19 - Personalidad y Carácter Empresarial
Francisco ve que su hermano Nicolás mejora la empresa, le pone al tanto de la adjudicación de gomales. Nicolás conoce ya la región como la palma de su mano, donde giraban los dados; mientras su mirada señera sobre el tapete verde de una mesa improvisada para el juego parecía ordenar la caída exacta de los números cantados: el póker era jugado en las noches de viaje en conquista de territorios.
Según la versión popular, es de esta manera que gana la Barraca Sena[1], en una mano rápida y suertuda, con un solo tiro de senas cantadas al lanzar los dados de marfil. Aunque verificando la historia, encontramos que fue comprada junto con las barracas Camacho y Canadá de unos paceños; lo registra el prestigioso historiador cruceño Hernando Sanabria Fernández[2]. Sin embargo, puede que el Sena hubiera «caído» en el juego, tal como se dice en el lenguaje de las partidas de dados o más todavía: «tumbó a los paceños con una sena».
Dice el escritor brasileño doctor Ary Pinheiro en su libro en dos idiomas Amazon Chronicles o Viver Amazónico:
«Don Nicolás Suárez usaba un bigote prussiano, con las puntas para arriba. Era característico de él cuando con rabia lo enrollaba, acto que ponía en carrera a todo el mundo buscando qué hacer lejos de él»[3].
La red de comunicación fluvial y terrestre que organiza es tan vasta y perfectamente enlazada que se torna necesaria e indispensable para todos los que por ella transitan[4], pero tienen que pagar para utilizarla, lo que engorda más las arcas de la Casa Suárez.
Pero si invierte en gente de labor pesada y riesgo, también en gente sabia y preparada. Letristas, escribanos de la mejor calidad, se encargarán de las misivas y documentos del imperio de la goma para la comunicación internacional, nacional y el registro de todo cuanto se haga, se piense y escriba.
Por ejemplo:
Se cuenta que el escribano y administrador Virgilio Oyola, cruceño muy letrado, mandaba devolver la correspondencia mal escrita. Así que en aquellos tiempos quien no sabía escribir bien, y eran muchos por supuesto, tenían que mandar hacer sus cartas con escribanos y letristas, lo cual era una profesión y habilidad bien pagada.
Se ha dicho que Nicolás era analfabeto, que otros le hacían sus cartas. He verificado la firma varias veces y constato que su letra no es muy dibujada, pero mejor que la letra (médica) de Vaca Díez. La firma de Nicolás es sencilla al punto de parecer que aprendió solamente a firmar, la caligrafía de la firma es idéntica al resto de la carta y se repite en decenas de ellas. Siempre un escribano estaría próximo a él, construyendo la letra de las misivas igual a la letra de su firma. Cuando se dice que estudió la primaria en Trinidad, habrá que encontrar algún vestigio documental para corroborarlo. Ya dijimos que en esos tiempos apenas había hasta el último año de primaria[5], y eso duró hasta bien entrado el siglo XX.
Uno de sus mejores trabajadores, don Agapito Justiniano, era hábil tanto para las letras como para «enganchar» gente en Santa Cruz.
En la novela En las Tierras de Enín, se muestra a un Nicolás no muy amigo de las letras y cuando un día toma la pluma para escribir, se entusiasma al ver los trazos que puede crear y comenzará a escribir cartas que son copiadas de inmediato por las prensas usadas, en manos de sus amables y propicios colaboradores, muy bien pagados, para legar a la historia boliviana su conocimiento y experiencia.
Mapa del Territorio Nacional de Colonias, publicado en el libro Anotaciones de la Guerra del Acre. La Casa Suárez tenía un equipo de cartógrafos y topógrafos profesionales, e ilustradores que mantenían la documentación cartográfica al día.
NAVEGACIÓN POR LOS RÍOS
BENI-MAMORÉ-MADERA-AMAZONAS HACIA EUROPA
Es entonces que comienza la explosión de la goma.
Luego de enriquecer a Belén del Pará, dándole lujo y belleza, Manaos, la naciente ciudad ubicada en el Amazonas, se ve transformada por la generosa industria del neumático, utilizado en ruedas y primerizas llantas, en los cuales la goma es el producto esencial para las ruedas, guantes quirúrgicos, tapas de botellas, fármacos, pelotas deportivas y cualquier producto que se precie de moderno y necesite del material extraído de las selvas sudamericanas.
