—¡Ciara! ¡Por aquí! —llamó Casandra cuando vio a Ciara pasar con su bandeja del almuerzo. Estaba sentada junto a Derek en una mesa que estaba ocupada casi en su capacidad máxima por un grupo de personas tan llamativas que llegaban a brillar.
Ciara quería fingir que no la había escuchado y evitar enfrentarla, pero su llamado fue tan insistente que todos a su alrededor se voltearon a mirarla, incluidos los que estaban en su mesa, por lo que no le quedó más remedio que voltearse a saludar para evitar la vergüenza.
—Oh, hola Casandra, lo siento, no te había visto —dijo con una sonrisa mientras internamente maldecía su mala suerte.
No solo su mañana fue un asco por no poder dormir bien anoche y su apariencia era un desastre, ahora tenía que toparse justo con lo que no quería de la peor forma posible, aun cuando casi muere de hambre tratando de evitarlo. «Simplemente genial...»
—¿En qué pensabas que ibas tan distraída? —preguntó con curiosidad Casandra, ignorante de su tormento.
—Nada importante... —«Solo en cómo evitar en que esta embarazosa situación sucediera, pero ya no importa», completó en su mente con ironía.
—Oh... ¿Aún no comes? —dijo al ver que llevaba su bandeja intacta—. Ven a sentarte con nosotros, así te presentaré a todos.
Ciara vio las caras de los acompañantes de Casandra por primera vez y los reconoció como el grupo "Aria" de la universidad, no le sorprendía, después de todo Derek era su máximo exponente al cumplir con tres de los cuatro requisitos necesarios: Dinero, influencia y deportes. Irónicamente, ella cumplía con el único que le faltaba: estar en los tres primeros dentro del ranking de notas, es una lástima que por mucho que le gustara, Derek prefería verlo en sus partidos o prácticas que soportar que la miraran como lo hacían ahora. Hace mucho que había dejado de querer agradar a personas que solo estaban por interés.
—Ah... Cariño, no creo que sea buena idea, no hay mucho espacio. Además, no creo que eh... —Derek miró a Ciara buscando una respuesta, pero Ciara no pudo decir nada presa del pánico de ser observada tan atentamente por él por primera vez— ¿Clara?, se sienta cómoda aquí. ¿Verdad?
—Es Ciara... —corrigió tímidamente Ciara—. Y yo...
—¿Por qué no se sentiría cómoda? No seas tonto, todos somos amigos —Casandra interrumpió levantándose para llegar al lado de Ciara y tomar su bandeja—. Ven Ciara, siéntate con nosotros, al lado de Mia hay un espacio —señaló el asiento a un lado de la chica morena de cabello decolorado y ojos oscuros.
La aludida miró a Casandra sorprendida. —¿Dónde dices que hay un espacio? ¿No ves que tengo mi bolso ahí? ¿En realidad no esperarás que lo deje en el suelo o sí? Es una versión exclusiva, ni siquiera sale al mercado todavía.
—Cierto, si no fuera porque es la hija del diseñador, ¿Cómo podría conseguir algo así? —acotó la chica rubia a su lado mirando a Ciara despectivamente—. Dudo que Clara pueda responder si se dañara.
Casandra arrugó sus cejas sin saber qué hacer y le dio una mirada complicada a Ciara, pues no quería ofender a Mia y perder el frágil lugar que tenía en su grupo.
—Está bien Casandra —interrumpió Ciara quitándole la bandeja de las manos. Desde un principio se pensaba ir, no se quedaría al lado de alguien que no podía recordar un nombre que había escuchado hace cinco minutos o mejor dicho alguien que ni siquiera quería pronunciar bien su nombre—. Iré a buscar una mesa antes de que mi comida se enfríe.
—Lo ves, amor, a Clara no le importa. Ven, vamos a comer.
Ciara se detuvo de irse cuando escucho a Derek. Apretó con fuerza la bandeja sintiendo que parte de su corazón se rompía, respiro hondo, pego una dulce sonrisa en su rostro -la misma que había aprendido a hacer para ocultar a tristeza y frustración- y se giró para enfrentar a Derek y los demás. —Claro que no me importa. Solo una cosa antes de irme, mi nombre es Ci-a-ra —recalcó con fuerza— y no me importa si no lo recuerdan, pero no me llamen por cualquier nombre al azar. ¿Entendieron?
Los ocho chicos en la mesa detuvieron lo que hacían y la miraron con sorpresa, solo algunos asintieron aturdidos antes de darse cuenta de lo que hacían.
Ciara asintió satisfecha. —Buen provecho —dijo antes de retirarse sin mirar atrás ni esperar una respuesta, aunque quisiera no podría, ese era todo el coraje que tenía. Si no fuera por la obvia burla cuando Derek dijo mal su nombre no los hubiera enfrentado de esa manera, pero no podía dejarlo pasar. «¡Eran tres años enamorada! ¿Decir bien su nombre una vez era mucho?»
Apretó los dientes mientras buscaba un lugar libre para sentarse e intentaba olvidarse de la desilusión que se llevó en su primer encuentro con Derek. «¿Cómo alguien que podía hacer música tan hermosa podía ser tan insensible? No lo entiendo».
—¡Ciara!
