ZAFIRO:
Hace una semana que estoy viviente con el personaje más egocéntrico que puede existir. Me regocijo sabiendo que todas las cosas que puse aquí y allá le molestan, me parto de la risa internamente sabiendo que sufre viendo todo ROSA.
No es un color que ame, pero saber que le molesta me gusta. Hoy tuve un día bastante acalorado en la oficina y luego de que llego al piso y quiero darme un baño me encuentro con semejante Dios griego, “desnudo”, en la bañera. Ni en mis más acabados sueños húmedos me hubiera imaginado algo así, parece tallado en el olimpo.
Luego de ver esa escena que me dejo tiritando de pies a cabeza corrí, literal, a mi apartamento. Me duche y bueno, debo admitir que tuve que recurrir a mi juguetito para bajar los calores no menopaúsicos que me atacaron de pronto.
Al volver al pent-house me sorprende encontrar la variedad de comida que preparo. Saber que el príncipe es chef me sorprende y más lo seguro de sí que es.
No tener vergüenza de ningún tipo me recuerda que se cree un ser todo poderoso. Yo me encargare de demostrarle que por más principito que sea, es una persona como cualquiera y no puede venir a querer manejar mi vida a su antojo.
Eso pienso hasta que leo el dichoso documento que tengo en mis manos. Estoy en la habitación que me asigno leyendo el documento y quiero romper todo. Como fui tan estúpida de no percatarme de ese detalle.
Salgo de mi habitación y me dirijo a la suya, la puerta esta arrimada miro al interior y me percato que no se encuentra en ella, llego a la sala y me lo encuentro sentado mirando una película. Muy tranquilo y yo con ganas de matarlo.
—¡Shiloah, me puedes explicar que significa esta mierda que dice acá! —grito haciendo que brinque sobre el sofá y un pote con palomitas riegue su contenido por el piso.
—¡Mierda! Mujer puedes ser un poco más ruidosa —dice levantándose para hacerme perder lo que quería decir.
Esta sin camisa y su tallado torso me hacen delirar. Dios ¿Por qué me pones en esta situación? Me mira y lo veo recorrerme con la mirada.
—¿No tienes nada menos revelador para ponerte? —dice, haciendo que me mire y ver que tengo mi conjunto de dos piezas para dormir. No entiendo a qué se refiere si me cubre bastante, más que los otros que tengo.
Levanto mi mirada para mirarlo como diciendo “me viste sin nada de ropa idiota”. Me acerco a donde esta con los papeles en mano batiéndolos en frente suyo para que concentre su materia gris en ellos y no en mi ropa.
—No me cambies de tema, responde —le digo casi tirándole los papeles en la cara—. ¿Por qué nadie me dijo de este detalle?
—Creo que sabes mejor que nadie la repuesta, “Queridita” —responde muy tranquilo.
—¡Queridita tu abuela! —grite exasperada— Mañana hablare con Carlos, me siento traicionada.
Rendida caigo en uno de los sillones y dejo los papeles sobre la pequeña mesa. Miro el piso lleno de palomitas y una botella de wiski al lado del sofá donde se encuentra el principito. Estiro mi mano para que me pase la botella, en este momento necesito ahogar mis pensamientos.
—Pásame la botella —le pido, sin decir nada me sirve un vaso y me lo pasa, lo tomo de un solo trago y mi cara se contrae con el sabor amargo del líquido color ámbar que baja por mi garganta quemando todo a su paso, lástima que con ello no se lleva mis problemas.
—Terminaras ebria si tomas así.
—¿Qué más da? Sírveme otra, necesito nublar mi mente —toma el vaso que le tiendo y me lo devuelve lleno, será que no quiere servirme a cada rato que me lo pasa lleno.
Tomo un sorbo y esta vez mi garganta lo soporta. Como puede ser que YO siendo tan precavida y meticulosa con todo haya caído en tan bajo. Sigo tomando mientras mis pensamientos siguen su camino llevándome a una pequeña depresión.
