LA LOMA,
EDIFICIO MONACAL EN PLENA LLANURA
Rómulo no «encuentra» el lugar, (como el caso de Nicolás con la Cachuela Esperanza) La Loma ya estaba allí, como villorrio de las riberas del Ibare, cercano a tan solamente doce kilómetros de la ciudad de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad. «Don Rómulo Suárez Callaú toma como sede de sus funciones administrativas una zona estratégica a 12 km de la ciudad hacia el norte y sobre las márgenes del río Ibare, que más tarde se llamaría Loma Suárez. Allí monta su empresa, adquiere propiedades urbanas y personalmente dirige sus construcciones contribuyendo en esa forma al urbanismo y ornato público de la ciudad»[1].
Sus bien conservadas armas de marca Winchester y Colt, con las que se adueña de La Loma Mochi, eran más apreciadas que sus mujeres, de las que se hizo leyenda, que las sabía encadenar y cuando morían las enterraba en un lugar donde después mandó plantar rosas[2].
Las Winchester escribieron la ley de la región y no hay prefecto ni comisionado nacional que pueda hacerle entender que La Loma es un poblado y no un lugar propio, y que además la vida humana de los viajeros no le pertenece, aparte de lo que en fin es decisión propia en las negociaciones realizadas en sus manos, que no deberían ser, pero así su carácter, así su personalidad, las cosas serán de ese modo, por todo cuanto dure la época del imperio de la goma boliviana.
Rómulo se mantiene informado por Petrona de lo que sucede en la Prefectura de Santa Cruz[3] y también de quienes postulan o reciben la prefectura del Beni ¿Sería para impulsar arreglos o negociar su sabia actuación y manejar todo cuanto entra y sale al y del enorme radio territorial donde la goma elástica es el imán? No hay documentos que lo prueben.
Pero, ciertamente, los productos venidos desde Santa Cruz toman allí otros precios, los productos que ingresarán venidos por la vía del Amazonas llegarán a Santa Cruz valiendo más y la vida humana tendrá un valor en cuanto merezca el precio que vale ingresar a las tierras del imperio de la goma. Hombres sanos y fuertes contratados, o mejor, ya «enganchados» en el negocio, son los que pasan. Aquellos enfermizos, con trazas de viruela y alfombrilla, pálidos y tuberculosos, no pueden ser tomados en cuenta; los que vienen en carretones o a pie, son revisados íntegramente para dejarlos pasar con todas las cuentas hechas desde Santa Cruz y ya endeudados.[4]
Se dice que Rómulo practicaba su buena puntería con sujetos que ingresaban a la llanura sin ningún permiso y pasaban frente a su casona de amplios corredores; bajo el piso superior de largo balcón surrealista, sentado cómodamente en su sillón de descanso, levantaba el arma, apuntaba y disparaba. Una laguna en La Loma, hábitat de un par de caimanes y cardúmenes de palometas, era la entrada para otros mundos, para aquellos que no interesaban a la vista y manejo cerebral de Rómulo Suárez Callaú.
Lo dice también el diputado Callaú Barbery:
«El tirano de La Loma, Rómulo» «El Beni es en esos tiempos de horca y cuchillo»[5].
Otros dirán, «son los tiempos de la Ley del Winchester y de la Colt».
No será, lógicamente, el único. Pero sí, durante su existencia, en los caminos y pascanas, entre Santa Cruz y Reyes, suena el nombre de Rómulo como el repique de muerte de las campanas cruceñas.
El silencioso, educado y bien estimado joven Nicolás Suárez Callaú, sigue los comentarios que ensucian la imagen de su hermano y por lógica nunca los consentirá, pero no puede hacer nada por cambiar las actitudes de Rómulo, puesto que además de que este fue siempre agresivo y aventurero, la misma necesidad del dominio total del negocio, del tiempo que les ha tocado vivir y las circunstancias imperantes, es un propulsor vital, aunque de terrible actuar.
