Aún podía recordar la fatiga y el cansancio que me habían acompañado durante mucho tiempo en aquella celda, pero, solamente era un recuerdo pasajero porque ahora me encontraba en una época diferente de aquel momento.
Cuando me desperté hace dos días me encontraba desorientada, pensé que todo era un sueño de mi yo de antaño, sin embargo, con el pasar de los días el sueño que creí que estaba viviendo se convirtió en mi realidad. Aún no podía encontrar una explicación lógica y creíble para entender lo que estaba sucediendo, pero, si esto era una oportunidad para rehacer mi vida, la tomaría sin duda alguna y compensaría todos mis arrepentimientos. Mire mi reflejo en el espejo por última vez antes de salir de mi habitación.
Los ojos azules y desganados de una chica con el rostro pálido me devolvieron la mirada, ojos que en algún momento perdieron su visibilidad, aquella chica en el espejo que era tan diferente a mí, yo de cinco años en el futuro poseía un extenso cabello negro que alguna vez se vio reducido a jirones, ella se veía bella, pero, solo yo sabía que su belleza era un cascarón que ocultaba el monstruo en el que alguna vez se convirtió...
En los últimos días, pasé encerrada en mi habitación, tratando de adaptarme con todo aquello que en su tiempo lo sentí tan natural, pero debido a las circunstancias anteriores se habían convertido en algo inusual para mí que alguna vez había tenido como comodidad el heno y los roedores.
Además, aún no estaba lista para ver el rostro de ese par de madre e hija, ni siquiera estaba lista para mirar la cara de mi propio padre sin querer echarme a llorar por las injusticias que había padecido durante cinco años, cinco años en los que mi alma moría cada día debido a la desdicha.
No me encontraba lista aún, pero, era algo que debía hacer. No podía esconderme para siempre...
No podía hacerlo...
Así que con pasos lentos, pero decididos, abrí la puerta y mientras bajaba las escaleras de tipo victoriano y le echaba una mirada a aquellas pinturas grotescas que le encantaban coleccionar a mi madrastra, llegue al comedor en donde una chica de cabellos rubios como el sol se encontraba sentada, ella vestía un largo vestido rojo que hacía que su piel pálida resaltará, aquella chica de belleza etérea es Kiara mi hermanastra.
Kiara se encontraba contándole alguna anécdota a mi padre, el cual la escuchaba con una sonrisa. Aquella imagen me dolió en lo profundo de mi corazón porque el tiempo que estuve encerrada en mi habitación ninguna vez vino a visitarme mi padre.
— Elizabeth, ven siéntate— comentó mi madrastra al percatarse de mi presencia — Creí que te quedarías un día más — continuó mientras sonreía de una manera deslumbrante.
Esa sonrisa, esa maldita sonrisa.
¿Por qué no me di cuenta de lo falsa que era?
— No importa — respondí tratando de sonreír, pero, se me hacía imposible, luego me senté al lado de mi padre, el cual solamente asintió en reconocimiento, haciendo que me diera cuenta de su indiferencia — Muchas gracias por su preocupación — añadí mientras tomaba una rosca.
— Estás pálida, hermana — alegó Kiara mientras me pasaba un vaso de zumo de naranja — Toma, debes reponer energía.
Me contuve de tirarle el vaso encima antes de agregar un gracias mientras los observaba interactuar.
Y...
Me di cuenta de lo ciega que fui al sentirme parte de esta familia cuando no había lugar para mí. Solo era una desconocida para ellos, no había diferencia si no estuviera aquí. Dejé de deprimirme y desayuné con mis enemigos de vidas pasadas con toda la calma que poseía, aun cuando deseaba tomar el cuchillo con el que untada mantequilla al pan para clavárselos en el pecho a estas personas y poder comprobar si tenían corazón, pero me contuve tanto como pude. Aun cuando sentía que mi alma moría.
— ¿Niñas irán a la academia este año o el próximo año? — cuestionó mi madrastra una vez que terminamos de desayunar, esta era la pregunta que había estado esperando, aquella que cambiaría mi destino — Enviaron su carta de aceptación ayer, sin embargo, esperé a que estuvieran juntas para comunicarles.
—Siempre he querido ir madre — señaló Kiara con una sonrisa haciendo que quisiera voltear los ojos.
— ¿Y tú, Beth? Tengo entendido que alguien que te agrada planea proponerte matrimonio en tu cumpleaños, así que supongo que dejarás de lado tus estudios y te dedicaras a aprender el manejo del hogar — dijo mi madrastra mirándome con ojos llenos de dicha.
— Eres tan afortunada al poder casarte con el príncipe Antonio, quedó...
— Planeó rechazar el compromiso, así que iré a la academia — respondí serena mientras mi familia me observaba estupefacta.
Bueno...
Solo yo que conocía el futuro que me esperaba podía sentirme racional al tomar esta decisión, pero, para ellos, debería parecer una loca que no sabía lo que era bueno y quien era Buda.
— ¡¿Qué?!
Todos tres exclamaban con diferentes expresiones en sus rostros.
Anabella, mi madrastra se veía desconcertada, mi padre se veía enfadado y Kiara se veía aliviada, la entendía, nadie quiere que el hombre que ama se relacione con otra mujer de manera sentimental.
— No me quiero casar, quiero conocer más personas, además de que solamente una vez me vio el príncipe no creo que se haya enamorado tan rápido de mí, prefiero comprometerme con alguien del que me encuentre enamorada —señale.
— No sabes lo que dices, sabes los beneficios que nos traería, el que te comprometas con su alteza — refutó mi padre.
¡Oh! Ya veo...
Él nunca me vio como su hija, si no como alguna mercancía...
— Piénsalo bien aún eres joven Beth y no vas a encontrar mejor partido que su alteza Antonio —aconsejo mi madrastra mientras se mordía el labio.
Kiara se mantuvo en silencio durante todo nuestro intercambio, pero, por su mirada, podía decir que estaba feliz por lo que estaba ocurriendo.
— Ya lo pensé durante estos dos días y llegué a la conclusión de que no quiero casarme ni comprometerme con su alteza — mencioné con calma — Y no puedes obligarme a menos que sea un decreto real, aunque el mismísimo Rey lo ordené no lo haré.
Tras decir aquello me retiré a ordenar mi equipaje con algo de expectativa debido a que la Academia era algo que nunca había experimentado.
Cuando subí las escaleras bajo la mirada de mi familia, no pude evitar derramar unas lágrimas amargas debido a que había dado el primer paso para romper con mi destino.
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Comments
Paola Martiz
pinta buena ojalá se haga fuerte no se deje de nadie y ya pido al padre huy detesto los padres que dejan de lado a sus hijos x conveniencias 😡😡
2023-09-23
3
Yulienb🌹
Yo tambien pensè que ¿Por qué no casan a la otra muchacha si les beneficia tanto?
2023-09-14
0
Quica Romero
¡Pues, si quieres tantos "beneficios" casa a tu "hija" Kiara.! ¡Y todos en paz!.😒🙄🤨
2023-08-22
1