16 - SAGA Y TRADICIÓN FAMILIAR DE CARÁCTER Y PODER
El destino de los hermanos Suárez al finalizar el siglo XIX:
(Gregorio) Fallece asesinado por un jefe de indios caripunas en la cachuela Calderón del Infierno en 1873 (el primero en fallecer, era el cuarto hermano en edad).
(Antonio) Fallece víctima de un supuesto atraco de encapuchados en las praderas benianas.
(Pedro) Fallece después en otro atraco de encapuchados por el 1892.
(Francisco de Paula) Radicado en Londres, fallece de muerte súbita en Londres, Inglaterra.
(Rómulo) Radicado primero en el Pará y luego en La Loma, fallecerá en 1908, supuestamente asesinado por el hijo de una sirvienta.
(Nicolás) Radicado en Cachuela Esperanza, fallecerá en 1940 de ataque bronquial severo.
Hasta ahí entendemos que los Suárez trabajaron por la fortuna, pero los tres últimos hermanos que quedaron vivos fueron las piezas fundamentales del logro económico que vendrá después. Antonio, el segundo hermano, desaparece sin dejar demasiados rastros de poderío, pero siempre un buen aporte, lo cual no pueden heredar sus hijos por ser naturales y se apoyan a la empresa para recibir parte de los bienes de sus padres, lo que permitieren las leyes accionarias gobernadas todavía por Francisco[1] en Londres, por Nicolás y Rómulo en Bolivia y por Pedro, quien muere dejando varios hijos y en especial ese de nombre Pedro, que será una especie de sucesor de todo lo que pudiere.
Es interesante la ubicación de las mayores descendencias de los hermanos Suárez:
Gregorio deja solamente dos hijos. Su hijo varón, Manuel, cae en la guerra del Acre. La hija mujer, Carmen, dejó descendencia en Santa Cruz.
Antonio dejará su descendencia en la región de las provincias Ballivián y especialmente la provincia Cercado, propiamente en Trinidad.
Pedro deja toda su descendencia[2] en Santa Ana de Yacuma, que se reparte después hacia el sur, especialmente a Santa Cruz.
Francisco deja su descendencia en Londres, de la cual algunos hijos dejan descendencia que es desconocida actualmente.
Rómulo no dejará descendencia.
Nicolás, igual que Pedro, tendrá numerosa descendencia cuya rama genética se amplía considerablemente y hasta hoy continúan vivos los suyos. En Riberalta se encuentra la mayor parte a través de su hijo Ricardo Suárez Bejarano y su nieto Ricardo Suárez Graverolle, hijo del anterior. Por la rama con Judith Arias, su descendencia se dispersa en los hijos de las hijas mujeres como Esperanza, que engendra una sola hija mujer, en Luta, también una hija mujer, en Judith tres mujeres y un varón que dejan descendencia en Buenos Aires y Londres, como las otras hijas mujeres de la pareja Solares Suárez. Los hijos de Rafael quedan en Bolivia y Argentina.
Pero valiosa también es la efectiva participación de cada uno de ellos en la cultura y la economía del norte beniano.
Gregorio, a su muerte, dejó la piedra fundamental de la libre navegación con el genocidio causado con su desgraciado fin, y sus cuentas a los hermanos, todavía en el poder de la fortuna que avanza de forma fantástica.
Pedro hijo viene desde Belén del Pará al Beni, por tiempo de la muerte de su tío Antonio y de su mismo padre. Toma la confianza de su tío Nicolás y es encargado del movimiento por el Madera y el Amazonas hasta Belén, donde ostenta el cargo de cónsul.
La muerte de los hermanos mayores deja a Rómulo y Nicolás al mando de la Suárez Hermanos que estaba arrollando cuentas y empresas que sucumben ante el monopolio del transporte por el Beni – Mamoré & Madera.
La influencia de Suárez parece tan necesaria y atrayente como un imán del destino.
Aquí veremos una carta de Antonio Vaca Díez que parece advertirle de algunos peligros y se prepare para el futuro de la empresa del Orton, y ahí está lo que opina la historiadora Valery Pfeiffer, «un supremo oportunista», pues como dice el adagio: «Nadie sabe para quién trabaja». Máxima que Nicolás, sin hacerlo a propósito, lo confirmaría con lo que «deja» para él, su primo Antonio Vaca Díez[3]:
«Querido hermano:
Mucho siento no verte antes de mi marcha al Congreso. Dejo mi Casa al cuidado y amparo tuyo, te suplico que la mires con algún interés.
Las barracas Correnteza, Buen Retiro y Palmira entregarán su goma a tu Casa – las de arriba cubrirán otros créditos –Yo estaré de vuelta en noviembre – La contribución de estradas y la de un boliviano por alquiler se quitarán.
Tu hermano: A. Vaca Díez».
En 1886 le escribe con este tenor:
«Esperanza mayo 27, 1886
El principal motivo de mi bajada a este puerto fue hablar contigo. No he conseguido.
A consecuencia de la “circular” de noviembre giré la letra… (Otros puntos comerciales). Si tú quieres reanudar nuestras relaciones ven a Orton; allí verás lo que tengo y lo que debo; todo te lo manifestaré. Así trabajo, cuenta con más personal que nunca, como te informarás de cualquiera y por mis libros.
Lo que padecen es hambre por el flagelo de la inundación[4].
Te clamo, pues hermano, a un acuerdo formal y conveniente para ambos.
Tu comadre buena y sobrinos –Tu afectuoso hermano: Antonio Vaca Díez»[5].
