Volvimos a intentar hablar con mi madre sobre la posibilidad de vivir con mi tío.
Mi madre lo tomó a mal, comenzó a hablar muy herida. – Tanto que he hecho por ti y ¿Ahora me quieres abandonar?, me he esforzado por darte lo mejor. Seguramente lo haces para hacerme sentir mal.
Mi tío tuvo que intervenir. –No te está abandonando, es solo por cercanía, mi casa queda más cerca de la escuela, de la oficina e incluso, de la universidad ya pensando en el futuro. Vamos, Martha, el muchacho va y viene en la madrugada a pie, la cuidad es peligrosa, no sabes con qué se puede topar.
Mi padrastro se levantó de su asiento. – Ya no es un niño, puede cuidarse solo, o ¿Es que necesitas niñera?– Miró a mi tío y lo señaló con la misma mano en la que lleva su vaso de whisky – Eso lo hará hombre.
– Discúlpame, José, pero las definiciones de hombre que tenemos son muy diferentes. – Mi tío también se puso de pie, encarando al otro.
– Santiago, es mi hijo y yo ya dije que no, ¿Para que te lo quieres llevar?, terminara siendo una carga para ti.
– Lleva toda su vida cuidando de su mismo, tú solo te has encargado de tu nueva familia y lo dejaste, se mata estudiando y entrenando para conseguir complacerte y tú no lo notas.
– No te atrevas a hablar de mi familia, tu no sabes lo que ocurre aquí. – Mi madre, ya enfadada con la cara roja y las venas brotando de su cuello se giró a mirarme – Fuiste tu quien le invento cosas a mi hermano, seguramente quieres hacerme quedar mal con los demás.
–Es lo que yo veo, Martha. Este muchacho necesita alguien que lo escuché, quien lo apoye y tu no lo eres.
– ¡Largo de mi casa!– Gritó, señalando la puerta.
En cuanto mi tío se fue, mi madre me mandó a mi habitación.
Escuché a mi padrastro gritarle. – Yo los saque de ese hoyo, no tu hermano, fui yo. ¿Ya se te olvidó? el miserable lugar en el que vivías. Si se quiere ir, déjalo, es un mal agradecido como tú.
Mi madre se deshace en disculpas. Yo no quería que esto terminará así.
Aun me falta un mes para cumplir la mayoría de edad. Tampoco me puedo mandar solo.
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Tan solo 3 semanas después de la fatídica charla con mi madre, ella volvió a dirigirme la palabra, estaba tan ofendida que ni siquiera me miraba.
Lo único que hizo que rompiera la ley del hielo conmigo fueron los resultados de las becas universitarias.
– Hijo. – Tocó la puerta de mi habitación cuando yo estaba por salir al entrenamiento de ese día.
– Pasa. – Hablé un poco sorprendido.
– Julia de mi departamento me contó que su hijo consiguió un apoyo económico.
– mmm, muy bien, envíale felicitaciones de mi parte.
– Así que quise ver... recordé que me dijiste que tú habías aplicado para una.
– Si, aplique.– Seguí revisando mi maleta para asegurarme que no me hiciera falta nada.
– Eso lo sé, acabo de ver tus resultados.
Mire a mamá. – Creí que los subieron hasta mañana.
– No, lo hicieron hoy.
Busque de inmediato mi computadora. Mi madre me miró y dijo: – Fuiste acreedor de una beca total.
No podía creerlo. Comencé a reír de emoción.
– Estoy muy orgullosa de ti.
Me quedé en silencio un momento, sentí que mis ojos ardieron un poco y abrace a mi madre. – Gracias, gracias mamá.
– Oye, he pensado en lo que pasó el otro día.
– Mamá, no quiero dejarte. No quise que te sintieras así.
– Creo que te entiendo... He pensado en que podríamos ahorrar y comprarte un medio de transporte, así podrás ir y venir sin depender de nadie.
– ¿En serio, mamá?, ahora que lo dices, también lo había pensado he estado ahorrando, no es suficiente para un auto pero, tal vez una motocicleta. Sería más fácil de mantener y bueno... ¿Qué te parece?
Se llevó un dedo a la boca y lo pensó un momento – Creo que para ti solo, está muy bien. – asintió. – Lo hablaré con tu padre.
No cabía de tanta felicidad, llamé de inmediato a Braulio para hacerle saber la noticia. Él aún no había visto la respuesta, entonces decidimos que yo lo acompañaría a ver el resultado.
