He estado luchando contra el destino, he estado intentando crear mi propio camino, pero, ¿por qué mis esfuerzos no estaban dando frutos? ¿por qué?
Cuando el príncipe Antonio tomó mi mano me sentí morir, el temblor que recorrió mi cuerpo y la angustia y el odio sin fin que envolvían mi alma me hacían desear destruir todo, no sé como pude controlar mi estado de animo para salir sin cometer un asesinato, sin embargo, lo hice.
El silencio en el que nos encontrábamos en este momento me dio la paz que necesitaba para confrontar a esta persona que alguna vez fue mi razón de existir. Apreté mis puños y guarde un suspiro antes de abrir la boca.
— No quiero comprometerme con usted su alteza — dije esto con voz temblorosa.
Antonio me miró con asombro cuando escucho mis palabras, enfrente de nosotros se encontraba una rosa de un color tan azul como el lejano mar.
— ¿Por qué? — cuestionó sereno.
¿Por qué?
Ja.
Si tan solo supiera...
Mi vida fue destruida por ti, en este mismo instante solo soy un peón en tu tablero de ajedrez, soy alguien que vas a desechar después de utilizar.
¿Y me preguntas por qué?
Estas palabras deseaba decirle, deseaba también preguntarle ¿Por qué yo? ¿Por qué tuvo que elegirme a mí? pero en este momento en donde nada había pasado no podía hacerlo sin que me considerada una especie de loca, así que solo pude inventar una patética excusa.
— Estoy muy agradecida por sus sentimientos pero no estoy enamorada de usted y no deseo casarme sin amor — alegué.
Su alteza Antonio se quedó callado por algunos segundos mientras trataba de procesar lo que había dicho, aunque deseaba saber que pensaba de mis palabras no me atreví a especular y enredarme en un bucle sinfín.
— Eso dices ahora— comentó con una sonrisa fingida — Pero, los sentimientos florecen con el tiempo, así que estos años antes de que sea oficial nuestro compromiso haré que te enamores de mí, Elizabeth — añadió con una expresión seria.
Quería decirle a aquel hombre de ojos grises, que alguna vez estuve enamorada de él y sabía lo cruel que era amarlo.
— No cambiaré de opinión — dije de manera decidida porque solo si estuviera loca me enamoraría otra vez de él — Por eso, deseo que cancele nuestro compromiso — pedí suavemente.
El príncipe se quedó callado antes de tomar aquella rosa azul que estábamos observando.
— Elizabeth, Elizabeth — llamó mi nombre de forma cantarina haciendo que mi piel se erice — Ya veo que eres muy diferente de lo que imaginé, creo que estos años serán divertidos — comentó mientras me entregaba la rosa.
— Yo...
— No te preocupes, no te presionare, solo espero que me permitas cortejarte en este tiempo, pero no puedo cancelar nuestro compromiso — manifestó seriamente.
— Puede cambiar de prometida, mi hermana Kiara está intere...
No pude terminar hablar debido a su interrupción.
— Lo siento, pero, no, la de decisión ha sido tomada y no hay vuelta atrás — dijo con impaciencia — Debes ser tú, solo puedes ser tú.
— ¡Oh!
¿Por qué debo ser yo? ¿Por qué? Deseaba cuestionarlo pero ya con todo lo que le había dicho estaba tentando mi suerte, no podía arriesgarme.
— Fue un gusto estar en tu compañía — mencionó mientras depositaba un beso sobre el dorso de mi mano — Espero volverte a ver, Elizabeth — susurró mirando directamente a mis ojos.
No le dije nada, sentía que no podía hacerlo, toda esta situación me estresaba y me estaba corrompiendo el alma. Solo lo miré mientras se alejaba de mí, cuando no pude ver su espalda, la expresión indiferente que hice el esfuerzo por mantener se derrumbó por completo dejando al descubierto mi más oscuras emociones.
La rosa que me había dado la tire al suelo y la aplaste como deseaba aplastar su rostro.
Cerré los ojos mientras suspiraba, presentía que mi venganza sería agotadora cuando ni siquiera podía mantener una conversación con esa escoria.
El susurro de la hierba llamó mi atención haciendo que abandonará mis pensamientos deprimentes, entonces, lo vi, o al menos, eso creo, un animal de pelaje blanco como la nieve se encontraba justo en frente de mí.
Un pequeño conejo de orejas puntiagudas me observaba, me agache e intenté tocarlo, pero, al notar mis movimientos el pequeñuelo se alejó sin mirar atrás.
Después de aquel encuentro fortuito, camine alrededor del jardín sin rumbo fijo, mientras paseaba me encontré con alguien que no deseaba volver a ver.
— Señorita, Elizabeth — llamó mi nombre cuando me notó — Desea montar a caballo, hace tiempo que no lo hace...
El joven de dieciséis o dieciocho años, de aspecto juguetón y de ojos marrones, era alguien que en mis tiempos de antaño se convirtió en uno de mis verdugos.
Él fue el que intento secuestrar a Kiara, sin embargo, cuando lo interrogaron señaló que yo fui la que se lo ordenó. En aquel entonces, Antonio y Kiara mantenían una relación y los rumores sobre ellos se habían esparcido como pólvora por ello cuando ocurrió aquel incidente todos creyeron que yo fui cuando la realidad era tan absurda como mi existencia.
Porque...
Kiara fue secuestrada bajo su propia orden, todo fue uno de sus tantos planes para desprestigiar mi nombre ante todos, después de todo ella estaba preparando el terreno para que nadie me defendiera cuando sucedieran sus planes futuros.
Ella fue la cenicienta y yo fui su malvada hermanastra, ella ante todos era la buena mientras yo me convertía en la mala.
— Pedro, no es necesario — comenté mientras me alejaba.
Aunque sabía que él tal vez se vio implicado en todo esto y pudo haber tenido sus propios motivos para incriminar a quien considero su amiga, no podía evitar sentirme resentida con él, aún necesitaba mucho tiempo para poder adaptarme a esta nueva realidad en la que todo se estaba repitiendo de una manera retorcida.
Quizás estaba siendo castigada, quizás...
Cuando regrese a casa, Alice me estaba esperando en la entrada con una expresión preocupada en su juvenil rostro.
— ¡Señorita! — exclamó cuando me vio — ¿Dónde estaba? El señor conde la andaba buscando luego que el príncipe se marchará, dijo que debe ir inmediatamente al estudio— comunicó de manera resuelta.
— Está bien — contesté con una sonrisa — Iré de inmediato.
— Tenga cuidado parecía que se encontraba algo irritado — dijo preocupada haciendo que mi corazón se sintiera agrio debido a que ella, una simple empleada que no formaba parte de mi familia mostraba más preocupación por mí que cualquiera.
— Gracias, Alice — mencioné con la nariz agria.
Luego me dirigí rápidamente al estudio de mi padre para enfrentar lo que sea que venga.
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Comments
Genny Alvarado
no entiendo porq no se defiende mas
2024-07-07
2
Ceci
Por lo menos ganaste tiempo y poder tener la oportunidad de estudiar, conocer gente y hacerte fuerte en una sociedad difícil!😏😏😏🤔🤔🤔
2023-10-03
4
Livia Silva Mejias
pero que tonta!! 😡😡es demasiado indecisa, le falta mucha voluntad para mantener su posición...No debió dejarse manipular por él...
2022-08-04
14