La familia Vaca Díez, intenta unirse con los Suárez:
[6] «Muy S.S. nuestros:
Comunicamos a U. que, constituidos en sociedad industrial, responderemos solidariamente de todas las operaciones de la compañía, obligándonos a pagar los créditos personales de uno u otro socio, lo cual ponemos en conocimiento de C.U. para los fines a que tuviere lugar en derecho.
Dios cuide a U.
Buceta Vaca Díez».
***
LOS TRES ÜLTIMOS HERMANOS
Quedaban tres de los cinco entrañables varones Suárez Callaú, pues se habían ido ya Gregorio, Antonio y Pedro.
Por ello, la sociedad económica fraterna se vio menor en socios cuanto mayor en volumen económico. Cada uno de los tres: Francisco, Rómulo y Nicolás, deberían desdoblar esfuerzos para sostener tamaña empresa.
Nicolás actúa como le aconsejó su hermano Francisco al criticarle por la acción de la Casa Braillard al liquidarse: (repetición) «Ya sabía que la Casa Braillard entraba en liquidación para retirarse y la existencia de dicha casa se debe a que Nicolás se dejó quitar los negocios cuando en esos casos corresponde luchar sin compasión, mas veo que últimamente ha desplegado bastante energía».
Es decir, perdió por la Braillard todo un tiempo de ganancias y a lo mejor más gloria, y ahora estos la liquidan y se van, como se iría Henicke, hablando mal de Riberalta[7]. Si Nicolás hubiese decidido a tiempo entrar en explotación de goma, sería propietario de esas tierras —seguramente esto pasa cuando Nicolás no quiso hacerse cargo de tierras en calidad de gomero—.
Recordemos que Bodo Claussen llega a Riberalta en 1885, a los dos años que Nicolás se instala en Cachuela, le daba tiempo para asentarse de llano y plano también en este punto, pues el lugar marcado por Heath para don Antenor Vásquez queda libre, y Claussen era empleado de la Braillard, pasando a ser socio para instalar otra sucursal en el río Beni y eso lo sabía bien Nicolás, porque los vio fundar una nueva dependencia en Reyes en 1883, tras la quina y estos habían saltado a la goma en ese corto periodo.
Este punto es digno de análisis y lo vamos a estudiar a partir del texto de Roger Becerra Casanovas, sobre la llegada de la Casa Braillard a la «barranca colorada»:
«La sucursal de Arequipa dedicada exclusivamente a la explotación de la quina, en 1883, tras efectuar prolijos estudios en Moxos, fundó una nueva dependencia en Reyes, bajo el rubro Braillard Claussen & Co. de cuya gerencia se encargó el señor Claussen como socio. A la sazón se habían iniciado ya en esta zona las exploraciones gomeras y en 1884, desde Reyes, Claussen comisionó a su empleado don Máximo Henicke la exploración y estudio del río Beni, con instrucciones de elegir el punto apropiado para abrir una nueva dependencia de la firma en un ribazo frontero a la desembocadura del río Madre de Dios.
»A las 4:30 de la tarde del día 3 de mayo, en compañía de Julio T. Pinto y 5 tripulantes, encostaba la montería al pie de la barranca el súbdito alemán don Máximo Henicke, hasta donde entonces existían 4 datileros. Iba a tomar posesión de aquel dominante en donde está hoy la Casa Seiler & Co., que fuera sucesora de la Braillard desde poco después de su fundación, cumpliendo instrucciones de sus jefes Braillard Fils & Co., encontrando aquí al barranquero don Plácido Méndez, nombrándolo al lugar: “La Tapera de los Méndez”.
»Encontrando adecuado el sitio, al día siguiente derrumban el monte y hacen una pequeña chocita y se establece la Agencia encomendada, y entre ambos habitantes denominan al lugar “La Cruz”, colocan una de madera en punto visible para todos los viajeros de ambos ríos. Don Fidel Ochoa, con personal de don Timoteo Mariaca, que estaba esperando a este en Ivon, fue contratado para las primeras construcciones.
»Muy pronto, la sucursal establecida el 6 de julio de 1884 adquirió cierta preponderancia, porque a los industriales de este río les resultaba más práctico proveerse de ella, ahorrando el viaje a Reyes de donde hasta entonces tomaban sus habilitaciones. La sucursal de Reyes y Arequipa recibía mercaderías de ultramar por la vía del Mapiri y por esta misma exportaba la goma rescatada, pues no existía el tráfico por el Madera.
»Finalmente, el 7 de julio de 1885, Claussen, gerente en Reyes, visitó la novel sucursal constatando el desarrollo inesperado que había tomado. Ordenó la construcción de grandes almacenes para víveres y mercaderías, para poder abastecer ampliamente los pedidos de la clientela y cambia el primitivo nombre con el de Riveralta. (Riberalta)»[8].
Lo demás es la historia de Riberalta.
[1] Ver carta más adelante sobre haciendas dejadas a las hijas de Pedro y doña Cornelia Sarabia.
[2] Pedro, Manuela, Ana, Mariano, Nicomedes.
[3]ACS/ Cartas de Antonio Vaca Díez: junio 29 de 1884 Sr. D. Nicolás Suárez.
[4] Así sabemos que el año 1896 hubo una gran inundación.
[5] Agregado mío para no confundir con Antonio Suárez.
[6]Cartas de familia Vaca Díez: «A los S.S. Francisco Suárez y Hnos.» Orton a 6 de febrero de 1886.
[7] ACS/Documentación inédita. Don Máximo Henicke, luego de liquidar la Velasco & Henicke (que fue la más poderosa de los comienzos del auge) a manos de Nicolás, se va de Riberalta, vociferando una serie de improperios en contra de la gente riberalteña y del pueblo.
[8] Becerra.
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