...***...
*Alexander estaba parado fuera de la puerta de la habitación de su madre sin atreverse a entrar.
—¿Hay alguien ahí? —La voz de Eleonor floto a través de la puerta evitando que pudiera irse.
—Hola, mamá. —saludo con temor arrastrando los pies y con su mochila aún al hombro, ya que había corrido hasta ahí directamente desde la escuela antes de darse cuenta de lo que hacía.
—¿Vienes a tocarme una canción? —preguntó Eleonor al verlo, pero frunció el ceño cuando notó que venía con las manos vacías—. ¿Y tu violín? ¿Lo olvidaste?
—Mamá yo... —Alexander apretó los puños sin poder admitir que en realidad lo había perdido, ese era el violín que le había dejado su hermano, no había otro igual en el mundo—... lo olvidé, lo traeré en otro momento, ¿está bien? —pregunto con una sonrisa que intentaba ocultar el miedo y la ansiedad que en verdad sentía.
—¿Alexander?
Las pupilas de Alexander se contrajeron al escuchar su nombre y no el de su hermano. Sus manos empezaron a temblar al igual que su voz, no sabía que era lo había hecho o dicho para que lo reconociera, pero sabía que eso no podía ser algo bueno, no había sido bueno desde que su hermano murió. —Mamá, yo no...
—Lo sé, no necesitas seguir con esto. —Los ojos de Eleonor ya no estaban nublados, eran claros y lúcidos cuando miró a Alexander.
—Mamá, no digas eso, sé que mi técnica no es tan buena, pero puedo mejorar solo dame tiempo, puedo ser él, puedo ser Víctor, por favor... «No me odies» —imploro en silencio esas últimas palabras con temor a que si las dijera se hicieran realidad y volviera a aquel tiempo en que ni siquiera podía ser un reemplazo de su hermano.
—No, Alex, no puedes ser Víctor, él ya no está igual que el violín que no trajiste. —Eleonor aclaro con la mirada ida en un punto del cuarto.
—Sí, puedo, solo tengo que traer el violín otra vez y todo será como siempre, ya verás. —Alexander se giró dispuesto a buscar el violín nuevamente, daría vuelta toda la preparatoria si era necesario, pero una suave mano lo detuvo, su fuerza no era mucha; sin embargo, su simple toque era suficiente para paralizarlo en su lugar.
—Alex, basta, no hagas esto más. —pidió apoyando su frente en la espalda de su hijo, que ya era un alto y esbelto adolescente, cada vez más parecido a su padre, incluso en sus ojos, pero fingía delante de ella ser alguien más solo para complacerla.
—... Pero, ¿cómo me querrás si no puedo reemplazar a Víctor? —murmuro en un hilo de voz—. ¡No quiero ser yo mismo si me vas a odiar! No quiero. Yo... yo iré por el violín. Ahora regreso.
—¡Alexander! —llamó Eleonor deteniendo a su hijo, en su mirada solo se reflejaba angustia, dolor y culpa al verlo así—. ¿No te das cuenta cuánto me duele ver en lo que te has convertido por mi culpa? ¡¿Lo inútil que me siento como madre?! Perdí a Víctor y si te dejo continuar con esto te terminaré perdiendo a ti también.
—Mamá, no es cierto, no me perderás, aquí estaré, lo prometo.
—Estarás, pero, ¿a qué costo? Ya eres un adolescente, la última vez que recuerdo hablamos así tenías 10 años. —Eleonor negó con pesar—. Si solo es criada te hubiera cuidado bien, o si solo hubiera tenido más cuidado... —Cubrió su cara con las manos lamentándose.
Al nombrar a la criada, Alexander recordó lo que había sucedido en aquel entonces y apretó los dientes con furia. —Mamá, no tienes la culpa, si hay que culpar a alguien es...
—No hablemos de eso ahora. —le interrumpió Eleonor sujetando su cabeza—. Creo que no duraré mucho más en este estado. Alex, ¿puedes hacerme un favor?
Alexander se apresuró a socorrer a su madre que parecía estar sufriendo y dejo el tema anterior al fondo de su mente. —Sí, mamá, solo dime lo que tengo que hacer.
—Llama a tu padre, reiniciaré la terapia. Y, Alexander. —Eleonor tomo el rostro de su hijo con culpa—. ¿Me perdonas por no poder ser tu madre?
Los ojos de Alexander se humedecieron y sin poder evitarlo y la abrazo con fuerza. —No tengo nada que perdonar, mamá. —murmuro feliz de poder abrazar a su madre otra vez.
—¿Víctor? ¿Dijiste algo? No te entendí.
Los brazos de Alexander se tensaron al reconocer la voz ida de su madre y cerró los ojos haciendo que las lágrimas acumuladas se deslizaran por sus mejillas.
—¿Víctor, que pasa? ¿Te molestaron en la escuela otra vez?
Alexander se limpió rápidamente la cara y respiró hondo antes de separarse. —No es nada mamá, iré a buscar a papá. —Miró por última vez el rostro perdido de su madre antes de salir. «Estarás bien, mamá, haré todo lo que esté a mi alcance sin importar lo que sea, pero no te perderé», prometió mientras corría al estudio de su padre y una vez ahí entró sin llamar, independiente de que sabía que estaba prohibido.
—Alex, ¿por qué entras así? —cuestionó Damon sorprendido de su actuar, pero al ver su estado se acercó preocupado—. ¿Qué ocurre? ¿Sucedió algo?
