Capitulo 3

Kaori y su grupo fueron acusada de agresión. La niña derramó lágrimas de arrepentimiento y la situación llegó inmediatamente a oídos de sus padres.

—¡¿Por qué ustedes no pueden también amarme?! —reprocho Kaori a sus progenitores en el salón de reuniones.

—¿De qué estás hablando, Kaori? Nosotros te amamos —su padre respondió incrédulo. Su hija estaba armando un espectáculo dejándolo expuesto.

No era que se considerará el peor de los padres, pero era consciente de que poseía algunas fallas. Pero a pesar de eso, se desvivía por darle lo mejor a su hija. Absolutamente nada le faltaba.

—¿Acaso no te demostramos nuestro amor cada día? Tienes todo lo que has podido desear, cada cosa que pides te la compramos —enumeraba su madre, las razones por las cuales su comentario era absurdo —. ¿Dime qué más quieres y lo tendrás en seguida?

Pero ese era justamente el problema. El amor no podía ser sustituido con bienes materiales. Por más que la intención de aquellos padres fuese buena, no estaban comprendiendo el grave error que cometían.

Su hija no quería más cosas para coleccionar, quería tiempo de calidad con ellos. Quería un beso de despedida todas las mañanas y ser arropada por las noches por sus progenitores.

Cuando escucho una conversación que Ailén mantenía con su amiga, ella pudo percibir lo diferente de ambas situaciones. La castaña contaba cómo su madre Susej le leía un cuento nuevo cada noche y como sus hermanos la llenaban de actividades.

Ailén recibía atención de todas partes, mientras que ella la mayoría del tiempo se encontraba sola en su amplia casa. Sus padres vivían viajando y trabajando con tanto ajetreo que a veces pasaban días enteros sin verse las caras.

—¡Solo quiero que estén más tiempo conmigo! —murmuró la niña con voz quebrada.

A Ailén se le arrugó aún más su corazoncito de pasa, y sin proponérselo siquiera, se levantó de su asiento y fue en dirección a su compañera para abrazarla.

Angelo miró la escena sin poder reprocharle a su hermanita su actuar. Y aunque no entendía muchas de las cosas que hacía, así era ella y eso lo respetaba.

Al final del día, el asunto se resolvió. Las tres niñas recibieron amonestaciones y Kaori, finalmente obtuvo lo que realmente quería.

Sus padres prometieron pasar más tiempo con ella y dejar en segundo plano los asuntos del trabajo. Incluso harían un viaje en familia, a penas las vacaciones escolares llegarán.

Desde ese día, Ailén se volvió más cercana a Kaori. Y la niña que antes la envidiaba, pasó a tenerle un profundo afecto a la castaña...

***

Angelo siempre había estado involucrado en todos los asuntos concernientes a Ailén.

Él sabía todo de ella: Qué hacía, cuáles eran sus alimentos favoritos y también cuáles eran sus costumbres más extrañas.

Ailén decía no tener un hermano favorito cuando Martín le preguntaba, pero en secreto, la niña tenía una relación más cercana con el mayor de sus hermanos.

Angelo era paciente con ella y siempre sabía entenderla muy bien, aun cuando a veces gagueaba y ni ella misma sabía que quería, él tenía una respuesta para todo. En resumen, ambos eran muy unidos.

El problema radicaba en que Angelo estaba próximo a alcanzar la mayoría de edad y debía irse a la universidad dejando atrás a su hermanita.

La decisión estaba tomada y él no podía hacer nada para revertirla. Su padre insistía en que la universidad de Stanford, era su mejor oportunidad. Y que si había sido seleccionado para una beca debía aceptarla sin rechistar. No todos tenían ese privilegio.

Su familia no era adinerada, pero si tenían una muy buena posición. Su padre estaba construyendo una empresa, la cual pretendía dejar a cargo de sus hijos en un futuro.

Angelo tenía un camino amplio por delante y todo lo requerido para triunfar en el mundo. Las tierras de California lo esperaban y él de cierta forma estaba ansioso por explorarlas, pero seguía habiendo un problema que lo inquietaba.

