Llega el día de la boda y no puedo decir que estoy emocionada, solo lo veo como una transacción monetaria. Lo que, si traté de arreglarme lo más que pude, con tantas modelos desfilando por esa oficina no quiero sentirme cohibida.
ME puse un vestido blanco que encontré en el centro comunitario, parece esos vestiditos que usaba Lady Di. Por lo menos no me veo tan mal a mi parecer. Mi cabello es el único problema, no tengo forma de mantenerlo amarrado, mis rizos piden ser liberados de sus presillas y me cuesta mucho tenerlo amarrado.
Como maquillaje solo coloque un poco de labial y bueno mis infaltables gafas que me hacen ver como una nerd. Todo en mi grita perdedora, pero no me importa. Todo lo hago porque para mí, mi estudio es muy importante. Quiero salir adelante, quiero ser alguien. Mis padres no pudieron darme un futuro, pero me ocupare de dármelo yo misma.
Se que no es la forma, siento que le vendo mi alma al diablo, pero si quiero llegar a ser una gran abogada deberé de aprender a ser así.
Llego al gran edificio donde me espera mi futuro y seguridad económica. Entro y me meto en el ascensor, presione el piso indicado y espero hasta llegar al lugar. Las puertas se abren y los ojos caen sobre mí, me sonrojo inevitablemente y salgo mirando el piso. Llego al mostrador y me anuncio con la chica que está ahí, los murmullos se escuchan y ya saben a qué vengo, pero trago fuerte levanto la barbilla y entro dejando mi alma afuera de esas puertas.
Al ingresar ya están todos y me ubico en una de las sillas que me indican, al cabo d unos segundos entra el chico que había entrado aquella ves y que luego vi coquetear con una de las chicas de la oficina, me inspeccioné y me mira con una expresión de asco en su cara.
Me levanto de mi silla le sonrió y estiro mi mano a la cual mira, pero no acepta.
—Hola me llamo Za... —no logro terminar ya que me corte la palabra.
—Vine para que firmes un papel, no para hacer amistad —dice en modo seco y yo bajo mi mano, estúpido arrogante.
Todo pasa rápido, no volvimos a cruzar palabras. Luego de eso él se retiró y yo me quede conversando con el abogado de él, el hombre me agrada.
—Bueno muchacha, aquí tienes la tarjeta bancaria en esta cuanta podrás encontrar el dinero acordado —asiento tomando la tarjeta entre mis manos.
—Gracias por todo.
—Recuerda que cuando tengas tus pasantías vuelve para hacerlas aquí.
—No creo que sea posible, sabiendo que tiene de cliente a … —como lo llamo ¿Mi esposo?
—Si lo sé, pero puedo encargarme de que no se crucen.
Asentí y salí del lugar, casi corrí por las calles para meter la tarjeta y sacar el dinero para pagar lo que debía de renta y de la universidad.
Ya con el dinero a mi disposición me fui derecho a la universidad, pagué lo adeudado y agradecí la paciencia que me han tenido.
Volví a mi apartamento y le page al casero lo que debía de alquiler más un mes por adelantado, el tipo me miraba extrañado, pero no dijo nada.
Los días pasaban y como ya tenía dinero podía trabajar tranquila y estudiar más aun, mi comida paso a ser más sana de lo que era en su momento y me anote a un gimnasio para poner mi cuerpo en forma.
No es para pensar que lo hago por la mirada de asco que me dirigió, pero bueno si lo admito es por él. Él y su arrogancia. Tarde o temprano hare que se coma sus palabras junto con sus arrogantes miradas de superioridad.
Mi amigo Nicolás me ayudo a invertir parte de mi dinero para con el tiempo obtenga grandes beneficios.
Obvio que invertí una buena cantidad en ropa, pero esto lo hice con mesura ya que me encontraba en régimen y mi cuerpo estaba cambiando. Mi apartamento paso a tener mejores muebles luego de un año de estudios y cuando mi carrera ya cursaba el tercer año comencé mis pasantías en aquella oficina.
El día que me presente en la oficina de Carlos y me volvió a ver, se quedó impresionado por mi cambio. Nadie se acordaba de mí solo él y lo agradecía. Eso me ayudaba a pasar desapercibida.
Inmediatamente comencé a trabajar y haber mis pasantías, prácticamente era la mano derecha de Carlos y cuando Shiloah se presentaba en la oficina yo prácticamente me escondía para que no me viera.
Trabajar en la biblioteca, estudiar y venir hacer mis pasantías me ayudaron a bajar de peso, más todavía, y mirándome en el espejo sonreía mirando mi pequeña cintura. Lo único que mis pechos seguían siendo demasiados grandes y bueno mi trasero no se quedaba atrás, mi cuerpo tenía la forma de reloj de arena. Los hombres comenzaron a fastidiarme, cosa que me molestaba.
Puedo decir que mis días se convirtieron en carreras, correr para llegar a la universidad a tiempo, correr para llegar a la biblioteca y que decir para llegar a la oficina. Hasta que en la oficina comenzaron a pagarme deje de lado mi trabajo como bibliotecaria.
Pero eso no bato para que mis horas en la oficina aumentaran, así que, en resumen, corría y correr con tacones es todo un mérito.
Mis notas en la universidad eran de las mejores y hacer mi pasantía junto a Carlos me ayudo a aprender muchísimo, no sé cómo haría para pagar todo lo que hace por mí.
El día de mi graduación el me acompaño como si fuera mi padre, él concia bien mi historia, sabía que era huérfana y que mi familia, como mis abuelos y tíos, no se quisieron hacer cargo de mí. Por eso le quería mucho.
—¡Felicitaciones pequeña! —me dijo ni bien volví junto a él con mi diploma en mano.
