—Tal parece que el día de hoy será soleado y ajetreado, —pronosticaba el mayordomo de edad madura mientras caminaba por los jardines de la mansión que estaba a su cuidado— aún queda mucho trabajo por hacer antes que la amiga de la señorita arrive, no puedo permitir que una mala impresión afecte su reencuentro.
Mientras el distinguido y diligente hombre se aseguraba de mantener impecables los hermosos jardines, se escuchó el sonido de la campana anunciando que la visitante ya se encontraba a las afueras de la propiedad.
—Ach du liebe Zeit! ¡La visitante ya está aquí! ¡Rápido! ¡Háganla pasar! —le ordenaba un tanto nervioso a la servidumbre mientras se aseguraba de lucir presentable.
Se abrieron las enormes hojas de la reja principal para dar entrada a un automóvil de lujo, un coupé de color plateado metálico.
—¡Escuché del señor Schwarzwälder que la amiga de la señorita es una joven extremadamente bella y elegante!, —susurraban entre ellas las sirvientas, en expectación de al fin conocer a aquella joven de la que tanto hablaba el mayordomo— ¡he esperado tanto por este momento!
Las puertas del costoso auto se abrieron lentamente, del interior salió grácilmente una chica joven; sin embargo, las sirvientas quedaron confundidas al ver el atuendo que vestía la mujer, quien resultó ser Charlotte con la ropa que había "tomado prestada" del armario de Jeong.
—¡Cuánto tiempo sin verte, Alfred! —gritó emocionada Charlotte al encontrarse con el mayordomo, quien se acercaba a paso veloz a saludarla.
—Tan elegante como siempre, señorita Selina. —Ambos se dieron un cálido abrazo en cuanto estuvieron frente a frente, la escena parecía el reencuentro entre un padre y su hija, a quien volvía a ver después de muchos años. Aquella tierna muestra de cariño se vió súbitamente interrumpida por el sonido de las puertas principales abriéndose. Del interior de la mansión salió entonces una mujer joven muy hermosa y refinada.
—¿Aún siguen llamándose por esos nombres falsos? —preguntó la mujer con una expresión que reflejaba su desaprobación ante tal acto de inmadurez.
—¡Oh, vamos Madeleine! A tí también te encantaba jugar a "La familia murciélago" cuando éramos niñas —respondió Charlotte—, tú siempre querías ser Bárbara, la hábil e inteligente detective.
—Lo dijiste bien: "cuando éramos niñas", ahora no tengo necesidad de jugar a eso ya que en realidad me convertí en una investigadora profesional —alega Madeleine mostrándose orgullosa.
—En fin —interrumpió el mayordomo—, si gustan podemos pasar al comedor para que platiquen a gusto señoritas, preparé un delicioso refrigerio.
Ambas chicas pasaron entonces al comedor, el cual era bastante grande y estaba lleno de cuadros hermosos y un sinfín de decoraciones de cualquier estilo y tamaño. Charlotte tomó asiento mientras esperaban a que el mayordomo trajera la comida que había prometido.
—Mi madre… ¿Ella está aquí? —preguntó Charlotte en voz baja, como intentando que nadie más escuchara la pregunta.
—No. —respondió la amiga— salió de compras con mi madre, necesitaba que alguien la ayudara con las bolsas.
—No me mientas, por favor. —recriminó la pelirroja— sabes que puedo leer en tu rostro que estás ocultando algo. —Charlotte pudo darse cuenta del engaño debido a que Madeleine había mirado hacia el suelo y ligeramente a su izquierda mientras le contestaba.
—Esa habilidad tuya es muy molesta en ocasiones, ¿lo sabías? —habiendo sido descubierta, no le quedó más que quejarse a la chica de cabello color chocolate—. En realidad se enteró de que vendrías, y decidió tomarse el día libre, pero no quería que tú lo supieras.
—Así que aún no quiere verme… —Charlotte se reclinó en el asiento dejándose caer un poco fuerte, Madeleine pudo ver en su rostro que la noticia la entristeció bastante; debido a eso, quiso consolar a su amiga, pero en vez de eso, quizá por costumbre, la reprendió:
—¿Y cómo va a querer verte, si te convertiste en una traficante y ladrona? —Madeleine se arrepintió al instante de decir aquello; sin embargo, “lo dicho no puede ser borrado”, como acostumbraba decir frecuentemente, ya que ella jamás se retractaba de sus palabras.
—Tienes razón —replicó Charlotte— entiendo que crea que soy una deshonra para ella, pero al menos yo sí pude superar lo que nos pasó e hice algo para salir del agujero en el que caímos…
—”Agujero”, ¿dices? —contestó ofendida su amiga— aquí tiene un hogar bastante digno y no le falta nada, incluso mi mamá la trata aún como su amiga y no como una simple sirvienta…
Ambas se quedaron en silencio después de decir aquello, tenían más cosas de las cuales recriminarse mutuamente, pero prefirieron no continuar con la discusión o las cosas se saldrían de control. Su relación siempre había sido así desde pequeñas, Madeleine actuaba como su hermana mayor y la regañaba por todo lo que Charlotte hacía o decía, mientras que la otra chica no podía quedarse callada cuando se sentía amenazada; sin embargo, tal como si fueran hermanas biológicas, se querían profundamente a pesar de sus diferencias.
Habiendo anticipado la situación, el mayordomo ya tenía preparados algunos postres que seguramente levantarían el ánimo de las amigas, así que en cuanto presintió el silencio sepulcral en la otra habitación se apresuró a servirlos.
