La familia Suárez Callaú, conocida en el entorno de Santa Cruz de la mitad del siglo XIX, estaría al margen de los abusos del enganche inicial.- Tendrían negocios de ganadería y trueque de mercaderías y no necesitaban gente para la pica, pues su fortuna inicial, provino del comercio y solo posteriormente, debido al enlace de salida por las dos vías hacia Europa, - el Pacífico, y especialmente el Atlántico: cuenca del Amazonas[1]. Invirtieron en la fabricación y navegación de batelones[2] y organizarían el esquema escalonado de agencias para habilitar y servir a los extractivitas del látex[3].
Aunque esto sea difícil de determinar, los Suárez tampoco se salvarían de las necesidades serviciales en sus negocios posteriores, exigiendo después, un número mayor de individuos para el arreo de ganado vacuno, en la navegación de batelones y carguío de carretones que salían desde Santa Cruz hacia el Beni, repletos de mercancías provistas en las principales casas comerciales cruceñas, como Zeller Mozer, y otras ubicadas en la calle Arenales y Florida, principalmente.
En estos rubros, comenzaron Pedro y su mujer Cornelia, la hermana Lutgarda que administraba en Trinidad junto a Rómulo; Petrona, que enviaba los hatos caballares y vacunos traídos del sur, y después, al mismo Nicolás, siendo muy joven aún, en supuestos y seguidos viajes entre Trinidad y Santa Cruz, para manejar el envío de documentos, trabajos tipo mensajería.
Anticipemos que Pedro y Antonio fueron atacados por bandoleros que esperaban y acorralaban los encargos a la vera de los caminos hacia Trinidad y en todo el ramal entre los pueblos benianos, especialmente San Borja, Reyes, Santa Ana, San Joaquín, antes inclusive de existir Riberalta y Guayaramerín.
Mientras Francisco, Pedro y Antonio abrieron los primeros claros en el monte para trabajar de habilitadores y navegantes, dominando las cuencas económicamente, en el hábil manejo de monedas propias, administradas y guardadas en la burra del banco privado de la F. Suárez del Beni[4], también entraron en la cuestión ganadera y posteriormente llegarían los mejores jóvenes de la familia llamados Rómulo y Nicolás, y así, los hijos mayores de Pedro y Antonio.
Gregorio, el tercer hermano, antes de 1870 se ubicó en la cachuela Calderón del Infierno, en el curso medio del río Madera en su recorrido ya en Brasil, una vez quitado a Bolivia, en pleno tramo medio de las dieciocho enormes cachuelas[5], poderosamente dominadas por él, pues allí, próximo por ambas orillas, la selva estaba ocupada por salvajes, especialmente los caripunas, tribu de individuos medianos a pequeños, muy belicosa, aunque se decía que no eran antropófagos sí que eran temibles, pues de un estado amistoso, podían malentender rápidamente y tornarse feroces al extremo.
Todo aquello llegaba en comentarios a la capital cruceña, siendo pan común y café con leche en los desayunos del mercado de la Recoba de Santa Cruz, en que se proponian negocios de agricultura y expansión, entre ellos don Rafael Suárez, padre del grupo de hombres jóvenes a quienes incentivó para ir hacia el norte junto a otros pioneros que invirtieron en la navegación y exportaciones de productos requeridos en el viejo mundo.
EL ACRE
TRAS LA HUELLA DE LA FORTUNA - EL EMBRIÓN DE LA CASA SUÁREZ -LA ATRACCIÓN GOMERA
El Aquiry, río Acre en lengua indígena, tan lejano, inspirador de cuentos y leyendas, dominaba pláticas en las tardes de Santa Cruz de la Sierra, muchos intereses económicos surgidos de esos diálogos propiciaron las caravanas y finalmente la epopeya gomera, que cambió el destino de mucha gente y de una pareja fundamental para esta historia.
Esa pareja fue conformada por Rafael Suárez y Dolores Callaú Vargas, oriundos de Concepción de Velasco; unidos en mayo del año 1861[6] en el templo de San Roque[7], cuyo certificado de matrimonio será requerido muchos años después, en 1897, al morir Francisco, el hijo mayor, para atestiguar en Londres su legitimidad como hijo de matrimonio en la cuestión hereditaria de la primera fortuna amasada por él. Cabalmente por esos años del casamiento, Nicolás Suárez tendría 10 años, pero Dolores Callaú Vargas enviuda de Rafael Suárez a los dos años del matrimonio.
