Gregorio Suárez Callaú, el cuarto hermano en edad, se ubicó en el río Madera antes del Tratado de Límites de 1867, y su desplazamiento desde el borde de la nueva frontera hacia el interior de las subcuencas del Madre de Dios solamente pudo evitarse gracias a la oportuna acción política y económica de sus hermanos mayores Francisco, Pedro y Antonio, que habrían peleado desde el año 1853 sus posiciones en el entorno político del departamento creado el año 1842 por el presidente José Ballivián y en los gobiernos posteriores que habrían favorecido a estos auspiciosos hermanos cruceños, para las mejores posibilidades de protección a sus capacidades intelectuales y empresariales, en este departamento alejado, olvidado y valioso para los tiempos que corrían.
No pocos peligros y manejo aduanero instalado en el río Madera, tomado en su totalidad por Brasil, Gregorio Suárez Callaú siguió controlando desde el estratégico, pero crucial punto de la cachuela Calderón del Infierno, el pase de convoyes repletos de quina y caucho hacia ultramar y de retorno desde Europa el comercio para reforzar el empuje internacional que precisaban los bolivianos en Londres. El riesgo de ataque en el Madera, especialmente de la tribu Caripuna, era sabiamente manejado por este hombre, que revisaba los convoyes alquilados a los fregueses[1]. La Casa Suárez prestaba servicios en los varaderos a esos convoyes[2] para cruzar las dieciocho cachuelas que cortan la libre navegación del río Madera, calafateando los batelones o canoas.
Más de quinientos mozos llegan a sumarse para levantar bolachas y los batelones por sobre la arena y piedras hasta el otro lado de cada una de las cachuelas. Las libras esterlinas en baúles lacrados y hasta pianos de cola, en un ir y venir tipo hormiga, llevando en la espalda el cargamento y la riqueza en general, pues ya sabemos que el alimento valía oro en esos largos viajes, tanto de bajado con las bolachas de «oro negro», como en la subida, al ingresar pesadas mercancías provenientes de las tiendas europeas.
Caer en los tumbos[3] arrastrando cientos de libras esterlinas, productos y vidas era desastroso para cualquier empresa. No en tanto, quienes no querían pagar por el servicio de la Casa Suárez, se lanzaban al peligro y la mayoría de los convoyes sucumbían con cuantiosas pérdidas materiales y humanas al llevarse al fondo de las aguas pasajeros y riquezas.
Los Suárez perderán cuantiosas cargas en el cruce entre Villa Bella a Villa Murtinho y por toda la difícil barrera de las cachuelas. Gregorio, el más navegante de sus hermanos, de fuerte trabajo en el Mamoré y el Madera, es el gestor de la economía en ese tramo de comercio que será fundamental para la Casa Suárez, pues recordemos que se le debe la posesión de los Suárez en la Isla del Tigre o Isla Guayaramerín, finalmente conocida como Isla Suárez, frente a la primera cachuela denominada Quayará [4].
Allí se asentaban las pascanas para retomar fuerzas e iniciar el pase de las primeras cachuelas de las dieciocho que ya dijimos, hasta llegar a Santo Antonio del Brasil, próximo a lo que hoy es Porto Velho.
Gregorio es uno de los interventores de la navegación del Madera por estos años anteriores al 1873.
Proporciona en las pascanas y varaderos buen descanso, agua fresca y comida, mientras los hombres a su cargo trasbordan la carga economizando las vidas de los comerciantes y sus familias. Desde la isla del Tigre o Guayaramerín, luego nombrada por los propios como isla Suárez, hasta Santo Antonio del Madera, es el tramo de mayor peligro, el movimiento es ágil y cauteloso, los nativos merodean el área y espían desde la enmarañada de los barrancos, asombrados y apetecidos de todo lo que sus ojos ven de maravilloso además de la necesidad y ambición espontánea de los seres vivos.
Se usarán los objetos más raros y comunes como espejos y tejidos coloridos, brillantes piezas de metal y el néctar de los dioses profanos: el coñac, el vino y el alcohol puro para atraerlos y dominarlos sabia y cuidadosamente.
Han escrito que se usaba veneno en el alcohol, lo que es exagerado. Quizá han sido los piratas que con el auge de la goma entraron desde el mar hacia el interior de la Amazonia, asaltando cuanto pudieron, como Henry Wickham el Pirata Biológico, a quien presentaremos más adelante. La sabiduría de los primeros colonizadores, por lo menos los bolivianos, no podría ser tan estúpida. Se necesitaba mano de obra y si fuera necesario, amarrarlos y llevarlos a la fuerza, como hicieron gomeros peruanos, mejor que matarlos, esclavizarlos. Esa esclavitud existió a fuerza de las ambiciones truculentas del oro negro (caucho). Sin embargo, algunos en ciertas circunstancias abusaron del recurso de envenenamiento por alcohol, demasiado antiguo e inhumano, utilizado en todas las conquistas de territorios y pueblos indómitos.
La pampa beniana se abría bondadosamente fértil para continuar con el esfuerzo, comenzado por los Jesuitas en la práctica de la ganadería. Centenas de animales cerriles quedaron en las pampas después de la expulsión de los curas que dieron al sector pampeño del Beni capacidad y cultura preparada para enfrentar el trastorno poblacional inminente ante el estallido de la goma elástica, de esto se encargaría el penúltimo hermano: Rómulo.
[1] De la palabra portuguesa fregués, cliente. Entonces freguesía: clientela. Se decía por los siringueros o compradores y comerciantes de borracha o goma.
[2] Caravanas, grupos o columnas de batelones y sus respectivas cargas, en este caso, las pepas o bolachas que, amarradas por sogas, flotaban sobre el agua en cantidades espectaculares, por las cuales, encima de ellas caminaban los prácticos revisando sin cesar, y ayudando al despliegue del convoy en su recorrido, a la fuerza de la corriente o de los batelones a remo que conducían el convoy. Esos convoyes eran compuestos de varios batelones, cada uno con nueve tripulantes.
[3]Tumbos: oscilaciones, bamboleos, vaivenes.
[4] Quayará, hermosa palabra que antecede a Guayará, encontrada por mi persona en el libro Siringa de Juan B. Coimbra al referirse a la primera cachuela que corta la libre navegación del río Mamoré.
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