A pesar de que en el fondo se podía oír murmullos y algunos sonidos de vehículos, ellos se mantuvieron en silencio. Ninguno de los dos apartó la mirada del otro. Daniel estiró su brazo hacia el rostro de Agatha y con suavidad la acarició. Agatha cerró los ojos y sintió con todo su ser, el cálido tacto que recorría por su semblante. La detective se puso de puntita y Daniel se inclinó hasta el rostro de ella. Ambos sentían la agitada respiración del otro. Sus labios se tocaron. Ese momento parecía mágico, todo a su alrededor desaparecieron. Ya no había ruido de autos, ni de sirenas. Solo eran ellos en el mundo.
Una bocina provocó que aquel maravilloso momento se rompiera en mil pedazos, trayéndolos de vuelta a la realidad.
—Tenemos que volver —habló ella con un tono triste y soltó a Daniel
—Si —respondió el detective, pero esta vez, él la abrazó con mucha fuerza.
—Te confirmaré el día de la reunión
—Bien
Ambos se separaron y caminaron en direcciones opuestas.
—Detective, él es su novio, ¿verdad? —preguntó el oficial que había estado en la operación con ella.
—¿Cómo lo sabes?
—Es que... cuando él aparece por televisión, sus ojos brillan y sonríe.
—¿De verdad?
El oficial que estaba a su lado asintió.
—No lo sabía.
—¿Es cierto que él es mujeriego? Algo así oí y que es frío.
—Claro que no. No puedo negar que era un poco frío antes, pero con respecto al otro, eso sí que no.
—No tiene miedo de que él se enamore de alguien más, después de todo, casi no pueden verse y puede haber alguna compañera que esté detrás de él. Después de todo, él es guapo y tiene mucha plata, es el hombre ideal de cualquier mujer.
—Él no es del tipo de que se enamora fácilmente
—Veo que confías mucho en él
—Pues, sin confianza no puede haber una relación, ¿verdad?
— Detective, eso es admirable de usted.
—Si amas realmente a alguien lo único que puedes hacer es confiar en él, y si alguna vez terminan por algo tan trivial como la lejanía, es porque el amor que sentían no era tan fuerte como lo imaginaban. Esta clase de separación solo es una prueba que te da la vida.
La gran Ciudad...
—¿Ya estás lista? —preguntó Daniel a Rose.
La pequeña que tenía un vestido blanco con una cinta rosa en la cintura asintió con la cabeza. Desde que su apartamento fue víctima de algunos daños con aquellas bombas, él comenzó a vivir nuevamente con sus padres. Pero como era de imaginarse, la situación familiar no llegó a buen puerto y es por eso que Daniel volvió a alejarse de la casa familiar. La pequeña Rose no quería dejar a su padre y es por eso que de vez en cuando se quedaba a dormir en su nueva casa. Daniel sabe a la perfección que su trabajo es muy peligroso, no es fácil atrapar criminales y cuando lo atrapan, muchos de ellos quedan resentidos. Aún no puede quitarse de la cabeza la frase que le dijo Martina en su lecho de muerte “Debes cuidar a Rose” Él aún recuerda esa escena a la perfección, es como si hubiese sucedido ayer, todavía siente cómo su piel se erizaba. Él está seguro de que aquel día alguien los vigilaba desde algún punto ciego. Daniel daría su propia vida si es necesario por Rose, ella es su tesoro más preciado, la luz de sus ojos. Si su pequeña florcita es feliz, él también lo es.
Ambos se detuvieron frente a una casa estilo americana. Rose salió del auto y corrió hasta la puerta. Daniel golpeó la puerta. Una niña de la misma edad de Rose, abrió la puerta. Del fondo provenían algunas voces y gritos de infantes. La niña que vestía con tutu, agarró la mano a Rose y la hizo pasar.
—En el fondo están las chicas —dijo ella
—Papá, voy a jugar con mis amigas.
—Pórtate bien, florcita
—Si —sonrió
Daniel se tocó la mejilla y Rose se paró de punta para alcanzar a su papá que estaba inclinado hacia ella. Rose besó el cachete de Daniel.
Daniel agarró su teléfono y marcó algunos números mientras veía como la puerta se cerraba. Él llamó a Agatha para avisarle que estaba dirigiéndose hacia la gran capital. Ambos se habían puesto de acuerdo para ir juntos a la reunión.
—Tengo que colgar —dijo él, al percatarse que alguien lo estaba llamando
—Te estaré esperando en frente del restaurante
—Bien
Daniel colgó el llamado de Agatha y contestó a Luka
—¿Qué sucede?
—Te necesitamos
—¿Ahora?
—Si
Daniel corrió hasta el auto y comenzó a conducir hacia la dirección que le acababa de enviar Luka.
...***...
La gran capital...
Ya han pasado más de dos horas desde que Agatha habló con Daniel. Ella se encontraba parada frente a un enorme restaurante. La detective se veía hermosa con ese vestido rojo. Agatha miró la hora en su teléfono, en unos minutos comenzará la reunión y Daniel aún no llegaba. Agatha llamó a Daniel, pero por alguna razón la llamada la mandaba en el buzón de voz.
La ciudad...
Luka subió las escaleras a toda prisa, de vez en cuando se detenía para recuperar el aliento y volvía a correr. Llegó a la azotea.
—¿Qué estás haciendo? —dijo al ver a la joven parada al borde de la terraza—. Baja de ese lugar, te caerás.
—Quédate allí, no te acerques o me tiro
—Está bien. no me voy a acercar —le dice mientras da unos pasos hacia atrás.
La puerta de la azotea se abrió súbitamente
—¿A quién llamaste? ¿crees que no me voy a tirar? —dijo la mujer y se soltó de los barrotes. Su cuerpo comenzó a caer.
El cuerpo de Daniel se movió con rapidez y se tiró al piso para poder alcanzar el brazo de la chica.
Luka quedó inmóvil por unos momentos y luego de reaccionar se inclinó para ayudar a Daniel
Los dos trataban de subirla, pero ella no se quedaba quieta, su cuerpo se balanceaba.
—Suéltenme —pataleaba
—¡Quédate quieta! —dijo Daniel, mientras hacía fuerza para levantarla.
...***...
Agatha se adentró a lo más profundo del bosque, su vestido largo ahora era corto, ella lo había cortado para poder caminar bien. Sus pies desnudos tenían algunos rasguños que fueron provocados por algunos arbustos con espinas. El cielo oscuro indicaba que en algún momento iba a ver una fuerte tormenta, y es por ellos que Agatha debe encontrar un lugar para refugiarse.
Mientras seguía caminando vio a alguien tirado en el piso, corrió hasta esa persona para ayudarlo. Ella se sorprendió al ver de quien se trataba.
—Oye, oye —trató de despertar al moreno.
Arturo abrió los ojos.
—¿Dónde estoy? —dijo mientras se agarraba la cabeza. La sangre en forma de hilo corría por su frente
—¿Qué hacemos aquí? —preguntó al ver a Agatha.
—No sé, yo también me acabo de despertar —Agatha ayudó a levantar a Arturo. Rodeó el brazo de Archi en su cuello y siguieron caminando.
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