– ¡Vamos, equipo! – Las porristas gritan y animan a los espectadores.
Estamos muy nerviosos, al secretario se le olvidó que es un secreto el que un caza talentos vendría a vernos jugar, así que lo menciono sin darle mucha importancia, causando tensión y competividad entre los integrantes, pues todos quieren causar la mejor impresión, aunque en ocasiones se les olvide que formamos un equipo y pasen por encima de los demás.
– ¡Erick, pásala!, ¡estoy solo!– Gritó Braulio, un tanto molesto por ser ignorado.
El equipo contrario parece ser rudo, estamos teniendo conflictos con el árbitro, pues no marco ninguna falta cuando el capitán del "Instituto Rousseau", choco con fuerza en contra de nuestro delantero, sin siquiera tener el balón cerca.
Terminó el primer tiempo, estoy fatigado.
En la banca, el entrenador nos presionó aún más.
– ¡No sé están comunicando! – Golpeaba la palma de su mano contra el torso de la otra. – ¡Carajo!
– Braulio, entra con más fuerza, te dan la vuelta muy fácil.
– Erick, comparte, por eso te lesionas.
– Ruiz, tu mirada fija en el balón, usa el cuerpo para detener la bola.
– Grand, siempre debes ir un paso adelante, concéntrate.
– López, cubre a quien tenga el balón, no dejes que la arrebaten los del equipo contrario.
Se reanudó el partido, volvimos a nuestros puestos.
– ¡Si contamos con Grand, los vamos a golear!, ¡Si contamos con Villafuerte, los golpeamos fuerte!, ¡Si contamos con López, los otros se darán de topes! – Se comenzó a escuchar a un costado del campo.
La canción, aunque simple, nos dió un poco de seguridad. Pedí tiempo fuera y llame al equipo.
– Hay un caza talentos en esas gradas, vino a nuestra casa, no a la de los otros. ¿Saben por qué?, ¡Por qué está interesado en nosotros!, y de nada servirá si no le damos lo que está buscando, ¿Y como lo haremos?, jugaremos, daremos lo mejor de nosotros, y lo haremos juntos, después de esto, que sea lo que él decida.
Se miraron unos a otros, asintieron y dimos un grito de unión.
Los minutos restantes, oímos a la multitud gritar y aplaudir con nuestro desempeño, ni todas las mañas del otro equipo logro conseguirles una sola anotación.
Erick avanzo, me adelante al espacio abierto, estoy esperando el pase ... Braulio la toma, avanza con dificultad, López lo cubre, no permite robo de balón, Braulio levanta en el aire la bola, viene en mi dirección, el capitán enemigo se acerca, debo ser mas rápido... Doy un salto y siento quedarme sin aire...
– ¡Goooooool!
Caí al suelo. – ¡Oh! –escuché a los presentes. – ¡Árbitro!, ¡Eso fue falta!– Todos alegan.
Me quedé un momento sobre el pasto esperando a reponerme, la cabeza me zumba.
Suena el silbato. El partido terminó.
Me incorpore y tome asiento en mi lugar, todo me da vueltas, los chicos siguen discutiendo con el árbitro, los entrenadores también.
Observé un par de faldas entré la multitud molesta. De pronto, los gritos aumentaron.
– ¡Braulio!, ¡Déjalo, Braulio! – Parece ser la voz de Amy.
Gire hacia los lados, aún no me quiero poner de pie, el abdomen me duele.
– ¡Diana!.
Los silbidos, los gritos, ¿Que ocurre?
Una chica cayó frente a mi, es una animadora del otro equipo.
– ¿Estás bien?. – Me apresure a preguntarle.
Ella no tuvo tiempo de responder, ví como una chica de cabello castaño y traje color vino se le fue encima. Quiero separarlas, la cabeza me da vueltas.
Otra animadora de cabello oscuro y despeinado vino a separarlas, no puedo distinguir sus rostros. A pesar de ser delgada, levantó por la ropa a su compañera, apartandola de su "víctima", la joven de traje blanco ahora lleno de tierra se levantó, aunque lo intentó no tuvo oportunidad, quiso arremeter en contra de la niña que la ayudo a quitarse a la otra de encima, al tratar de tomarla por el cabello solo recibió una patada en el abdomen, volviendo a tirarla al suelo.
