La escritora

Era un lunes por la mañana en la bulliciosa ciudad de Viennoiserie, conocida mundialmente por ser la capital de la gastronomía de más alto nivel, pero también del tráfico de sustancias ilegales y violencia entre las muchas mafias que se pelean por controlar el territorio.

Es mi trabajo como agente especial en investigación de crímenes atrapar a todos esos maleantes malvivientes que solo se dedican a envenenar a las buenas personas que habitan esta urbe.

Así yo, Madeleine Boulanger, me esfuerzo todos y cada uno de los días en perseguirlos, desde las ratas de más bajo nivel hasta llegar a los peces gordos de la delincuencia organizada. Por suerte, cuento con el apoyo de mis bien entrenados agentes de campo y un informante bastante peculiar con quien llevo años trabajando en secreto. Precisamente hoy me reuniré con él después de la hora de la merienda.

Justo escribía estas palabras, cuando de pronto, alguien tocó la puerta de mi oficina. Se trataba de mi compañero, Eton Bakewell, quien traía consigo dos tazas de café y algunos aperitivos para poder iniciar nuestra cacería del día con energía y buen ánimo.

—Llegó el café jefa, deja de escribir y desayuna antes de que se enfríe. —dijo el apuesto hombre de ojos y cabello tan negros como la noche, cuyo acento británico adornaba su gruesa voz que ya de por sí derrochaba cierta sensualidad capaz de provocar que cualquier mujer se estremeciera de tan solo escucharlo dando los buenos días.

Él había sido mi compañero de aventuras desde hacía tanto tiempo que nos habíamos acoplado tan bien, casi como si fuéramos hermanos biológicos; claro está, el verlo como una especie de hermano mayor no me impedía apreciar sus irresistibles rasgos tan varoniles; de hecho, creo que pensar en él de ese modo, extrañamente hacía que pareciera mucho más atrayente para mí.

—Ya voy señor gruñón —contesté de manera sarcástica a sus palabras de hace un momento, que sonaban precisamente como las de un hermano amoroso preocupado por el bienestar de su pequeña hermana menor—. Sabes que no puedo iniciar mi día sin escribir un poco en mi diario, es una costumbre que no me he podido quitar desde que era niña.

—Me provoca mucha intriga saber qué tantas cosas escribes ahí, ¿Mencionas algo sobre mí alguna vez?

—Como si fueras tan importante —respondí instintivamente para intentar evadir la pregunta. No me convendría que se enterara de todas esas cosas un tanto raras que pienso de él, especialmente porque sé que está enamorado de mí. A pesar de que le he dicho muchas veces que por el momento quiero concentrarme en mi trabajo, es extremadamente insistente. Si llegara a enterarse de que me vuelve loca, aumentaría todavía más la presión sobre mí hasta el punto en el que me sería imposible resistir sus encantos. Dejaría de lado todos mis proyectos, incluída la novela.

La verdad es que siempre me apasionaron las novelas de detectives, fue mi sueño desde pequeña el convertirme en una agente y resolver los casos más difíciles, a fin de conseguir fama y reconocimiento por mis hazañas; por supuesto, alguien tenía que registrar con especial cuidado y atención todos esos acontecimientos, por eso decidí empezar a escribir por mí misma todas mis vivencias a modo de novela, haciéndola pasar por mi diario personal ya que, al menos por el momento, no puedo permitir que nadie lea muchas de las cosas que he escrito, pues contiene demasiadas menciones sobre información confidencial y privada.

—¿Cuáles son los planes para este día? —preguntó Eton mientras servía el café en una taza que después acercó hacía mí.

—Hoy voy a reunirme con mi informante, tú puedes ordenar todo el papeleo de mi escritorio mientras estoy fuera.

—¿Puedo preguntar por qué nunca me dejas acompañarte a ver a tu informante? Me preocupa que de pronto te traicione y te veas atrapada en una situación peligrosa.

—Ya te he dicho que no hay forma de que me traicione, ella y yo tenemos intereses en común que no nos conviene poner en riesgo.

—Así que es "ella", ¿Eh? —Por haber contestado sin pensar bien mis palabras, había delatado sin querer el género de mi informante, debía tener más cuidado para evitar que mi compañero lograra averiguar su identidad, ya que de hacerlo, me traería graves problemas: no solo perdería mi trabajo, sino que además podría ir presa por ser considerada su cómplice.

El hecho es que aquella informante era en realidad mi amiga Charlotte, una chica unos cuantos años más joven que yo a quien conocía desde que éramos niñas.

Nuestras madres siempre fueron buenas amigas, ambas de un alto estatus social y económico. Charlotte solía ir a jugar conmigo a la mansión y disfrutábamos de lujos todos los días… Hasta el día en que su familia cayó en la miseria.

Su madre era dueña de una importante cadena de joyerías muy prestigiosa, su padre, trader inversionista con años de experiencia; sin embargo, también era adicto a las apuestas. Esta adicción suya lo llevó a tomar varias decisiones poco acertadas, lo cual resultó en la pérdida de gran parte de la fortuna de la familia.

Desesperado, utilizó los fondos del negocio de joyería de su mujer sin su conocimiento como última oportunidad para intentar multiplicar las ganancias… Pero por desgracia perdió absolutamente todo.

El padre de Charlotte huyó sin despedirse de su pequeña hija antes de que los embargadores desmantelaran todas y cada una de las joyerías de su esposa.

Completamente desamparadas, la mujer y su hija pidieron alojamiento y trabajo a mi madre, quien amablemente ofreció brindarles todo lo que necesitaran completamente gratis; sin embargo, la madre de Charlotte insistió en que debían seguir ganándose la vida por su propio esfuerzo, así que empezaron a trabajar como sirvientas en nuestra mansión.

La señora María Graham, madre de Charlotte, aún sigue trabajando para mi familia hasta el día de hoy; sin embargo, su hija se separó de nosotros cuando cumplió 16 años. Harta de ser una sirvienta, salió a buscar ganarse la vida a su manera.

De haber podido saber en ese entonces la clase de vida que llevaría y el trabajo tan despreciable que conseguiría, le habría rogado con más fuerza aún que no se fuera.

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Tay creaciones

Tay creaciones

Ahora comprendo un poco más el rencor que guarda la prota en su corazón. De ser criada en las alturas, caer tan bajo por culpa de su padre, realmente fue un golpe que nadie se esperaría.

2022-11-18

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