Otro empleo.

–¿Cómo fue que llegaste aquí?– Recibí la botella de agua de sus manos.

La chica desnuda frente a mi, se desenvuelve con naturalidad. – Ese es mi secreto. – Sonrió, colocándose sobre mi abdomen.

– ¿A qué hora debes llegar a casa?

– Tranquilo, tengo todo el fin de semana libre. – Me beso el pecho y sus manos comenzaron a jugar en mi entrepierna.

No tardó mucho en montarse sobre el bulto que recién se despertó. Oi sus gemidos salir desde su pecho y me incorpore para morder un poco sus pezones. Lo único que hizo que saliéramos de casa fue el hambre.

_________

En el trabajo, pude notar que los meseros ganan más que un ayudante, gracias a las propinas, así que no tarde en pedir el cambio.

De vez en cuando, me encontraba con Clarissa, su elasticidad es de mucha ayuda y sus ganas me vuelven loco. Podía ser detrás de las gradas, en el baño de las chicas, en el cine o en un parque, etcétera. Siempre encontramos la oportunidad para hacerlo.

La última vez que nos encontramos, la lleve a un hotel. Ella me mostró una marca en su brazo.

– ¿Qué es eso? – Le dije, sin entender.

– Es un implante.

– ¿Un implante?, ¿Eso para que es?

Soltó una risa. – Tontito, es un anticonceptivo.

– Ah, si. – Me sentí estúpido.

–Despues de la última vez, no podía arriesgarme nuevamente.

– Es cierto. – Recordé y me sentí aliviado de haber pasado el susto.

...***flashback***...

Hace 2 meses atrás.

– Christian, tenemos que hablar. – Escuché a la chica afuera del aula de clases.

– Nena, ¿Podemos vernos después?, voy tarde al entrenamiento.

– Obvio no. ¡Tenemos que hablar ya mismo!

Me detuve en seco y la mire. – ¿Que ocurre?

Su gesto es de angustia.

– Creo que estoy embarazada.

Sentí un balde de agua fría caer por mi espalda. Su cara pálida me hizo darme cuenta que está hablando enserio. – ¿Qué?, debemos ir al médico.

– Yo no quiero ser madre, ni hoy ni nunca.

– Está bien, pero debemos asegurarnos.

– Hablé con mi mejor amiga y ella me ayuda a conseguir los medicamentos para resolver el problema, solo debo quedarme en tu casa un par de días.

– Tranquila, muñeca. No nos adelantemos, debemos asegurarnos.

En el médico, la enfermera le tomó una muestra de sangre a Clarissa. – Tus resultados estarán listón en 10 minutos.

Esos 10 minutos parecieron ser interminables. En mi mente, no podía dejar de pensar en la estupidez tan grande que habíamos cometido, aunque me siento tranquilo de poder hacer algo a tiempo. Estoy comenzando mi carrera, no está en mis planes ser padre.

– Es negativa. – El médico nos dijo, después de la larga espera. – Te aconsejo llevar un control. – Se dirigió a ella.

– Estoy usando las inyecciones, tengo 3 años con ellas.

– Los métodos hormonales no deben se usados por tiempos tan prolongados, es importante que acudas al ginecólogo esporádicamente para una revisión y en tu caso, tu método de planificación sea reemplazado.

– Gracias, doctor. – Respondí, cuando recupere el aliento.

– Vamos a suspender las inyecciones anticonceptivas. – Dijo, sin mirarme a mi. – No dejes de usar condón, tu cuerpo estará "limpiándose" de tantas hormonas y después podrás retomar otro método.

– De acuerdo.

...******...

– Y ya no necesitas ponerte un preservativo. – Hizo una sonrisa coqueta.

– Debemos ser más precavidos.

– Pasamos las últimas semanas cuidandonos tanto, ahora me siento más libre, quiero sentir todo lo que tienes para mí. – Retiró mi cinturón y bajo mis pantalones.

Su lengua tibia y garganta caliente se encargaron de mi.

Me introduje en su cavidad, la humedad de su cuerpo me causo una llama en el interior de mi, algo que no podía apagar con nada. La tomé en diferentes posiciones, ella me recibió gustosa, gritó pidiéndome más. Las sabana empapadas, fueron la muestra de nuestro desenfreno.

La luz de la habitación turbo mi descanso. – Levántate, debemos irnos.

La chica corria de un lado a otro, colocándose la ropa, los aretes y las zapatillas.