Alexander asintió tratando de controlar sus emociones. —Papá, mamá... ella estuvo lúcida.
Los ojos de Damon se abrieron con sorpresa. —¿Lúcida? ¿Te dijo algo? —pregunto tomando sus hombros con algo de rudeza por la emoción.
—Sí, ella... —Trago las emociones acumuladas en su garganta y siguió—, ella se disculpó y dijo que reiniciará la terapia.
—¿Eso es cierto? —confirmó sin creerlo.
Alexander asintió nuevamente. —También dijo que quería verte.
—Está bien, iré a verla ahora mismo. Espera afuera. —instruyó antes de salir velozmente de su estudio mientras llamaba al médico.
Luego de eso, Alexander espero fuera de la habitación mucho tiempo hasta que al fin su padre salió con el médico, pero por su expresión no podía decir con exactitud si tenía buenas o malas noticias, por lo que se acercó impaciente. —Padre, ¿qué pasa? ¿Mamá se pondrá bien?
Damon miró a su hijo con una expresión complicada. —El doctor dijo que hay signos de mejora, pero... —Se calló desviando la mirada.
—¿Pero qué? —insistió en busca de una respuesta.
—Pero no te puedes acercar a ella por ahora. —El doctor informó relevando a su padre, quien no podía hablar—. Debes entender que debido al tiempo que has pasado haciéndote pasar por Víctor puede confundirla y eso no sería bueno en su estado. ¿Lo entiendes, verdad muchacho?
—Usted dijo que no sería malo que lo hiciera, ¿cómo es que ahora no puedo acercarme? —replicó sin creer lo que le decía, su mayor miedo finalmente había hecho realidad, a pesar de todos sus esfuerzos.
—No te pongas así, solo será un tiempo, hasta que Eleonor se conecte con la realidad y no vea a Víctor en ti. —explicó el doctor con voz calmada para apaciguarlo—. En cualquier caso, no sé lo que hiciste hoy, pero le ayudaste mucho para que iniciara su recuperación, solo debes estar tranquilo por ahora, ¿de acuerdo?
Alexander apretó los puños, no quería estar enojado con el doctor, él no tenía la culpa, pero nada de lo que le decía le estaba ayudando a entender que hizo mal o si lo que sucedió era realmente bueno. ¿Qué sucedería si su madre regresará a la normalidad, pero lo odiaba como antes? ¿Qué haría entonces? Respiro hondo e intento calmarse para poder pensar. —¿Sabe cuánto tiempo será, al menos?
—Ah... pues, eso no sabría decírtelo con exactitud, quizás unos meses o tal vez unos años... —titubeó el doctor viéndose avergonzado.
—Alexander, lo siento. —su padre se disculpó sintiéndose culpable de que las cosas llegarán a ese punto—. Sí, hay algo que yo pueda...
—Está bien, papá, lo entiendo, ya no soy un niño. —le interrumpió Alexander con una brillante sonrisa, la que aprendió a usar de máscara para ocultar sus emociones y no se preocuparán—. Creo que tomaré la sugerencia de mis tíos de estudiar en el extranjero, así que no tienes que preocuparte.
—¿Qué sugerencia? ¿Por qué no me habían mencionado nada?
—Es algo reciente, pero como están las cosas ahora, creo es una buena idea. ¿No lo cree así, doctor?
—Bueno, poner distancia podría ser lo mejor en este caso, en realidad. —admitió el aludido tenso por la mirada de ambos, por lo que no se atrevía a mentir.
Damon suspiró. —De acuerdo, mientras sea lo que tú quieras. —Puso una mano en su hombro confortantemente.*
...***...
—Alex, ¿entras? —Damon pudo una mano en su hombro trayéndole al presente nuevamente.
—Sí. —asintió abriendo la puerta de la habitación donde se encontraba una hermosa mujer arreglando su cabello azabache, acción que detuvo al escuchar la puerta abrirse, entonces los ojos oscuros de Eleonor chocaron con los claros de Alexander—. Hola, mamá. Tanto tiempo...
...***...
—Hola, mamá. Tanto tiempo. Estás igual de guapa como te recuerdo. —Ciara dijo a la foto fúnebre de su mamá en el altar—. Ya... ya volví a casa... ¿Me extrañabas? —preguntó con una sonrisa, aunque las lágrimas ya manchaban su cara—. Porque yo sí, no sabes cuánto. —Cerró los ojos y respiró hondo antes de seguir—. En la universidad estaba el chico que me gusta, pero ¿qué crees? Empezó a salir con mi amiga, ¿triste, no? Lo peor es que ni siquiera le importa, creo que solo sale con él porque es guapo —Suspiró al recordar la indecisión de Casandra cuando le pregunto a quién elegiría entre Derek y Alexander—, pero también conocí a su primo, no se llevan bien, sin embargo, por alguna razón quiere ayudarme a conquistar al que me gusta y... acepte. —admitió avergonzada—. ¿Crees que hice bien? —Las llamas de las velas del altar se movieron como si quisieran darle una respuesta, pero no tenían forma de comunicarse o era quizás que ella no podía entenderla.
—¡Ciara! Ya servimos el pastel, ven. —Erick llamó a lo lejos.
—¡Voy! —gritó antes de volver a ver la foto de su mamá—. Me iré ahora, te amo mamá.
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