mi esposa

Si, lo se soy un idiota recibido con honores. Acá estoy frente a la puerta de mi habitación usurpada rogando a mi mujer que me deje entrar.

—Vamos, zafiro, déjame entrar —ruego por decima vez.

—Vete al carajo —me vuelve a gritar por milésima vez, enfadada.

—Ya te dije que me disculpes, no fue mi intención insultarte —digo deslizándome hacia el piso, al sentarme apoyado en la puerta de la habitación.

La puerta se abre y caigo de espalda al piso teniendo una vista bastante encantadora de la entrepierna de mi mujer, sonrío.

—Pervertido —espeta alejándose en un movimiento rápido.

—No es mi culpa caer y que tú me recibas así —esta con un bata, al parecer salió del baño.

—Como sea, enserio déjame en paz —dice dirigiéndose al vestidor.

Me levanto del piso y la sigo me apoyo en el marco de la puerta y la observo cruzado de brazos.

—¿Por qué tardaste tanto en venir? —pregunto nuevamente— no fuiste capaz de escribirme.

—La cosa se complicó y te recuerdo que tú tampoco me escribiste ninguna línea, no seas artante —dice mirándome, saca un conjunto de ropa interior de una de las gavetas y como si yo no estuviera ahí se saca la bata, dándome la espalda, y procede a colocarse la tanga.

Mierda, trago. Me remuevo en mi lugar sin dejar de mirar como ahora se coloca el sostén. Debería ser yo el que haga eso para después sacárselo, claro. Termina la tarea y luego agarra un pomo de crema y se pone en la mano y se la lleva a las piernas. Dios si esto no es erótico no sé qué lo sea.

Se que algo me está diciendo, pero yo estoy ciego mirando, siguiendo su mano mientras unta la crema en sus piernas. Dios estoy por estallar de solo ver algo tan banal como colocarse crema.

—Shiloah —ahora me mira y paso mi mirada de sus piernas a sus ojos.

—Mmm... —estoy sin palabras y al parecer sin neuronas.

—¡Ves! —grita exasperada y gesticulando con sus manos—. Eres un idiota.

—Si, lo soy. No me puedes culpar por perderme en tus piernas, tus manos, tu cuerpo —digo acercándome a ella—. Si, no tengo idea de lo que has dicho, pero verte haciendo eso me dejo fuera de nivel.

No espero respuesta y tomo su cara para besarla. Su boca sabe a menta fresca. Se que la mía tiene un deje a wiski y junto con su sabor es algo extravagante y sexy. Desesperado por volver a sentir lo que sentí hace una semana, mientras la beso voy sacándome la ropa, aunque solo es mi pantalón con el bóxer lo que cae, la volteo y con manos torpes me deshago de su tanga.

Ella ladea su cabeza y yo junto mis labios nuevamente con los de ella, sin dejar de tocar ese cuerpo que me enloquece. Apoyada en las gavetas y de espalda a mí, separa un poco las piernas para darme un mejor acceso a su cuerpo, cosa que no desaprovecho y entro en ella con la necesidad urgente que siento de hundirme en su ser.

Un gemido agudo sale de nuestras bocas al estar nuevamente unidos, luego de una larga semana.

—En esto pensé, toda esta semana —murmuro en su oído mientras me arrastro por su canal.

—Shiloah...

—¿Sí? —pregunto con un gruñido ronco.

—Yo también.... haa —dice y siento como su cuerpo vibra junto con el mío.

Sin salir de su interior, termino de sacarme la ropa que me pesa en el cuerpo. Ella esta agitada con su pecho pegado a la ropa de los estantes. Salgo de su interior lentamente y la veo sacudirse por un estremecimiento que recorre su bello cuerpo.

La tomo en brazos y la llevo a la cama, ella se toma de mi cuello como si su vida dependiera de ello. La deposito en la cama y me arrastro sobre ella, sin apartar la mirada de su rostro en ningún momento, la vuelvo a poseer. No dejo de mirarla en todo el acto, no quiero perderme ningún gesto de su cara, sus gemidos, sus ojos que me miran con deseo, sus manos que me acarician y se posan en mi trasero mientras sus piernas se abren más para poder acceder mejor.

¿Qué me has hecho? ¿Qué hechizo has utilizado para tenerme así atado a ti? ¿Desde cuando deje de ser el cazador para convertirme en la pesa?

Sin respuestas a todas mis preguntas sin formular, pasamos la noche en esa cama donde las palabras sobran y el deseo toma su lugar.

