RÓMULO SUÁREZ CALLAÚ
EL BARÓN DE LA LOMA
Rómulo, el cuarto hermano, con su propia firma R. Suárez, luego de haber recorrido y trabajado por el Amazonas con Francisco, Antonio, Pedro y Gregorio, pero especialmente con Nicolás, ha canalizado el portentoso mercado que llega a Bolivia de forma inconcebible y teniendo su firma desde Santo Antonio hasta Belén del Pará, decide su punto estratégico, precisamente en medio de la pampa beniana, en plena hoya del Mamoré en que este gran río se amplía vertiginosamente hacia su unión con el Iténez y finalmente al Beni en Villa Bella para formar el magnífico Madera.
Hay que reconocer que el mérito de Rómulo Suárez Callaú y de otros en menor escala, se afirma en el esfuerzo descomunal para juntar esas manadas de ganado cerril y hombres de energía como él, impulsaron y trabajaron legal o ilegalmente en el manejo del mestizaje y consecución de nuevos hatos que vendrían a reforzar la ganadería que había quedado incipiente desde el alejamiento de los jesuitas.
Así lo dicen y escribieron quienes defienden y reconocen su trabajo, como el profesor José Natusch Velasco en su libro Forjadores del Beni:
«La magnanimidad del suelo con una variedad inconfundible de pastos de excelente calidad nutritiva para los semovientes, le hace pensar que allí estaba una de las principales arterias de rendimiento económico y bienestar: la ganadería… don Rómulo con una visión clara del porvenir resuelve sentar sus bases en Trinidad. Y así lo hace, y compra la primera propiedad San Juan de la Cruz cuyos linderos se establecen en los títulos: desde Las goteras de la ciudad en la parte sur hasta tocar la laguna que posteriormente se llamaría Suárez en una extensión de dos leguas cuadradas. Es el origen de lo que más tarde se llamaría Suárez Hermanos Sucesores Administración Ganado. La fertilidad de los campos y la honradez máxima de los habitantes hizo que el multiplico fuera asombroso. Al correr de los años la empresa Suárez Hermanos Sucesores llegaría a controlar la industria ganadera, gracias al talento directriz de su primer dueño que personalmente dirigía el timón de su empresa en nuestros campos»[1].
Los animales traídos desde Santa Cruz y Tarija llegan a las pampas como vehículos de los pudientes, pues venían montados en sus propios caballos y los bueyes jalando carretones en que se acomodaban mujeres y niños; las vacas arreadas como piezas caras y valiosas para mejorar el poderoso grupo indómito de la raza animal vacuna y caballar perdida en las praderas benianas. Así, puercos, chivos, aves de corral traídos en jaulas sobre las carretas, mientras a los «enganchados» o «reenganchados» se los llevaría a pie, hasta donde aguantaran sus fuerzas.
Una manada de caballos valía una fortuna.
Para la compra, eran enviadas cientos y miles de libras esterlinas oro, los «chipilos» decían los explotadores y la gente común al referirse a las valiosas monedas que ostentaban a un lado la efigie de la reina Victoria y al lado opuesto un brioso corcel y su jinete romano, tallado original con base en los existentes en los museos británicos que guardan los tesoros de aquel imperio.
«C. Esperanza enero 31 de 1890 / Señor Rómulo Suárez / Trinidad / Mui estimado hermano:
Con Nemecio Monasterio, te remito mil libras esterlinas /₤.1.000/ en dos billetes del banco de ₤. 500. C/una para que los mandes a Santa Cruz para que se vendan, pero sin pérdida del valor de la libra en oro, porque tiene un mismo valor. El 5 entrante me marcho abajo, y voy a girar a tu cargo por los derechos de la goma que llevo, aún no estoi[2]resuelto a pasar a Europa, en el Pará lo determinaré.
Con Y. Urjel te mando seis vidrios de Clorodina, que es bueno para desintería.
Con un afectuoso saludo se despide tu estimado hermano / Nicolás Suárez».
Santa Cruz era la mater[3] del oriente y había que aprovechar la suculencia de la tierra, bondad social y administración de hacienda, forjada por huestes de españoles venidos por Paraguay o desde la antigua Nuestra Señora del Buen Aire. Tanto es así, que siguiendo el camino de los primeros buscadores del Paitití, los exploradores de la quina y la goma traen y refuerzan el frondoso gastronómico cruceño en la América amazónica.
