bajo sus pies. Una luz iluminó todo el espacio. Agatha bajó la mirada y se percató que aquel líquido que fluía bajo sus pies tenía un color rojo. Su rostro se palideció. Ella trató de alejarse, pero cada vez que se detenía, volvía a mirar el piso y veía que el líquido seguía bajo sus pies. Su mano estaba cubierta por cortezas de sangre seca. Agatha levantó la mirada y observó en la lejanía dos cuerpos tendidos sobre un charco de sangre. Su corazón se aceleraba a la vez que el pecho se oprimía, parecía que quería llorar.
—Hija —dijo una voz.
Agatha abrió de golpe los ojos llorosos.
—Hija, te despertaste —volvió a decir Nora. La señora Stoll de Rossi ha estado cuidando a su hija durante estas tres semanas.
—¿Quién eres?
—Soy tu madre, ¿no me recuerdas?
—¿Mamá?
Nora afirmó con la cabeza.
Agatha llevó sus dos manos a la cabeza, sentía como esté en cualquier momento explotaría.
—No puedo recordar nada —murmuró.
Su cara comenzó a arder, ella gritó de dolor.
—¿Qué sucede?
—Me duele —trató de quitarse la venda con las uñas.
—No lo hagas —Nora corrió hasta ella y le agarró los brazos.
—No puedo soportar el dolor.
Mientras sostenía con una mano el brazo de su hija, con el otro, presionó el botón que se encontraba en la pared, en la parte superior de la cama.
El doctor Pablo entró corriendo a la habitación.
—Cariño, nuestra hija ha despertado —dijo con lágrimas en los ojos.
Con su poca fuerza, Agatha seguía forcejeando con su madre.
—Quítame la venda, por favor —gritó—. Me arde.
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