¿Quién eres?

– No podré ir hoy, amigos. – Les anuncie antes del entrenamiento. – Saldré con Amy.

Braulio me juzgo con la mirada. – Ni lo pienses.

– Hey, cálmate. – Dije, con una sonrisa. – No tengo intenciones de hacerle algo que ella no quiera.

– No digas tonterías.

– Oye, Erick está saliendo con tu hermana, ¿Por qué no puedo hacer lo mismo con tu amiga?

– ¿Que Erick, qué?– Miró al muchacho con rabia.

– No, no te enojes, amigo. Solo estamos conociéndonos. – Dió un paso hacia atrás cuando Braulio se aproximó. – Yo no jugaría con tu hermana, me conoces, estimo mucho nuestra amistad.

– Creí haberte dejado muy claro que Diana no está a tu alcance.

– Tranquilo. – Intercedí – Él lo sabe. Pero... siendo honestos, no solo se trata de él, Dianita también está interesada, ¿No lo crees?

– Cállate el puto osico, Christian. Él la está manipulando, ella no sabe lo que quiere, es una niña.

– Ay, wey. Andrea tiene la misma edad que Diana y no opinas lo mismo. – Erick ya se había salvado, pero tuvo que volver a hablar y esta vez, mencionar a Andrea.

– No es lo mismo. Diana es una niña de buenos sentimientos, es cariñosa y comprensible. – Dijo Braulio, un poco herido.

– Y es muy fuerte, ¿Recuerdas cuando te dejo inconsciente?. Seguramente le hará lo mismo a este cabrón, si le intenta hacer algo. Ella puede defenderse sola, incluso, creo que podría defendernos a nosotros si lo necesitamos. – Comencé a reír.

La situación se relajo.

– Amy también podría golpearte, Christian. – Agrego, Erick.

– Wey, te estoy defendiendo.

– Fuiste tu quien me puso en esta situación.

Mire a mi amigo y lo tome por el hombro. – Quédate tranquilo, nadie puede hacerles daño a esas chicas rudas. Y siendo sinceros, ellas no se interesarían en nosotros, solo somos amigos. – Concluí, con la intención de calmar a mi amigo.

Durante la práctica, pude observar a las chicas dar piruetas y soltar patadas. Saludé a Diana y recibí un par de sonrisas de las demás.

Esperé en la entrada del campo. Algunas chicas de otros equipos rieron y murmuraron al verme.

Pude ver a Amy venir tomada de la mano de Diana, se detuvieron a hablar unos minutos muy largos.

"Se ven todos los días, ¿Qué tanto pueden decirse?"

Es la primer mujer que se emociona al ver mi motocicleta. Comenzó a hablar sobre su motor y capacidad.

"Creí que solo era una chica superficial y engreída, ahora veo que tiene potencial"

– Cuéntame más. – Le pedí, me pareció muy interesante su conversación.

Jugando la invite a un hotel, como era de esperarse, marco una línea y despues ignoró mis comentarios en doble sentido. Alguien más en su lugar, se hubiera sonrojado, ella siguió hablando sobre el diseño de la chopper.

Fuimos a su casa, su familia estaba ahí. Me sentí extraño cuando su madre nos dejó solos en su casa, su preocupación porque no habíamos almorzado fue lo que más llamo mi atención.

En la mesa de su cocina, extendió muchos contenedores con diferentes platos. Incluso me dió una bebida hecha por ella.

La comida es buena, no creí que ella cocinara de esta forma, comprobé lo que Diana tanto me presumía.

La diversión se vio interrumpida cuando tocaron la puerta, escuché a Alan entrar a la casa. Pensé en salir y arruinarle la visita, después recapacite.

"Amy no necesita problemas, te invito a su casa y no está bien que le hagas eso", Me dije, para contener mis ganas de causar una molestia.

"Pero, ¿Qué harás, te quedarás aquí escondido hasta que se vaya?"

Estaba inmerso en mis pensamientos, tome una de las costillas, huelen increíble. No me di cuenta en qué momento pero empecé a ahogarme con un hueso. Quise calmarme pero no conseguí hacerlo.

Amy vino en mi ayuda, junto con su novio.

Su cara fue de asco, me hizo sentir impotente al no poder quitarle ese gesto.

Cómo lo creí, comenzó a reclamar mi presencia. Amy trato de calmarlo, me sorprendió verla tan sumisa, intentando razonar con él. Su voz parecía suplicante.

La señora Regina llegó y llamo a su hija. Amy salió dejándome con el guardián en la cocina.

– Hay un comedor para indigentes a 15 minutos de aquí.

– Si tú lo dices, supongo que ahí la comida es muy buena.

– Eres... –No pudo terminar la frase, las gemelas entraron seguidas de su tía.