Aunque don Rafael tuvo otros hijos, en el vientre de doña Dolores engendró seis varones: Francisco de Paula, Pedro, Antonio, Gregorio, Rómulo, Nicolás y dos hijas mujeres, Lutgardis (Lutgardes) y Petrona. Eso demuestra que se casaron ya teniendo hijos.
Nicolás Suárez Callaú fue bautizado el 8 de diciembre del año 1851 en el templo Jesús Nazareno[8], el preferido de la clase media agrícola cruceña. Sus padrinos fueron don Julio Ferrier y doña Matilde Suárez y el ministro de Bautismo el sacerdote José Vicente Taborga.
Nicolás iría posiblemente a Trinidad de doce años cumplidos[9], junto a su padre, que trabajaba en una hacienda, yendo a Santa Cruz regularmente, pero su radicación definitiva en ese departamento fue a raíz del deceso de don Rafael Suárez en el año 1863, acaecido en Concepción de Velasco, documentado por el certificado de defunción:
«Año del Señor de 1863 a los trece días del mes de maio, yo el Presbítero Miguel P. Melgar, cura propio de esta Doctrina de Concepción de Velasco, sepulté en el panteón de esta Santa Iglesia con oficio cantado, cruz alta y doble de campanas al cuerpo mayor de D. Rafael Suárez, y casado en Santa Cruz; no recibió ni un solo sacramento porque murió improvisamente, i porque conste lo firmo \= Miguel P. Melgar (firmado y rubricado) - al margen dice: “Anciano Rafael Suárez, de Santa Cruz”»[10].
A los pocos días del entierro de su esposo, doña Dolores Callaú Vargas embarcaría en carretón hacia Trinidad para cobrar deudas a su favor, llevando sus cachas y mercaderías, acompañada de Lutgardis, una de sus dos hijas y de Nicolás, de doce años.
El púber encontró a sus hermanos Francisco, Pedro, Antonio, Gregorio y Rómulo ya en el Beni; el primero de 30 años tenía buenos enlaces políticos departamentales y un banco particular que emitía sus propias monedas. Inclusive, Rómulo, 6 años mayor que Nicolás, ya trabajaba junto a ellos. «Quedándose Petrona en Santa Cruz», cita un documento familiar[11]. Petrona era mayor que Lutgardis.
Así, veremos al pequeño y delgado Nico a los 12 años, junto a su madre, yendo en carretón tras la huella de la fortuna y ganará el mote de Rey de la Goma[12] al dominar el territorio de lo que por entonces era de forma legendaria el «Gran Paitití de las murallas y palacios de oro o tierras de Enín, el poderoso Rey del gran Moxos» en quien por esfuerzo propio y mucha suerte se convertirá, pues fue el más afortunado de sus hermanos al vivir bastante para ello y heredar sus fortunas particulares.
Nicolás Suárez Callaú, el Rey de la Goma, fue bien amado por muchos y aborrecido hipócritamente por otros que comieron de su mano ya que supo transformar por obra y gracia del trabajo y el destino las leyendas antiguas de Moxos en realidad.
La enseñanza primaria en Santa Cruz era precaria y pocos aprendían en cartillas de profesores que eran a la vez alumnos del Colegio Nacional de Artes y Ciencias[13], el cual exigía conocimientos básicos de materias universitarias impartidas allí. Francisco pasó algunas clases[14], pero Nicolás, debido a su edad, no habría estudiado la primaria reglamentar, ni tampoco lo haría en la alejada y casi paupérrima Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, capital del Beni, en la cual no existía escuela ya que en la segunda mitad del siglo XX recién se contará el nivel primario[15], pues el colegio «6 de Agosto» será fundado en 1886, más de veinte años después de su arribo[16].
