Es la sirena más afortunada del mundo, dice Coral a Luz Marina.
- Yo no creo que eso sea cierto, responde. Al contrario. Tiene más responsabilidades que todos, debe ser abrumador.
- Pero se ve tan bella con esa corona, suspira Marina. Y nosotras somos las afortunadas por poder ser sus amigas y que nos invitaran a esta coronación.
- Saluden todos a la Reina Diana, Reina de los mares, el cielo y la luna. Hija de los difuntos Rey Dionisio y Reina Heliana, cuya pérdida sufrimos todos. He aquí la Reina más jóven de Atlántida. Dice un maestro de ceremonias.
Por fin todo acabó, dice Diana acostándose en una gran cama.
- Querrás decir que todo empieza? dice Luz.
- No me ayudes tanto conchita.
- Sé que son muchas cosas por las que tendrás que velar Di, pero siempre contarás con nosotras, somos las conchitas hasta el final. Le dice Coral.
- Y quizás conozcas a un rey guapo y se enamoren. Agrega Marina.
- ¿O quizás puedan ayudarme a escapar a otros mares, donde pueda ser libre de todo esto no?
Ninguna contesta y se miran entre ellas extrañadas.
- Ah es una broma. Voy a hacer este trabajo lo mejor que pueda; Si me ayudan claro.
- Claro que sí.
Pero las cosas no eran como antes cuando eran libres de explorar los mares y sus rincones sin pensar en la hora. Ya no había espacio para las largas charlas de chicas sobre los sueños de amor. Cada una estaba encargada de ayudar a la nueva Reina en sus deberes y estaban tan metidas en el papel que olvidaron lo más importante para una sirena, el amor verdadero.
Propusieron que la reina que aún no había encontrado a su alma predestinada se casara con un rey vecino que había perdido a su esposa unos años antes. Marina tuvo esta idea porque sabía el secreto de Diana, ella puede amar a quien sea, es libre de elegir, así que no se verá perjudicada si se casa con alguien no predestinado, no lo había comentado a nadie, pero con esas sugerencias dejaba mucho que pensar.
- Será maravilloso si él es tu amor, le dijo Luz, se unirán las fuerzas de los mares y será un imperio más sólido, más seguro para las criaturas del mar.
- Pero y que pasará con nuestra amistad? no que podía sustituir a cualquier amor? preguntó triste Coral.
- Nosotras somos más que amigas Coral, las amo como hermanas a las 3 y ese amor ha permitido que sigamos floreciendo en armonía. Les dice Diana. Pero creo que están exagerando con todo esto.
- No exageramos Di, es una excelente oportunidad. Dice Luz.
- Yo oí que él ya te ha visto Diana y que ha jurado que está enamorado de tí. Agrega Marina.
- Ella no va a casarse porque nos tiene a nosotras, dice Coral, si se casa sería muy infeliz.
- Ya basta! No quiero casarme con un desconocido y no creo que deba poner toda mi vida al servicio de la felicidad de todo el mundo menos de la mía. Coral eres libre de casarte con quién quieras, tú felicidad tampoco puede depender de alguien más que no seas tú.
Dice eso y se escapa del castillo. Aunque sabe bien que no irá muy lejos, hace lo mejor que puede por alejarse y no está sola, el fiel Henry, su guardia de hace ya varios años, la vigila a lo lejos. No hay rincón en el mar donde pueda esconderse, sube a la superficie y amargamente llora, mientras el cielo empático, llora con ella.
Después de un rato de desahogar sus penas, sabe que debe regresar, a lo lejos ve los barcos de varios pescadores que vuelven a casa abatidos por la lluvia. Y allí en una barcaza de no más de 2 metros ve a un jóven que llama su atención, va cubriendo a un señor mayor del agua, mientras intenta conducir el bote a la orilla. Ella lo sigue de lejos y en los próximos días hace lo que puede para escapar y volver a verlo desde la distancia. Es medio torpe y flacucho, lo ha visto caerse al agua lanzando una red de pesca unas cuantas veces, ella solo se ríe. También sabe que quiere al viejo que lo acompaña, pues siempre le da su almuerzo aunque luego él no coma nada en todo el día.
Después de varios días de no ver la barca, ve al muchacho venir solo a pescar. Su cara es triste y su mirada alegre fue borrada por unas lágrimas. Así pasa todo el día, no come y no pesca ni el agua salada. Así que Diana decide ayudarlo, sin que se diera cuenta, mete en su balde varios peces para él al final del día.
Justo cuando pensaba que el muchacho estaba distraído, él la sorprendió colocando otro pescado.
- ¿Quién eres? Le pregunta él.
Ella se asusta y escapa nadando. Pero igual vuelve los siguientes días a verlo.
- Sé que estás ahí. Le dice el muchacho, te oí cantar hace horas. Le grita un día el muchacho a Diana. Me llamo Fernando y quisiera saber el nombre de mi salvadora.
Ella se asoma tímida detrás de una roca, con medio cuerpo bajo el agua.
- Me llamo Diana.
- Hola Diana, puedo llevarte a tu casa si quieres, pregunta Fernando torpemente.