Shiloah a mi lado solo se encarga de llenarme el vaso cada vez que se lo tiendo vacío. Quisiera decirle unas cuantas cosas, pero mi lengua está bloqueada y no sale nada. Maldito como fue capaz de enredarme en sus problemas.
—¿Por... que...? No lo... ent.. Entiendo —digo mirándolo y señalándolo con el vaso. El líquido remolinea en el interior a medida que muevo mi mano acusándolo de mi desgracia, amenazando con caer sobre la alfombra.
—Creo que ya fue suficiente —dice él y me saca el vaso de las manos y lo deja sobre la mesilla—. Has tomado demasiado, tienes que ir a tu habitación y descansar, mañana hablaremos.
—No quiero —digo como niña caprichosa. Estaré medio peda, pero, creo que, mis neuronas todavía hacen su trabajo—. ¿Como es que termine enredada en medio de todo esto? Yo solo quería terminar mi carrera y no terminar en la calle por ser una pobre diabla sin un peso.
—Como sea lo hecho, hecho esta.
—Si, claro. El perjudicado no eres tú, yo salgo perdiendo —digo al borde de las lágrimas.
—Mira, como lo veo yo tus sales ganando.
—¿Crees que sería capaz de hacer lo mismo que me hicieron a mí? —pregunto perpleja. El me mira sin comprender.
Como lo haría si se crio en un palacio rodeado de lujo sin tener que pelear con los más grandes para que no te roben la comida, dormir con frio en invierno y llorar en las navidades o cumpleaños al recordad que tus propios padres no te quisieron. No, él se crio rodeado de lujos, con una familia que se preocupó por él, de cierta forma. El nunca entendería mi pesar.
Tambaleante me levanto y me dirijo a mi habitación, mañana será otro día y espero que con él llegue algún tipo de luz que me ilumine que no todo está perdido, que no todo es malo y sobre todo que ese pequeño detalle sea un sueño de mal gusto. Jamás de los jamases seria capas de entregar un hijo como si se tratara de moneda de cambio.
SHILOAH:
Luego de que mi querida esposa dirijo sus pies a su cuarto yo le seguí y me metí a mi habitación para descansar un rato. o eso creía. Estaba en eso cuando la puerta de mi cuarto se abre y siento los pasos y los murmullos de una persona. Me incorporo y prendo la luz de mi mesa de noche.
Frente a mi esta mi querida esposa peleándose con su diminuto pijama tratando de quitárselo.
—¿Qué haces? —pregunto tratando de frotar mis ojos o más bien cubrirlos, esa mujer planea matarme a pajas.
—Tú que cree... durmiendo separados nunca me quedare embarazada —dice y por un momento le echó la culpa al alcohol, pero habla tan claro que no sé qué pensar.
—Creo que así no se hacen las cosas —no sé cómo logra zafarse de la remera y su abundante cabello cubre sus pechos mientras gatea por mi cama, Dios enserio.
—Hagámoslo ahora antes que me arrepienta luego veremos como hago para que no me saques a mi hijo —llega hasta mí y yo me cruzo de brazos, jamás en mi vida tuve que poner resistencia frente a una mujer, pero la cosa aquí es diferente.
—No pienso tocarte un pelo —digo inseguro.
—No lo hagas, solo necesito tu pene en mi vagina —dice y se coloca a horcajadas sobre mí. Esta loca, si definitivamente. Deberé de borrar todo rastro de alguna bebida blanca del apartamento si deseo no ser atacado de esta forma.
¡Que humillación, por Dios! Yo teniendo que resistir a las insinuaciones de una mujer que encima está como quiere.
—Mira, lo dejemos para mañana. Cuando la razón vuelva tu sistema lo hablamos —tampoco me voy a arriesgar a tener que renegar yo solo con un mocoso.
Primero hay que ver como arreglar ese punto en específico y luego seguimos con los juegos sexuales, aunque la práctica no bien mal. La tomo por la cintura para quitármela de encima y la vuelco colocándome encima.