Llegamos de inmediato al colegio, aún no llegaban los demás, entonces nos sentamos en las gradas, abrí la página en mi celular.
*... Cargando... *
Sus pies se movían a gran velocidad. La página abrió.
Ambos nos miramos con los ojos tan abiertos que pareciera que se saldrían de sus cuencas.
– ¡Si!– Le grité a la cara. Con la voz más gruesa que me salió.
Lo abrace. Es el momento más feliz.
Terminando el entrenamiento, junto con las porristas nos reunimos en casa de Erick a celebrar, esa semana él también había recibido sus resultados de la universidad estatal, sus padres no tuvieron problema en que la reunión típica se convirtiera en una fiesta.
Algunas de las chicas se fueron y llegaron otras. Pude ver a Diana bailando muy de cerca con Erick, ahora entendí a lo que Braulio se refería. Yo también veo a esa niña como una hermana, y conozco a Erick lo suficiente como para saber que sus intenciones no siempre son buenas.
Vi a Amy al otro lado de la casa, hablando por teléfono. Me acerque y le hablé.
– Hey, escuintla.
Ella me miró con cara de pocos amigos y se dió medio vuelta, ignorandome.
La tome del hombro y ella se giró molesta. – ¿Qué quieres?
– Dile a Diana que se cuide de ese cabrón.
Ella volteo en busca de su amiga y sonrió. – Quien se debe cuidar es él. – Luego me miró y borró su sonrisa. – Si es todo, ya puedes irte.
– Eres una creída, por eso me gustas sabes. – Le di una sonrisa y me acerque más a ella.
Ella no sé movio, con ambas manos me empujó por el abdomen. – ¡Aquí amor! – Gritó y se fue de ahí.
Mi gesto fue de fastidio. Escuché la voz del inútil novio de la porrista.
Braulio invito a bailar a Andrea un par de canciones, yo tomé asiento en la sala. Una chica de cabello largo y rizado vino a charlar conmigo, en un punto me aburrió, sus intentos desesperados por llamar mi atención no hicieron efecto en mi.
– Hola, Chris. – Mariana dijo con su aguda voz.– ¿Por qué tan solito?
– No estoy solo, muñeca, estamos todos aquí. – Dije, mirándola a la cara.
Ella se sonrojo y comenzó a reír como tonta. – Ay Chris, eres tan cómico.
– Vaya, ¿Te parece?
– Ja, ja, ja.
La mire un segundo y cambie mi atención hacia mi celular.
– Oye, ¿Podrías tomarme una foto?, es para mi novio.
– Ah, si. – Dije, sin ponerle mucha atención.
– Por favor, que se vea mi lindo uniforme.– sonrío.
Le tome la fotografía y le entregué su celular de vuelta.
Hubo algo que me extraño. – ¿Por qué todas traen sus uniformes y esa chica trae pants? – Dije, fingiendo no conocer a Amy al señalarla con la cabeza.
– Ah, es que ella tiene un novio que la cuida mucho.
– ¿Creés que está foto le guste a mi novio o le mando otra?, si tú fueras mi pareja, ¿Qué clase de cosas te gustaría que te mandé?
– O sea, que no le gusta que use su uniforme, ¿Algo así?
– Ajá, la cela mucho. Que envidia.
– ¿Tu envidias eso?
– Si, pero, ya dime. – Se pasó la mano por el cabello y sonrió . – Si yo fuera tu chica, ¿Qué te ...
– Yo soy más de ver en persona... Debo ir a ... ya me voy. – Me levanté de mi lugar y camine hacia la pareja.
No sé que estoy haciendo, solo estoy siguiendo mis impulsos.
Conforme fui avanzando, observé su actitud "protectora" con ella. La tiene tomada por la muñeca y abarca toda su atención.
Choque con él. – ¡Ay!, perdón.
– Fíjate.
– Lo siento. – Le palmee el hombro sin quitar mis ojos de la chica, con una sonrisa le hable a ella. – Tu belleza me ciega, preciosa.
Alan se alteró de inmediato. – Oye, ¿Qué te pasa?
– Perdón, ¿A caso es tu novia?
– Por supuesto.
– Ah, ya veo. – Di un paso atrás. – Es solo que no lo parecen. – Le sonreí de nuevo– En fin, ya no los molesto.
Para cuándo di la vuelta, Braulio y Diana ya venían hacia acá.
Escuché a Amy tratar de calmar a Alan, minutos después se retiraron del lugar.
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