Ágatha comenzó a recordar.
—Ahora todo tiene sentido. Él conocía a la perfección este lugar, no fue una coincidencia que llegaramos hasta esta cabaña. El botiquín en la mesa, todo esto era un plan —murmuró.
—Detective, ¿pudo hallar a Carlos? —preguntaron varias voces.
Agatha miró a Facundo y a Leo.
—Salgan de aquí
—¿Qué sucede?
—¡Salgan de aquí, ahora!
Los dos hombres se miraron y luego obedecieron.
—¿Qué pasa? —preguntó Arturo algo confundido.
—¿Por qué? —estiró su brazo.
—¿Espera, que te sucede?
—Dime una cosa, ¿que he hecho yo?
—Nada
—Entonces, ¿por qué? —su brazo temblaba
—Ah, así que ya lo sabes —se acercó a ella—. Hubieras visto sus reacciones, fue espectacular. Me divertí mucho cuando comencé a cazarlos uno por uno, parecían unos conejos indefensos frente a un lobo hambriento —comentó con orgullo—. Pero, la expresión que más me fascinó fue la de él —sonrió.
—¿De qué estás hablando? —rió nerviosa.
El arma que estás sosteniendo en este momento es la misma que lo mató.
Agatha miró la pistola.
—Él definitivamente quería proteger a su familia.
—¿Qué te hizo mi padre? —gritó, casi quebrándose.
—Él mató a alguien muy especial para mi
—¿Qué quieres decir? Mi padre no sería capaz. Él no es un asesino. Mi padre es un buen hombre.
Arturo se echó a reír.
—¿Un buen hombre drogaría a su hija?
—¿D-drogarme? ¿Qué tontería estás diciendo?
—Nunca creí ver así a la famosa Agatha Rossi, la verdad es que es un poco decepcionante. Ella hablaba tan bien de ti
—¿Quién es ella? —gritó.
—Martina.
—La vez que fue a mi casa, fue la primera vez que tuve contacto con ella. Nunca la había visto.
—Veo que la droga aún tiene efecto en ti.
—¿De qué droga estás hablando?
—El que tomabas habitualmente.
—Esos no son drogas, son medicamentos para calmar mi ansiedad
Una risa escapó de la boca de Arturo.
—Y tú te lo creíste, ¿verdad? “el medicamento” del que tanto hablas, es una droga para suprimir todos tus recuerdos.
—Estás mintiendo. Estás tratando de confundirme, quieres que desconfíe de mi familia —en el momento en que terminó de hablar, en su mente apareció la frase que le había dicho Martina “Nada es lo que parece, no debes confiar en nadie”
—En este mundo las cosas no ocurren solo por casualidad, siempre hay alguna mano invisible manejando los hilos de los acontecimientos.
Un dolor agudo comenzó a subir hasta su cabeza, ella bajó el arma y se llevó las dos manos hasta la cabeza.
—Me estás escuchando, ¿verdad?
Agatha se agachó, tomó su arma y corrió hasta Arturo. Ambos comenzaron un combate de cuerpo a cuerpo. Agatha y Arturo cayeron, el moreno subió sobre Agatha e inmovilizó sus dos manos contra el piso.
—Que bien que te has ocultado —habló arturo en el oído de Agatha
—¿De qué estás hablando?
—Te gustó el obsequio que te dejé en el asiento del colectivo.
Agatha recordó el momento en donde su madre le había entregado una rosa, ella creía que el hombre que mencionaba su madre era Daniel.
«No se quien eres tu y ni cuales son tus intenciones, pero si vuelves a intentar hacerle daño» se libera de los agarres de Arturo «No dudaría en deshacerme de ti» con un solo movimiento hizo girar a Arturo. Esta vez era ella la que estaba sobre el moreno.
—Bienvenida… —sus ojos brillaban de emoción
—Detective gritaron varias voces mientras entraban a la cabaña.
Ambos se levantaron.
—¿Qué sucede? —habló Agatha.
—Miren hacia arriba —dijo el arquitecto mientras señalaba el cielo. En el cielo se podía observar un helicóptero sobrevolando la isla.
Antes de que pudiera intentar escapar, Agatha tomó del brazo a Arturo y todos corrieron en dirección a la playa.
—Pagarás por todo lo que has hecho —dijo mientras se detenían.
Leo y Facundo vieron a Carlos agitando el brazo y corrió a detenerlo.
—Están allí —gritó Daniel.
El helicóptero se quedó suspendido en el aire y Daniel arrojó unas escaleras de cuerda.
—¡¡Suban!!
Agatha dejó que los tres hombres subieran primero. La detective subiría detrás de Arturo, ella lo quiere tener bien vigilado para que no pudiera escapar.
—Camina —ordenó.
El helicóptero comenzó a ponerse en marcha.
Una bala impactó sobre una de las cuerdas y tanto Arturo como Agatha se tambalearon. Ellos tuvieron que sostenerse con mucha fuerza de la otra cuerda.
—Suban rápido —gritó Daniel
Una segunda bala impactó nuevamente en la otra cuerda. Antes de que pudieran caer, Arturo se apresuró a tomar uno de los peldaños de las escaleras de rescate y Agatha se sujetó de la pierna de Archi.
—¡Aguanten! —dijo Daniel mientras se preparaba para bajar y ayudarlos. Los otros tres hombres ya estaban a salvo en el interior del helicóptero—. Dame la mano —estiró un brazo hacia Arturo. Con el otro brazo se sujetaba del peldaño de madera. Arturo soltó un brazo y lo estiró hacia el detective. Daniel hizo fuerza para levantar al hombre.
—Ya no aguanto —gritó Agatha mientras sentía como los pantalones del que se estaba agarrando se descosía.
—Solo un poco más —volvió a decir Daniel.
Una vez que Arturo puso un pie en la escalera, una parte del pantalón se rompió y Agatha cayó.
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