¿Quién cuidaría de Ailén en su ausencia?

Aunque su padre, Susej e Martín decían cuidarla. Sabía perfectamente que no lo harían tan bien como él. Ellos no sabían leerla de la misma manera y en ocasiones no se daban cuenta de cosas tan obvias.

Ailén lo necesitaba y él a ella. Su tranquilidad dependía de que su hermanita estuviera bien. Sin embargo, no tenía más alternativas que confiar. Confiar en que ellos sí la cuidarían.

—Si le pasa algo, voy a matarte, Martín —amenazó.

—Imbécil —refunfuño el otro —. ¿Qué va a pasarle? Solo va a estar en casa. Mejor hazle un favor y termínate de ir.

—¿Es cierto que te vas mañana? —Ailén apareció en la habitación de Martín, con sus ojos cristalizados.

Angelo asintió y ella sintió el peso de la realidad invadirla. Su hermano realmente se iría, aunque se había negado a aceptarlo.

La niña de diez años, rompió en llanto y los dos varones presentes, no supieron qué hacer como de costumbre.

—Ya, Ailén, tampoco es la gran cosa —intentó consolar Martín, sobando su cabellera castaña.

Angelo le regaló una fría mirada a su imprudente hermano y se marchó de la habitación. Aquel consuelo en lugar de calmarla, la había alterado aún más y si había algo que él odiaba en el mundo, era oírla llorar.

En la madrugada de aquel último día que pasaría en ese lugar, sintió perfectamente como una pequeña figura se colaba en su cama.

Ailén se enrolló a su lado y enterró su cabeza en su costado. Podía sentirla llorar, pero no se movió. Y aunque estaba tentado ante la idea de decirle que no se iría y mandar todo al diablo, no lo hizo.

—Duerme —solicitó de la manera más suave que pudo.

Esa era otra de sus costumbres. Los días en que Ailén se sentía especialmente triste, acudía a su hermano. Se acostaba a su lado y dejaba que su calidez le transmitiera la tranquilidad que tanto necesitaba.

Y él también cuando estaba alterado o de un pésimo humor, el cual no podía ser aplacado fácilmente. Se sentaba a su lado y dejaba que su dulce voz lo envolviera llevándose por completo su enojo. 

Ailén era una conversadora por excelencia y él había aprendido a ser un sumiso oyente, uno que no hacía otra cosa que darle su absoluta atención y prestar su oído para atender a cada una de sus palabras.

Angelo encontraba paz en Ailén. En su dulce voz, en su esencia pura y en su olor que resultaba tan agradable a sus fosas nasales. Y ahora, debía privarse de eso por un tiempo, pero sabía que era necesario.

Él se encargaría de regresar convertido en un hombre próspero que le daría todo lo que ella necesitara. Pues su prioridad seguía siendo una sola, y esa era la felicidad de Ailén...

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Comments

Nelly Marisa Duarte

Nelly Marisa Duarte

La relación clandestina será entre los dos

2023-07-31

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Irene Nievecita

Irene Nievecita

ne esta gustando la historia, parece que cuando sean grandes va a ver problemas entre los hermanastros hombres, lo que yo tengo claro es que Angelo y Ailen no tienen parentesco de sangre y eso es lo único que importa. El apellido se puede cambiar la sangre no ella es ADOPTADA si hubiera atracción más adelante entre ellos dos, no seria nada grave NOOOO SON HERMANOS DE SANGRE, SOLO DE APELLIDO NO VA A SER NADA ILEGAL

2023-06-10

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Anonymous

Anonymous

pues no son hermanos de padres, pero se criaron como si lo fueran, no creo q sea adecuado, soy de mente abierta, pero no creo q sea bueno un acto y sentimiento tan noble y sagrado sea dañado. pensemos q fuera nuestra familia y un hijo con una hija adoptada! cómo que no se asimila , verdad?

2023-06-05

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