Observé la hora y me puse de pie en un salto, está por dar la hora de entrada en mi trabajo.

Me di un baño fugaz y me vestí. Cuando salí, ella estaba desesperada, hablando por teléfono.

– Ya estamos por llegar, por favor, espérame un poco más. – Me miró con el teléfono en el oído y me señaló una bolsa gigante en la cama.

Me acerque y tomé. – ¿Para mí?– Articule con los labios.

Ella asintió. – Póntelo – Dijo con voz inaudible.

Abrí el protector. Un traje en color gris se asomo.

– ¿Te gusta?. – Me preguntó ya que había colgado la llamada.

– Claro, pero ... ¿Y esto?

– Hoy no irás a trabajar al restaurante, quiero que vengas conmigo a una reunión.

La mire. Ella me hizo un gesto de súplica con sus manos y un puchero al mismo tiempo. – De acuerdo.

Me cambie y la lleve a su casa. Observé a gente entrar y salir del lugar. Ella me invitó a seguirla, caminamos por los pasillos entre las personas del servicio.

– ¡Papi! – Gritó y salió corriendo.

Se colgó del cuello de un hombre, no fue fácil para mí verlo sino hasta que ella se acercó del brazo de el hombre a mi.

– Buenas tardes, señor. – Extendi mi mano.

Reconocí al hombre, me sentí muy extraño.

– Buenas tardes, joven. ¿Eres?

– Ah, cierto. Christian Grand, señor.

– Rodolfo Rodríguez. – Se presentó el caballero.

– Papi, invite a Christian para que lo conocieras, es pasante de derecho y el mejor en su clase, ahora está en busca de una mejor oportunidad. – Dijo la mujer, con una voz aguda y mimada.

– Eso es cierto. – Me miró el juez de la suprema corte, frente a mi.

– Así es, señor. – Admití, avergonzado.

– Muy bien, habla con mi secretaria y que le concerten una cita, creo que puedo ayudarte, muchacho.

– Muchas gracias, señor. – Estreche su mano.

El señor se apartó de nosotros, comenzó a saludar a sus invitados.

– ¿Por qué no me habías dicho que tu padre es juez? – Le pregunté en voz baja a Clarissa.

– Lo olvidé, pero no importa ahora. – Coloco sus manos en mis hombros. – Lo importante es que después de esto, ya no tendrás que volver a ese trabajo tan común y podrás dejar de vivir en ese lugarsucho. – Expreso con desdén.

Mis sentimientos se encontraron. Quería agradecerle por ser de ayuda pero, me molestó que actuará sin preguntarme y ahora, el modo en como se expreso de todo lo demás.

Me enoje. El resto de la velada la pasamos saludando a personas importantes, el gobernador, jueces, fiscales, después llegaron algunos detectives y agentes del ministerio público.

– ¿Qué te ocurre?– Preguntó, después de despedir a los presentes.

– Creí que me aceptabas.

– Claro que te acepto, ¿Por qué lo dices?

– El modo en el que hablaste hace rato, yo no me sentí cómodo con eso.

– ¿De tu casa y tu trabajo?, Christian es la verdad, tu mereces tener cosas mucho mejores, y no vivir en ese nido de ladrones.

– ¿Sabías que yo crecí en ese lugar?

– Nunca me lo dijiste. Pero, si tanta estime le tienes a ese lugar, entonces no te vayas de ahí, solo quería que consiguieras un mejor trabajo.

– ¿Y no crees que soy capaz de hacerlo por mi cuenta?

– Si pudieras, ya lo hubieras conseguido. – Dijo, molesta pero se retracto al instante. – No me lo tomes a mal, solo quería ayudarte si podía.

– Agradezco tu interés. Pero para la próxima, déjame hacerlo a mi.

– Sabes, si no quieres el trabajo está bien, pero no vuelvas a buscarme, ¿Ya me viste?, ¿Puede ver mi casa?, tu no tienes nada buenos más que tú cuerpo para ofrecer. Déjame decirte que tengo a muchos y mejores, no sé porque te estoy rogando a ti, ¿Quién querría estar contigo?

Eso fue bastante. – Estoy muy de acuerdo contigo, ¿Quién querría estar con una mujer que es de todos y de nadie?

– Discúlpate por eso, Grand.

– Discúlpate por lo que me has dicho, Clarissa.

– Eres un idiota.

– Y tú una zorra. – Recibí con gusto una cachetada. La mire y me reí. – ¿Ves que si molesta?

Me salí de ahí.

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