- Yo vivo aquí. Mejor vete, que se hace tarde, responde ella y se esconde.
Fernando la mira con una sonrisa.
- No me siento bien al dejar a una dama en medio de la nada. Así que se lanza al agua para convencerla de llevarla a la orilla, pero detrás de las rocas ya no está, mira para todas partes y hasta duda de su cordura. Pero no, él ya la ha visto antes pero se ha hecho el desentendido para que ella no se asustara como ahora.
Con los días, ella desde el agua y él desde la barca ya se han hecho amigos. Se escuchan el uno al otro, aunque Fernando sigue sin entender porque ella se va sola al final de la tarde.
- Diana las cosas no pueden seguir así, dice Marina. Nosotras te ayudamos con todo lo que podemos, pero hay cosas que solo la Reina puede hacer. No puedes escaparte cada vez que te da la gana.
- No me estoy escapando porque siempre regreso, no?
- Y qué haces fuera del castillo? Pregunta Coral. O es que acaso hay que presionar a Henry para que nos diga?
- No, yo solo estoy... tratando de controlar el clima. Digo sin pensarlo, hay nuevas corrientes y calentamiento global. Eso ha hecho que vengan más humanos
- Guácala, humanos, dice Coral. Ojalá crees una tormenta para eliminarlos a todos.
- Ya. dice Luz Marina que no parece creer toda la historia.
Así continuaron los días.
Hasta que una tarde, mientras Diana hablaba con fernando, sintió que Coral la miraba.
- Ya sabía que no todo era cierto. Dice Coral sumamente molesta, el día que se propuso seguir a Diana, bajo las insinuaciones de sus amigas.
- No es lo que crees, por favor deja esa forma abominable, no hay necesidad de asustar a nadie. Él no sabe lo que soy, es solo un amigo
- Un amigo me dices? Diana por favor despierta, las sirenas no tenemos amigos y mucho menos humanos.
- Coral, él es diferente.
- Ningún humano lo es. Me grita. Lo destruiré
Subo a la superficie y grito:
- Fernando vete a casa por favor.
- No voy a dejarte, qué está pasando?
- Vete a casa.
La lluvia y Coral azotan la pequeña barca.
- Solo si prometes venir conmigo, grita con determinación.
- Yo te alcanzaré. Pero por favor vete ya.
- No dejaré que escape, dice Coral iracunda.
Llegan al lugar Marina y Luz.
- Déjala Diana, es solo un humano cualquiera, tu puedes volver con nosotras. Ya hemos concretado una cita con el Rey de Occidente para tí, dice Marina.
- No! grito y la lluvia sobre nuestras cabezas arrecia. Yo lo Amo.
- Es en serio? Dice Luz asombrada. Ella pensaba que Diana no sería capaz de encontrar el amor, todas sabían que Henry estaba perdido por ella y aun así fue incapaz de hacerla mirarlo 2 veces.
Al oirla, Coral que como loca estaba siguiendo el barco se detiene y se gira.
- Mentirosa! Tú dijiste que siempre estaríamos juntas, grita Coral, volviendo hacia ellas.
- No permitiré que nadie decida por mí, ni siquiera ustedes. Me oyeron! grita aún más que ella, y el agua se agita. En la superficie se ha desatado un gran tifón. Todas quedan inmóviles cuando Diana decide irse.
Diana se acerca a la orilla y al ver a Fernando siendo azotado por la lluvia en la playa, esperándola. Decide usar su magia y convierte su aleta en piernas. Pero con toda la energía que ha usado cae tendida sin siquiera poder dar un paso.
Fernando desde la orilla que ha visto un haz de luz decide entrar al agua con la esperanza de que sea Diana. La encuentra flotando desnuda, la carga y la lleva a su casa, con la firme promesa de cuidarla pase lo que pase.
Después de dos días en coma, Diana despertó en la casita del pescador, él no había dejado de cuidarla, hasta rezaba para que estuviera bien, era la mujer más bella que jamás había visto y definitivamente su única amiga. Cuando ella trato de caminar cayó al suelo, Fernando pensó que era la debilidad después del trauma. Jamás compartió en voz alta su idea de que era porque Diana no sabía usar sus recien adquiridas piernas, aunque si pasó por su cabeza.
Con los días la extraña y divertida joven se ganó su corazón, aunque compartía con ella cierta añoranza al caminar por la playa, ya que al mar ella no volvió más.
Una tristeza embargó su corazón cuando solo Luz Marina quiso quedarse a su boda. Nadie tenía que entender su decision, pero al menos podían apoyarla.
Diana sabía que sus responsabilidades en algún momento la alcanzarían, hacia lo que podía, aunque siendo humana no era mucho. Pero quería pasar el tiempo con el más grande y puro amor que conoció un tiempo después, su hija.
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Comments
Patricia Salazar
El amor es hermoso 💘 con la persona adecuada 🤷♀️🧜♀️🧜♂️❤️
2024-10-13
0
Lenita
El amor es lindo pero tampoco debió dejar sus obligaciones de reina
2024-03-20
7