Lo reconoce el doctor José Natusch Velasco: «Se han tejido más de una turbulenta tragedia, muchas de ellas fruto de la fantasía y del odio que siempre los hombres de empresa suelen despertar. Se habló mucho de su resabio en La Loma, pero nadie lo comprobó. Lo que tenía era una férrea voluntad y una disciplina inquebrantable. No hizo excepción a la época, que fue el dominio del látigo con que se castigaba al flojo, al mentiroso y al ladrón. Tenía su propia cárcel donde purgaban sus delitos los malos hombres que nunca faltan en las comunidades, fueron los que se conjuraron contra él. En julio de 1908, don Rómulo Suárez Callaú fue muerto por sus obreros a golpe de palo cuando subía a su recámara; muerte que dio margen a especulaciones, comentarios y leyendas que se han extendido durante muchos años, aunque la obra del hombre se consolidó: La Ganadería Beniana»[6].
Un edificio monacal inmenso, que también parece un hotel en Marruecos, se levanta en La Loma, llevando más allá de la imaginación al propio misticismo ¿Quién podría haber construido un edificio monumental en media pampa despoblada del Beni, por los gobiernos de turno de la época? Solamente un extraordinario espíritu exaltado y lleno de fanatismo por el yo interior. Pero es que así se han hecho las obras más grandiosas de la arquitectura mundial: con transpiración, sacrificio y sangre. Sus propietarios lógicamente eran ególatras en su mayoría.
Fallecido Rómulo, el edificio de La Loma será destinado a la oficina de ganadería de la Casa Suárez Sucesores, siendo tempranamente subgerente, el joven Medardo Solares Arias. Luego de la Guerra del Chaco, se creará en el fabuloso y monumental predio, la Escuela de Agronomía y Veterinaria, un borrón histórico de carácter social y educativo para enaltecer la memoria de Rómulo, minimizando cuando menos su carácter principal, lo cual fue apoyado por algunos autores allegados a la familia y dentro del entorno social trinitario de alcurnia ganadera que defendieron emitiendo apreciaciones que ocultan su posible maldad mental. Lo que es cierto y lo dijimos al entrar en este apartado, es que se le debe reconocer su trabajo en beneficio de la ganadería beniana.
El edificio se intentará vender[7], pero ante el costo seguramente, y quizá la fama de misterio dejada por su propietario, quedará sin efecto, manteniéndose hasta lo último como patrimonio de la Casa Suárez. Allí vivirá un día Medardo Solares Arias, quien llega a ser Administrador de La Loma por varios años en su juventud y se alojarán también los familiares y empleados que cubren el largo trayecto entre el norte y el sur de la Amazonia en sus viajes por los ríos y largo camino hasta las llanuras orientales de Santa Cruz.
Y toda esa hermosa infraestructura pasó por decreto a depender de la Armada Boliviana, en la cual funciona actualmente la meritoria Escuela Naval Sargento Zeballos y el monumento a don Rómulo permanece en la cúspide de la legendaria Loma, para perpetua memoria[8].
Detalle ampliado de la Casa Rómulo Suárez & Cia.en Santo Antonio del Madera. Poderoso, los barcos estaban disponibles todo el tiempo para Rómulo, ya sea, comprados o alquilados por temporadas, para navegar desde el Atlántico hasta el Madera. Desde allí embarcaban cientos de bolivianos y extranjeros hacia Europa o viceversa.
[1] Natusch.
[2] Leyenda insertada en la novela En las Tierras de Enín del escritor Luciano Durán Böger.
[3] ACS/FDA. Correspondencia 1890.
[4] Versiones orales, libros de historiadores, autores de textos relacionados de la época posterior y del siglo XX. Obras citadas.
[5] ACS/Callaú.
[6] Natusch.
[7] ACS/Documentación Ganadería Trinidad.
[8] Aguirre.
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