Demonios! la cabeza me molesta horrores, el sol me mata. Me levanto tapando un poco mis ojos y miro alrededor, estoy en la cabaña del risco. Me levanto rápidamente y casi me caigo. Estoy sola, siento náuseas y un terrible mareo; dando un traspiés llegó al porche de la cabaña, y ahí, sentado en los escalones de la entrada está Tomás, que me ve y se levanta lentamente. Creo que se ve más atractivo, está sin camisa y ese pecho y esos brazos parecen esculpidos en roca.
Quiero preguntarle dónde ha estado todo este tiempo, que pasó que me ha dejado sola; pero estoy trabada comiéndomelo con los ojos.
Él se ríe.
- ¿Dormiste bien, cómo te sientes? Me pregunta, mientras agarra una franela de la baranda y se la pone.
Lo veo en silencio y cuando caigo en cuenta que estoy boba mirándolo, giro la cabeza para otro lado por la pena, siento mis mejillas coloradas. Vamos, no soy una muchacha tímida, es normal ver a un chico guapo, pienso.
- Pregunté cómo te sientes? Dice él girando mi rostro hacia él con suavidad. Sus ojos miran los míos y noto que tiene unos hermosos ojos claros.
- Mejor de lo que merezco supongo, le respondo. Creo que bebí demasiado y tengo la resaca de mi vida, digo alejándome un poco de él. Parece que estar muy cerca de él me nubla la mente.
Él lanza un suspiro y niega con la cabeza.
- Oye ¿cómo llegué aquí? le pregunto.
No me digas que te llamé borracha? Digo aún más apenada.
- ¿Hasta dónde te acuerdas? pregunta.
- Bueno, sé que fui a un bar con las chicas del equipo y bebí mucho. Ellas cantaban algo... ¡Ay, mi cabeza! Me quejo mientras con las dos manos trato de que la cabeza no se me mueva.
- ¿Estás bien? Pregunta Tomás, acercándose demasiado a mi cara, me mira con preocupación mientras sus brazos me envuelven.
- Estoy bien, tranquilo. Solo soy pésima bebedora, sonrío con culpa.
- Entonces no bebas más. Dice rápido.
Sus palabras me hacen reír, no sé porque luce tan preocupado.
Cómo es más alto que yo, quedo mirándolo hacia arriba, a sus labios carnosos que provoca besar. Me contengo, veo más arriba, a sus bonitos ojos claros. El sostiene mi mirada un momento. Me gusta estar así con él, cerquita, entre sus brazos me siento cómoda y segura. No creo que me haya pasado esto nunca antes.
- ¿Dónde estuviste? le pregunto suavemente aprovechando la cercanía. Dijiste que no te alejarías.
Pero como si se hubiese roto entre nosotros un vaso de vidrio, se aleja rápidamente. Pone cara de amargura y me da la espalda.
- Disculpa, no es para molestarte. No soy tan tonta como para creer en todo lo que me dicen, ni esperar nada de nadie. Solo creía que... entre tu y yo... quizás...
- No es lo que piensas. Me interrumpe con seriedad. Yo... yo estaba... (Se ve que no sabe que decir o como decírmelo, quizás tiene novia y yo pensando en pajaritos preñados. Solo es alguien que me ayudó en la playa, debo dejar de sobre analizar las cosas).
- No tienes que explicar nada. Le digo con una sonrisa. Prometiste que nos volveríamos a ver y nos vimos, está bien. Será mejor que me vaya. Gracias por ayudarme de nuevo.
- No te vayas por favor. Dice mientras me agarra una mano.
Yo miro esa mano y mi corazón se acelera. En la cara se le ve que algo le molesta o le duele. ¿Qué pasa con este hombre? ¿Qué me pasa a mí con él?
- ¿Quieres ir a pasear? Agrega. La arboleda es bastante agradable a esta hora.
- Claro que sí, respondo sin titubear. ¿Pero y si nos perdemos? Me río y él también. Ay Dios! que bella sonrisa tiene, pienso.
- Eso nunca pasará, conozco este lugar demasiado bien. He vivido aquí casi toda mi vida.
Después de arreglarme y desayunar. Vamos a pasear por la arboleda. Es un bosque pequeño pero denso que está sobre la montaña, termina al borde de la carretera por un lado y por el otro se corta en el risco, está prohibido cazar, así que no hay más personas en varios kilómetros. Los animales andan confiados y los arbustos cubren los caminos.
- Este lugar es muy bello, tenías razón, es agradable. La montaña es como una mujer cuya falda verde y fértil reposa en el mar...
-¿Qué dices? Se ríe
- Nada, puras tonterías. Solo que me gusta estar aquí contigo. ¡Ey, ey Tomás! le grito, mira, mira un venado... ¿No lo viste? ya se escapó. Comenton señalando el matorral donde lo ví.
- Es que hablas mucho. Dice con una sonrisa.
- Pues sí, tengo que hablar por los dos. Tú no eres precisamente un conversador. Y pensándolo bien... no sé cómo eres. Me has ayudado dos veces; pero la verdad no nos conocemos casi.
- ¿Qué quieres saber? dice resuelto.
- Pues todo. Me río y él también. Vamos a hacer algo, nos haremos preguntas cada uno alternando. Será más divertido. Pero ojo, no puedes preguntar nada si no respondes antes. ¿Te parece?
- Ok. Adelante, empiezas tú. Responde él.
-¿Qué edad tienes? le digo.
- 27. ¿Y tú?
- 24. Ok, ok, me gusta esto. Sigo con las preguntas. ¿Tienes novia?
- No. Hace una pausa y luego pregunta, ¿Tú estabas enamorada de tal Martín?
