El tiempo pasó rápidamente, el día en que vendría su alteza, Antonio había llegado. Para esta ocasión me preparé desde hace varios días, pero, aun así, no me sentía preparada. Después de todo hoy vería al hombre que alguna vez amé, el hombre que me traicionó y que me destruyó.
Toc Toc Toc.
Dejé de mirar la ventana de mi habitación y dirigí mis ojos hacia la puerta.
— Pase — dije en un suspiro.
Alice entró con una sonrisa en sus labios, la cual se borró al ver mi apariencia patética.
— ¡Señorita! — proclamó — ¿Por qué aún no se ha arreglado? — cuestionó con angustia — Su cabello es un desastre...
— ¡Tranquila! — la interrumpí.
— ¿Cómo puede estar tan tranquila? — cuestionó alterada — Hoy vendrá su prometido...
Ella estaba preocupada por mí, pero, si tan solo supiera que el cuento de hadas que se estaba imaginando estaba lejos de ser la realidad en la que vivía, para ella esta ocasión era un momento feliz para mí, por lo que, mi actitud despreocupada y desganada no correspondía a la que debería tener una persona enamorada, o al menos interesada en su vida amorosa.
— Estaré lista en un momento — añadí mientras abandonaba el sillón en el que me encontraba sentada — Elige un vestido por mí, por favor — le pedí mientras me dirigía al baño.
Alice negó con la cabeza mientras se dirigía a atender mi pedido.
Cuando salí del baño, un vestido rosa con algunos trazos de encaje me esperaba, no era algo que mi yo antiguo hubiese elegido, ya que estaba obsesionada con los diseños deslumbrantes que denotaba sensualidad, tampoco era algo que hubiese elegido mi yo actual debido a que aquellos colores frescos y juveniles eran algo que no iban conmigo en este momento, no me sentía bien usándolos, no cuando había perdido tanto.
Cuando estuve lista, no pude reconocer a la chica enfrente del espejo, no pude hacerlo, no quería hacerlo, porque no podía reconciliarme conmigo misma al verme arreglada para conocer al hombre que me quito todo.
— Sé ve hermosa, señorita Elizabeth — me alabó Alice haciendo que me sintiera desconsolada — Su alteza Antonio quedará hechizado con usted.
— Ya veremos — mencioné mientras hacía un amago de sonrisa.
Yo no era fuerte, ni valiente, tampoco era muy inteligente, no sabía cómo luchar contra este destino retorcido, ni como utilizar a las personas debido a que siempre fui alguien simple, pero, tenía claro que no deseaba involucrarme con su alteza Antonio y para ello, sabía que para no quedar atrapada en la batalla por el trono debía tener poder, también tenía claro que no me iba a dejar avasallar de nadie.
— Ya es hora — mencionó Alicia una vez que terminó de maquillarme.
— Vamos — accedí, aunque mis pasos se sentían pesados.
Yo deseaba escapar y abandonar todo, pero, a donde iría, no tenía dinero, tampoco amistades, además, en esta sociedad las mujeres nobles solamente se dedicaban a administrar el hogar, también si por alguna razón decidiera escapar al ser considerada la prometida del príncipe mi reputación y mi honor quedarían manchados por siempre jamás.
Así que huir no podía ser una opción, no podía ser mi opción.
Al bajar las escaleras, respiré hondo y aleje todos aquellos pensamientos y me concentre en este momento.
El sonido de risas bajas se escuchaba alrededor de toda la habitación, el sol a través de las ventanas del corredor se encontraba en su punto más alto, los pocos sirvientes entraban y salían de la mansión con pasos apresurados.
Él estaba aquí...
Antonio.
Antes de entrar a la sala, las risas se detuvieron, era como si la alegría compartida se hubiese esfumado con mi llegada.