—Si querías llevar las riendas, lo hubieras mencionado —dice algo risueña. Carajo mi amigo también quiere jugar. Presiono mi amigo en su centro y logro que se calle.
—Mira preciosa, si quieres que cojamos, lo haremos, pero cuando estés en tus sentidos no así —digo y la suelto, me levanto de la cama y voy al baño, esto no se baja solo.
Al cabo de diez minutos salgo y me encuentro con que Zafiro esta recostada como la deje, profundamente dormida. Sus cabellos cubren sus pechos, pero su piel blanca y cubierta de pecas hace qué se me llene de agua la boca.
No voy a mentir por un momento las ganas me siegan, pero este platillo es para comerlo lento y disfrutarlo. Vuelvo a mi cama, porque no pienso dormir en otro lado que no sea Mi cama, luego de recuperarla. Me tumbo y me cubro con la sabana, ella suspira entre sueños y al cabo de un momento su brazo y pierna se enreda con mi cuerpo.
Mierda definitivamente esta será la peor noche de mi vida.
Por la mañana trato de quitarme las garras de mi mujer de encima y al tratar de hacerlo sus pechos quedan al descubierto, carajo. Mis manos se mueven solas y se dirigen a esa aureola rosada y ese botón que piden ser tocados, lamidos, mordisqueados.
Me quedo con la mano suspendida en el aire, la boca llena de saliva y mi entrepierna queriendo hacer cosas indecorosas y placenteras.
No sé qué me posee, pero como suele pasar el cuerpo hace cosas que por más que uno ponga todas sus resistencias este no responde y como si tuviera vida propia hace lo que se le antoja.
Mi mano sigue su curso para rosar ese botón rosado. Miro la cara de Zafiro cuando escucho un jadeo de su boca, sigue dormida.
No me aguanto y quiero probar su calidez, por eso llevo mi boca hasta que mi lengua rosa su piel delicada. Mierda es deliciosa. Necesito más. Chupo y siento sus manos que rodean mi cabeza a la vez que jadea, separo mi boca del contacto de su piel y veo como lentamente sus ojos se abren y cuando los fija en mí, primero sonríe, pero luego me empuja y se incorpora se arrastra por la cama y termina de culo en el suelo cuando se le termina la cama.
—¡Zafiro! —grito y me arrastro para encontrármela en el suelo observándose.
—¡Dime que no paso lo que creo que paso! —grita. Me acomodo y la observó con una sonrisa malévola en la cara.
—¿Qué quieres que te digas? Que anoche viniste te tírate encima de mí y prácticamente me suplicaste para que te coja —digo y veo el horror plasmarse en su rostro—. No pongas esa cara, ni que fuera el fin del mundo. Ya sé que nadie se me resiste y la verdad te estabas resistiendo mucho —le digo muy seguro de que todas quieren conmigo.
—¿Tan desesperado estas para que yo me crea lo que me dices? —me dice tratando de cubrir sus pechos con su cabello.
—No sé, dímelo tu. Tu eres la que vino a mi cuarto y comenzaste a sacarte la ropa —la veo estudiar el entorno y luego sorprendida se levanta casi saltando, haciendo que su cabello casi deje de cubrir sus pechos.
Hielo, urgente.
—Puedes quedarte tranquila, después de todo no me gusta aprovecharme de las mujeres alcoholizadas. Pero te advierto no soy de fierro —digo esto último levantándome para que vea como me pone su arrebato de cachondearía y me dirijo al baño bajo la mirada estupefacta de ella.
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Comments
Cinzia Cantú
Estos dos locos van a terminar juntos y espero que el padre no se meta
2024-11-03
3
Leticia Nilda Gutiérrez de Sarango
gracias escritora me hace reír tu novela. esteste par están locos pero de atar/Sneer//Joyful/
2024-11-02
0
Yazmin Gómez
este par es genial 👌👌👌
2024-10-23
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