Hoy iré a la academia imperial, después de estar más de veinte días en reclusión por orden de mi padre por fin tendría mi libertad. No sabía si sentirme aliviada o preocupada, después de todo, estaba iniciando mi nueva vida en donde no deseaba repetir los mismos errores del pasado.
Me miré al espejo mientras Alice colocaba algunos adornos en mi cabello. Ella se tomaba muy enserió todo y más ahora que íbamos a estar juntar por mucho tiempo ya que ella me iba a acompañar a la academia imperial.
Anoche mi padre visitó mi habitación y a pesar de que deseaba reclamar y repudiar todo lo que estaba viviendo, me quedé callada esperando que diga lo que deseaba decir.
— Mañana irás a la academia imperial — comenzó — Kiara ira después de algunos días cuando su alergia mejoré — anunció haciendo que quisiera reír, pero, contuve las ganas.
Kiara mi hermanastra anteriormente había conspirado en mi contra, pero, gracias a mi desconfianza y a la oportuna intervención de Alice todo su plan para que no pudiera asistir a la academia imperial se hecho a perder. Sin embargo, no podía seguir dejándome pisotear.
Por eso, desde las sombras con la ayuda de Alice creamos un plan para contraatacar, la idea que tuve fue la de colocar polvo que causa alergia en su ropa, aunque esto no podía hacerme olvidar todo el odio del pasado, me sentí feliz al obtener una victoria después de tantas derrotas.
— Lo sé — le respondí.
— Su alteza Antonio está en su último año, así que lo verás a menudo — comentó — ¿Has pensado acerca de tu compromiso? — cuestionó haciendo que quisiera poner los ojos en blanco debido a que solo eso le interesaba.
— No te preocupes, Padre — contesté — No haré nada imprudente — dije.
Pero...
La academia imperial sería mi paraíso personal porque ahí estaré lejos de los ojos llenos de escrutinio de mi padre y de mi madrastra, aunque estaba cediendo ahora no lo haré en el futuro.
— Es bueno que seas prudente — señaló dándome una mirada larga — Entonces, confío en ti, Elizabeth — comentó mientras me entregaba una pequeña caja negra.
— ¿Qué es esto? — pregunté algo confundida.
— Esto le pertenecía a tu madre, no te lo deseaba entregar en este momento, pero creo que ya estás preparada para tenerlo — tras decir esto salió de mi habitación.
¿Qué estaba pasando? La caja que se encontraba en mi mano se sentía como una papa caliente debido a que era algo que nunca me había dado mi padre en la anterior vida. Cerré los ojos antes de abrir aquella caja negra. Dentro se encontraba un collar con un extraño símbolo en forma de infinito, no sabía lo que significaba, tampoco deseaba preguntarle a mi padre. Así que con cuidado me coloqué aquel collar y lo escondí debajo de mi ropa.
Justo en este momento mientras Alice terminaba de adornar mi cabello toque por reflejo aquel collar.
En esta vida había algunas cosas que eran diferentes al pasado, había situaciones que no podía comprender y misterios que deseaba descubrir.
¿Quién era realmente mi madre?
Tanto en esta vida como la anterior cuando se trata sobre el origen de mi madre todo es un misterio, ella era de origen humilde al igual que mi padre pero porque en sus manos se encontraba este collar tan extraño pero que a simple vista se podía apreciar que no era para nada algo que una plebeya debía tener.
— Señorita, ya esta lista — anunció Alice haciendo que deje atrás mis pensamientos y me concentre en la chica que se encontraba frente al espejo, aquella que había pasado por tantas penurias, pero que por fin vería la luz después de tanta oscuridad.
— Sí ya lo estoy — respondí mientras me levantaba.
El vestido blanco con franjas negras que era el uniforme de la academia imperial me daba la ilusión de estar en un sueño del que no deseaba despertar.
— Debemos irnos pronto señorita — mencionó Alice mientras salía de mi habitación para llamar a un mozo y este se encargue del equipaje.
Cuando salí de mi dormitorio baje las escaleras en el salón me encontré con mi madrastra y mi hermanastra, las cuales se encontraban sentadas de manera cómoda.
Kiara por obvias razones utilizaba un velo en sus rostro.
— Elizabeth — llamó mi madrastra haciendo que dibujara una sonrisa falsa en mi rostro — Pronto te irás querida — comentó con tristeza — Te extrañaré pequeña — comentó mientras miraba mi cuello y la expresión triste que tenía flaqueo por un instante — Eso es...
— Es algo que encontré — respondí mientras lo escondía de sus ojos.
— Me permites ver...
Justo cuando estaba por negarme apareció mi padre junto a Alice.
— Ya esta todo listo señorita — informó risueña.
— Entonces me iré — mencioné mientras me despedía de mi madrastra.
— Te extrañaré — dijo.
— Yo también — respondí aunque deseaba decirle que ella ya no era importante para mí.
— Nos vemos pronto hermana — mencionó Kiara dándome un abrazo.
— Espero tu llegada — le dije aunque en realidad deseaba que nunca viniera.
Cuándo le iba a dar un abrazo a mi padre el se acercó y lo hizo de manera breve.
— Recuerda que te debes portar bien con el príncipe Antonio, no quiero escuchar quejas — comentó haciendo que quisiera poner los ojos en blanco.
— No te preocupes no haré nada que te cause problemas — prometí aunque planeaba hacer todo menos cumplir mi promesa.
— Confío en ti.
— Adiós — me despedí por última vez mientras salía al lado de Alice hacia un nuevo futuro lejos de todo el caos y destrucción de mi pasado.
Cuando me subí al carruaje junto a Alice me sentí libre por primera vez desde que había renacido, me sentí tranquila con un deseo de dejar que todo atrás.
El camino hacia la academia imperial parecía eterno pero junto a la compañía de Alice nunca me sentí aburrida en ningún momento.
Pero...
Nada podía marchar bien mi vida porque justo antes de ingresar a la capital nos encontramos con un pequeño percance, en nuestro camino nos encontramos con un extraño joven que nos pedía ayuda.
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Comments
Jehiel Ortiz Cruz
Ya llegaron las sorpresitas y creo que a lo mejor un paladín para la prota
2023-07-05
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