Intoxicación

Un fuerte trueno resonó, esto provocó que las aves se asustaran y comenzaron a volar. En el cielo se dibujó una línea luminosa y seguido de ello, cayó una torrencial lluvia. Agatha y Arturo corrían sin dirección alguna, solo deseaban encontrar al menos una cabaña o algún lugar en el que puedan refugiarse. Es en estos momentos en donde Agatha desearía que esto se tratara de una película romántica. En ese tipo de películas, los personajes casi siempre encuentran una cabaña en medio de la nada. A decir verdad, si tuviera que elegir un género para ir a ver en una cita, ella sin duda elegiría una película de misterio. No es muy amante de las películas románticas. Ella se siente más identificada con los personajes de las películas de misterio, tal vez esto se deba a que siempre sintió que algo le faltaba o puede ser que solo le guste ese género.

—Mira.

Agatha levantó la cabeza y vio hacia donde Arturo señalaba. Frente a ellos se encontraba una cabaña. La cabaña se ubicaba sobre una llanura verdosa. Los extensos bosques frondosos parecían que protegían a esta cabaña. Es realmente difícil llegar hasta ese lugar, si no fuera porque ambos estuvieron caminando por varias horas, no habrían podido llegar hasta allí.

Agatha soportaba casi todo el peso de Arturo. Ambos se detuvieron frente a los escalones de madera, la detective apoyó su pie derecho en uno de los peldaños y luego subió los próximos escalones. Los dos se detuvieron en la entrada y luego golpearon la puerta, en busca de ayuda. Nadie contestó. Agatha hizo sentar a Arturo en el piso y luego ella se dispuso a girar el picaporte. La puerta se abrió con un chirrido.

—Quédate aquí.

Arturo asintió.

Agatha entró a la cabaña, todo estaba oscuro.

—Hola —gritó—. ¿Hay alguien? —el sonido volvió a gobernar todo el lugar. Agatha comenzó a buscar alguna perilla que le permitiera encender la luz. Una vez que encontró un interruptor, toda la cabaña se iluminó. Ella realmente estaba sorprendida, no creía que este lugar tuviera electricidad. El interior de la cabaña era muy acogedor, sobre una mesa de madera se ubicaba una caja blanca. Agatha abrió la caja y se percató que se trataba de medicamentos. La detective estaba boquiabierta, no podía creer lo que estaba viendo.

—¿cómo es posible? —se preguntaba

—¿Qué sucede?

Agatha salió de la cabaña para ayudar a Arturo a levantarse y volvieron a entrar. La detective sentó a Arturo en la silla.

—¿Esto es extraño?

—¿Qué cosas?

—Todo esto.

—Yo no veo nada extraño —contestó Arturo mientras se dejaba cubrir la cabeza con vendas.

—Es como si supieran que íbamos a venir a este lugar

—¿Quién? —miró hacia todos lados

—No sé.

—Por cierto… ¿Qué hacías en el restaurante Noodle Tree?

—Trabajando.

...*** ...

Horas antes…

Agatha entró al restaurante Noodle Tree al oír muchos gritos

—¿Qué sucede? —preguntó a una mujer que sostenía un sobre de madera. En su rostro se dibujaba una expresión de terror.

—¿Allá? —señaló

Agatha corrió hacia la dirección indicada y vio a un hombre parado en medio del salón. Él tenía de rehén a una niña de doce años aproximadamente. El joven apuntaba la sien de la niña con su arma de fuego.

«Ve detrás él»

Agatha caminó con sigilo hacia el hombre y se ubicó frente al sujeto

«Tenías que ir detrás de él, no al frente»

—Es peligroso —susurró—. Tiene de rehén a una niña. No podemos arriesgarla.

«Si hubieses ido por detrás, podrías haberlo sorprendido y quitado el arma».

—Si él se asustaba podría haber provocado que presionara el gatillo y eso es lo que tenemos que evitar.

—Agatha —dijo sorprendido Elías—. Ya estás aquí

Agatha se giró hacia él

—Aléjate… —ordenó—. Esto es peligroso

—¿No deberías dejar que los oficiales se encarguen de él? Esto es peligroso, ni siquiera estás en tu hora de servicio y tampoco estás equipada.

Agatha hizo omiso a lo que le decía Elías y volvió a mirar al hombre que tenía de rehén a la niña.

—¿Por qué no nos tranquilizamos? Baja el arma y hablemos —Agatha comenzó a dar pequeños pasos hacia el sujeto.

—Quiero que paguen

—Está bien, esa persona pagará, pero primero deja a la niña que no tiene nada que ver con todo esto.

—No te acerques —apoyó el arma en la sien de la niña. Ella comenzó a llorar, estaba asustada.

La niña cayó al piso.

—Yo no hice nada —dijo asustado el hombre y dejó caer el arma al piso. Agatha corrió hasta la niña y trató de levantarla.

—Llamen a una ambulancia —gritó a los que estaban allí. Agatha vio cómo uno a uno de los empleados y comensales caían al piso—. ¿Qué está pasando? —pensó mientras veía como el hombre que tenía de rehén a la niña, caía también.

«Ese olor…»

—¿Qué olor?

«Mira hacia arriba»

Agatha miró hacia el conducto de aire y vio como una neblina se expandía por todo el salón. La detective quiso sacar a la niña, pero no pudo hacerlo, ella también cayó boca abajo, mirando hacia el costado. Antes de perder por completo el conocimiento, pudo divisar la silueta de Arturo.

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