Shaken

Estoy adelantando trabajo. Todo lo que más puedo. No falta mucho para que mi hijo nazca y no quiero dejar pendientes. A consejo de Carlos contrate un asociado que seguirá con mis casos, pero quiero dejar todo lo mejor encaminado.

Mi barriga de ocho meses casi no me deja hacer nada. Extraño ver mis pies. Estoy tan redonda que parezco una vaca lechera. Según mi esposo estoy preciosa y sé que lo dice para que no me sienta mal, pero la verdad que parezco una mesa ratonera. Petiza y cuadrada.

Termino con mi trabajo y miro la hora en mi reloj y casi salto. Son las ocho de la noche, mi esposo querrá matarme por exigirme tanto. Enseguida guardo todo y apago la computadora, pero cuando estoy por tomar mi saco y mi bolso escucho la voz de mi esposo.

—¡Zafiro! —carajo está enojado...

—¡Voy! —grito mientras salgo de mi oficina. La recepción esta desolada. Mierda con más razón me regañara.

—Eres la última en salir, ¿Acaso no recuerdas que llevas a mi hijo en tu vientre? —pregunta cuando me acerco a él y beso sus labios.

—Hola amor, lo sé, es tarde, pero...

—Pero nada. Vamos a casa y mañana te tomas el día —concluye autoritario.

—¿Qué? No, tengo montaña de trabajo antes del parto que debo adelantar —protesto mientras el me ayuda a colocarme mi saco, afuera esta frio.

—Para eso contrataste un asociado, deja que haga su trabajo y tu descansa sino de lo contrario me vere obligado a atarte a la cama de casa —mientras dice me coloca los guantes y una bufanda que me envuelve con ella.

—No, no... yo debo hacer... —me coloca el gorro y me calla besando mis labios.

—La única forma de retenerte en casa es que estés gimiendo, por lo tanto, no solo te quedaras en la cama descansando, sino que me apoderare de tu cuerpo fértil y llenare de besos, lamidas y muchas cosas que no te permitirán querer salir de ahí —una sonrisa se planta en mi cara. Mi embarazo me la paso la mayor parte del tiempo con una calentura que ni yo le encuentro explicación. Parezco ninfómana. Claro que él no se queja y más bien lo disfruta.

—¿Con helado y crema batida? —pregunto mientras recuerdo cómo me untaba con helado y lo comía de mi...

—Amor, hace frio...

—A, pero yo muero de calor —digo coqueta y meciéndome como niña, o piñata ya no se. Parezco un muñeco de nieve con esta ropa.

—Eres adorable, querida mía —concluye tomando mi enguantada mano y guiándome hacia el ascensor.

En el camino a la casa pasamos por el mercado y compra los ingredientes que necesita para la cena. El día de hoy el restorán permanece cerrado, eso paso a ser así hace un tiempo y todo gracias a mi bebe que crece cómodamente en mi vientre.

Mientras espero a que vuelva comienzo a buscar en la lista de reproducción un tema para escuchar, últimamente se me antoja mucho Ed. Sheeran. Pero me detengo en el tema de LP Shaken y cuando veo la silueta de mi querido esposo acercarse con las compras le doy pley para que escuche la melodía.

—Mira conseguí fresas y …. mmm ¿será una indirecta ese tema? —pregunta una vez que se acomoda a mi lado para conducir.

—Nooo.... como crees algo así de mi —ríe y besa mi mejilla.

—¿Comenzamos con el postre y luego cenamos? —pregunta mientras pone en marcha el coche y yo me remuevo en mi lugar ya con una leve idea del tipo de postre.

—Así que me decías ¿Fresas? —pregunto enredando un mechón de mi cabello, tratando de ser sexi en mi estado de redondez.

—Si, fresas... —toma mi mano y la coloca en su entrepierna, Dios que se apure o juro que no me importara mi barriga y hacer un espectáculo en medio del tráfico.

—Amor... —mi voz suena oscura y mi mano se ajusta en sus prendas.

—Si, lo sé ya llegamos.

—¡Apúrate!

Llegamos al departamento y bueno en la sala se armó una ensalada de fruta que ni te cuento.

Unas horas más tarde mientras mi esposo preparaba la cena, yo elegía que mirar para acompañar la cena.

—Amor que te parece si vemos la nueva de 365 —pegunto alzando la voz.

—Amos, sabes que si vemos eso no la terminaremos porque tu querrás enseguida reproducir esas escenas cochinas... —escucho que dice mientras se acerca a mí.

—No creo que te cueste nada hacer algo así, la última vez no te opusiste para nada...

—Pobre de mi hijo, creo que nacerá con un chichón en su cabeza —dice dejando una humeante y fragante fuente de comida en frente mío que hace relamer mis labios. Por un minuto olvido de lo que hablábamos para servir semejante manjar y de paso ir probando esta delicia culinaria que no solo me abre el apetito.

—No sé qué te quejas si con tu cena baja bragas ya casi lo tienes todo listo —comento chupándome mis dedos.

—Contigo cualquier cosa es baja bragas —se justifica.

—Espero que mis futuros embarazos me toquen fríos como tempano así te arrepientes de no satisfacer a tu mujer bajando sus bragas —me mira con la boca abierta.