- Wow el "tal Martín". Pongo cara de sorpresa, por su manera de hablar de mi difunto ex. La verdad es que no, solo salíamos porque teníamos cosas en común, él era nadador cómo yo, y de vez en cuando me daba consejos. Además, lo conocía desde la escuela.
- Ya. Responde en seco. Es tu turno.
Después de un rato caminando, llegamos a un claro al margen del bosque, en donde para mi sorpresa hay una banca de madera a unos pocos metros del risco. Nos sentamos ahí, la vista del mar es inigualable, una panorámica de azules infinitos. Podría pasar todo el día en este lugar.
- Ey en serio te envidio un poco.
- ¿Por qué? Pregunta extrañado.
- Porque puedes tener esta vista todos los días. Respiro hondo. Huele, huele el mar, huele el bosque, oye la naturaleza que te canta, cierro los ojos para sentir todo mejor.
El se ríe y hasta se carcajea.
- ¿Te estás burlando de mí? Me hago la ofendida.
- No, nunca podría. Pero hablas de las cosas, cómo si todo fuese emocionante o nuevo. Pareces una niña. ¿Has escuchado la expresión "Más viejo que el mar"? Por algo la dicen.
- Para tí es común, porque lo ves todos los días, dalo por sentado si quieres. Yo no. Sabes, que estudio biología, pero desde que mi mamá murió, no salgo mucho. No conozco como tú la naturaleza viva. Triste ¿no?
- Bueno, puedes visitarme cuando quieras.
- Gracias. Pero no me culpes luego cuando no me puedas sacar de aquí. Me río.
- ¿Puedo preguntarte algo? dice él con seriedad.
- Claro. Me encojo de hombros. Ya no sé a quien tocaba el turno de preguntar.
- ¿De qué murió tu mamá?
- Ummm, lo que te diga es mentira, no lo sé a ciencia cierta. A mi papá no le gusta hablar de eso. Yo creo que se ahogó, por la rabia que tiene a la playa. Y como no tenemos una tumba tampoco... terminé creyendo que se la tragó el mar.
- Lo siento, era una mujer muy bella. Dice él y me abraza repentinamente.
- ¿Ah?
- Si te pareces a ella tenía que haber sido una mujer muy bella, lo siento.
- Gracias. Pero la verdad no me acuerdo mucho, pasó hace bastante tiempo. Aunque tengo idea que hacíamos paseos en la playa y me contaba historias de niños. Bueno bueno, me toca preguntar. ¿De dónde eres? Dijiste temprano que habías vivido aquí "casi" toda tu vida. ¿Dónde vivías antes?
- Ah si, bueno, yo soy de lejos. De una isla.
- Que respuesta tan vaga. Dime más, no me digas que eres de una isla desierta en medio del mar. Bromeo. Aunque eso explicaría porque eres tan poco comunicativo y vives alejado de todos.
- Casi casi pero no. En sí, nací en Capri, le dicen la isla de las sirenas, el agua más azul que te puedas imaginar, cercada por 4 grandes farallones y tantos peces como estrellas en el cielo. Pero mi padre y yo viajamos mucho.
- ¿Y tu familia dónde está? pregunto acelerada.
- ¿No me tocaba preguntar a mí? te daré ésta de bono, o quizás pregunte doble más tarde, dice él. Mis padres fallecieron, mi madre cuando me dió a luz y mi padre cuando yo tenía como 5 años.
- ¿Y desde entonces vives solo?
Él se ríe con fuerza.
- Veo que sigue siendo tu turno de preguntar. Me dice.
- Se serio, esto es importante. Eras solo un niñito. ¿Cómo comiste, dormiste, estudiaste o sobreviviste? El bosque de noche debe ser aterrador y el risco muy peligroso. Digo preocupada, viendo el paisaje.
- Bueno, sabía pescar. Mi padre me enseñó a hacer todo, incluso a leer; tenía una casa y comida... Además, los otros pescadores me cambiaban cosas por pescado. Y también lo vendía. Ahora, la mitad de los barcos del puerto son míos, igual que el terreno que recorrimos hoy.
- Wow, eres asombroso. Yo con 24 años todavía no me considero lo que se dice autosuficiente.
- Tú eres maravillosa como eres, tranquila. Dice con mucha naturalidad viendo el mar.
Me deja sin palabras, no me conoce, es todo serio y ermitaño, pero es dulce y caballeroso conmigo.
- ¿Puedo preguntarte cómo son las cosas con tu papá? dice él.
- Claro, Mi papá es... obtuso y abrumador, pero sé que me ama infinitamente y yo a él. Lo malo, es que me sobre protege mucho, no me deja salir a muchos lugares, a la uni y porque no tiene opción. Si se entera que estoy tan cerca de la playa, va a pegar el grito al cielo.
¿Por cierto que día es hoy?
- Sábado 30.
- ¿Qué!? grito y me levanto súbitamente. Me va a matar, no, que va, quien se aguanta esa lengua ahora, mejor que me mate de una vez...
- Cálmate, ¿qué pasa? ¿Quién te va matar? pregunta confundido.
- Mi papá, mi papá me va a matar, hoy iba de visita a la universidad. Que horror, y dejé el celular en tu casa.
- Vámonos, yo te llevo.
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Comments
Vanesa Balboa
yo siento que hasta el padre la sobre protege xq no quiere que sea sirena igual que su madre si esq la madre es sirena
2024-12-01
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Patricia Salazar
Puede que su mamá sea una sirena 🧜♀️ 🤔 será la reina 🤔 y por eso desapareció 🤷♀️ veamos el desenlace.
2024-10-10
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angeline Bonfet
yo ya estaría 2 metros bajo tierra😹😹
2024-08-22
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