Por fin llegué a la academia imperial, aunque el cielo ya estaba apunto de oscurecerse, llegamos, lo hicimos después de tantos reveses. Inhale con lentitud antes de soltar el aire de mis pulmones.
— Hasta el ambiente se siente diferente — murmure para mi misma, alegre, mientras sostenía al conejo que aun no tenía nombre en mis brazos.
— Este lugar parece majestuoso — susurró Alice a mi lado con una expresión atontada.
Quise reírme de ella, pero no lo hice porque para mi yo actual que solo conocía mi mansión y no había conocido nada acerca del mundo en el que estaba, este lugar debería sorprenderme, pero, para mi yo renacido que había estado en el palacio y que había asistido a varios eventos, este lugar a pesar de su majestuosidad no podía asombrarme.
— Sí — dije — Es asombroso pero no debemos permanecer demasiado tiempo mirando porque creerán que somos chicas de campo — recomendé al ver a unos guardias mirar hacia nosotras con expresiones extrañas.
— Entendido, señorita — respondió.
Después de todo aunque era la hija de un noble, solo era la hija de un conde sin importancia, así que en este lugar que estaba lleno de nobles debía procurar dar mi mejor impresión.
— Entremos — ordené mientras dejaba que el cochero se encargará de nuestro equipaje.
Al entrar, a la academia imperial, que más parecía un castillo de cuento de hadas con su paredes altas y antiguas, llenas de un espíritu mágico, no supimos a donde dirigirnos, sin embargo, era como si nuestra suerte estuviera en su punto máximo debido a que un grupo de personas se dirigió a nuestro encuentro.
Había dos chicas y un joven, las chicas parecían hermanas debido a sus rasgos parecidos, ellas vestían un uniforme de un azul tan parecido al cielo, más bien era de color celeste, sus cabellos se encontraban recogidos en un peinado alto, el joven usaba un traje de color negro, además sus ojos eran de un color verde que eran tan parecidos a las esmeraldas.
— Necesitan ayuda — anunció una de las chicas, ella tenía unos ojos cafés tan parecidos al sol y una nariz respingona — Soy Mariela Farias, hija del marqués Farias — se presentó mientras señalaba a la otra chica la cual tenía unos ojos negros como el carbón — Está es mi hermana Gertrudis — luego señaló al joven que nos miraba con curiosidad — Y este es mi primo Daniel hijo del conde Rodriguez.
Cuando termino de presentar, calme mi corazón palpitante mientras los saludaba.
— Encantada de conocerlos, soy Elizabeth Castilla, la hija del conde Castilla — me presenté con una sonrisa amable — Y ella es mi amiga Alice — añadí haciendo a Alice sonrojarse.
— Señorita — protestó en voz baja antes de inclinarse ante los presentes y saludar — Mucho gusto, señoritas y joven maestro.
— El gusto es nuestro — dijo Gertrudis — ¿Podemos ayudarlas? — preguntó con amabilidad.
— Muchas gracias por ofrecer su ayuda — agradecí — Somos recién llegadas y no sabemos muy bien que debemos hacer — mencioné apenada.
— Te entiendo — comentó Daniel — En su momento también estuvimos en tus zapatos — dijo con una sonrisa — Vamos, te llevaremos al edificio donde te dan información referente a las normas, clases y dormitorios.
— No creo que te permitan tener a ese conejo — señaló Mariela.
— No la asustes — regañó Gertrudis al ver mi mirada preocupada — No le hagas caso, ella quiso traer a nuestro perro pero nuestro padre se lo prohibió, ella solo está envidiosa.
— Mariela no respira aire, respira envidia — se burló Daniel haciendo que me ría.
— ¿Por qué me exhiben? — se quejó la chica de ojos tan parecidos al sol haciendo que quiera burlarme de ella pero me contuve.
— Bueno, espero que me permitan tenerlo — comenté mientras empezábamos a caminar — No quiero alejarme de él.
— Señorita — murmuró Alice al ver mi expresión contrariada.
No quería alejarme de este pequeño que había encontrado, no quería hacerlo porque en el fondo de mi corazón no podía olvidar, no podía hacerlo, no ahora, quizás nunca lo haría, porque esas heridas de mi pasado quedaron grabadas en mi alma, porque al sostener entre mis brazos un cuerpo suave que me daba calor me hacía recordar aquello que perdí y que nunca volvería a recuperar.
Toda la tristeza e ira que estaban guardadas en el fondo de mi corazón se encontraban hirviendo a fuego lento.
No podía olvidar.
No podía hacerlo.
— Vamos — dije mientras asentada una sonrisa en mi rostro.
Luego de algunos segundos en los que hablamos sobre nuestros orígenes y cosas al azar llegamos al lugar que me daría la información que necesitaba.
— Por cierto — musitó Mariela en voz baja antes de entrar al edificio — Ten cuidado con los príncipes, sobre todo con el séptimo príncipe, tiene un genio cambiante que depende de su humor así que es mejor no acercarse a él para no tener problemas.
— ¿Qué?
— La familia real es la más complicada — sentenció.
— Gracias por la advertencia — susurré haciendo que me diera una sonrisa débil.
— Bueno en este caso, ella tiene razón, es mejor alejarnos porque podemos implicar a toda nuestra familia — mencionó Daniel — Nuestras familias no poseen tanto poder no podemos arriesgarnos a perder todo.
Si solo supiera que yo me había convertido en la prometida de uno de los príncipes, de uno de los peores. Ya estaba inmiscuida con la familia real de muchas maneras y aunque deseaba escapar no podía hacerlo.
Pero...
Lo haría.
— Gracias — manifesté conmovida debido a que me estaba dando cuenta de que había muchas personas en el mundo que valían la pena, pero, que nunca las supe apreciar por estar enredada e una batalla por el poder que ni siquiera me pertenecía a mi luchar.
— Bueno hasta aquí llego nuestro camino— dijo Gertrudis — Debemos hacer algunas diligencias — se justificó apenada — Espero volverte a ver Señorita Elizabeth — comentó luego miro mi regazo y añadió — Y a tu pequeño conejo.
Ante su mirada el susodicho solo movió sus largas orejas con indiferencia.
— No te olvides de la juiciosa Alice — alegó Mariela haciendo que riera.
— Muchas gracias por todo — dije sonriendo — Me alegró de conocerlos, también espero volverlos a ver de nuevo.
— Las clases comienzan en una semana — anunció Daniel — Puedes buscarnos en la biblioteca para explorar juntos la academia, hasta entonces — ofreció.
— Lo haré — respondí mirando como se marchaban.
Y luego junto a mi duendecilla y a mi conejo empuje una de las tantas puertas que cambiará mi vida.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 101 Episodes
Comments
Rebecca H
yo haría un delicioso estofado de conejo blanco.
o mejor aún... unos ricos mixiotes.
2024-03-03
3
Ma Cruz Aguilera
eso espero gracias
2022-12-22
1
Erica Catse
Aquí la autora ~ disfruten de la lectura pequeñas hadas.
2022-07-22
13