—No hace una hora que si mal no recuerdo eso que llevas puesto ahora estaba en tu armario —dice ofendido y me rio.

—Si, como sea. Cenemos no valla a ser que se enfrié —sin demora llevo un bocado a mi boca sin apartar la mirada de él, me rulamos los labios serrando los ojos para soltar un suspiro de placer y cuando vuelvo abrir los ojos me encuentro con su mirada cargada de deseo.

—Juro, que vas a matarme uno de estos días —suelta al levantarse de su lugar, llega en frente mío y toma mi cara para devorar mis labios con fruición. Sonrío satisfecha de lograr mi cometido.

Como anteriormente dije, estoy hecha una completa ninfómana.

Por la madrugada me despierta un fuerte dolor lumbar. Me incorporo en la cama luego de correr las manos que rodean mi cuerpo posesivamente. Me levanto y me dirijo al baño. Hago mis necesidades y siento como unas ganas tremendas de ir de cuerpo, pero no. Es raro la sensación.

Vuelvo a la habitación me recuesto, pero el malestar persiste y no me siento cómoda en ninguna posición.

—¿Qué pasa amor? —pregunta la voz adormilada de Shiloah.

—Nada, solo que estoy incomoda y no encuentro posición cómoda —digo y trato de tranquilizarlo ya que se cómo se puede poner si sabe que algo no anda bien, pero no lo logro.

—¿Te duele algo? —pregunta sentándose de golpe en la cama y recorriendo mi cuerpo buscando algún indicio de algo que no se vea bien.

—Sola la espalda baja, pero.... —no termino la frase, un dolor infernal se instala en mi vientre que hace que me retuerza y grite—. Haaaa

—¿Qué tienes? —se levante y comienza a pasear por la habitación mientras murmura no sé qué mierda ya que estoy aturdida por los dolores.

—Creo que es él bebe —digo cuando puedo hablar luego de un respiro, pero enseguida vuelve el dolor y me percato que son las dichosas contracciones— Mierda... creo... que... esta por... nacerrrr —digo entrecortada, sudando y agitada.

Enseguida todo se vuelve un caos, lo veo tomando ropa y vistiéndose de manera apresurada mientras hace lo mismo conmigo. Llama no sé qué cosa y busca los bolsos que están preparados con la ropa de nuestro hijo y otro con la mía. Lo veo desaparecer y luego escucho murmullos. Supongo que se trata del portero del edificio que ayuda a llevar las cosas al coche.

Como puedo llego a la sala y el al verme corre y me toma en brazos como si no pesara nada mientras yo no hago más que retorcerme y gritar como desquiciada por el dolor producido por las constantes contracciones.

Bajamos y me coloca en el asiento trasero del coche, me recuesto porque creo que es mejor. Veo como el portero acomoda los bolsos en el asiento del copiloto del coche y como entre gritos mi marido se sube al coche y lo pone en marcha.

En menos de lo que canta un gallo, entre puteadas y bocinazos llegamos a la clínica que me recibe un escudaron de gente para subirme a una silla de ruedas y llevarme apresuradamente a la sala de parto. Las contracciones no cesan y solo trato de respirar como me habían dicho, aunque no puedo evitar chillar como enferma.

Escucho los pasos apresurados de los que están a mi alrededor a la vez que la voz algo asustada y excitada de mi esposo al llamar a sus padres para ponerlos de sobre aviso que su nieto ya está en camino.

Luego cuando me ingresan a la sala para prepararme a él lo retiene para que haga todo el papeleo mientras despotrica barbaridades alegando que toda esa “Mierda” puede esperar. No puedo evitar sonreír y chillar a la vez.

Cuando la obstetra entra a la sala y mira mi centro que solo está cubierto por unas sabanas, Dios suerte que mi esposo me depilo hace unos días, sino esto sería vergonzoso.

La medica enseguida entra en acción al decir que mi dilatación es la indicada y que deberá romper la bolsa ya que tengo bolsa plana y como no entiendo un carajo de lo que dice yo solo asiento mientras mi mirada se alterna entre ella y la puerta. Quiero a mi esposo a mi lado.

—Mi... Esposo... —logró decir y ella solo mira a una de las enfermeras que la veo salir por la puerta de la sala de partos y luego de un momento que me pareció eterno lo veo ingresar cubierto con una bata, barbijo y un gorro. Así y todo, se lo ve tan irresistible y lo sé porque tanto la enfermera como la médica lo miran embelesadas, pero el solo tiene ojos para mí.

La medica procede a romper la bolsa con un bisturí y es creer o reventar, pero vasto solo eso y que pujara una vez para escuchar el llanto de mi bebe.

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Comments

Milagros Rodriguez

Milagros Rodriguez

las fallas ortográficas no le quitan lo emocionante a esta traviesa trama. toda una odisea para que se acoplaran, otra para que se acepten y expresen lo que sienten. ella había quedado flechada, apenas lo vió al momento de firmar su acta de matrimonio y el, sólo después que descubrió el mujerón después de todo ese tiempo

2024-12-30

2

Rayza Rojas

Rayza Rojas

relamo los labios, cerrando

2024-11-06

0

Cinzia Cantú

Cinzia Cantú

Menos mal que llegó a la clínica !! 😄😄😄😄😄

2024-11-04

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