– Buenas tardes, vengo del restaurante de comida mexicana. – Llegué con el guardia de seguridad.
– Ah, si, si, pasa muchacho. – Me permitió el paso y recibió su platillo.
Hice el recorrido habitual de cada fin de semana, solo que hoy, no había tantas personas como otras veces.
– ¿Dónde están todos?– Llegué con la secretaria.
– El jefe les dió la tarde libre, solo estamos los más indispensables.
– ¿Entonces para quién es toda esta comida? – Mostré la canasta repleta de platillos.
– Eso irá a mi auto. – Salió un hombre de la oficina –Priscila, llama al refugio, diles que preparen el comedor.
Lo mire, desconcertado. Tenía poco más de un mes viniendo a entregar comida, y nunca había visto al jefe, hasta el día de hoy.
– ¿Maestro Soto?
Atraje la mirada del hombre y su asistente. – ¿Perdón, te conozco?
– No señor, pero yo a usted sí. –Coloque las cosas en el escritorio. – Permítame presentarme, soy estudiante de derecho y admiro su trabajo.
– Claro, te reconozco. Eres el pasante del asunto de los Betancourt.
– Así es, señor.
– ¿Y como terminaste siendo repartidor? – Pregunto la secretaria.
– Hubo recorte de personal en la firma en la que yo estaba y... – Me avergoncé de usar el uniforme del restaurante en ese momento.
– ¿Y en dónde estudias?
– En la facultad de derecho de la ciudad de México.
– Usted asistió a la misma, ¿No? – Comentó la señorita del escritorio.
– Ayúdame a llevar todo esto a mi auto, se hace tarde. Priscilla, has lo que te pedí.
– De acuerdo, jefe. Adiós, Christian.
– Adiós, Priscilla.
Seguí al hombre hasta el estacionamiento.
– ¿En qué semestre vas?
– En el segundo.
– Cuando recibas tu carte de pasante, presenta la solicitud a la fiscalía.
– Lo haré, señor.
Recibí el pago en efectivo y una generosa propina. Fue un buen día.
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** zumbido ** Mensaje nuevo.
"Hoy habrá práctica a las 11"
– Debo irme. – Corte una conversación a la que no le puse atención entre otro compañero y yo.
Últimamente no puedo concentrarme, estoy hasta el cuello de deberes escolares y el tiempo no me es suficiente para realizarlas todas, tener entrenamiento no me favorece más que para mantener la beca, en este punto, la beca es mi prioridad.
– Pero, el profesor aún no llega.
– Debo ir a entrenar. – Tomé mis cosas y salí corriendo de ahí.
En el campo, el entrenador y el capitán nos dieron una charla antes de comenzar.
– Dentro de poco se realizará un torneo a nivel nacional, cada año hemos sido seleccionados para representar a nuestra alma matér. Desafortunadamente, no hemos logrado llegar hasta el final, cómo saben, los caballos de la universidad tecnológica han sido nuestros rivales desde siempre, y nos hemos visto en la penosa situación de perder en su contra.
"Vaya, que palabras tan alentadoras", pensé para mi.
–Es por eso que este año no lo permitiremos, pondremos todo de nosotros en la cancha, nos esforzaremos y no descansaremos hasta vencerlos, y no solo a la universidad tecnológica, vamos a luchar por llegar a la final. Así que prepárense porqué no habrá un descanso para nosotros, a partir de hoy, entrenaremos a diario, día, tarde y noche.
Se les pasará una carta compromiso, deben colocar sus datos y firmarla. Aquí, ustedes se comprometen a entrenar antes que cualquier cosa, cuidar su salud y mejorar su rendimiento.
La comida es importante, no sé salten los alimentos, no quiero que terminen desmayandose a medio partido.
Tras escuchar al entrenador, recibí la forma que debía firmar.
– Entrenador, tengo algo que preguntarle. – Me acerque de inmediato.
– ¿Qué pasa, Grand?
– ¿Que ocurre con las clases?, debo asistir y mantener un buen promedio para...
– Grand, dime algo. ¿Tu beca es escolar o deportiva?
– Deportiva, señor.
– Exacto, tu prioridad es mantenerte en el equipo.
– Pero mi horario.
