17 – Lo que no es para uno es para otros
Pero bien, lo que no es para uno es para otros. Y si este lugar no era para Nicolás, no lo era realmente, pero él pudo con su ímpetu, ganarles la entrada no necesariamente asentándose en la barranca colorada, sino explorar los montes y tomar las tierras con árboles de Hevea; pero no fue así y eso le reclama su hermano desde Londres—. «No más atrasos Nicolás, tu pensamiento es el de Francisco», ha debido repetirse a cada instante, recordando la fuerte llamada de atención que le supo hacer su hermano, e inclusive lo comenta con Vaca Díez en esa carta.
Sin embargo, hay que recordar que Nicolás al pasar por la barranca colorada y asentarse en Cachuela el 31 de marzo de 1882, tenía solamente 30 años y cumpliría en septiembre 31. Al llegar Claussen a Riberalta, apenas 34, a diferencia de los empresarios europeos, ya bien mayores y expertos en avances comerciales de dominio monopolista.
Vamos a decir todavía con carácter especulativo, que siendo así como era el maestro Francisco de Paula Suárez Callaú para aconsejar sabiamente a sus pupilos de comercio internacional autodidacta, le ha debido sermonear bien a Nicolás, diciéndole: «No seas en otra muy moderado y condescendiente… pasaste por un buen lugar, completamente vacío, también debiste asentar tus bases allí… Antenor Vásquez no le dio bola y vos... dejaste que lleguen los gringos».
Con esa lección bien remarcada por Francisco, Nicolás ha comprendido de veras su papel. Entonces, como un espartano, comienza a abrirse campo en las selvas para encontrar árboles y posiciones para su empresa familiar.
Así avanza, con total energía y «sin compasión», no con las gentes a su servicio literalmente hablando, sino contra los competidores, ingresando hacia los confines de todos los ríos por la subcuenca del Madidi, por arriba del Tahuamanu y el Orton, haciendo suyo todavía sin documentos, el Territorio Nacional de Colonias, introduciéndose a los más recónditos ríos del Acre e instalando acuerdos, negocios, ventas y endeudando a unos y otros con todo tipo de mercaderías importadas como herramientas y pequeños lujos; un sinfín de objetos de utilidad y otros productos nacionales como el charque, tan necesario para la subsistencia en esas lontananzas, haciéndoles perder lamentablemente sus propiedades por mera falla en los compromisos de pago.
Meses y más meses se pasa metido entre ríos, abriendo brechas, colindancias, marcando deslindes, alquilando al Estado los gomales. Mientras que Vaca Díez pelea en el gobierno para la anulación total de estos alquileres por estradas. Pero él no espera que el gobierno ordene esto o aquello. Cientos de hectáreas pasan a sus derechos y también obligaciones, dejaba los puestos bien organizados y con víveres a cuenta... Tanto por trabajo como por simple comercializador independiente, vendiendo el «plus» o producto extra. El que quiere celeste que le cueste; sabía que debería mantenerlas bien. Habría mucha envidia de por medio y guerra entre gomeros.
Todo lo va pagando según las cobranzas, a veces ya con demandas, pero siempre responde y queda libre de los altos montos acumulados, tanto del Estado como de los impuestos aduaneros, y esto claro, por tardanza relativa a la distancia con la capital paceña. Los primeros libros de Francisco, que son su gran ejemplo, están en el Archivo Casa Suárez, y estos son perfectos, tal que, hasta Vaca Díez les ha debido dar una ojeada durante los encuentros amigables con Nicolás.
A partir del año 1889, Nicolás y Francisco encontrándose en el Havre, Francia, hacen un trato verbal para la transferencia de los bienes muebles e inmuebles de la Casa F. Suárez[1] del Beni, haciéndole recuerdo al año siguiente 1889, desde Lisboa, Portugal.
Entonces Francisco responde: «Mi estimado hermano, a causa de una larga enfermedad no he podido contestar a sus comunicaciones, fecha catorce y quince de agosto desde Lisboa, y tu última del dos de septiembre del Pará, de las cuales he tomado buena nota y paso a contestarlos.
