En la semana que nos dieron libre para adaptarnos a las regulaciones de la academia imperial, la pase explorando y construyendo relaciones con algunos nobles. También, me encontré de nuevo con aquel trío que nos ayudó en nuestro primer día, pasamos momentos amenos, era como si todo esto fuera la calma antes de la tormenta.
El joven Samuel Benalcazar era alguien que veía casi a menudo, él se había tomado muy en serio el papel de protegerme. Alice, a su vez, había empezado a ordenar su vida, ella se había inscrito en un curso de bordado que impartía la academia imperial a los plebeyos que deseaban aprender, entre los cursos que habían estaban; tejer, bordar, cocinar, esculpido, entre otras interesantes actividades.
Pero...
El pequeño pedazo de cielo llegó a su final, debido a la llegada de Kiara mi hermanastra, aunque habíamos acordado fingir que no éramos tan unidas, tuve que ir a mirar su llegada para guardar la apariencia. Lo bueno fue que cuando me vio fingió no hacerlo, así que ya no tenía que fingir una sonrisa delante de ella.
Suspire al recordar las pocas veces que me encontraba con mi prometido, al cual no soportaba, lo bueno fue que esos encuentros fueron escasos y no dudaron menos de un minuto debido a los deberes oficiales de su cuarta alteza.
— ¡Señorita! — exclamó con júbilo Alice la cual vestía un uniforme de color gris, lo cual servía para diferenciar entre nobles y plebeyos.
— ¿Qué sucede? — pregunté soñolienta — Tengo mucho sueño.
— Hoy es su primer día de clases señorita, deje de ser holgazana — comentó con las manos en la cadera — Yo le advertí que no jugará cartas con aquel trío insufrible, pero, usted no me hizo caso y mire las consecuencias que ocasionó su afán por ganar — me regaño haciendo que me riera.
— No fue en vano, al final gané — dije canturreando.
— ¡Señorita! — gritó haciendo que quisiera taparme los oídos.
— Está bien, está bien, ya me levanto — dije mientras estiraba mi cuerpo dentro de la alcoba.
Después de varios gritos y regaños por parte de Alice, logré levantarme, aunque no quería hacerlo, por fin había encontrado el amor que tanto buscaba y el motivo de mis afectos era mi cama, sentía que ella me amaba tanto como yo amaba dormir.
Luego me lavé y vestí con el uniforme celeste que correspondía a la academia imperial, aunque había más colores, me sentía bien al usar este.
— ¡Vamos! — exclamé con alegría mientras tomaba la mano de Alice — Dime, ¿a que hora tienes tus clases? — le pregunté con curiosidad.
— Por la tarde señorita, así podré acompañarla en sus clases para que nadie la pueda maltratar — dijo haciendo una expresión feroz en su rostro.
— ¡Oye, no soy tan débil! — dije haciendo un puchero — Es más, tú eres la que necesitas mi protección con el genio que te cargas — dije mientras le picaba una costilla a modo de cosquillas.
— ¡Señorita! — proclamó — Deje de jugar y bajemos estas infernales escaleras.
— Ya deberías haberte acostumbrado — comenté — ¡Vamos, duendecilla! ¡No te rindas! — la anime mientras bajaba los escalones de dos en dos.
En nuestro camino nos encontramos con muchas personas que iban caminando con porte y elegancia. También pudimos ver a Kiara que iba acompañada de un séquito de doncellas, ella sonreía con una dulzura que la hacía parecer una princesa de cuento de hadas.
— Ella es tan falsa, tenga mucho cuidado señorita que esa chica algo trama — recomendó Alice.
— Lo sé — dije — No dejaré que me engañé con facilidad — aseguré.
— Pero, señorita — dijo Alice con incomodidad.
— ¿Qué pasa? — pregunté con extrañeza.
— Deberíamos guardar las distancias, ya sabe, usted pertenece a la nobleza y es mal visto que sea tan amiga de una doncella — manifestó con preocupación.
— A veces me molesta todo este sistema de casta — mencioné mientras me alejaba de Alice — Quisiera que todos seamos tratados por igual, sin privilegio alguno — dije haciendo que Alice abriera los ojos de una manera divertida.
— Señorita, no sea así, podría ir a la horca por decir aquellas palabras, es como si estuviera criticando al rey de como gobierna el reino.
— Lo sé , lo sé — dije — Por eso solo te lo digo a ti, pequeñuela.
— Señorita, deje de ponerme ese tipo de apodos cuando soy más alta que usted — mencionó risueña.
Me estaba pidiendo lo imposible, porque ponerle apodos se había convertido en uno de mis pasatiempos favoritos.
Íbamos caminando tranquilamente, disfrutando de los magistrales jardines que poseían flores de diferentes tipos y colores, cuando nos encontramos con cierto alguien que no deseaba ver.
— Te estaba esperando — dijo mi prometido no tan querido.
Él usaba un atuendo negro que combinaba con su destacada apariencia que hacía saltar el corazón de varias jóvenes que se encontraban alrededor, sin embargo, mi corazón se mantenía calmado sin ninguna onda.
— Buenos días su alteza — lo saludé haciendo una reverencia — Lo siento, pero, no podré disfrutar de su compañía — le dije mientras veía a el joven Samuel que caminaba distraído debido al libro que sostenía en sus manos, que si no me equivocaba era el libro de aquel cerdito que tanto idolatra — Porque alguien más me esta esperando — respondí mientras me acercaba al joven Samuel que al verme sonrió haciendo que sus ojos aterradores se vieran menos amenazantes.
Él parecía que no se había dado cuenta de la presencia de su alteza, debido a que ni medio me saludó me cito una de las frases de aquel libro que tanto le gustaba.
— Señorita Elizabeth, miré esta frase "No hay arcoiris sin tormenta" — dijo.
— Joven Benalcazar — saludo su cuarta alteza haciendo que el joven Samuel dejara de hablar al reparar en su presencia — Veo que esta interesado en la señorita Elizabeth — dijo con una sonrisa en los labios pero esta no le llegaba a sus ojos, parecía que no era para nada feliz, bueno, eso era lo que deseaba, su infelicidad.
— Resultó así, su alteza — respondió.
— Con su permiso — dije haciendo una reverencia al cuarto príncipe — Nosotros nos marchamos, fue un gusto saludarlo.
— Adiós, su alteza — se despidió el joven Samuel con algo de duda.
Pero...
Antes de que nos retiraremos, aquel tipo nos interrumpió.
— Elizabeth — dijo mi nombre de una manera que sonaba a un insulto — No olvides tu identidad — comentó con una sonrisa irónica.
— No se preocupe, no lo he olvidado.
No he olvidado que para ti sólo soy un peón más en tu juego de ajedrez, no he olvidado lo que perdí, ni lo que viví, no he olvidado nada.
Nunca lo haría.
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Comments
margarita salas
/Chuckle//Chuckle/
2025-04-03
0
Anna Luna
Aja si y cuando se lo dirá por el capítulo 98 o 86 esa es mi duda🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🙄🤔
2022-12-01
9