– Muchachos, deberían almorzar, la comida tardará.–Dijo la dueña de la casa.

Las chicas se sentaron en la mesa junto conmigo. Disfrute saber que no soy el único que no soporta a Alan. Las gemelas disfrutaron tanto como yo, hacerlo enojar.

– ¿Sabían que Amy cocina?

– Claro, es un don heredado. – Dijo una de las gemelas.

– Y no es lo único, sabe mucho sobre motocicletas. – Dije en voz alta. – Le encanto subirse en la mía, de camino aquí. – Contuve una sonrisa santurrona

Las chicas me dieron una mirada de complicidad. De nuevo, escuché a Amy tratar de convencer al perro faldero, de que se siente con ella.

Las gemelas continuaron burlándose por un buen rato. Terminamos el almuerzo y comencé a despedirme.

– Oigan, la comida tardará un poco, ¿Por qué no nos acompañan en la sala?, niñas, la amiga de su madre quiere verlas. – La señora se dirigió a sus sobrinas.

–De hecho, ya debo retirarme, señora. Muchas gracias, por todo.

– No te vayas, la comida no tardará.– Me respondió.

– Siiiiii, quédate Chris, nos encanta verte y platicar contigo. – Dijo una de las gemelas.

Agradecí el gesto y acepté.

Alan, aprovecho la compañía de su propia madre y comenzó a bombardear la conversación con comentarios respecto a la futura boda que desea tener. "Suegrita esto, suegra el otro", decía sin parar.

Amy parece tranquila. Caí en cuenta que su relación es más estable de lo que parece.

En un momento, ni Amy no Alan estaban en la sala, se escuchó la puerta de su habitación cerrarse.

– Ya debo irme, niñas.

– Quédate un poco más. – Dijo una.

– No te vayas, Chris. – Comentó la otra.

– Tengo cosas pendientes por hacer.

La puerta de esa habitación se abrió y Alan salió a paso firme, bufando como animal y llamando la atención de todos cuando salió de la casa.

Las niñas me sonrieron. – ¿Entonces, te quedas un poco más?– Preguntó una.

Estaba por responder, cuando escuché mi nombre.

– ¡Grand, hablemos!

Camine con firmeza hacia donde se encuentra el individuo de rostro enrojecido.

Lo seguí un par de cuadras hasta llegar a lo que parece un kiosko.

– ¿Qué quieres? – Dije, fastidiado por su actitud.

– ¿Quién te crees para venir a la casa de mi chica?

Sonreí ante su comportamiento tan infantil.

– Escúchame bien, tú no perteneces a nuestro entorno. ¿A caso crees que ella elegirá al hijo de un convicto?, mírate bien y mírame a mi. Ella está en otro nivel, yo puedo ofrecerle todo el mundo si lo desea, en cambio tú, solo le darás miserias y vergüenzas.

– Te sientes muy seguro con tu relación, ¿verdad?, ahora escúchame tú a mí. Ella puede cambiar de opinión en cualquier momento, cómo lo dijiste, está en otro nivel. ¿Creés que soy la única amenaza?, los demás la miran, ¿No lo has notado?, a este paso, tendrás que meterla en una burbuja para que nadie se le acerque.

– Soy todo lo que ella necesita, no hay punto de comparación.– Me encaró.

– Tú no puedes prohibirme estar cerca de ella, idiota. – Me sentí muy irritado, me acerque un poco más.

"Suelta el primer golpe, dame una razón y tendré la satisfacción de ponerte en tu lugar", en mi mente, estaba esperando que él reaccionara.

–No quieres provocarme, sé muy bien a qué firma legal pertenece tu padrastro y en qué compañía trabaja tu madre, y ni hablar del director, puedo borrarlos de la nómina en un abrir y cerrar de ojos si me lo propongo. ¿Qué pasará con ellos si eso sucede?

–¿Eres capaz de hacer todo eso por celos?, vaya, que maduro eres.

– Te equivocas, esto no es por celos. Es para demostrarte contra quien intentas competir. Estás destinado al fracaso, a ser siempre un don nadie, no intentes oponerte a lo que eres.

– Si es lo que crees, y tan seguro de tí mismo estás, hagamos una apuesta.

– No estoy interesado en tus estupideces. – Dió media vuelta.

– Un día seré alguien reconocido, y haré que te tragues todas tus palabras, hijo de puta.

Soltó una risa – Clásico en gente de tu tipo, sonar vulgares cuando se quedan sin argumentos. – Siguió caminando.

Estuve a punto de arremeter en contra de él, me detuve cuando ví que no estaba solo, había un par de tipos custodiandolo.

Di un par de golpes en el muro, la sangre está subiendo a mi cabeza, la ira emana de mi.

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