»Por mi telegrama del primero de septiembre te hice saber que aceptaba en grande el arreglo que hicimos en el Havre y que en sus comunicaciones ya citadas lo confirmas explanar por escrito de las condiciones acordadas y como es consiguiente, faltando algunos pormenores de detalle, los cuales indicaré en esta carta.- Primero. La casa que ocupa mi madre le será reconocida como propiedad legítima de ella, salvo que le den otra en reemplazo a su satisfacción. - Segundo: mi cuñada doña Cornelia Sarabia, viuda de Suárez, todo lo que pudiera deber a la casa le será perdonado, dándole una cancelación de cuenta».
Y así, conforme Nicolás le responde en aceptación con los siguientes detalles: «Todo lo que se reconozca como propiedad de Francisco Suárez en el Beni, con el activo y pasivo de la Casa que gira bajo la firma de Francisco Suárez y Hermanos, y el ganado, exceptuando aquel que hubiere hasta la fecha en Reyes y Santa Ana; Francisco queda dueño de todo lo que tiene en Europa, del dinero de Cochabamba que corre a cargo de don Antonio Moreno, y más veinticinco mil libras esterlinas (25.000), que Rómulo y Nicolás se comprometen entregarle en el término de tres años por partes iguales, hasta el 1893.
Las remesas de mercaderías que nos sean remitidas después de esta fecha, nos serán cargadas en cuenta como también los gastos del Pará de fletes, etcétera, correrán de nuestra cuenta desde la misma fecha.- Dicha cuenta se abrirá bajo la firma de Rómulo y Nicolás Suárez.- Los ganados de Santa Ana quedan a favor de los hijos del finado Pedro Suárez.- Yo me comprometo que este arreglo sea aceptado por Rómulo, y espero que tú me telegrafíes al Pará si aceptas o no, a la casa de los señores Singlehurst, Brocklchhurst y Compañía el treinta y uno de este o el primero de septiembre.- Si hay algo más que esclarecer, indícamelo»[2].
Los hermanos Suárez viajarían por las principales localidades: Trinidad, Santa Ana, Reyes, hasta la cachuela… no hay señales de estadía en la Esperanza, como solían llamarle. Pero vamos a decir que luego de La Loma, como centro operativo para la transacción de la firma, Cachuela era un buen lugar para mirar y analizar el futuro de la goma en Bolivia, vista desde el ángulo amazónico, pues Rómulo con su carácter ya comentado por escritores y diputados, no era para estar paseando y menos por esos lindes.
La pampa, la llanura misma, era lo suyo y no tenía tiempo ni era agradable para reuniones demasiado ejecutivas. Siempre con el cinto cargado con flamante arma pasaba y haría temblar, y no le agradaba que alguien le tuviera y demostrara miedo, pues sería peor. Eso de que era político es muy poco probable, que manejaba la política, sí era exacto: a La Loma concurrían en fila india los serviles aspirantes a prefectos y diputados, senadores y etcétera; de ese campo salió Francisco: el mejor tiempo de la política beniana había caído en manos de las armas y del chicote, y bajo el dominio de Rómulo, pues pese a que hubo quienes le defendieron, él era de armas llevar.
Como sabemos, hasta el año 1877, Francisco estuvo en el Beni y después de ese año solamente se lo encontraría en Londres. No hay documento que demuestre que volvería a Bolivia.
Así, viviendo en la metrópoli británica, Francisco ya estaba acostumbrado al estilo burgués y aristócrata, por tanto, decidirían darle cierto aspecto fraternal a una empresa en la cual Rómulo se veía aparte. Ponen a sus embarcaciones unos letreros pintados en la proa de los botes, casi como un emblema: «Los Tres Hermanos». Esos primeros batelones, llevando tal distintivo, navegarían el Mamoré, desde Trinidad y Santa Ana, dando notoriedad a la Casa, que iniciaba un tiempo de bonanza única.