—Aquí tienen sus postres, señoritas. Disfrútenlos y olviden su discusión. —dijo el señor Schwarzwälder mientras entraba al comedor. Tanto Charlotte como Madeleine se sintieron aliviadas de que el sabio hombre ya envejecido hubiera llegado a tiempo para romper aquel silencio tán incómodo.
—¡Había estado esperando tanto tiempo para volver a probar tus postres! —exclamó Charlotte sumamente alegre, al parecer, por la emoción había olvidado ya la discusión que acababa de tener. Antes de probar el postre, se acercó para olfatearlo inhalando profundamente, para después dejar salir el aire mientras soltaba un ligero gemido de placer.
—¡Aaah~! ¡Huele delicioso! —al probar tan solo el primer bocado del postre se sintió extasiada por la mezcla de sabores. Aquel postre era, de hecho, su favorito; un postre con el que además compartía nombre: una Carlota de fresas con unas cuantas hojas de menta en la parte superior.
—¡Tus postres nunca me decepcionan tío Schwarzie! —en su expresión facial se notaba evidentemente su felicidad ante semejante delicia, ese rostro de satisfacción era algo que no podía ocultar o fingir por más que lo intentara—. Pero, ¿sabes qué? Conocí a un chico que hornea unos postres tan deliciosos como los tuyos, me gustaría que lo conocieras para hacer una competencia de repostería entre ustedes dos. ¿No sería una buena idea?
—¡Por fin! ¡Un digno oponente! —bromeó el mayordomo—. Sería una excelente idea traer a su nuevo amigo, eso claro, si la señorita Madeleine no tiene ningún inconveniente.
—Aún estoy intentando decidir en volver a verlo, —dijo Charlotte mientras se reclinaba hacia la mesa, recargando la cabeza ligeramente sobre su mano derecha— el chico es agradable pero no es precisamente mi tipo. Aunque sí logró captar mi atención por un detalle muy curioso: —esbozó una pequeña sonrisa y jugaba con el tenedor en su mano izquierda como si estuviera algo ansiosa—, su honestidad me parece bastante interesante, siento que necesito investigar la razón del por qué no parece decir ni una sola mentira jamás…
—Deberías alejarte de él —interrumpió con voz imperativa Madeleine, casi como si intentara darle una orden a alguno de sus subordinados en la academia de policía—. Tus actividades son extremadamente peligrosas, si te involucras sentimentalmente con algún civil lo único que lograrás es ponerlo en peligro.
—Escucha Maddie… —mostrándose un poco molesta, interrumpió de vuelta la joven pelirroja; sin embargo, su amiga detuvo su intento de argumento nuevamente, esta vez alzando la voz un poco más:
—¡NO! ¡TÚ ESCUCHA! ¡Tus pequeñas "travesuras" me van a costar el trabajo si sigues robando y engañando a las personas! ¡Hoy llegaste con un auto distinto al que tenías ayer! ¿Qué hiciste con él?
—¡Así que eres tú la que ordenó que me siguieran! —Charlotte suele estar siempre atenta a sus alrededores, es por eso que ya había notado que alguien la estaba espiando desde hacía unos cuantos días; sin embargo, estaba buscando el momento perfecto para enfrentar a sus acechadores y extraerles información—. Pues para tú información, lo dejé estacionado en un lugar de fácil acceso para que tus compañeros de la policía se lo devuelvan a su dueño, ¡De nada!
—¡Ya no sé qué voy a hacer contigo! —se lamentaba Madeleine, como si Charlotte fuera todavía una niña pequeña que necesitaba ser vigilada por sus padres.
—¿Recuerdas cuando éramos niñas? —preguntó Charlotte con un tono de voz apacible—, cuando jugábamos con nuestras muñecas. Las tuyas siempre eran nuevas, cada semana te las compraban porque no tenías cuidado con ellas, las destruías a tan solo unos días de haberlas sacado del empaque. En cambio las mías, a pesar de que ya eran muy viejas, estaban en perfecto estado. Yo tenía que cuidarlas bien porque, a diferencia de tu madre, la mía no podía comprarme otras tan frecuentemente.
Madeleine se mantuvo en silencio unos instantes intentando descifrar la relación entre el tema en cuestión y el argumento de Charlotte.
—Así que no tienes de qué preocuparte —continuó la pelirroja con una expresión burlona y creída en su rostro—, yo sí sé cuidar bien de mis juguetes.
—¡¡No has cambiado nada!! —gritó furiosa Madeleine, quien al momento se puso de pie dando un golpe bastante fuerte en la mesa usando ambas manos con las palmas abiertas, se dirigió hacia Charlotte y, dejándose llevar por la ira, le propinó una bofetada a su amiga, tan fuerte que casi la tira de su silla.
Charlotte vió venir esa reacción con mucha anticipación; sin embargo, no hizo ningún intento por esquivar o defenderse del ataque, quizá sabía que era lo suficientemente fuerte como para resistir el golpe, quizá quería que su amiga se desahogara, que se desquitara por algún error que pudo haber cometido en su contra en el pasado… o quizá, era la forma en la que Charlotte demostraba que aceptaba toda la responsabilidad ante cualquier cosa que le sucediera a aquellas personas que habían dejado que ella entrara a sus vidas…
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Comments
NekoRisu
Pobre Madeline, definitivamente va a tener problemas en el trabajo
2022-11-07
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