...Trato...
De camino en la carretera, Sebastián y Aleida hablaban con tranquilidad.
Ah excepción de algunas ocasiones en las que Sebastián Compbell se enfurecía por el comportamiento tan extraño de la chica a su costado.
— Cabe que no me casaré contigo hasta tener el trato hecho con el abogado
— Y respeto tu decisión, has lo que creas que sea necesario
— Bien, te llevaré a casa
— A casa, pero yo no tengo casa
— Lo sé y mi abuelo me obligó a llevarte a la mía, no vivo en ella, pero tienes que estar ahí
— Y tú donde vivirás
— Vivo en la academia, ahí está mi casa y la mansión está en el bosque
– Bosque, me mandas a vivir a un bosque, no se supone que tenemos que vivir juntos
— No, no viviré contigo, no lo soportaría ni un minuto
— Sabes algo no soy tan mala como piensas
— No eres alguien de mi agrado por ahora, ya que me estás obligando aún matrimonio que no quiero
— Pero de igual manera, el matrimonio tiene que ser lo suficientemente realista, así tu familia puede dejarte en paz
— Estás diciendo que debo vivir contigo aun si yo no quiero
— Vivir es una cosa y compartir cuarto es otra, no te obligo a que duermas conmigo, solo considero que sería mejor que viviéramos en la misma casa
— Es la primera vez que estoy de acuerdo contigo, pero no significa que me agrades
— Y no busco hacerlo, solo quiero hacer las cosas lo más realista que se pueda
— Bien, hablaré con mi abogado al respecto, mientras te dejaré vivir en mi casa y mañana hablamos al respecto, ¿de acuerdo?
— Me parece razonable
Después de cuya conversación, un silencio sepulcral, se apoderó de aquel automóvil andante.
Aleida apreciaba la vista de aquel bosque que estaba en su punto máximo donde muy pronto aquellas hojas verdes se marchitarían.
Y es que el invierno estaba muy próximo de aquella pequeña ciudad de escocia.
Su ciudad natal era popular por sus inviernos largos, ya que solo contaba con las estaciones de primavera, otoño e invierno.
No tardaron mucho el auto paro en el enorme patio de una casa enorme, más bien para Aleida aquello era una mansión.
Si bien Aleida vivió con el abuelo de Sebastián, aun así ella quiso vivir sola y por su medio, solo el abuelo de Sebastián se encargó por pagar la educación de aquella niña que quedó a su cuidado una vez que sus padres fallecieron en un accidente, del que únicamente Aleida sobrevivió.
Sebastián miro a la chica que con un brillo en sus ojos miraba aquella mansión.
— Nunca estuviste en una casa como esta
— No, viví en un departamento seria de la universidad de los ángeles, pero jamás en una casa como esta
— Por qué no aceptaste la casa de mi abuelo, tiene una en los ángeles
– No, yo me encargo de sobrevivir por mi misma y él solo me ayudo con mi educación
Sebastián miró a la femenina que miraba aquella mansión que parecía un castillo.
Aleida pudo ver a varios hombres vestidos de negro y cámaras en todos los rincones, un signo de interrogación creció dentro de ella y miro al masculino que caminaba detrás de ella como uno de aquellos gorilas.
— Por qué hay tanta seguridad
— Soy un capitán de la marina, trabajo en la academia y mi padre es alguien importante, así que yo corro peligro al igual que tú, una vez que hallamos cumplido con el matrimonio
— Por ello todos estos hombres
— Así es
Aleida subió las escaleras que daban a la puerta con fascinación, se sentía realmente como de la realeza al subir aquellas escaleras hechas de mármol puro, la sonrisa de la femenina creció al ver aquellos candelabros colgados en el enorme techo que cubría la entrada
— Con cuantas habitaciones cuenta este enorme palacio
Elogio Aleida una vez que una mujer del personal abrió la puerta de madera gigante, dejándolos pasar al interior.
Simplemente, para Sebastián Compbell aquella mujer que sería su futura esposa, se le a figuraba una niña que sonreía por simplemente ver una casa.
Pero aquella "casa" como la llamaba Sebastián, era un ¡¡palacio!! Para la dulce Aleida Hamilton.
— Pasarás la noche en una habitación, elige la que sea de tu agrado, la mía está al este de la casa, y no me gusta que nadie interrumpa mi estancia ahí, de acuerdo
— Descuida, no sabrás ni me varas carca de ti
Sebastián Compbell al escuchar aquello de la femenina no supo el por qué sintió una punzada en el pecho al escuchar aquello proveniente de la chica.
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Comments
Anonymous
Muy interesante esta historia
2024-05-15
5
Elvia Crespo
Me parece muy bien, que pongas en claro que solo estas haciendo eso porque no te queda otro remedio para recibir lo que te corresponde por derecho y no porque el te interese....
2024-04-12
7
Maria Del Jesus Martinez
así de habla Aleida no te dejé de ese infeliz
2023-06-06
0