Hay otro asunto: pese a las cartas en que Nicolás saluda con cariño a su hermano, se dice que Rómulo era frío y déspota, en estos aspectos de «estima familiar», e inclusive, se burlaría muy respetuosamente de la forma en que Nicolás sabía actuar en ciertas circunstancias. Por cierto, durante la Batalla de Bahía, pese al llamado de su hermano para apoyarlo, Rómulo no contestaría ni se pronunciaría para gastar un solo penique en la contienda que vendría. «Que se las vea Nicolás, esas tierras son suyas» habría dicho, y más: — ¿Qué estaba creando su hermano menor, en el noroeste? ¿Un imperio, un reino, un qué? – Eso era descomunal, estaba defendiendo la patria, no su negocio, pues el negocio podía seguir encima de cualquier conveniencia internacional.
Él (Rómulo) era dueño de las pampas, en realidad del Beni entero, La Loma era su centro de acción, no sería nunca, un reducto de la patria para la defensa de la patria misma. Eso no le interesaría jamás a Rómulo. Los brasileños no llegarían nunca a sus tierras, por lo menos, ese tal Plácido… ¿de qué? –de Castro–, le diría alguien, y el repetiría: ¡Castro va a comer de la mano de Rómulo, el ganado que precisa para alimentar ese territorio tan grande; ambicioso, ¡el Castro ése! —En otras palabras, Nicolás, a la vista y entendimiento de su hermano Rómulo, estaba quemando pólvora a la nada y defendiendo un territorio que no es de su competencia, peor si es ambicionado por los gringos del tal Bolivian Syndicate.
Rómulo nunca llegó a Londres tras las polainas de accionistas europeos, ni soñaría intentar pedir prestado ni una sola libra esterlina bajo ningún pretexto, peor de sociedad, a los financistas Deves o tuti quantis; jamás se pondría la soga al cuello como lo hizo Antonio Vaca Díez, incumbiendo a la Casa Suárez. Había llamado drásticamente la atención a Francisco por caer en la trampa del destino al financiar a Vaca Díez para la creación de la tal Orthon Rubber Company… un dolor de cabeza insospechado y problema de muchos años para Nicolás, como le habría visionado y advertido.
Nicolás estará lejos de su hermano, él en la Cachuela y Rómulo en La Loma. Un continente entremedio. Cartas van más y cartas vienen menos. Pocas son las misivas de Rómulo a Nicolás, y cuando lo hace, muy breve; a veces a través de Petrona o Lutgardis, la una en Santa Cruz y la otra en Trinidad, Nicolás consigue darle partes, cuestiona asuntos y le ejecuta pagos. Como lo hará cuando doña Cornelia reclama que Rómulo no le ha «perdonado» todavía sus cuentas como ordenó Francisco. Inclusive, en el asunto de enganche prefiere mandar a sus propios delegados a Santa Cruz, ellos eran don Agapito Justiniano y Osvaldo Vilajoli, quien administra barracas del Abuná.
Nicolás se aboca más a Londres, girando hacia esa dirección, pues ve la indiferencia de Rómulo, que mientras tanto irá haciendo una gigantesca empresa ganadera, muy propia, que no la une con la Suárez Hnos., y no le da relación de sus decisiones contundentes en la política llanera, ni en la economía que generan sus vacas y caballos de raza que negocia en Brasil, para cuyos envíos, actúa mayormente solo con su gente utilizando el apoyo de Nicolás y la matriz en la cachuela, cuando bien lo necesita. Así que Nicolás hace lo suyo. Demuestra a su hermano Francisco que la ubicación en la Cachuela La Esperanza, será mejor que en Riberalta, si bien quizá no para una ciudad, como lo ha demostrado la actualidad, pero sí para hacerse millonario y tener cuantas casas quisiera en la barranca colorada, como así las tuvo, más de 80 entre predios y terrenos en manzanos completos.
Deja de ser fletero y de habilitador, pasa con arte y oficio a rescatador de goma, se hace millonario, dueño de barracas por doquier.
[1]La F. Suárez del Beni, era el nombre de Francisco, registrado para él solamente, los ingresos de sus otros hermanos en esa casa les aseguraría la cuestión social, como la empresa fraterna hasta su cierre el 1893.
[2] ACS/ Escrituras Sociales. Archivador 15. Documentación sobre herencia de F.S.C.
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