Capitulo 20

Su hermano estaba loco, fue lo que pensó, cuando se encontró con la puerta casi rozando su nariz.

En un segundo él la acariciaba con ternura y al siguiente, le lanzaba la puerta en la cara.

—¡Imbécil! —chillo frustrada.

Su plan de pedir su ayuda, se había ido por el caño, en cuestión de segundos.

Se tomó su tiempo para serenarse, y cuando final se sintió más tranquila, regresó a la sala de su casa, se encontrandose con la noticia de que la visita ya se había ido.

¡Cobarde!, repitió en su mente otro insulto dedicado a su hermano.

Pero, aún había alguien quien no se marchaba y se mostraba complacido de verla nuevamente.

—Estoy cansada, me iré a dormir —informó a sus padres, sin importarle que "su visita" aun siguiera presente.

Su mamá asintió con comprensión, entendiendo que a lo mejor el plan de reconciliación no había resultado nada bien. Y el hecho de que Angelo casi sacará a Sara a empujones de la casa, sin duda era una señal notable de eso.

Sin embargo, no pensaba rendirse tan fácilmente. Su hijastro siempre se mostró muy atento con Ailén y le parecía triste que ahora ni siquiera se hablarán. Y a su niña eso le afectaba, se le notaba en sus ojitos que constantemente se mostraban llorosos.

Entonces, Susej decidió intervenir nuevamente. La mujer llamó a Angelo el lunes a primera hora de la mañana y le pidió un gran favor.

—¿Podrías pasar a recogerla? —solicito con voz suplicante.

Y aunque la cordura del albino gritaba un claro y contundente "no", terminó accediendo muy en contra de su sentido común.

Es una mala idea, se dijo.

Sin embargo, llegó puntual a la hora acordada. Vio a su hermanita salir ajena a su presencia, por el gran portón del colegio, pero antes de que ella notara su vehículo, un deportivo color rojo se estacionó justo en la entrada captando toda su atención.

Aquel chico parecía ir a recogerla y él no pudo evitar maldecir a su madrastra por hacerle perder el tiempo.

—Estúpida mujer —murmuró ofuscado.

Antes de apretar el acelerador para perderse a gran velocidad de allí, pudo notar como Ailén se rehusaba a subir al auto y aquel sujeto trataba de insistirle, pero su hermanita seguia caminando a grandes zancadas, alejándose lo más rápido que sus piernas le podían permitir.

Roberto la siguió de cerca en su auto —Deja de hacer escenitas, Ailén —la rabia en su voz era evidente.

—¡Me cansé de ti, idiota! —explotó de repente la muchacha deteniéndose —. ¡Si quieres publicar las malditas fotos, pues hazlo! ¡Pero déjame en paz! —gritó casi al borde del colapso, llamando la atención de todos los que pasaban por el lugar.

Miradas cargadas de desconfianzas se posaron en el castaño, quien buscaba inútilmente restarle importancia a la situación.

Roberto se había bajado del auto.

—¿De qué hablas, Ailén? —se rió con disimulo —. No es chistoso. Ya te he dicho que no hagas este tipo de bromas —se acercó a ella sin apartar su sonrisa, diciéndole con su mirada que se callara y no cometiera más imprudencias.

Ailén no se dejó amedrentar por su silente amenaza y sin medirse le lanza un puñetazo directo a la nariz, que le hizo sacar sangre en el acto.

La muchacha sonrió por su hazaña.

—Perra —gruñó el castaño en voz muy baja, advirtiéndole que las cosas no se iban a quedar así, e iba a pagar su insolencia.

Sin embargo, la muchacha ya no le tenía miedo. Su vida era un maldito infierno y estaba harta de todo...

Esa misma mañana, no había dejado de considerar la idea de lanzarse del último piso de algún edificio. Cualquier cosa era mejor, que tener que soportar que ese bastardo la tocará a su antojo...

—¡No me toques! —siseo cuando Roberto se disponía a subirla al auto a la fuerza.

El castaño no pudo ni siquiera ponerle un dedo encima, porque su hermano había aparecido de la nada sometiendolo.

Ailén miró triunfante la escena y agradeció en silencio su oportuna aparición.

—¿Qué es lo que está pasando aquí? —preguntó Angelo, con su mirada dorada cargada de odio.

La jovencita se posicionó a su lado y sintiéndose más grande de lo que era, miró a Roberto con desprecio.

—Este infeliz ha estado amenazándome —acusó.

El muchacho le regaló una mirada cargada de ira, la cual su hermano borro con suma facilidad al aprisionar su cuello con fuerza. Ailén lo veía ponerse rojo por el esfuerzo y la falta de aire, pero no quería intervenir..., quería verlo sufrir más.

—Tiene unas fotos —continuo Ailén, al ver la oportunidad de apoderarse de su teléfono.

La muchacha se acercó a su bolsillo y se lo arrebató con mucha facilidad.

—¡Tengo varias copias, estúpida! —grito el muchacho sin fuerzas, mientras se retorcía en el suelo buscando recuperar el aliento.

—Pues vas a buscarlas ahora mismo —demandó su hermano, lanzándole una patada en el estómago, que lo hizo gritar como niña pequeña.

Roberto no tenía oportunidad contra su hermano y eso la hacía sentirse grande y poderosa. Extrañaba esa sensación de estar completamente protegida...

Ailén le sonrió a Angelo cuando éste se giró a mirarla, sin embargo, él no estaba nada contento con la situación y ya podía hacerse una idea de lo que contenían las dichosas fotos.

—¿Es todo? —pregunto Angelo cuando el muchacho trajo unas cuantas fotografías en un sobre.

El castaño asintió y se adentró a su casa sin querer saber nada más de ese par de anormales.

—Dámelo —solicitó Ailén, queriendo evitar que su hermano viese las fotos.

Pero Angelo no estaba de humor para sus demandas y la apartó de él con brusquedad.

—¡No las veas! —dijo la muchacha luchando con su brazo musculoso, el cual la inmovilizaba con suma facilidad.

De los ojos de su hermano parecieron salir chispas cuando la observó nuevamente, para ese momento ella moría lentamente de la vergüenza.

—¡¿Qué es toda esta basura?! —le gruño.

Ailén frunció el ceño.

¿Será que nunca podía hacerle caso?

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Comments

Angi Jose

Angi Jose

🤣ay Angelo, ahora quién te aguanta ahora que viste Ailen semidesnuda🙉🙈

2022-09-29

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