(foto)Grupo de pioneros navegando en callapos, por el río Beni, entre ellos nótese varios enchalecados (usaban chalecos como en las regiones frías pese al intenso calor), hombres oriundos de los departamentos de La Paz y Oruro. Así vinieron Timoteo Mariaca, los hermanos Santos y Luciano Adriázola, los Farfanes, y otros andinos, para internarse en el río Madre de Dios, pues el río Beni y Orthon ya estaba ocupado por completo.
1880 - 1882
ENCUENTRO DE LA CACHUELA ESPERANZA Y
ASENTAMIENTO DE POBLACIONES
Mientras tanto, el boom de las gomas elásticas había tomado cuenta del mundo. El arribo de buques hacia Sudamérica era incesante, siendo Belén del Pará la entrada principal por su gran boca al océano Atlántico donde se posiciona también Rómulo, creando la firma R. Suárez para cubrir las expectativas comerciales de viajeros bolivianos y europeos que vienen y van tras la apertura de los ríos de la cuenca mayor del mundo, en pos de riqueza que fue llamado el oro negro por el color de las bolachas de goma que embarcaban por montones hacia Europa.
Riberalta, Guayaramerín, Cachuela Esperanza y Villa Bella, se gestan como futuras poblaciones; las aguas se desplazan desde la cordillera de los Andes en Bolivia y crean los ríos Beni y Mamoré, que se juntan al Madre de Dios y forman el Madera antes de ingresar a Brasil. Estos lugares fueron elegidos primeros puertos por los pioneros bolivianos. Recordemos que anterior a esta época, todo el litoral del Madera pertenecía a Bolivia y en sus orillas se asentaron los primeros cascarilleros y gomeros, entre ellos Nicanor Gonzalo Salvatierra, Timoteo Mariaca, Gregorio Suárez y otros.
Intenso movimiento gana de pronto la hoya amazónica, proporcionando un dinámico comprar y vender productos, así, la quina calisaya, algodón, utensilios diversos, clavos, martillos, sartenes, ollas y cacerolas de todo tipo, y vendrán las próximas mujeres, inclusive de bateloneras, hasta empresarias, el mercado internacional promete, todo viene de la revolución industrial. Se inicia el cambio de monedas, acaba el trueque, es compra en directo, y con efectivo. Las libras esterlinas, vienen en baules, lacrados y asegurados contra robo, incendio, insectos. Naufragio: que era lo que más había. Las embarcaciones crecerían rápido y pronto los vapores tomarían los ríos y entonces el Beni estaba conquistado
1880
SOBRE EL DESCUBRIMIENTO DE LA CACHUELA ESPERANZA POR NICOLÁS SUÁREZ CALLAÚ
Una versión guardada durante años.
En esta versión que no vamos a descartar pues cuenta toda versión oral para una biografía, y má
s aún si no tiene cualquier registro, no puede ni debe omitirse, toda vez que fue contada por un miembro de la familia que asegura lo siguiente: Nicolás Suárez Callaú, navegó por el mes de febrero del año 1880 antes que Edwin Heath, cuyo viaje sería en octubre del mismo año.
Nicolás recorre el tramo incógnito del río Beni llevando bolachas de goma desde Puerto Salinas. Cuando está próximo a la desconocida cachuela y queriendo aprovechar la noche, porque había tranquilidad en el río, bajaron a bubuya[1], de forma tranquila, pero más tarde, aproximándose a la poco conocida cachuela, encontrarían de pronto una turbulencia que por supuesto no esperaban, esto fue a unos 700 metros antes de llegar al tumbo y los rebullos y palizada de pronto golpearon los cascos e importunamente hundieron uno de los dos batelones que iban a la par, precisamente en el que estaba Nicolás, al que ven caer al agua ante el susto de los prácticos de la otra embarcación que luchaban por salvarse, mientras le gritaban: «¡Patrón, patrón! ¿Dónde está?».
Pero la corriente había arrastrado el batelón y su jefe que estaría aferrado a este, se pierde en la oscuridad, sin lograr verlo desde aquel lugar que después se llamaría La cabecera y desde la cual el otro batelón consiguió salir y apegarse a la orilla derecha, salvándose así los prácticos que luego divisan una canoíta en que vienen los desaparecidos, aunque no está Nicolás. «¡No vemos al patrón!» exclamarían. En esas circunstancias, al cabo de un rato, alguien más abajo de la corriente avistó a Nicolás que bogaba en la embarcación, girando, mantenido por las bolachas de goma que venían amararradas por los huecos y no permitieron que se hundiera el batelón en el que estaba aferrado, dando vueltas en el remanso antes del tumbo en la que se deslizó el convoy.
Van hacia allí, rescatándolo, lo llevan a la orilla derecha en que estaba el otro transporte encostado, desde donde escuchaban sonidos como el ruido de las cachuelas del Madera. Entonces Nicolás les dice: «Quédense tranquilos, mañana veremos dónde nos encontramos, lo cual supongo qué lugar es este, verificaremos bien amanezca, lo importante es que estamos vivos y juntos, porque somos como una familia y tenemos que cuidarnos unos a otros».
Al otro día se levantan, inspeccionan el lugar viendo la cachuela y el tremendo tumbo, van orilleando el río hasta encontrar un arroyo, cortan palos para cruzarlo, pues estaba el río lleno y entraba agua hasta dentro del bosque para formar un gran curiche. Encuentran una laja de piedra, donde hoy está la capilla que fue hecha en el año 1909. Él sube y habla allí: «Escuchemos los que nos encontramos aquí, pues aquí va a ser plasmada mi estadía, definitivamente hasta el día que yo muera y aquí mismo me entierren, agradezco a Dios no haber perdido la vida gracias a esa cabecera que nos permitió percibir que había algo más peligroso, y estar vivos».