—Gracias, no sé qué hubiera sido de mi sin tu apoyo —le dije abrazándolo y dejando caer algunas lágrimas de mis ojos.
—Vamos hoy te invito a cenar para celebrar tu graduación.
Salimos del campus y fuimos a cenar a unos de los restoranes que hemos asistidos a lo largo de mi carrera. Muchas de las veces que vinimos aquí fue para cenas con clientes y cosas así, pero era un lugar acogedor y se había vuelto especial con el correr de los años.
En medio de la cena lo veo dirigir su mirada hacia la entrada y su cara cambia inmediatamente, volteo y lo veo. Cada vez que lo veo me roba el aliento, es un hombre enigmático y tengo que admitir que muy sexy. Miro de nuevo a Carlos sonrió y me levanto para esconderme y no me vea.
Salgo dispara al baño, me quedo ahí lo que parece ser una eternidad, ya cansada decido volver a ver si ya desapareció. Me acerco a la mesa que compartía con Carlos y lo veo sentado junto a él y a una mujer que se le cuelga prácticamente de las piernas rozándolo con descaro.
No voy a negar que me enferma ver eso, carajo es mi esposo y él ni siquiera se ha digna a saber de mi en todo este tiempo.
Le miro y aprieto la mandíbula y mandándole un mensaje a Carlos decido salir del lugar. Salgo afuera y recuerdo que me deje mi abrigo en recepción, vuelvo a entrar al restorán y lo pido. Mientras espero mi mirada no deja de ir hacia donde se encuentra mi querido esposito manoseando a la zorra que se le restriega y Carlos los mira avergonzado.
En ese momento en que mi cara de vergüenza ajena se hace presente, el decide mirar para donde estoy no aparto la mirada, sé que no me reconoce. La chica trae mi abrigo y dándole una última mirada, cosa que no lo veo más en su lugar, salgo disparada al frio de la noche. Subo al primer taxi que para y me monto en el cuándo termino de acomodarme lo veo salir afuera y mirar hacia los costados. ¿Será que me ha reconocido? No, ni en mil años lo hará.
Él es un tipo que solo tiene ojos para cuerpos esculturales y eso me he dado cuenta con el paso del tiempo al trabajar junto a Carlos.
Mientras tanto en el restorán...
—¿Carlos viste a esa mujer? —Pregunto dudando, ¿Sera la muchacha esa que ni su nombre recuerdo?
—¿Qué mujer, muchacho? —me contesta con otra pregunta.
Me levanto de mi lugar ya que creo que saldrá del restorán, pero cuando llego hacia la zona de recepción veo que no está. Salgó afuera y miro hacia los lados. Me quedo parado ahí, haciendo el ridículo. Lo único que recuerdo de esa mujer es que era gorda, y eso me llevo a pensar que se casó solo por el hecho de que sería la única forma de conseguir un matrimonio, aunque no existiera.
Las mujeres son así, quieren vivir en un mundo de fantasía. Donde las rodeen de lujos y bienestar. Sino basta mirar a la chica que me acompaña, la cual ya olvidé su nombre, para saber que lo único que quiere es que las mantengan.
No soy estúpido obtengo lo que quiero y cuando ya no las necesito las desechó por la siguiente. Mi lista es larga, todas quieren pasar por mi cama y a mí eso no me molesta siempre y cuando obtenga lo que quiero.
Meto mis manos en mis bolsillos y vuelvo al calor del restorán, para ser verano está bastante fresca la noche. La mirada penetrante de esa mujer se posa en mi mente y estoy seguro que no tiene nada que ver con aquella loca que acepto casarse con un desconocido.
—Shiloah, ¿Dónde andabas, cariño? —pregunta la rubia que me acompaña.
—Creí haber visto a alguien, pero solo me confundí.
Me ubico a su lado y rápidamente siento las manos inquietas de la rubia sobre mis piernas. Carlos se disculpa y nos deja solos.
—Mañana paso por la oficina.
Le digo antes de que se valla y decido que es el momento de subir a mi habitación. Este restorán es parte del hotel que está casi pegado a él. Por eso vine escapando de mi país, quería mi propio inicio lejos de mi padre que solo quería ponerme una correa y manejarme a su antojo.
Una vez que mi matrimonio con la gordita se hizo realidad, también comencé con mi proyecto. Este es parte de él. Soy chef, amo cocinar y aunque no lo crean este es mi lugar. El hotel le da ese toque de comodidad ya que puedo vivir en él.
Nadie sabe esta faceta de mí, todos creen que soy un empresario hotelero que se lleva a los mejores monumentos a la cama, lo cual es verdad, pero soy un simple chef que trabaja anónimo. Nadie sabe quién es el chef del lugar y a todos los empleados les hago firmar un documento de fidelidad para que no divulguen mi verdadera identidad, sino la demanda que deberán pagar es más grande que lo que ellos ganarían en su vida de trabajo.
A esta altura mi padre debe estar revolcándose por no lograr que vuelva junto a él. Me puso miles de trabas, pero en este país lleno de corruptos me fue muy fácil establecerme, claro los billetes nunca faltan por debajo de la mesa.
Ahora que estoy en mi habitación con la rubia ahogándose con mi entrepierna, no puedo dejar de fantasear con aquella mujer, y me vengo en su boca pensando en ella.
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Updated 23 Episodes
Comments
Sol
como se dio el matrimonio no debería sentir nada más que molestia de ver un tipo arrogante y egocéntrico 🙄🙄🙄
2025-02-23
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Mirla Loyo
guao! es algún príncipe o Jeque?🤗
2024-11-14
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Cinzia Cantú
Qué idiota esa es tu esposa, la que te ayudó cuando lo necesitaste
2024-11-03
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