15 - NICOLÁS SUÁREZ CALLAÚ
DE FLETERO A MILLONARIO
Los carretones en largas y difíciles caravanas[1] en las cuales transitaban nuevas parejas y familias que se asentarán en Santa Ana de Yacuma, cruzan la pampa beniana desde Reyes hasta encontrar el río Yacuma y salir al Mamoré, transportando la goma extraída en los montes del Beni. También desde los Yungas, bajaban individuos hombres y mujeres; Tumupasa y pueblos subandinos tenían harto conocimiento del manejo de las selvas, especialmente tratándose de la quina calisaya y ahora tras las gomas y el caucho.
Por ejemplo, se considera que desde esos pueblos vendría doña Cornelia Sarabia, y así conocería a Pedro Suárez Callaú. La gutapercha, resina gumífera, era muy apreciada y cotizada para la farmacopea y especialmente para su uso en la odontología, de tal manera que Cornelia supo sacar provecho de su ascendencia andina para comercializarla desde muy temprano en su vida, mientras que con la cuestión batelonería, crecieron sus arcas hasta llegar a ser ganadera, dados los obsequios regalados por su cuñado Francisco, que cede a nombre de las huérfanas Ana y Manuela toda la ganadería de la provincia Yacuma, cuando ella ya viuda, mantiene difícilmente su nivel empresarial pues se ha hecho mayor, ayudando a su hija Manuela en el manejo de las casas Sarabia & Böger y después Sarabia Hnos., que fue la propietaria de la Barraca Bahía poco antes de los conflictos de la guerra del Acre.
Por ese camino transversal, que unía Reyes a Santa Ana, también llegaron los primeros exploradores y exportadores de productos regionales. Eran comerciantes, muchos extranjeros de Suiza, Alemania, Italia, Grecia, Líbano y otros países europeos y de Sudamérica como ser de Perú, Colombia y de las Guayanas, especialmente la francesa, que casan o simplemente se juntan con bellas mujeres de la estirpe hispánica y tienen descendencia libre del vientre de las naturales que darán a la región una singular raza nueva.
El estallido del boom de la goma en el mundo levantaría pueblos y Cachuela Esperanza es la gran novedad e inclusive el dorso de la fortuna que demuestra el formato de pirámide social y económica.
Describe el historiador español Vallvé:
«Ello contrastaba con Cachuela Esperanza, sede administrativa de la compañía más poderosa de la zona —la Casa Suárez—, que en 1901 contaba con 195 personas. Así, la lógica de la industria gomera sostenía pocos cargos administrativos y concentraba la mayor parte de su mano de obra en la pica de la goma. La división laboral en las barracas variaba, pero una compañía gomera tenía, en general, tres ramos administrativos: a) administración de servicios; b) administración de barracas, y c) administración de haciendas, si las había.
»El primero supervisaba a los empleados de la sede comercial y, en las barracas más grandes, a los jornaleros: taladores del bosque para abrir sendas y chacos, tripulantes de embarcaciones, etc. El segundo controlaba a los capataces y mayordomos de barraca, quienes, por su lado, debían redactar balances generales de las barracas (activos, pasivos, deudas, cifras de producción), remitirlos a la casa matriz, supervisar a los mozos[2] o siringueros y fregueses de la barraca y acopiar las bolachas de los centros gomeros y asegurarse la llegada de provisiones a los mismos.
»Los administradores provenían de Austria, Suiza o Alemania y sus asistentes solían ser cruceños “blancos” que sabían leer y escribir (…) ser blanco y letrado eran los prerrequisitos para pertenecer al eslabón más alto de la barraca. Los trabajadores calificados se encontraban en pequeñas poblaciones y en las sedes de las compañías gomeras más importantes; algunos artesanos vivían en simples barracas, ejerciendo de hojalateros, talabarteros o arrieros. Los tripulantes no eran trabajadores calificados ya que se encargaban de cargar y descargar los vapores y cortar leña para las calderas; era un trabajo en contra de su voluntad (…) al ser obligados a trabajar como tales o de la remisión de trabajadores problemáticos a trabajar en las lanchas por ser “el cabecilla de todas las fugas”. Todos ellos eran descritos como “morenos”, que puede significar que eran indígenas o mestizos.
»Por su parte, los fregueses eran muy heterogéneos, pues sabemos que fue una labor ejercida por indígenas, mestizos y blancos. En contraste, la mayor parte de los peones eran básicamente indígenas, incluyendo siringueros y labradores —en los casos en que las barracas tenían espacios agrícolas—; (…) las tareas agrícolas podían ser ejercidas por blancos o “morenos” (…) los censos sitúan a los cruceños en todos los espacios laborales de la barraca, lo que indica una procedencia de distintos eslabones sociales y muestra que los cruceños urbanos, de cualquier procedencia, se consideraban blancos»[3].
La tiranía se atribuye a todos los gomeros. Nicolás Suárez Callaú no se salva de estas críticas, es vapuleado hasta hoy como malo, tirano, déspota, inflexible, guasqueador y prepotente, aparte de vendido al mismo diablo. Él sabía de estos adjetivos e insultos que siempre estaban lejos de él, claro, pues nadie que se preciara de su enemigo estaba próximo. Es lógico, en el fondo él tendría el dolor del hecho trágico que envolvió la muerte de su hermano Gregorio, lo que estuvo por décadas en el aire hasta que la gente se fue olvidando.
