Lo que sigue.

–Christian, hoy no vino el repartidor, encarga tus mesas a los demás y ve a entregar ese pedido en las oficinas, ahí viene la dirección, el departamento y el nombre del licenciado.

Dude un segundo, tengo muchas mesas y no quiero perder ninguna. – Jefe, pero tampoco hay suficientes meseros.

– Yo voy, jefe. – Dijo el nuevo.

– Vaya, que suerte, en las oficinas siempre dan buenas propinas. – Dijo el cocinero.

– ¿Sabes conducir moto? – El jefe le preguntó al nuevo.

– No, pero puedo llevarlo caminando, no está lejos.

– Tonterías, es demasiado, la comida se arruinara si tardas tanto en llegar. ¡Christian, ve!

Observé al cocinero detrás del jefe, él me asintió– De acuerdo, jefe.

Tomé las bolsas, son tantas que me costó acomodarlas en la caja de la moto. Me dirigí a la dirección que me marco el GPS.

– Buenas tardes, vengo del restaurante de comida mexicana.

El guardia de seguridad me observó. – Vaya, hasta que llegas, ya tengo hambre.

– ¿Licenciado...

– No, no, no, el licenciado está en su oficina, pero ya que estás aquí, puedes comenzar por entregarme mi pedido.

– Perdón, no tengo ningún pedido para usted.

– Ash, eres nuevo, ¿Verdad?, los fines de semana el licenciado nos paga la comida a todos, tú solo la debes ir repartiendo.

– Permítame un segundo.

Llamé al cocinero, muy amable me explico el sistema de entrega:

"Detrás de la hoja de la dirección, viene una lista. Es mejor que entregues conforme vas pasando a las oficinas, así, no llevarás cargando todo hasta llegar con el jefe."

Primero entregar un plato de pozole al guardia, entrar a la recepción y darle la orden de flautas y las cemitas a los recepcionistas, ingresar al tercer piso, a los pasantes darles las quesadillas y las gorditas, entrar a los cubículos y repartir pambazos, sopes, enchiladas y huaraches a los licenciados y la secretaria, y por último, llegar a la oficina del fiscal para hacerle entrega de su orden.

En cada parada que hice, recibí propina de los clientes. Me asegure de no equivocarme y del mismo modo, reparti las bebidas.

Estuve a punto de tocar en la gran oficina del fondo pero la secretaria me detuvo. – Está ocupado, déjame su comida a mi.

– Muy bien, señorita.

– No te había visto, ¿Eres nuevo?, ¿Que ocurrió con Pedro?

– Él no pudo venir a trabajar, así que me enviaron en su lugar.

– Mmm, entiendo. ¿Cuál es tu nombre?

– Christian.

– Muy bien, Christian, entonces espero verte más seguido por aquí.

Le sonreí a la mujer sentada en ese escritorio. –Por supuesto.

Volví al restaurante, ni tiempo tuve de bajar cuando salió el jefe corriendo. – Christian, por fin llegas, lleva esto, si no llega en 10 minutos a su destino lo pagarás tú.

–Pero jefe...

– Nada, ve a hacer lo que te digo.

Fue a toda velocidad a hacer la entrega, volví y solo recibí más bolsas con direcciones anotadas.

Estuve haciendo entregas el resto de mi turno, me sentía molesto en un principio, fue hasta que al final, se hicieron cuentas.

Este día había sacado lo de mi sueldo en puras propinas, no podía creerlo.

– Jefe.

– Ya sé, Christian, cuando consiga otro repartidor, ya te podrás dedicar a las mesas.

– No es eso lo que quería decirle.

– ¿Entonces, qué es?

– Yo quiero ser repartidor, deme el empleo.

– Pero no tenemos suficientes meseros.

– Es más fácil conseguir meseros que repartidores, y alguien que haya ido tan rápido como el chico, no lo creo. – Intervino el chef.

– Tienes razón, pero, no lo tendrás hasta que llegue tu reemplazo en los meseros, mientras tanto, solo serás repartidor si te necesitamos.

No me quedo de otra más que aceptar el trato.