– Ya tendrás tiempo de pasar las materias en extraordinarios.
– Pero, entrenador.
– Si no puedes o no quieres firmar, está bien. Pero tu lugar puede ser ocupado por otro, se supone que te eligí por haber sido capitán en la preparatoria, fuiste recomendado por ser responsable y excelente en el campo, pero ahora vienes a lloriquear porque no puedes con un poco de carga de trabajo.
–¿Usted me eligió?
– Por supuesto, los directivos no estaban de acuerdo pero yo abogue por tí.
–...
– Así que tú decides, te vas o te quedas pero no estés a medias.
– Me quedo, señor.
– De acuerdo, entonces ve y demuestra porque te elegimos.
– Gracias, entrenador.
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– ¡Grand!, lleva el pedido.
– De inmediato.
Los días has sido un poco difíciles últimamente, estoy tan cansado... mi ojos se comienzan a cerrar, he estado a punto de chocar en más de una vez.
Por fortuna, volví pronto al trabajo.
– ¡Grand!, lleva el siguiente pedido.
– Si.
– Deberías mandar a Pedro lo que resta del día, Christian tiene mesas que atender y el repartidor no está haciendo nada. – Intervino el chef.
– ¡Pedro!, te toca. – Gritó el jefe.
El cocinero me dió una mirada de complicidad.– Quédate con las mesas que tienes y cuando se vayan tus clientes, vienes, tengo una tarea para tí.
– De acuerdo.
Seguí sus instrucciones.
– Jefe, Christian me ayudara a organizar la despensa y el refrigerador.
– Deberías hacerlo tú, aún hay mesas por atender.
– La chica nueva solo tiene 2 mesas y el otro, tiene 1, deberían tomar más trabajo. – Refutó el cocinero.
Me quedé escuchando el debate, solo quiero que este día termine.
– A demás, creo que se metió un ratón, y no puedo limpiar y cocinar al mismo tiempo. Grand es un muchacho fuerte, va a poder cargar las cajas y no le tendrá miedo a un roedor, así que es el indicado para el trabajo.
– Ay, está bien. Grand, vete a la bodega.
Entré a la habitación, me pareció muy limpia, comencé a mover un par de cajas en busca del ratón, escuché la puerta abrirse detrás de mi.
– Chico, deberias dormir un poco. – El cocinero me señaló una cama improvisada con cajas de plástico y un par de cajas de cartón desarmadas encima.
– No podría, si el jefe me encuentra.
– Es peligroso que estés tan fatigado y manejes cosas calientes, peor que usas la motocicleta. Tu turno termina en una hora, duérmete, yo te cubrire.
– Pero el jefe.
– El jefe no viene a la bodega, has lo que te digo y duerme.
– Muchas gracias.
Apenas tome asiento en ese lugar y sentí mi cuerpo desobedecer, la fatiga me hizo rendirme muy fácil.
– Chico, chico. – Sentí una mano moverme.
– ¿Qué ocurre?– Me incorpore de inmediato en mi lugar.
– Ya todos se fueron, es hora de ir a casa.
– Ah, entendido.
– Te ves un poco repuesto, ¿Cómo te sientes?
– Muy bien.
– Estos días te he visto estresado, cansado y desconcentrado. ¿Pasa algo?
– Nada de que preocuparse.
– No te exijas tanto, las cosas se darán poco a poco, ya verás. Yo también fui joven, y creí que mi vida se acabaría a los 20, quería ganar dinero a como diera lugar y me exigí por años a trabajar turnos dobles, a veces no comía porque tenía que trabajar, no salía porque tenía que ahorrar, comía lo que fuera cuando podía y cambie a mi familia y amigos por mi trabajo, lo único que conseguí fue hacerme diabético y quedarme solo. Tú no seas como yo fuí, debes darte tiempo para descansar y comer bien, para salir y recargar energías.
Escuché las palabras del viejo, agradecí su ayuda y me fui a casa.
"Se le hace muy fácil decirlo, yo tengo que mantenerme y estudiar, debo superarme y ser alguien importante en la vida"
Volví a casa y en vez de dormir, me quedé estudiando y repasando las notas de una chica que me prestó sus apuntes de las clases a las que no asisto mientras entreno.
"Lo voy a lograr"
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