Capitulo 4

La despedida fue para Ailén un día triste. A sus diez años tuvo que presenciar como su hermano mayor, partía de casa para no regresar en una larga, muy larga temporada.

La niña entendía que era por su futuro. Su hermano era muy inteligente y había conseguido una beca en una importante universidad. Y, a pesar de la tristeza que su ausencia le dejaba, estaba orgullosa de él.

Sin embargo, el orgullo no impedía que las lágrimas se escurrieran de sus ojos ni que una sensación de vacío se apoderará de su piel. Su héroe ya no estaría más en casa y sin duda iba a extrañarlo demasiado.

¿Ahora quien la ayudaría con sus deberes escolares? ¿Quién mostraría infinita paciencia ante sus curiosas preguntas? Angelo ya no estaba, su hermano mayor no la atendería.

Él siempre estuvo con ella en cada segundo. Desde que dijo su primera palabra, Angelo sostuvo su mano brindándole todo su apoyo. Él era su guardián, su protector. Y tenía temor de que la distancia que ahora los atravesaba, impidiera que ese vínculo siguiera manteniéndose. Se negaba a perder a su hermano y a dejar de ser importante para él.

Te llamaré todos los días, había dicho él. ¿Realmente lo haría? Ella esperaba que sí, necesitaba al menos escuchar su voz constantemente. Y, por ahora, tendría que conformarse únicamente con eso.

Ailén creía saberlo todo sobre su familia. Pero la realidad era, que había muchas cosas que ella desconocía. La pequeña castaña, no sabía cuál era la verdadera historia sobre su origen.

Su madre relataba el momento del parto como algo especial y solía decirle que fue concebida con mucho amor, y amada desde el primer instante en que supo que vendría al mundo.

Susej no quería decirle la realidad. "Te encontramos en un basurero", "Tus padres te abandonaron". Esas palabras las percibía de una manera cruel, de una manera que una niña no debería escuchar.

Ailén era su hija, sin importar que ella no hubiera dado a luz. El destino de la niña era estar con su familia y ser la pequeña Taisho de la casa. La princesita que su esposo e hijos necesitaban.

Sin embargo, Susej estaba muy equivocada. Ailén tenía un destino más importante por cumplir que simplemente ser la hija adoptada. Ciertamente, las casualidades no existían y todo tenía una causa. Ailén sería más que una hija menor o una hermanita en su casa. Su camino estaba trazado, desde el mismo instante en que su llanto alcanzó a los oídos de un niño albino de ocho años.

Ella llegó a la vida de Angelo, como si hubiese sido enviada directamente hacía él. Ni siquiera la decisión de sus padres al abandonarla había sido una casualidad. El destino conspiró para que ellos dos se encontrarán, aunque por ahora ninguno comprendiera el por qué.

[...]

—¿Dónde está? —preguntó un impaciente albino tras la otra línea.

—Lo siento, Angelo —se excusó Susej —. Ailén no se encuentra en este momento.

El hombre bufó con frustración —¿Por qué siempre que llamo no está? —interrogó.

—Porque está creciendo y también tiene responsabilidades que atender, hijo —trato de razonar la mujer.

Otro bufido se escuchó —¿Responsabilidades? No entiendo por qué le permites quedarse tanto en otras casas —reprocho.

Susej se armó de paciencia. Había tenido que escuchar ese tipo de reclamos constantemente por todo lo que restaba de mes. Al parecer, Angelo no entendía que Ailén ya no era una niña, sino que ahora era una jovencita que estaba viviendo su propia vida.

—No son simples pijamadas, Angelo. Ella se queda a estudiar con sus amigas. Está realmente esforzándose —suspiro agotada —. Le diré que te llame mañana.

—No —se negó el hombre —. Yo la llamaré y quiero que me conteste —y sin más, colgó la llamada.

—Pero qué humor... —murmuró la mujer, finalmente sintiéndose aliviada de que la llamada culminará.