Fijémonos en las comidas donde el charque y la carne asada representan la mayor fuente de energía. El horneado cubrirá las necesidades de los pueblos que se van abriendo a su paso. La harina de yuca, el plátano frito transformado en chipilos, son productos básicos necesarios para tan largas jornadas. Pero el chivé nativo ingresa en la culinaria «camba», entrando en las mejores mesas con la farofa o pasoca, alimento nutritivo con charque fritado, mezclado con la harina de yuca.
Todos estos beneficios y bondades son aquilatados por los comerciantes que invierten en largos y difíciles viajes de semanas y meses. La población capitalina de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, a merced del olvido desde la partida de los jesuitas, es mejorada en tiempos de la goma.
Por supuesto que los viajeros cruceños que siguen viniendo desde la capital de las torres eclesiásticas y los pilares de cuchí, al lado de los pobres «enganchados», tienen que pasar por el punto elegido sabiamente por el supuestamente ambicioso e intrépido Rómulo, que se había tornado sanguinario y abusivo, llegando a crímenes que rayan en la bestialidad, por lo que llegará a alcanzar el apodo de la «bestia blanca». En los estrados gubernamentales, le llamarán «El tirano de La Loma»[4].
Rómulo se comunica con su hermana Petrona, quien se había quedado en Santa Cruz casada con un señor de apellido Saldaña. Le ayuda en sus encargos y cobranzas.
Leamos estas cartas de Petrona a su hermano Rómulo:
«22 de junio de 1890 / Santa Cruz a Trinidad / Apreciado hermano:
Contesto con el mayor agrado dos comunicaciones de mayo 18 y de mayo 8, en la última me dices que le entregue dinero a doña Matilde Suárez si pudiese, como hasta hoy no ha pedido no lo he entregado nada, así es que si pide estaré pronta a darle.
Al leer tu carta extrañé no me avisaras del suceso de Pedro, por otras comunicaciones he llegado a saberlo.
Saludándote afectuosamente quedo de ti afma. Hermana. Petrona».
El suceso de Pedro, estimo que se trata del asalto que sufriera este hermano por bandoleros encapuchados, asaltantes o enemigos políticos y económicos que pagaban a marginales para esos crímenes.
Supuestamente, Pedro y Antonio mueren de esa manera, en una emboscada de esos encapuchados en los senderos que unían a los pequeños poblados, en esas llanuras solitarias que parecen no acabar nunca.
Otra carta de su misma hermana dice lo siguiente:
«Santa Cruz Dbre. 11 de 1890 / Señor Rómulo Suárez / Estimable hermano mío: Al contestar tus apreciables de Sbre. 3 y de Ocbre. 18, no dejaré de hacerte presente que con motivo de mi retiro para el río Grande por los baños me ha impedido el cumplir tus encargos, pero en la brevedad posible sabré cumplirlos.
En cuanto a Barrios no tengas el menor cuidado que tiene con qué pagar, hasta aquí no lo ha hecho, porque no ha tenido ganado gordo para traer.
Los congresistas han llegado a esta.
De D. José M. Aponte que se asegura reciba nombramiento de prefecto del Beni, este señor dice que en este caso renunciaría en el instante de recibir su despacho.
Respecto al del prefecto de aquí, se habían empeñado por don Miguel M. Cuellar, pero el presidente contestó que el Dr. Ríos hera[5] un hombre que cumplía esmeradamente sus deberes y que, por consiguiente, no había necesidad de remover la prefectura de Santa Cruz. Yo buena y deseo tú lo estés. Con el más expresivo abrazo me es grato suscribirme. Su atta. Hermana y S.S.
Petrona Suárez»[6].
[1] Natusch.
[2] Como es típico de la época, utilizan la i en vez de la y para estas terminaciones. Y escriben con j la palabra girar.
[3] Latín: madre.
[4] Callaú
[5] Así en el documento original.
[6] ACS/ Correspondencia 1890. Cartas de Petrona.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 112 Episodes
Comments