En Manaos se inicia un gran movimiento urbanístico, construyen palacetes de los ex cascarilleros que pasan al rubro de la goma elástica, originando desarrollo industrial y metropolitano con tranvías eléctricos, edificios de estilo barroco mestizo y casi kitsch[6], aspecto arquitectónico de una clase burguesa con intenciones de aristocracia criolla.
Frívola cultura del entretenimiento, abren cabarés, prostíbulos y salones de juegos en que departen y gastan sus libras y reales los que vienen tras el fastuoso mundo de la fortuna «siringuera».
Esta época es representada por el fastuoso teatro de característica denominada barroco amazónico, considerado extravagante, pero joya para Sudamérica, prueba del poderío y riqueza en la selva. A su inauguración a fines del 1896 y a la apertura al público el 6 de enero de 1897, vienen las más bellas bailarinas del Folies Bergère, coristas y vedettes del Moulin Rouge de París, Francia.
En una célebre inauguración, el tenor italiano Enrico Carusso, considerado uno de los mejores cantantes de todos los tiempos, obtuvo sus mayores éxitos con La Traviata[7]. Aunque también se dice, contrariamente a la afirmación de Eduardo Galeano, que fue: «…con una presentación de La Gioconda de Ponichelli, interpretada por la Gran Compañía de Ópera Italiana»[8].
Los Suárez se adaptarán rápidamente a la cultura y demostrarán el apego y respeto al arte, admiradores de estas actuaciones, por lo que se decía que un camarote de lujo en lugar noble del inmenso teatro estaba guardado para la empresa boliviana Suárez[9].
Regaba el champán francés en noches de algazara y comercio banal, con mujeres traídas para «darle vida» a la «capital de la siringa», en el nutrido puerto de Manaos donde anclaban vapores internacionales.
En este texto de autor desconocido[10], vemos un acápite de Wade Davis que describe la vida de Manaos en la dorada época del caucho:
«Los magnates del caucho prendían sus habanos con billetes de cien dólares y aplacaban la sed de sus caballos con champaña helada en cubetas de plata. Sus esposas, que desdeñaban las aguas fangosas del Amazonas, enviaban la ropa sucia a Portugal para que la lavaran allá. Los banquetes se servían en mesas de mármol de Carrara, y los huéspedes se sentaban en asientos de cedro importados desde Inglaterra (...). Después de cenas que costaban a veces hasta cien mil dólares, los hombres se retiraban a elegantes burdeles. Las prostitutas acudían en tropel desde Moscú y Tánger, El Cairo, París, Budapest, Bagdad y Nueva York. Existían tarifas fijas. Cuatrocientos dólares por vírgenes polacas de trece años...».
Bien que eso no era novedad para los bolivianos, ya que en el auge de la plata en Potosí, después de cena en fiestas brillantes, las charolas, platos y cubiertos en ese metal, volaban desde los balcones hacia las calles de la pétrea ciudad del altiplano andino, amén de los trajes llenos de pedrerías y joyas que iban a España para ser lavados y arreglados.
El auge gomero fue más medido, no tuvo esas exageraciones y nuestro personaje más aún, pues, desde su juventud se alejaba de estas manifestaciones donde se gasta más de lo que se gana.
Para los Suárez el mundo no era Manaos, ni les interesaba más allá de lo necesariamente comercial, aunque también en Belén los gomeros se daban buenas parrandas, el mundo estaba en pleno Beni y era ahí donde ellos querían socializar, pero eso sí, antes mucha fortuna para trasladarse prontamente a Londres y darse la vida que creían merecer.
[1] Barraca Sena, en el río Madre de Dios, su nombre deriva de la palabra Sena, diferente de cena, que se refiere a la última comida del día. Sena, con s, es el río Sena de Francia, y en los juegos de azar, en los cachos, juego boliviano, es el conjunto de seis puntos señalados en una de las caras del dado.
[2] Sanabria. En busca de el Dorado.
[3] Pinheiro.
[4] Pfeiffer.
[5] El Colegio 6 de agosto se funda el 6 de abril del año 1888. Su primer director fue don Juan Lorenzo Campero con el título de vice cancelario. Hasta ahí Nicolás estaba con treinta y siete años y ya en dominio de su imperio gomero en Cachuela Esperanza.
[6] Kitsch: voz alemana referente a objetos artísticos y decorativos muy ostentosos, pero de mal gusto. Se aplica a edificios, representaciones artísticas, vestimenta, etc. Diccionario enciclopédico.
[7] Galeano.
[8] Artículo vía Internet: Fiebre del Caucho.
[9] Verbal. No se ha encontrado todavía documento probatorio.
[10] Artículo vía internet: Fiebre del Caucho.
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