A la mañana siguiente me despierto solo en la cama, pero al escuchar el agua correr en el baño me levantó y dirijo mis pasos hacia el sonido. La veo acomodando su cabello en una coleta alta para que no se moje. Me adentro y beso su hombro mientras estiro mi mano para comprobar que el agua sale tibia.

—Buen día —digo junto a ella entramos bajo el calor del agua de la ducha que mientras cae sobre nuestra piel sensible, no dejamos de hacer lo que nuestros cuerpos no piden.

Luego de una ducha compartida bastante interesante y exploraría, dirijo mi cuerpo a la cocina, tengo un hambre atroz. Preparo un desayuno digno de lo que soy y mientras termino de servir la mesa se acerca Zafiro hablando por teléfono.

Esta descalza, lleva una solera con flores, suelta al cuerpo. Su cabello rebelde suelto. Me quedo fascinado mirándola gesticular con las manos al aire mientras habla con no se quien por teléfono.

—Si, Aina, ya te dije que quedo todo arreglado —la escucho decir mientras se acomoda en uno de los taburetes en frente de la isla de la cocina.

—¿Café? —pregunto en un susurro a lo que ella asiente.

—Si, bueno mañana paso por el hogar y hablamos mejor ese tema ¿Sí? —la veo gesticular con la cara mientras le coloca dos sobres de sacarina a su café— Ok mañana paso por tu apartamento y juntas vamos y de paso desayunamos juntas. Adiós.

Cuelga la llamada y se queda mirando todo lo que prepare, me mira y sonríe.

—Un desayuno digno de un rey —dice con burla.

—De un Rey para su Reyna —digo y beso su mejilla. Mierda que cursi sonó eso.

—Guau, nos levantamos hecho un romántico al parecer —dice tomando una tostada y untándola con queso crema.

—Me parece que es más una disculpa por lo idiota que fui anoche —reconozco.

—Mejor ni me lo recuerdes... ¿Tienes planes para hoy? —pregunta dándole una mordida a su tostada. Creo que todo lo que hace por mínimo que sea me parece que lo hace tan sensual que me quita el razonamiento. Hilvano lo que acaba de preguntar y listo para responder ella me adelanta—. Estas distraído hoy.

—Si, algo —admito mordiéndome mi labio inferior y recorriendo su cuerpo con una mirada lujuriosa, ella ríe—. Tengo una cocina que dirigir, pero me gustaría que estés conmigo ¿Puede ser?

—Mmm... la verdad nunca vi una cocina en plena acción y me da algo de intriga.

—Bien entonces me acompañaras y si quieres hasta puedes colaborar.

—Mas que para lavar platos para otra cosa no sirvo, amor —dice de forma distraída llevándose algo de fruta a su boca. Yo me quedo mirándola, el hecho de que me llame amor de la forma que lo hizo crea en mi interior una revolución que no sé cómo identificarla, pero se siente caliente, placentera y agradable. Inconscientemente sonrió.

—Sera todo un acontecimiento ver a la mujer del chef lavar platos —digo ya imaginándomela con las manos llenas de espumas, su pecho húmedo, mis manos recorriendo su cintura y haciéndola estremecer. Mierda que imaginación la mía, sudo acalorado.

—Por tu cara ya me imagino que tus ideas pervertidas están dando mucha vuelta en tu mente —no respondo con palabras, pero asiento y ella ríe.

Por la tarde ella me acompaño a la cocina, le mostré todo el lugar y podría decirse que le di un pequeño recorrido por las instalaciones de la cocina, almacén, cámara de frio y la cava de los vinos donde además de probar algunos vinos añejos, bebí de su cuerpo algunos otros.

Volvimos a la cocina algo achispados, pero como el personal empezó a llegar ella se acomodó en una de las butacas que hay y mientras respondía correo y hacia llamadas observaba todo. Yo daba órdenes a todo pulmón y de vez en cuando le llevaba un aperitivo para que pruebe, algunos canapés y también muestras de postres que todavía no tenía incluido en el menú.

—Me voy a poner redonda si sigues trayendo más comida —se queja cuando le traigo uno de los dichosos postres.

—Tu prueba y yo luego me encargo de que quemes esas calorías —le digo casi sobre sus labios para luego besarla rápido. Al voltear todos mis ayudantes me están mirando como si me hubiera salido un tercer ojo, pongo mi mejor cara y enseguida apartan la mirada.

Miro nuevamente a mi mujer y tiene los ojos cerrados y una expresión de éxtasis como cuando llega a la sima.

—Esto es... delicioso —dice abriendo sus ojos y mirándome nuevamente.