" Vaya, esas chicas son rudas", pensé, sintiendo admiración y respeto por nuestras animadoras.
– Déjame ayudarte. – La chica de cabello oscuro me tendió la mano, su compañera se acercó e hizo lo mismo.
Me llevaron a la banca, pudimos observar a la gente seguir discutiendo.
– ¿Te sientes bien?. – Amy me preguntó, al mismo tiempo que me coloco una toalla en el cuello.
– Si que eres fuerte, yo necesito un poco más de tiempo para levantar a Diana.
– Es porque eres gentil. – Sonrió y me entrego una botella de agua.
– ¿Te duele aquí? – Diana me tocó el lado izquierdo de mi torso.
Solté un grito ahogado. Levanté mi camiseta y observé una gran marca roja en las costillas. Amy salió corriendo de vuelta a la multitud y casi arrastrando, trajo al entrenador.
– ¡Demonios!, debemos llevarte al hospital. – El coach abrió los ojos tanto que parecían querer salirse por las cuencas.
Fue solo aquí, que el árbitro marco falta, a estás alturas no me importo que le dieran tarjeta amarilla al capitán de la Rousseo, yo solo quería llegar a casa.
La mamá de Braulio llegó en minutos, sus hijos y Amy vinieron con ella para hacerme compañía mientras me revisaron.
– Se te astillo una costilla. – Dijo el entrenador con aire aliviado.– Por suerte, solo deberás mantener reposo un par de días y volverás al equipo antes del siguiente partido.
– ¿Solo se astillo la costilla?, ¿Volver al siguiente partido?, usted no habla en serio, ¿Verdad?. – La chica que aún seguí despeinada y con el maquillaje corrido, habló con indignación. – Eran unas bestias. – Tomó aire y comenzó a hacer ademanes con las manos en señal de enfado. – ¡Esto fue a propósito!, el merece recibir atención médica y la comprensión de su entrenador. No es justo que usted se sienta aliviado cuando no fue quien resultó herido. Si tanto le preocupa su equipo y ganar partidos, debería suspenderlos hasta que el capitán se encuentre en condiciones óptimas, ¿Que acaso no tiene sentido de la responsabilidad?
Entre más habló, más roja se puso.
"Que carácter, ahora entiendo porque se lleva tan bien con Diana".
– Señorita, claro que tengo sentido de la responsabilidad, ¿No es por eso que estamos aquí?
– Usted estaba más preocupado por el tiempo extra. Si estamos aquí, es porque se sintió presionado por los padres presentes en el campo de juego, de lo contrario, usted solo lo hubiera enviado a enfermería. ¡Es un incompetente!
Nadie hablo nada más, debo aceptar que me dió un poco de miedo contradecirla, así que no opine nada al respecto.
Mi tío llegó después de que Amy hubiese regañado a mi entrenador.
– Director. – El coach se apresuró a saludarlo. – Durante el partido de hoy, el joven Grand resultó herido, afortunadamente no fue de gravedad.
– El médico se encargará de darme los pormenores. – Le hizo una señal para que se retirara y luego se dirigió a la madre de Braulio. –Señora, le agradezco mucho su preocupación y su tiempo.
– Para nada, nosotros queremos mucho a Christian, es claro que nos preocupa. Quiero decirle que me gustaría que pasara su recuperación en mi casa.
–No es necesario causar molestias, el chico vendrá conmigo. De igual manera, se le agradece el ofrecimiento.
– Disculpe profesor, pero quisiera pedirle que exija una sanción para los visitantes, esto no puede quedarse así. – Agrego la chica con voz autoritaria.– Pudo haber sido peor.
– Pero no lo fue. – Respondí.– Ya estoy bien.
Ella me miró molesta, me sentí regañado con su expresión. – Que bueno que te sientas bien, pero no solo lo estoy diciendo por ti, no eres el único que podría resultar herido, si no pedimos una sanción, lo harán con alguien más en el futuro.
– Señorita, entiendo su preocupación y déjeme decirle que estamos tomando cartas en el asunto.
Amy asintió pero su postura no se relajo en lo absoluto.
"Que fastidiosa"
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