No muy lejos de ahí, se encontraba Ailén recostada en la cama de su mejor amiga. Ambas muchachas escuchaban atentamente el relato que la menor del grupo compartía.

—¿Entonces dices que intentó declararse, pero en lugar de eso te escupió?

La chica de cabellera rojiza asintió levemente —¡Fue horrible! Me bañó la cara con su saliva —explicaba con asco.

—¡Pero qué torpe! —exclamó indignada Kaori.

—Debió ser horrible. Lo siento mucho, Rion —dijo Ailén, acongojada.

—Por eso, Ailén, no debes prestarle atención. Es un idiota.

La castaña asintió. Al parecer ese chico de nombre Cristián, era todo un pesado. El muchacho que estaba en el último año de preparatoria, quería acercarse a ella, seguramente con la misma intención con la cual se había acercado a su amiga Rion, solo para burlarse.

Decidió entonces que arrojaría al cesto de basura, la nota que el chico le había dejado declarando sus sentimientos el día anterior. No iba a permitirse enamorarse de un muchacho como ése, por más guapo que este fuera.

Ailén ese día tomó una decisión. Iba a ignorar a ese sujeto. Sin embargo, Cristián no estaba dispuesto a darse por vencido tan fácilmente.

—¡Hey, Ailén! —la llamo al vislumbrarla cruzando uno de los pasillos de la institución.

La castaña decidió ignorar el llamado y aceleró sus pasos para alejarse de su perseguidor. Cristián intentaba alcanzarla y eso la hizo correr desesperadamente.

El joven al darse de cuenta de que ella huía, corrió también para darle alcance y fácilmente lo logró —¿Qué ocurre? ¿Por qué huyes de mí? —la encaró, sujetándola de un brazo.

—¡Suéltame! No permitiré que te burles de mí —los ojos de Ailén brillaron con determinación. Podría tener sólo catorce años, pero eso no la hacía una ingenua. No había manera de que ese chico, que estaba próximo a ser mayor de edad, se acercará a ella con una buena intención.

—¿De qué hablas? Yo no quiero burlarme de ti —Cristián realmente no entendía su acusación.

Tal vez tenía una mala fama en el colegio, pero eso no significaba que su interés hacia Ailén no fuese genuino. La pequeña chica, verdaderamente, le había movido el piso.

Anteriormente, no le había prestado mucha atención. Ella era de estatura muy baja y parecía una chiquilla. Pero en el último año, había crecido unos cuantos centímetros más y sus curvas juveniles se hicieron más destacables. Su cabellera le parecía también más lacia y ordenada, de lo que le había parecido antes. De hecho, en ese mismo instante tenía muchas ganas de deslizar sus dedos por sus castaños mechones. Los mismos que desprendían un aroma floral, que lo incitaban a hundir su nariz en ellos.

—Lo sé —pronunció Ailén con firmeza —. Sé que solo te acercas a las chicas para burlarte de ellas. Y no te permitiré hacer eso conmigo.

—Te equivocas —el muchacho apretó más su agarre. Se encontraban completamente solos en el patio del colegio —. Realmente me gustas, Ailén —confesó con seriedad y mirándola directamente a los ojos. Haciendo que el corazón de la jovencita quedará flechado ante ese simple gesto.

¿Y ahora que procedía? ¿Por qué su corazón latía de una manera tan acelerada? Instintivamente, cerró sus ojos, esperando que sus rosados labios fuesen alcanzados por los de Cristián.

Y sucedió. Su primer beso se lo entregó a ese chico de aspecto rudo, que apresó sus labios con suavidad. Ella únicamente los movió lentamente, dejándose envolver por aquella nueva experiencia.

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Comments

Nana Lily

Nana Lily

La historia es muy buena...lo que no entiendo es porque las novelas tan buenas y tan bien escritas no tienen muchos seguidores y las que tienen errores de todo tipo: ortografía, estructura, etc tienen más seguidores y votos que nadie

2024-01-13

5

Angi Jose

Angi Jose

Alien, esto no le va gustar a Angelo 🙈🙊🙉

2022-09-29

9

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