—Éxtasis, así lo llamare —pronuncio pasando mi dedo pulgar por la comisura de sus labios carnosos—. Verte disfrutar del postre me está poniendo algo celoso.

—Éxtasis, va bien con su sabor —dice y carga su cuchara para convidarme con el postre y mientras lo saboreo ella me besa para mesclar el sabor del postre con nuestras lenguas—. Haces bien en estar celoso del postre, me ha dejado muy excitada —murmura en mi oído, una oleada de electricidad recorre mi cuerpo al sentir esas palabras tan cargadas de deseo.

—Creo que tendré que hacerme cargo de ese problemita —digo tomando su mano y tirando de ella, nos metemos dentro de la cámara frigorífica.

No le hago esperar mucho el acomodo sobre unos cajones, el frio del lugar la hace tiritar por un momento, pero cuando me pierdo entre sus muslos sé que el calor volvió a ocupar su lugar.

Devoró su centro hasta que la siento derretirse, sus manos en mi cabello se aferran al igual que sus piernas. La miro en plena explosión, es como ver una Diosa perdida en los placeres del cuerpo. Una última lamida y me levanto para besar su boca, ella se saborea en mí y gime.

—Eres tan dulce como ese postre —digo y la ayudo a incorporarse.

—Con que cara volveré a esa cocina —dice acomodando su vestido.

—Con la mejor cara que puede llegar a tener alguien —respondo tratando de acomodar mi bulto.

—¿Y qué cara es esa? —pregunta tan inocente que casi me hace reír.

—La de recién cogida —digo y esquivo un manotazo, la envuelvo en mis brazos la beso sus mejillas mientras salimos de nuestro encierro.

Por suerte nadie nos ve, pero apuesto que saben lo que estuvimos haciendo. Tienen la cara con sonrisas dibujadas y cada tanto se miran entre ellos. Debería de prohibir que tengan algún tipo de pensamiento con respecto a mi mujer y a mí.

La noche se larga en el restaurante y los pedidos comienzan a correr. Me muevo cada rato por toda la cocina impartiendo órdenes y preparando platillos que solo yo sé cómo se hacen. Cada tanto mi mirada se cruza con la de mi mujer y luego de un tiempo la veo que está fregando. Casi le hago saber que no es necesario que haga eso, pero ella me tranquiliza con una sonrisa de oreja a oreja.

Al finalizar la noche, que por cierto fue un éxito total. Todos fuimos a la terraza para compartir una copa y de paso debatir sobre los platos que se presentaron hoy.

—Creo que el aderezo para el platillo de lubina debería estar sobre el pescado y no a un costado —dice Camila, una de las cocineras y anoto en mi libreta para tenerlo en cuenta.

—¿Por qué lo siguieres? —pregunta que siempre hago.

—Porque es delicioso —respondo simplemente y asiento con una sonrisa.

Seguimos así mientras el vino pasa de mano en mano, también opinan con que plato servir los distintos vinos que se adquirieron esta semana. Zafiro esta distendida en una de las camas paraguayas que hay en la azotea. Me acerco a ella con una copa de vino para que saboree.

—Cariñito, toma, prueba este vino —le tiendo la copa que recibe desde la misma posición que esta.

—Creo que necesitare un sorbete —dice—. Si lo tomo así es muy probable que termine sobre mi pecho —aclara tratando de erguirse para poder tomar de su copa y yo solo me quedo imaginando su pecho mojado con el vino y mi lengua recorriéndolo para sacar todo resto que manche su piel—. Ahí está esa mirada pervertida de nuevo.

—Creo que mi mente vuela alto cada vez que dices algo sugerente —admito sin pena y ella ríe por lo bajo y me tiende su mano para ayudarla a salir de la hamaca.

Tiro de ella y se para sobre sus pies medio tambaleando, la tomo por la cintura para que no caiga y al tenerla tan cerca aprovecho para besarla. Ella me rodea el cuello con la mano libre para profundizar el beso. El resto del personal de cocina carraspea y silva. Me separo con desgana de su cuerpo y me acerco al grupo.

—Disculpen que no los haya presentado antes, ella es Zafiro, mi esposa —digo para que todos se quedan mirándonos con sorpresa.

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Comments

Cinzia Cantú

Cinzia Cantú

Por suerte se dio cuenta que faltaba la. presentación !! 😂😂😂😂😂

2024-11-04

3

Yazmin Gómez

Yazmin Gómez

el Cheff de tanto hacer la tarea, le va a dejar gemelos a zafiro

2024-10-23

1

Marlet Ramirez💕

Marlet Ramirez💕

5 años después se acordó que tenía esposa pequeño detalle cabron.

2024-09-24

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