__________________

El clase:

– Quiero un reporte detallado de la investigación que se les asignó. Deben ser mínimo 30 cuartillas, analizando todos los aspectos, también quiero que le añadan su opinión y el modo en el que ustedes podrían modificar la ley en beneficio del ser humano. – Nos indicó la profesora de introducción al derecho. – Se apoyaran en el libro que les solicite, no quiero textos de internet, todas las fuentes a consultar las encontrarán en la biblioteca.

– ¿Biblioteca?, ¿Estamos en la edad media? – Comentó un compañero, cuando la clase terminó.

Me impresionó ser el único de mi clase en la biblioteca. Comencé a hacer la investigación, tengo poco tiempo libre, no puedo desperdiciarlo.

Estaba a un tercio de mi reporte, cuando recibí una llamada.

– ¿Bueno?

– Christian, estoy afuera de tu casa, ¿Podemos hablar?

Volví a casa.

– ¿Que haces aquí?

– Christian, ¿Cómo has estado?– Una delgada mujer me miró e intento acariciar mi mejilla.

– Estoy bien.– Le detuve la mano.

Me sonrió.– vine a verte.

– Ya me viste, puedes quedarte tranquila.

– No digas eso.

– ¿Cómo diste conmigo?

– Una madre tiene sus medios. ¿No me vas a dejar entrar?

En el interior del departamento, mi madre observó a todos lados, como un niño curioso.

– No tienes nada de comida en este refrigerador.

– ¿A qué veniste?

– Ya paso mucho tiempo desde que te fuiste de la casa, creo que es momento de olvidar esos rencores y avanzar. Deberías saber que ya se solucionó el problema de la firma, estoy segura que te gustaría volver y retomar tu lugar en el despacho.

– Madre, yo tengo un trabajo, y estoy ganando bien.

– ¿Hablas del restaurante?

"No me sorprende que sepa dónde trabajo, seguramente alguien de aquí mismo le aviso", pensé para mis adentros.

– Mamá, es un buen empleo y es temporal.

– Tú estás hecho para más, no para ser un simple repartidor. – Se detuvo

un segundo, relajo su rostro y cambio su semblante. – Lo que quiero decir es que, si ya vas a trabajar, que mejor que como un pasante en tu carrera, sé que tú también extrañas dedicarte a lo tuyo, ¿No es así?

– Por supuesto, pero no es tan sencillo encontrar una vacante.

– Es por eso que vine, hijo, dejate ayudar. Ahora que el problema se resolvió, hace falta personal y tú puedes regresar a la oficina, incluso a la casa, si lo deseas.

– ¿En serio, puedo volver al trabajo?– Me sentí entusiasmado, al volver y crear experiencia, será más fácil para mí conseguir un puesto en la dirección de seguridad ciudadana a futuro.

– Así es, yo ya lo hablé con tu padre y está dispuesto en aceptar, solo debes hacer lo posible por remendar tus errores.

– ¿Remendar mis errores?

– Si, una disculpa no sería suficiente, tendrás que trabajar unos cuantos meses sin goce de sueldo pero después de eso, todo volverá a la normalidad. – Dijo, con gran alivio.

Solté una risa. – No solo debo disculparme por algo que yo no cometí, sino que debo trabajar para llenar los bolsillos de otros ... ¿Es una broma, verdad?

– Christian, no seas tan egoísta, tu padre ha hecho mucho por ti. Se lo debes

– ¡No es mi padre!, y yo no le debo nada en lo absoluto.

– Vine aquí porque creí que habías recapacitado pero entiendo que no es así, está bien, sigue con tu orgullo que no te ha llevado a nada. – Dijo, mirando con desdén la habitación. – Me esforcé por sacarte de este hoyo y decidiste volver, esto ya no está en mis manos, ahora veo que tú no sabes pensar en los demás, y no dudo que muy pronto caigas en los mismos pasos de el maldito. Cuando eso pasé, no me busques.

– Madre, por favor, no quiero pelear contigo.

– Ya tomaste tu decisión, Christian y aunque me duele mucho, aceptaré que en esta vida, yo solo tengo a mi esposo, creí que tú cuidaras de mi. – Dijo, sollozando.

Salió de inmediato, salí detrás de ella pero. o se detuvo. Tuve que verla marcharse en su auto, ella ni siquiera me miró.

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Maria Mongelos

Maria Mongelos

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2022-12-05

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