La cámara enfocó a Agatha, ella se había vuelto a atar el pie con la misma soga que tenía y su mano se encontraba detrás de su espalda. Algunos pasos se detuvieron en frente de la puerta, las chicas murmuraban en voz baja. Agatha miró de reojo hacia la puerta, esta última, es abierta por los mismos dos sujetos que se habían llevado a las otras dos jovencitas.
—¡¿Qué me están haciendo?! — gritó una chica de cabello oscuro cuando el hombre de aspecto prominente la tomó del brazo—. Quiero que me lleven con mi hermana.
—No te preocupes, que pronto la verás —la levantó del piso y la empujó bruscamente para que caminara. El otro hombre agarró a Agatha y a Mariana.
—No te saldrás con la tuya —habló la pelinegra.
—¿Y, qué harás? —de su boca salió una risilla
—Yo nada, pero... estoy segura de que pagarán por lo que están haciendo.
Ágatha caminaba con la cabeza agachada y en silencio, de vez en cuando miraba el techo, directo a la cámara, en su labio se dibujaba una pequeña sonrisa.
—¿Por qué estás sonriendo?
«¡Es divertido!»
—¿Qué tanto te divierte?
—¡¿Qué?!
—Has dicho que es divertido, ¿y me gustaría saber que parte de todo esto es divertido?
—¿Yo dije eso?
—¿Me estás jodiendo? —su tono de voz parecía de enfado.
—No quise decir que era divertido —trató de calmar al hombre que estaba a su lado.
Ágata se detuvo en seco luego de que una persona rozó su brazo con la de ella. El sujeto vestía de traje negro y empujaba una mesa con rueda. Ágata se giró por un segundo y vio la espalda del hombre.
—Ese hombre...
—¡Camina! —dijo el hombre que le sostenía del brazo.
—¡Sube! —ordenó el prominente hombre a la chica de pelo negro
— N-no quiero —trató de escapar
—¿A dónde crees que vas? —volvió a tomarla del brazo.
—No quiero subir —algunas lágrimas comenzaron a brotar de su rostro.
—¿No querías ver a tu hermana?
—¿Si subo, la veré?
El hombre asintió con la cabeza
—Claro, ella está allí arriba.
La pelinegra miró a Agatha y vio como esta última, movía la cabeza como si indicara que debía obedecer.
—Está bien.
—Buena chica.
La jovencita subió varios escalones, ella miraba el piso.
—Demos un aplauso a esta jovencita —habló el hombre que tenía un micrófono en la mano—. Ella es muy tímida y por eso no puede levantar la mirada —el hombre se acercó a la chica y con una sonrisa habló—. ¿Por qué no nos regalas una sonrisa? Si quieres ver a tu hermana, mira hacia delante y sonríe —murmuró.
Con los ojos llorosos, la pelinegra miró hacia delante y sonrió. Una ola de aplausos inundó el salón de fiesta.
—Ahora les toca a ustedes —dijo, el hombre mientras empujaba a Mariana y a Agatha hacia el escenario. Las dos chicas casi caen hacia delante, pero afortunadamente se pudieron equilibrar y se detuvieron en seco.
Agatha miró al frente. El salón se encontraba repleto de personas, ellos estaban sentados en las butacas. Sobre sus piernas se hallaban unas paletas de puja.
— Que gane el mejor postor —habló el anfitrión.
La subasta comenzó.
...***...
La Ciudad
—Papá, recuérdalo.
Daniel se giró hacia el lado de la pared, esas palabras seguían resonando en su cabeza.
Abrió los ojos de golpe y de la misma manera miró su muñeca derecha.
—Se me está haciendo tarde —se levantó de la cama—. Cómo pude olvidarlo —desordenó su cabello con una mano. Se vistió con rapidez y luego subió a su auto.
Mientras conducía, presionó un botón que tenía en la parte inferior de la radio.
—Ya me estoy dirigiendo hacia allí —dijo y aceleró.
—Muy bien, señor. Lo esperaré en la entrada —contestó, una voz masculina. De pronto, la luz del semáforo cambió a rojo. Daniel frenó de golpe.
—¿En serio? —movió sus dedos sobre el volante como si tocara el piano.
Él suspiró.
Una vez que el semáforo dio luz verde, continuó su camino.
Se detuvo frente a un gran establecimiento.
—Señor, llegó justo a tiempo —dijo, el hombre que caminaba detrás de él—. La presentación está por acabar. Ambos caminaron por el largo corredor de la escuela primaria.
—Mi mamá trabaja en un hospital —respondió, Kevin
—¿Eso quiere decir que usted pincha?
—Mi mamá dice que los doctores pinchan a los niños que se portan mal —susurró un niño a otro.
—¿Usted también pincha? —preguntó otro.
—Si, también inyecto.
Todos en el salón gritaron.
El tema de la exposición era la familia y sus profesiones, es por eso, que Rose no dejaba de mirar la ventana, tenía miedo que su padre no llegara.
—Veamos quién falta —dijo mientras hojeaba algunos papeles—. Rose.
La niña de las dos coletas, se puso de pie.
—Sí.
—Seguro que su papá no vino —susurró uno de los chicos.
—Maestra, mi papá no… —agachó su cabeza. Los ojos se le cristalizaron, parecía que estaba por llorar.
—Miren, la bebé está llorando —dijo Kevin.
Daniel entró de golpe al salón.
Rose levantó la cabeza.
—Mi papá está allí —una sonrisa se le dibujó en el rostro. Corrió hasta él.
—Siento haber llegado tarde, cariño —se inclinó para secarle las lágrimas—. ¿Estuviste llorando?
Rose negó con la cabeza.
—No. Sabía que vendrías.
Los ojos de la pequeña brillaban de la emoción.
—Bienvenido, señor
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Updated 31 Episodes
Comments
Adoración del Carmen Martinez sonni
Autora,,,la historia está muy enredada,,ya me perdí 🙄🙄🙄
2023-11-13
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