Entonces, bajan aquella laja de piedra, se van hacia la orilla del río sobre la misma laja, y uno de los prácticos le dice: «Patrón, creo que estoy viendo el batelón donde veníamos nosotros…» Allí es donde Nicolás asegura que ese lugar se llamará Esperanza, y promete que pondrá ese nombre a alguna hija. Van a ver el batelón que estaba bogando aún entre la palizada y sacándolo de ahí, lo llevan fuera de la corriente. Ahí elije quiénes se quedarán a cuidar y sacan los víveres, mientras él deberá continuar. Hacen un campamento y limpian el área para construir una casa.
En aquel momento, Nicolás deja parte de su gente y baja hasta encontrar la boca del Mamoré, el que forma el Madera, y reconoce el vértice que había pasado varias veces en el cual se instalará una aduana llamada Villa Bella y que fue donde el cura peruano Armentia rezó una misa al pasar muchos años antes. Deja el tanto de goma salvada en la frontera con Brasil y sube el Mamoré hasta la cachuela Guayaramerín, y entra hasta Santa de Yacuma volviendo hacia Reyes; después de juntar lo que pueda nuevamente, retornará por el mismo río hasta encontrarse con su gente en la Cachuela Esperanza.
Es abril del año 1882, la Cachuela está abierta al mundo. El 14 de ese mes contesta una carta de noviembre de 1881 a su hermano Francisco, en que le dice que tuvo un naufragio[2], pero no le cuenta los detalles, porque para ellos eran muy comunes esos accidentes y sucesos y no perdían tiempo en sus cartas al relatar asuntos que eran normales al pase de más de dieciocho cachuelas, sin incluir esa, pues era del río Beni o Madre de Dios.
Meses más tarde, Edwin Heath pasó por allí, vio el lugar y se supone que en octubre no pudo haber llegado al borde derecho debido a que es piedra vista, por lo que su cuento cae en la falacia al pasar el rápido normalmente, ya que el pase de canal existente en ese mes es a la izquierda del río, y si vio gente no se apegaría, su intención fue mostrarse al mundo, en especial ante la Sociedad Hidrográfica de Filadelfia como descubridor de ese sitio y de la salida al Mamoré. Su diario tiene exceso de fantasías, como notaron los historiadores, especialmente Hernando Sanabria Fernández, que aclara:
«Años después, escribió sus Memorias… interesante es el relato, mas prueba que el ordenar sus evocaciones [sobre su encuentro geográfico]… y ampliar sus apuntes… el meticuloso profesor angloamericano no se vio libre de algunos vuelos de imaginación. Dígalo sino aquella escena, tan patéticamente descrita, en que un caimán hambriento con la sutileza de un pillastre de ómnibus urbano robó una lonja de tasajo que el profesor tenía bajo su cabecera, respetando muy generosamente la integridad de las frescas y sonrosadas carnes gringas»[3]. Sin arañarlo, cuanto más tragarse de un sopetón al gringo Edwin Heath[4].
¿Por qué Suárez calló entonces y no refutó a Heath y a toda la historia? pues por respeto. Al final, a él nada le valía eso del descubrimiento y si el profesor norteamericano se quiso poner los laureles[5] de su viaje, que quede así, él no necesitaba fama de explorador ni de descubridor, sino de fortuna, que fue lo que buscaba y fue lo que hizo.
Es lógico, Nicolás amó y respetó ese lugar, primero aquella turbulencia y luego el remanso que se ven naturalmente cada año, eso no lo vio Edwin Heath porque al pasar en octubre, lo único peligroso es el mismo tumbo, pues el pase de canal está libre de esas corrientes.
Nicolás, peor aún Edwin Heath que vendría después, no conocían el tumbo, y esas dos barcazas de noche son arrastradas por la corriente, como se ha contado en varios libros, pero como si fuera el año 1882.
Así cumplió Nicolás con la vida, agradeciendo a Dios por siempre, creando una capilla pequeña pero hermosa, mandada a diseñar en Canadá y traída desmontada desde allí, para llamarla Nuestra Señora de la Santísima Trinidad.
Más abajo, un punto importante, el lugar en que encostó el batelón sería llamado puerto Boquerón, y allí, en ese sitio en el que un día pisaron tierra los prácticos de Suárez, sería levantado el astillero y luego la maestranza, diseñada y construida por Eiffel, el arquitecto que erigió la torre de París, quien se encontraba en Sudamérica, precisamente en Chile, edificando unos puentes. Es así que, después que acabó esos trabajos, al año 1906, el famoso arquitecto francés que concluye estaciones de tren en Oruro, La Paz y Potosí, viene a este sitio a la invitación de Nicolás Suárez que lo manda traer a Cachuela Esperanza para construir la maestranza y el puente de fierro sobre el arroyo, así como la línea del tren francés o Decauville. Esto sería ya por comienzos del siglo XX. (Fiel relato de la versión oral sobre el verdadero descubrimiento de la Cachuela Esperanza).
[1] Dejar a la embarcación ser llevada por la corriente.
[2] ACS/ Carta a su hermano Francisco, escrita desde la cachuela en 14/abril/1882. Especial estado precario.
[3] Hernando Sanabria Fernández, En busca de El Dorado.
[4] Análisis de Hernando Sanabria Fernández, obra citada: En busca de El Dorado.
[5] Recordemos que Federico Román también haría lo mismo al querer atribuirse la gloria de la Batalla de Bahía, como el autor, y conspirar contra la acción guerrera organizada por Nicolás Suárez Callaú.
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