Después de dejar atrás a mi no tan querido prometido, llegamos Alice, el joven Samuel y yo a la que sería nuestra sala de estudio, debido a que era el primer día todos estaríamos reunidos celebrando la ceremonia de apertura, conociendo a las personas que nos impartirán las cátedras.
El cielo estaba despejado haciendo que todo parezca más ameno, bueno, al menos lo era hasta que vi a Kiara, la cual estaba mirando a su cuarta alteza de una manera para nada apropiada, sin embargo, él se mantenía serio, suspiré para mis adentros, al darme cuenta de que en este momento aun no habían iniciado su amor, al menos no por ahora. Pero, esperaba que lo hicieran para así tener una excusa para acabar de una vez por toda con este compromiso que me estaba volviendo loca.
— Señorita, me duelen los pies — se quejó Alice en voz baja mientras mantenía una expresión solemne en su rostro — ¿Cuándo se termina esto? — preguntó.
— Aunque me lo preguntes, no te puedo dar una respuesta porque tampoco lo sé — dije con calma.
— No es para nada amable mi señorita — comentó.
— No quiero serlo — le respondí risueña — Deberías aprender la seriedad del joven Samuel — alegué con una sonrisa al ver al susodicho ser mirado con curiosidad por otros.
— Miré señorita ahí esta el tipo que casi la avienta de las escaleras — señaló Alice a mi derecha en donde vi a aquel joven de aspecto melancólico rodeado de varios nobles, por lo visto parecía que era alguien importante.
— Él es Hugo Medina, el hijo del duque — informó la joven Gertrudis haciendo que mi corazón salté debido a su aparición repentina — Es menos cretino que los príncipes, pero, no es alguien al que sea fácil acercarse.
— Buenos días, señorita Gertrudis — la saludé con una sonrisa mientras meditaba sus recomendaciones.
Así que...
Él era el hijo del duque, con razón parecía un príncipe salido de un cuento de hadas, sin embargo, en mi anterior vida nunca hablé con él ni conocía su apariencia, por lo visto había muchas situaciones que desconocía.
El futuro que creía saber, el que conocía, todo poco a poco estaba tomando un rumbo diferente.
— Llámame solo Gertrudis — mencionó haciendo que sonriera.
— Está bien, pero, a su vez tu debes llamarme Elizabeth — manifesté.
— Me parece maravilloso — respondió.
— ¿Dónde están los demás? — pregunté con curiosidad debido a que las últimas veces que nos hemos visto siempre han estado juntos.
— Están charlando con la princesa Elena — dijo haciendo que mi mente se desconecté por un momento — Aunque siempre alegan que no deberíamos acercarnos a la familia imperial, pero, cuando se trata de la pequeña princesa se olvidan hasta de sus míseras existencias — aunque se estaba explicando no podía prestarle atención debido uno de los nombres que juré nunca olvidar.
Elena Torres.
Aquella princesa que alguna vez fue mi amiga pero que murió de una manera cruel.
Ella era una de las personas que deseaba proteger.
Clap Clap Clap
Me uní por inercia a la lluvia de aplausos que se estaba desatando al finalizar la ceremonia.
— ¡Por fin! — mencionó Alice con alegría — Sentía que las piernas se me dormían.
— No seas dramática, duendecilla — dije con algo de burla.
Alice iba a decir algo más pero solo miro fijamente detrás de mí.
— Elizabeth — alguien llamó mi nombre, cuando vi quien era, supe que nada iría bien debido a que era su séptima alteza.
Gertrudis que se encontraba cerca de mí me miró con ojos sorprendidos antes de hacer una reverencia que copie para saludar a su alteza.
— Buenos días, su alteza — saludamos.
El tipo sonrió de lado de una manera que resultaba entre malvada y amenazante.
— Necesito decirte algo — pidió, no, más bien, ordenó mientras caminaba.
— ¿Qué pasa? — cuestionó Alice con preocupación.
— Deberías ir— agregó Gertrudis — Él es algo impaciente, despiadado, malévolo, orgulloso, ruin, canalla y todos los peores adjetivos que puedan describir a alguien despreciable — dijo en voz baja.
Quise reírme por lo que había dicho, pero, no lo hice, porque ella tenía razón, su séptima alteza era alguien que era capaz de todo.
— Está bien — dije — Nos vemos después.
Así, con pasos seguros lo seguí, esperando que sea lo que sea lo que tiene que decir no me perjudique.
Él me guió hasta atrás de la fuente, esta tenía una estatua en el medio con forma de ángel, se veía etérea.
— ¿Qué sucede? — dije confundida.
— Nada, solo deseaba molestar a mi querido hermanito — mencionó mientras se acercaba a mí — Él dijo que eras su prometida, pero, por lo visto no te agrada para ni siquiera dejar que te acompañe en las mañanas — completó sonriendo haciendo que se viera desafiante.
— ¿Y? — cuestioné aun más confundida por su punto.
— Te dije que me siguieras y lo hiciste sin rechistar — alegó tomando mi cintura de una manera presuntuosa — ¿Será que te gusto? — preguntó haciendo que lo mirará estupefacta.
— Tú...
Eso fue lo único que pude decir.
¿Qué diablos?
— Ja jaja — se río alejándose de mí — Deberías ver tu rostro es tan épico. Parece como si me estuvieras maldiciendo.
Bueno, no sabía que estaba pasando, pero, no quería que se siga burlando de mí.
— ¿Qué le pasa su alteza? — pregunté mientras frunzo el entrecejo.
Aquel que se estaba burlando de mí hace tan solo unos segundos, plasmó en su cara una expresión seria, sin embargo, la chispa en sus ojos desvelaba lo que realmente sentía.
— No seas tan seria — dijo — Vas a envejecer rápidamente.
— Solo me cito para burlarse de mí — mencioné tratando de mantener la calma.
— Sí así fuera, ¿qué puedes hacer? — manifestó desvergonzadamente.
— Entonces, me retiraré, no quiero ser su payaso o su mono de circo — dije mientras me marchaba.
Pero...
El príncipe que no era para nada encantador, sino, más bien parecía un malhechor sujeto mi brazo.
Uno no sabía que era lo quería, parecía que aún tenía más cosas que decir.
— Estás segura de que te quieres ir — dijo mientras acercaba sus labios a mi oído — Yo te puedo ayudar a deshacerte de tu prometido — susurró como un espíritu maligno lo haría para hacerme tentar.
Pero...
No podía caer, este tipo del cual no sabía sus intenciones, era alguien en el que no confiaba. Sin embargo, al sentirme presionada actúe por inercia y le di un puntapié.
Sí.
Lo patee con fuerza.
Lo hice.
— ¡Ouch!
Fue lo último que escuché mientras huía despavorida.
Bueno ahora tenía algo más de que preocuparme.
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Comments
Mile Arci
🤔
2022-10-23
10