Ciara volteo ante el llamado familiar de Gabriel Callen, su compañero de trabajo, que estaba junto a Sara Hugh, su compañera de proyectos. Verlos juntos siempre era extraño por lo dulce y agradable que se veía Gabriel en contraste con lo agresiva y distante de Sara. Cuando se enteró de que eran amigos no podía creerlo hasta que supo que eran amigos de la infancia y también vecinos.
—¿Qué tal chicos? ¿Puedo sentarme con ustedes? —pregunto al ver que era una de las únicas mesas con lugares libres.
—Por supuesto, aquí no te pondremos malas caras... ¡Ah! —gruñó adolorido Gabriel después de recibir una patada de Sara.
—Ten algo de delicadeza —Sara amonestó mirando con una disculpa a Ciara.
—Tú eres un gorila. ¿Cómo me hablas de delicadeza? ¡Ah! ¡Lo ves!—acusó Gabriel después de recibir otro golpe.
Ciara se sentó apenada. —¿También vieron eso?
Ambos asintieron mirándola con simpatía.
—¿Qué paso? ¿Casandra te está poniendo las cosas difíciles ahora que es novia de Derek? —Gabriel preguntó preocupado mientras acomodaba sus anteojos.
—No, claro que no —negó Ciara sorprendida de que pensara eso—, solo... quería que almorzara con ellos. —admitió mientras jugaba con su comida sin ganas de comer.
Sara y Gabriel la miraron consternados.
—¿Casandra no tiene ojos? Desde aquí se podía ver que no te querían ahí —reprochó Sara haciendo rodar sus ojos enmarcados en espeso maquillaje gótico.
—Su intención era buena, nada más quería presentarme a sus amigos —le defendió—. Es solo que Casandra a veces puede ser algo... inocente y no nota el ambiente.
—¿Inocente? Diría que le falta un poco aquí. ¿Entiendes? —Gabriel señaló su cabeza en un tono burlón.
—¿Y qué? No me importaría carecer de neuronas, si a cambio puedo tener su vida, solo mírala. —Sara suspiró con envidia mirando en dirección a la mesa donde estaba Casandra—. Su padre no solo es dueño de una de las automotrices más grandes del mundo, también dona a la universidad e instituciones benéficas, sin mencionar que es bien conocido cuánto mima a su única hija, su futuro está asegurado sobre todo ahora que pertenece al grupo "Aria".
Ciara miró en la misma dirección de Sara y se arrepintió inmediatamente.
No envidiaba estar en el grupo "Aria", menos de ver cómo eran, ni tampoco la fortuna de Casandra que podía comprar cualquier cosa que deseara, pues si de algo estaba segura era que lo que fácil venía, fácil se iba, pero al ver a Derek darle de comer cariñosamente a Casandra en la boca, le hacía querer estar en su lugar y no en el de la chica a la cual ni valía la pena mencionar bien su nombre.
—Bueno, ahí sí tienes razón —concordó Gabriel—. Si pudiera al menos ser un genio del básquet como Derek tampoco me importaría ser un idiota. Quizás así podría atraer chicas...
Gabriel y Sara siguieron discutiendo del tema, pero Ciara dejó de prestarle atención, solo miró el plato que no se podía comer sin ánimos.
«¿Por qué en su vida nada salía como quería? ¿Por qué siempre tenía que perder lo que quería? —apuñaló su comida con frustración—. Ojalá pudiera olvidarle, retroceder el tiempo a ante de que todo pasará...» Hizo una mueca irónica ante aquel deseo poco realista.
El tiempo no retrocedía, solo avanzaba, si existiera tal cosa podría hacer que su madre aún estuviera con ella ahora y no en una fría ánfora, no tendría que obligarse a estar sola ahora por temor a ser una carga, no tendría que fingir ser fuerte cuando se siente a punto de romperse en pedazos...
No, en el mundo no había medicina para el arrepentimiento, solo podías seguir a través de tus propios errores y lo único que podía hacer ahora era buscar una forma de olvidarse de una vez por todas de Derek Wright.
—¿Ciara, tu comida te ofendió de alguna manera? —Gabriel preguntó sacándola de sus pensamientos.
Cuando miró su plato noto que su comida se habían convertido en una pasta amorfa en algún punto.
—... No, solo no tengo hambre. Creo que mejor iré a descansar antes de mi próxima clase, nos vemos. —Tomo su bandeja y la dejo en la basura dispuesta a salir de la cafetería cuando sin querer escucho a Casandra hablar.
—Lástima que Ciara no se haya podido unir.
—Oh, vamos, amor, no pienses más en eso —hablo Derek con aburrimiento—. No todos podemos hacer caridad como tú.
Ciara sintió que dejo de respirar en ese momento, se sentía asfixiada y solo pudo apresurar sus pasos a la salida sin escuchar la respuesta de Casandra. ¿De qué serviría? ¿Cambiaría eso la realidad?
Para Derek no era nada y para Casandra... lo más probable es que realmente fuera un caso de caridad. ¿Por qué, sino se empeñaría en ser su amiga? ¿Pero qué importaba? Solo se debía preocupar por estudiar y conseguir dinero para mantenerse hasta acabar la universidad y con suerte cumplir su sueño, desarrollar tecnología que pueda ayudar al avance médico, lo demás no debía importarle.
Sin embargo, no importa cuánto se lo repitiera su corazón aún dolía...
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