Lo primero que mis ojos captaron cuando entré fue a Kiara, la cual se encontraba sentaba tímidamente, usaba un vestido azul de aspecto despampanante. Luego, mi mirada se dirigió hacia mi padre, que aún mantenía una sonrisa en sus labios, parecía que sea de lo que sea que estaban hablando, le había agradado. Entonces, mis ojos azules observaron primero las botas de cuero y luego siguieron subiendo por su vestimenta azul marino hasta llegar a su rostro, él luce exactamente como lo recordaba, solo un poco más joven. Cuando nuestros ojos se encontraron, sentí un gran deseo de echarme a llorar por todas las injusticias vividas, quería golpearlo y preguntarle que era lo que había hecho tan mal para que me haya tratado así con tanta crueldad, deseaba escupir y maldecir el día en que lo conocí, en aquellos segundos en los que nuestros ojos se encontraron sentí tantas ganas de asesinar así como mató mi alma.
A pesar de mis deseos, lo único que pude hacer era mirarlo con impotencia y con un rencor que esperaba que no se notará.
— ¡Estás aquí! — dijo con una emoción de la que no podía deducir si era fingida, pero, debido a la experiencia que he obtenido al tratar con él en aquellos años de antaño, supe que lo era.
Él es tan falso.
— Buenas tardes, su alteza — saludé sin entusiasmo.
Ya que no podía cancelar el compromiso, al menos, debería mostrar lo descontenta que me encontraba.
— Luces hermosa — señaló con una sonrisa juguetona.
— Gracias — respondí indiferente mientras me sentaba al lado de Kiara que al ver cómo su alteza Antonio me prestaba atención dejó de lado su mirada tímida por una que denotaba ira contenida.
Mi padre al ver mi actitud me dirigió una mirada que expresaba su descontento.
— Ya que todos los involucrados estamos presente — comentó mi madrastra — Creo que sería bueno de empezar con esta reunión.
Tras decir aquello, tanto mi padre como el príncipe Antonio empezaron a hablar de temas relacionados con el reino, de los problemas actuales que enfrentaba la frontera, hasta que llegaron al tema importante, el dichoso compromiso...
— Su excelencia, como sabe estoy aquí, para solicitar su aprobación para comprometerme con su hija Elizabeth...
Antonio mencionó lo que deseaba sin siquiera pedir mi opinión, ja, como si le importará.
— Su alteza, sería un honor para mí que una de mis hijas sea desposada por usted, después de todo no creo encontrar un mejor partido que su alteza en todo el reino, es solo que mi hija es un poco testaruda y sabe que su alteza es un hombre culto y ella desea primero preparase para no desprestigiar su buen nombre, por ello si no es un problema deseo que el compromiso sea oficial cuando ella finalice sus estudios...
Antonio al escuchar sus palabras se congeló por un instante.
— No creo que sea necesario — comentó — Ella me parece perfecta tal como es.
— Es necesario — interrumpí bruscamente, pero al ver cómo mi padre me observaba agregué con una sonrisa rígida — No quiero decepcionar a su alteza, soy tonta y no soy buena con los modales, sé que su alteza es alguien noble, pero también conozco la responsabilidad que es pertenecer a la nobleza por ello deseo ser alguien del que su alteza se sienta orgulloso.
— Si es tu deseo — comentó Antonio con una sonrisa.
Luego siguieron hablando sobre el compromiso y cosas al azar en las que no podía intervenir.
— ¿Su alteza le gustaría más té? — cuestionó Kiara.
— No — respondió — Como ya hemos hablado de todo lo que era necesario, me gustaría pasear por un momento con mi prometida — pidió haciendo que el sorbo de té que estaba tomando me supiera amargo.
— Elizabeth, acompaña a su alteza Antonio por los jardines — me ordenó mi padre.
— Yo también iré — se ofreció Kiara, pero mi padre la detuvo.
— Deja que ellos tengan un tiempo a solas.
— Vamos — dijo Antonio mientras me tendía su mano.
Quise negarme, pero sabía que no podía hacerlo, así que con torpeza me levanté y me dirigí hacia el jardín de la mano de mi enemigo.
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Comments
esterlaveglia
qué situación más difícil 😧😵💫🤷♀️
2024-11-03
0
Vanessa Ibáñez Fernández
aver utilizado guantes !!
2024-03-24
2
Yana Alexa N.N.
yo creo lo mismo la Kiara se le a deber ofrecido y el como un perro hambriento callo
2024-03-16
0