"¡Me encanta esa idea! Estaré libre la próxima semana, yo te aviso cuándo podré ir a tu ciudad de nuevo, Sugar" —decía el mensaje que Charlotte envío a Jeong. El muchacho la había invitado por texto a una cita doble junto a sus amigos. Charlotte estaba ansiosa por volver a ver al chico pastelero.
"¡DIING!" Sonó el teléfono una vez más indicando que había llegado un mensaje nuevo, el cual provenía de Jeong y decía: "Me alegro mucho, voy a prepararte una sorpresa que seguro te dejará helada".
—¿Qué clase de sorpresa tendrá este chico que no sabe ocultar ningún secreto? —pensó Charlotte riéndose para sus adentros. En ese momento recordó lo que sucedió hace unos días atrás, cuando regresó al apartamento de Jeong el día después de su primer cita.
Charlotte volvía de casa de Madeleine decidida a investigar todo lo posible sobre el chico pastelero a fin de decidir si valía la pena salir con él en el futuro. Llegó al apartamento, abrió la puerta usando la llave que había ocultado en una maceta que estaba sobre la ventana, tal como Jeong le había indicado que hiciera en la nota que encontró en la mesa esa misma mañana.
Al entrar a la pequeña y minimalista casa, pudo ver a Mochi, el conejo que Jeong tenía como mascota, salir corriendo a toda velocidad desde la cocina hasta la esquina de la sala más alejada de la puerta.
—¡Oh cierto! Olvidaba que el chico tiene un conejo. Bueno, no es como que esa ratita sea un problema. —dijo en voz alta la joven mientras caminaba hacia la mesa enmedio de la sala.
El pequeño conejo corrió nuevamente, ahora en dirección a su alfombrilla de sonidos. Al llegar, pulsó uno de los botones, y la alfombrilla reprodujo el sonido de la palabra "Extraño".
—Así es, soy una extraña, ¿Y qué con eso conejito? —le dijo Charlotte al inteligente animal, burlándose de él y su aparente inhabilidad para impedir que irrumpiera en casa de su amo.
"Fuera... Fuera... Fuera..." —reproducía el aparato la palabra insistentemente cuando el conejo saltaba sobre el botón correspondiente.
—¡Oh! ¿Piensas echarme de la casa? —exclamó Charlotte en un tono sarcástico, estando segura de que el pequeño ser sería incapaz de obligarla a irse del lugar—. ¿Por qué no lo intentas, roedor?
Mochi reunió todo el valor que pudo conseguir, corrió y saltó por los muebles de la casa como un bólido, hasta llegar a la encimera de la cocina. Ahí era donde se encontraba instalado un dispositivo inteligente multimedia con pantalla táctil. El conejito activó el aparato y con su patita seleccionó la aplicación de teléfono.
—¿Ahora resulta que además de hablar con tu alfombrilla, también sabes hablar por teléfono? —preguntó aún en tono burlón, pero estando un tanto sorprendida al mismo tiempo—. Por lo que veo, este chico Jeong es bueno para entrenar animales de circo.
Mochi marcó en la pantalla los números 9-1-1, y después posó su pata sobre el ícono de llamar sin tocarlo, a la vez que miraba a la intrusa con una expresión burlona y de confianza en su carita.
—¡Más te vale que no hagas eso, rata apestosa! —advirtió una Charlotte que se había dado cuenta que subestimó la inteligencia de aquella criatura. Había pasado de la burla, a sentirse un poco amenazada por un animal minúsculo, y eso la enfureció levemente.
Al ver que al conejillo no le afectó la amenaza y no se alejaba del dispositivo, la letal chica tomó el cuchillo que llevaba en una funda sobre su muslo derecho, oculta debajo de la camiseta, y hábilmente lo arrojó en dirección del conejo. El cuchillo táctico pasó volando muy cerca del animal, impactando y quedando incrustado en la pared justo a su lado.
El pobre lepórido de pelaje blanco y esponjoso se quedó paralizado al ver que estuvo a punto de morir empalado a la pared, y tras unos segundos perdió el conocimiento durante un buen rato.
—Bueno, ese es un problema menos —dijo victoriosa la mujer, quien por fin pudo tomar asiento a la mesa y colocar la laptop de Jeong que había intentado robar unas horas antes—. Pongamos manos a la obra, vamos a ver qué tanto ocultas en tu computadora "pastelito".
Encendió el ordenador y se encontró con la pantalla de inicio, bloqueada por una contraseña.
—Veamos, ¿Cuál será tu contraseña, cariño? Seguro es el nombre de la rata esta, ¿Cómo se llamaba? Creo que era: "Mochigome" —La chica tecleó la contraseña y la computadora le dió acceso al sistema.
—Eso fue fácil. Ahora veamos tus archivos privados e historial de búsquedas de internet. —Una sonrisa maquiavélica podía verse plasmada en el rostro de Charlotte mientras examinaba cada archivo, cada carpeta, cada sitio que se encontraba en el dispositivo.
—"Receta de tarta ópera", "Cómo cuidar el pelo de un conejo", "Postres del continente del este", "Qué hacer si mi conejo no quiere comer"... Bueno, no parece haber nada sospechoso, es solo un chico normal que adora los postres y a su mascota... ¡Un momento! Esto sí es interesante: sus búsquedas en sitios xxx tienden a ser sobre mujeres dominantes, látigos y cuerdas... ¡Así que le gusta que lo traten mal! ¿Eh? Interesante...
Charlotte se decidió desde ese día que se quedaría junto al muchacho; sin embargo, aún no sabía si solo quería divertirse con él, o si esa relación florecería para convertirse en algo real, más íntimo.
Al pasar las horas, y habiendo conocido un poco más del pasado de Jeong, esos sentimientos se habían aclarado un poco más, ahora tenía sentimientos románticos por el joven. La chica sabía que si quería avanzar en esta relación, tenía que cortar los lazos con su jefe y amante, Zephyr.
Esto provocaría más adelante la ira del mafioso y lo llevaría a cometer incontables ataques en contra de los jóvenes, quienes se llamaban entre sí Sugar y Cupcake.
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