Sin embargo, al púber Nicolás Suárez Callaú le interesaría más la aventura y las monedas que tintineaban en las manos de sus mayores que el lápiz carcomido y el cuaderno de 20 hojas impreso en La Paz. Es muy fácil comprender que, por empuje propio, para ganar dinero muy joven, no sería muy interesado en estar sentado sobre un viejo pupitre destartalado –si lo había– para aprender gramática, ortografía y religión, en vez de estar en una canoa. El color dorado de las libras esterlinas, a las que apodarían chipilos[17], que los explotadores de quina y caucho usaban para enganchar a la gente en la lejana Santa Cruz, agradaría más al futuro empresario, que aprenderá rápidamente a nadar y remar en las aguas rebalsadas de los ríos.
[1] Se intentó y se hizo la salida por el Pacífico, vía Chile, pero resultaba muy onerosa debido a la vuelta y entrada necesaria por Panamá. En cambio, por el Amazonas era más rápido y teniendo a Brasil como principal exportador, las condiciones eran más halagüeñas, pese al cierre de la salida al Atlántico por esa vía, impuesta a los bolivianos. También vía Buenos Aires resultaba negativo.
[2] El pueblo principal de fabricación de barcos y cascos de batelones era Cuatro Ojos, a orillas del río Grande o Guapay, que corriendo hacia el norte, es principal del río Mamoré. Algunos hidrógrafos aseguran que este río es el mismo Mamoré en su recorrido desde Chuquisaca, hacia las llanuras de Santa Cruz y después al Beni.
[3] Ese fue el resultado del éxito empresarial de los Suárez, pues cada uno de los hermanos tuvo su punto de control en el sistema escalonado hasta alcanzar el continente europeo.
[4] F. Suárez del Beni es la primera casa a nombre de Francisco Suárez Callaú, quien la inscribe en Europa como: F. Suárez of London y después de finado pasa a ser Suárez of London & Co., quedaron como socios solo Rómulo y Nicolás, pero a los pocos años, muere Rómulo, se mantiene Nicolás, obsequia acciones a sus familiares y administradores, las compra de nuevo para fundar la Suárez Sucesores; ese título figura hasta ser socios los herederos, a la muerte del titular, como Suárez Hermanos SRLtda., que estará a cargo de la viuda y los hijos no disidentes, en manos de Napoleón Solares Arias. La F. Suárez del Beni tenía su propio banco de habilitación y manejaba sus propias monedas Tokens hechas en Londres. (Ver sección monedas). Pero también existieron las casas paralelas menores: R. Suárez & Hno. y la Suárez e Filho do Pará, las cuales operaron principalmente en el traslado continental marítimo.
[5] Rápidos, normalmente cataratas bajas como es el caso de la cachuela Teotonio que tiene una elevación máxima de 11 metros, pero sus corrientes son verdaderas calderas hirvientes, lo que daría por nominar una de las más terribles: la cachuela Calderón del Infierno.
[6] ACS/Testamentaría F. S. Una carta para la testamentaría de Francisco presenta molestias con el párroco de la iglesia por problemas de entrega.
[7] ACS/FDA/Testamentaría F. Suárez.
[8] Libro bautismal del año y fecha del Templo Jesús Nazareno.
[9] Versión familiar. El único documento es el Certificado de Defunción.
[10] ACS/ Certificado de Defunción de don Rafael. Testamentaría F. Suárez.
[11] ACS/ Relato de Napoleón Solares y cartas de Petrona, residente en Santa Cruz.
[12] Este título “El Rey de la Goma” fue dado por el común regional y remarcado por varios escritores como don Roger Becerra Casanova y don Antonio Carvalho Urey, quienes lo nombran así en sus artículos y apostillas.
[13]Reestructurado en 1842.
[14]Eran llamadas clases y no cursos, siendo su numeración a partir de la más inferior que era la sexta y la superior la primera. En este caso, las clases del sexto grado (el primero) eran rudimentos de latinidad, aritmética y parte de álgebra y dos veces a la semana instrucción religiosa.
[15] No sabemos si hay documentos de esos estudios primarios.
El Colegio Nacional 6 de agosto se funda en 1886.
[16]
[17] Chipilos: así se les decía a las libras esterlinas, la moneda británica, por su paródica semejanza en color y forma con las rodajas de plátano verde, frito en aceite o manteca hirviendo, alimento básico de los viajeros del oriente y llanos benianos desde tiempos de la búsqueda del Gran Paitití o Tierras de Enín.
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