Esa fase de su vida ensombrecería su bella juventud de trabajo y exploraciones sabias en las que participó con ese hermano precisamente, conociendo y reconociendo junto a él, las dieciocho cachuelas o rápidos, desde Guayaramerín hasta Santo Antonio del Madera. Nadie reconocería el sacrificio de la sangre blancoide, el racismo es especial, se manifiesta en los discursos y, sin embargo, se maneja discriminatoriamente en la práctica, sea para unos o para otros. Aquí el ser blanco y dominante quería decir y declaraba hasta el futuro: querer blanquear la región, y ellos serían mirados como asesinos de los salvajes oriundos. Nadie pretendería blanquear nada, pues todo era necesario, pero era más la libre acción para hacer surgir una región por demás bárbara todavía en pleno final del Renacimiento y ya en plena Revolución Industrial que traía la modernidad.
Ninguna acción estuvo desprovista del poder, como lo es hoy de otras maneras por supuesto.
Desde Misaghua, Perú, Lizzie Hessel escribe a sus padres en Londres, lo siguiente:
«Mishagua, Perú. Lunes septiembre 27 de 1897
Algunos siringueros llegaron acá ayer, indicándonos que habían sido atacados por los salvajes. Trajeron con ellos a dos heridos, una mujer a la que le dispararon una flecha en el pecho y un hombre que fue herido en una pierna. Lograron matar a dos de los salvajes.
Cinco canoas estuvieron aquí la última semana para obtener provisiones. Estaban viajando río arriba para atacar a unas tribus más pequeñas y entonces capturaron a todos los niños para venderlos como esclavos. Tres de esclavos de esta casa, dos chicas y un chico, se escaparon hace unas pocas semanas, pero los persiguieron y los trajeron de vuelta. Esa noche fueron azotados y al día siguiente hasta que ya no pudieron gritar de puro agotados, siendo observados por la señora Fitzcarrald. Es muy brutal y yo me sentí tan mal que tuve que alejarme de la casa. Ahora encadena a los chicos cada noche a su cama. En persona azota a todos sus sirvientes una vez por semana»[4].
Hemos leído ejemplos de abusos incontrolables y absurdos, como los perpetrados por el comerciante gomero Timoteo Mariaca, al ordenar el castigo de sus peones en Riberalta, cuyos gritos fueron escuchados toda la noche, junto al zumbido del látigo desgarrador[5].
Nicolás, sin embargo, abominaba todo aquello y mantenía al paso de los años comprensión a las condiciones impuestas por el mismo tiempo y la necesidad de subsistencia, sea social y económica. Su bondad no es muy reconocida, a excepción de quienes le conocieron de verdad, recibieron favores o le entrevistaron, como Ciro Torrez López, Marius del Castillo, Mario Saielli y aquellos que han contado su historia de forma verbal, y discrepan de tanto odio contra los gomeros. Nicolás trataba bien a su gente. Tanto es realidad esto, que todos los descendientes de empleados de su casa, blancos o morenos tuvieron la misma importancia. Respetó al voluntarioso y comedido, al trabajador sin descanso, como lo era él. Muchos de sus más estimados colaboradores y empleados fueron a Europa, estudiaron y vivieron allá.
Como el precio de la goma cae a partir de 1912, teniendo un repunte durante la Segunda Guerra Mundial, hay una migración campo-pueblo o campo-establecimiento; en el caso de la Casa Suárez y Cachuela Esperanza aparece con 1.800 almas en el censo de 1936[6]. Por esos años ya no hay tantos extranjeros, su gente es boliviana, peruana, y de otros lugares del mundo en menor cantidad. Los que vinieron en la primera época, dejan descendencia que se mezcla con aborígenes y españoles. Ya no serán aquellos dejados en la colonia, aparecen los Arturs, Manfreds, Octavios, Hugos, Henrys, Edwins etc.
Por su parte, las clases más desposeídas optarán por los nombres de los patrones y sus apellidos, mezclados a nombres germánicos, suizos, ingleses y americanos. Pero también los habrá hindús, dominicanos, venezolanos y brasileños, otras gentes de Barbados dejarán el tono de su piel. Lo cita la notable historiadora brasileña Yedda Pinheiro Borzacov en su libro Porto Velho:
«Más que cualquier otra ciudad amazónica, Porto Velho era un centro cosmopolita, un centro de inmigración. Casi la totalidad de su población era formada por brasileños, hijos de Pará, Marañon, Piaui, Ceará y del extranjero. Había de todo: norteamericanos, bolivianos, peruanos, árabes, turcos, ingleses, chinos, hindús, etc. Y dentro de estos, bien pocos amazonenses»[7].
Porto Velho nace en 1907, al reiniciarse finalmente la construcción del ferrocarril Madera-Mamoré. El flujo humano por esa vía, a partir de ese año, fue preponderante para la formación de la región fronteriza, tal como lo es hoy.
[1] Las cifras dadas por la defensa social de la época, cita 80.000,00 individuos entre hombres y mujeres, que serían impulsados por la fuerza de atracción de la explotación cauchera y siringuera entre 1880 a 1940.
[2] Se dice por los peones, o jóvenes de trabajo pesado.
[3] Vallvé
[4] Hessel. (Lizzie Hessel, inglesa, esposa de un comisionado para el seguimiento a la obra de Fitzcarrald, en el istmo que uniría las cuencas de los ríos peruanos y bolivianos, acompañaban al doctor Vaca Díez en su último viaje.
[5] Percy Harrison Fawcett. Aunque de este explorador de noticias y de mundos inventados se dijo que fue mentiroso y aumentador.
[6] ACS/ Censos.
[7] Borzacov, Yedda.
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