Ella se hallaba con la espalda erguida, su pie derecho se ubicaba hacia delante y la izquierda unos centímetros hacia atrás. Sus dos brazos seguían extendidos, sosteniendo el arma. Un protector auditivo se ubicaba sobre su cabeza. Al frente se podía observar una silueta de color negro. Esta imagen tenía varios círculos dentro de otro. Sobre una de las líneas se podía ver un pequeño orificio que fue producto de la bala que acaba de salir del arma de Ágatha.
«Concéntrate»
—Lo estoy intentando.
«Imagina que aquel blanco fue la persona que asesinó a tu padre»
Agatha bajó su brazo por un instante, respiró profundo y luego con los ojos cerrados, volvió a apuntar su arma hacia la silueta. Abrió los ojos. Por un instante parecía que la mirada de Ágatha se oscurecía. La detective presionó el gatillo y la bala impactó justo en el centro. Los ojos de Agatha volvieron a su color original.
El teléfono de Ágatha se encendió y esta última bajó su arma para revisar el celular, la persona que le había enviado el mensaje era Elías, su antiguo compañero. El texto decía el día y el horario en el que iba a haber la reunión de todos los egresados. A pesar de que ella aun no podía recordar nada de su pasado, cree que, si se encuentra con sus compañeros, podría empezar a recobrar la memoria y es por eso que estaba un poco emocionada y a la vez nerviosa.
...***...
Hospital Cross.
Agatha se detuvo en el pasillo, en frente de ella se hallaba una puerta blanca. Ella dio unos suaves golpes a la puerta. Un hombre canoso y arrugado, salió a recibirla, él vestía una larga bata.
—Señorita, Rossi.
—Si.
—¿Has venido a ver a tu mamá?
Agatha asintió.
El doctor Cross y Ágatha caminaron por el pasillo.
—¿Cómo se encuentra?
—Bastante mejor, estoy pensando en darle de alta.
—¿De verdad? ¡Qué alegría! Va a estar encantada cuando le cuente sobre esta noticia, ¿puedo hablar con ella?
—Claro.
Ambos entraron a un enorme salón. En su interior, se podía ver a algunos pacientes haciendo actividades recreativas, como jugar al ajedrez o tejer. Si se miraba por la ventana, se podría observar a otros pacientes en el jardín. Ellos hacían yoga. La señora Nora se encontraba sentada en una de las tantas mesas redondas que había en el salón. Dos mujeres la acompañaban, cada una tenía en sus manos tres cartas, con la que estaban jugando. La señora Nora levantó la mirada hacia la entrada y vio a su hija.
—Hija, ¡estás aquí! —levantó la voz y movió la mano.
—Mamá —se acercó a las tres mujeres.
—Ella es mi hija —presentó a Agatha a su dos nuevas amigas.
—Mucho gusto —respondió la mujer que se ubicaba a la derecha de Nora.
—Un placer conocerla, su madre habla mucho de usted —respondió la otra que estaba sentada a la izquierda de Nora.
Agatha solo sonrió.
—Veo que están jugando.
Nora y sus amigas asintieron.
—¿Quién está ganando?
Las dos mujeres señalaron a Nora.
Agatha se puso detrás de las tres mujeres, con la intención de ver las cartas de cada uno.
—Si bajas esta carta —susurró a la mujer que estaba en la izquierda de su mamá—. Podrás ganarle.
—¿De verdad?
—Confía en mí —sonrió.
La mujer obedeció y bajó la carta que le había indicado la detective.
—Eso es trampa —interrumpió Nora.
—Esto es mío —contestó mientras tomaba toda la carta que estaba en frente de Nora.
—Lo siento, madre. Algunas veces hay que saber perder.
—Un minuto —interrumpió la otra mujer y todos se detuvieron y la miraron—. Eso es mío —bajó una carta en la mesa y robó todas las cartas de la otra mujer.
—Pero... —miró a Agatha.
La detective encogió los hombros y después se echó a reír.
—Mamá, te tengo una buena noticia —se sentó en cuclillas en frente de su madre—. El doctor me dijo que pensaba en darte el alta.
—¿De verdad?
Agatha asintió.
Nora se echó a llorar.
—No llores, deberías estar contenta —habló una de las dos mujeres.
—Si, tu salida no es motivo de llanto.
—Es que no puedo parar. Estoy muy contenta.
Agatha abrazó a su madre.
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