Capitulo 14

Angelo se encontraba harto de la altanería de Ailén.

Su hermanita no había dejado de mirarlo feo cada vez que tenía oportunidad y, hasta en una ocasión, se había atrevido a enseñarle el dedo medio.

El hombre gruñó llamando la atención de todos los presentes en el comedor, quienes no se habían percatado del gesto obsceno que había mostrado la menor de dicha familia. La cual se hizo la desentendida ante su reacción, batiendo sus espesas pestañas con inocencia.

Sin duda Ailén estaba llevando al límite su paciencia y lo iba a escuchar cuando llegara el momento... Y ese momento, parecía estar más cercano de lo esperado.

Los dos se vieron fijamente las caras en el pasillo que se dirigía a la cocina.

Ailén se mostró altiva y alzó el mentón con suficiencia.

La jovencita se propuso rápidamente a esquivarlo para continuar con su camino, pero un fuerte agarre en su brazo se lo impidió.

—¡Suéltame! —demando ella.

Angelo entornó los ojos en su dirección, con una mirada afilada y amenazante.

La muchachita por un segundo sintió cierto temor, puesto que los ojos de su hermano podían ser muy intimidantes cuando se lo proponía. Pero no iba a permitir que aquello le afectará, no señor... Así que se propuso no mostrarse intimidada.

—¿Estás sordo acaso? —continuo.

El hombre gruñó bajo, mientras la miraba de esa forma tan intensa, como si quisiera agarrarla del cuello y apretarla sin piedad hasta que el oxígeno dejara de entrar por sus vías respiratorias. Sin embargo, ella sabía que él no se atrevería a algo como eso... O al menos, eso quería creer.

— No vuelvas a hablarme en ese tono —le deletreo lentamente, mientras la agarraba de la barbilla con brusquedad.

—¿O si no qué? —por alguna razón Ailén le había agarrado el gusto a desafiarlo. Aparentemente, la rebeldía de la edad estaba haciendo estragos en su comportamiento.

Sin embargo, él no respondió nada.

No hubo ni siquiera una nueva amenaza o intento de algo. Únicamente la soltó tan súbitamente como la había agarrado, mientras le sonreía de esa forma espeluznante que podía congelar a cualquiera.

Ailén inmediatamente pasó saliva por su garganta reseca. Pero a pesar del miedo, alzó su pecho de manera orgullosa. Cuando se disponía a continuar con su camino lo escucho decir:

—Me agradabas más cuando eras niña.

La muchacha se dio la vuelta sorprendida, y sintiendo cierta melancolía en sus palabras.

—Ese es precisamente el problema. No has terminado de entender que ya no soy una niña —dijo a modo de reproche. Porque si él comprendiera que ahora debía respetar su vida privada, nada de esto estuviese sucediendo.

—Crecer no te da derecho a hacer lo que se te antoje —le dijo con calma. Sin ánimos reales de discutir...

—¿Ah, no? Pues a ti si parece dártelo... —se quejó.

¿Quién carajo lo controlaba a él?

Pero entonces, Angelo entendió que trataba de compararlos y, dijo lo único que se le ocurrió para invalidar sus argumentos:

—Ni siquiera eres mayor de edad, así que no compares.

La muchacha resopló y cruzándose de brazos, murmuró:

—Pues espero cumplir pronto la mayoría de edad para hacer lo que se me venga en gana.

Angelo simplemente no le hizo caso y respondió con tranquilidad: —Veremos.

—¡Eres insoportable! —espeto Ailén con deseos de golpearlo. Ella tampoco podía reconocerlo, le agradaba más el hermano que era antes de marcharse —. Tú también antes me agradabas más.

—Te equivocas. Yo no he cambiado, Ailén —le dijo de pronto mirándola de forma extraña —. Sigo siendo el mismo idiota, que siempre está disponible para ti.

Aquellas sinceras palabras sorprendieron a Ailén.

La jovencita lo miró con un gesto abatido, sintiendo su corazón aprisionado. ¿Estaría siendo muy dura con él? se preguntó de pronto, arrepentida.

—Y-yo también lo estoy... —murmuró bajando la mirada y tragándose un poco su orgullo.

Aunque quería aparentar ser una chica ruda y mala, la verdad era que tenía un corazoncito demasiado sentimental para su gusto. ¡Cielos, realmente no quería seguir molesta con su hermano!

Y para su total alivio él pareció entenderlo y se acercó, acortando la distancia en dos grandes zancadas, aprisionándola en sus brazos. Inmediatamente, la muchacha se aferró a él, con todas sus fuerzas sin poder controlarlo...

De pronto las lágrimas surgieron de manera natural, ante el alivio de la reconciliación. Angelo la separó un poco de su pecho, y con su pulgar retiró todas esas gotas de agua salada, mientras le daba besitos tiernos en esas áreas de forma cariñosa.

—No me gusta que me trates así. Me duele... —le susurró de pronto, aferrándola más a él.

Ailén siempre había sido su mayor debilidad, la única persona capaz de lastimarlo.

Él únicamente quería cuidarla, saber que estaba bien. Verla feliz, sonreír de aquella manera tan radiante que tanto le encantaba. Pero ella no lo entendía... Y eso le dolía mucho.

—L-lo siento —se disculpó la jovencita comprendiendo que le había hecho daño a su hermano con su comportamiento —. No volverá a ocurrir, lo prometo.

—No prometas algo que no vas a cumplir —le dijo Angelo dándole un beso delicado en la frente.

El hombre no pudo evitar aspirar el aroma que desprendía de su piel... Era tan dulce y placentero. Justamente la paz que su agitado día necesitaba. Si tan solo pudiese siempre llenar sus pulmones de ella, seguramente sus días serían mejores. Mucho más ligeros...

Ailén elevó su mano hasta tocar el rostro concentrado de su hermano y lo acarició con sutileza haciendo que la mirara directamente a los ojos, separados apenas por unos milímetros que parecían a la vez una distancia demasiado grande.

—Te quiero —le dijo con sinceridad, ganándose la atención fija de su hermano por largos e interminables segundos.

La muchacha no supo qué pasó por su cabeza en todo ese tiempo, pero su mirada la hizo contener el aliento. Y sus mejillas ardieron por alguna razón desconocida...

¿Qué era lo que querían decirle esos dorados tan intensos?, se preguntó, sin poder tampoco despegarle la mirada.

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Comments

Angi Jose

Angi Jose

Gracias a Dios! porque ya me estaba molestando la actitud de esa muchachita.

2022-09-29

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