de mal en peor

Ya paso una semana de esa noche. Esa noche. La noche... la noche que no puedo dejar de repetir en mi mente.

Zafiro al día siguiente tuvo que salir de urgencia al orfanato, lo chistoso fue su mala cara al despertar.

—Si luego de una noche larga llena de...

—No lo digas —me censura y yo sonrió.

—Como sea, deberías estar feliz no con esa cara de haber chupado un limón —le digo haciendo referencia a su cara arrugada.

—Que otra cara quieres que tenga si me duele hasta las pestañas postizas —casi escupo el café al escucharla decir eso—. Como se nota que no era a ti a quien acorralaron contra la pared —bueno debo admitir que fui un poco rudo, pero en el momento no se quejó.

—Creo que tus jadeos eran de placer no de queja, “Queridita” —le digo y esta vez soy capaz de tomar m café sin que salga por mi nariz.

—Si, sí, pero ahora me cuesta caminar —me señala sus tacones—. Soy yo la que tiene que lidiar con estos tacones.

—Pues tomate el día y anda descalza —me mira horrorizada— ¿Qué?

—¿Tú te piensas que me voy a tomar el día para subirte el ego a ti? Estas muy equivocado —dice tomando su bolso.

—Mas bien yo pensaba que dolor con dolor se hace más pasajero —digo y tengo que esquivar un adorno que me lanzo y termino estrellado en la mesada de la cocina—. Eso es violencia familiar —le recrimino.

—Pues yo lo veo más como un “vete a la mierda”

—¿Para qué? me vas a extrañar —le digo y me acerco a ella.

—Todavía me cuesta creer lo creído que eres... no mentira —dice con un ademan de la mano y yo la tomo de la cintura para acercarla a mi—. Suéltame que debo irme al trabajo...

—Cuando me des un besito y admitas que me extrañaras te soltare —digo apretándola más a mi pecho.

—Lo único que puedo extrañar de ti es... —coloca un dedo en su labio inferior y se hace la que piensa, estoy seguro que la sonrisa de mi cara llega a mis orejas—. Tu comida.

—Si, claro —digo y enriendo mi mano en su nuca para atrapar su boca y arrancarle, además de un beso, un gemido.

—Bueno ya que debo irme —dice zafándose de mi agarre, pero mostrando en su fas las mejillas arreboladas, cosa que la hace ver tentadora y muy tierna.

—Esta noche te esperare para cenar en la cocina del restorán, hoy me toca supervisar la cocina.

—Guau te veré haciendo algo más que holgazanear —dice riendo y sale corriendo antes de que le demuestre lo holgazán que puedo llegar a ser.

Pero esa noche no llego, esa noche tuvo que tomar un vuelo a valla saber dónde ya que uno de los internos de la casa hogar, lo tuvieron que intervenir quirúrgicamente de urgencia y ella como voluntaria se hizo cargo completamente del niño en cuestión. Por lo tanto, desde esa noche es que me siento más solo de lo que he llegado a estar en años.

Solo me escribió para decirme del problema que había surgido y luego se borró de la faz de la tierra. Mi orgullo no me deja llamarla para saber cómo esta o si necesita algo.

Quiero borrar esa necesidad que estoy empezando a sentir por ella y por ello ahora me encuentro en un club mirando hermosos traseros menearse en la pista, desde la barra donde tomo una copa de wiski.

—Amigo, tanto tiempo sin ver tu alma por este lugar —me dice mi amigo y dueño del club, Daniel Black.

—Estaba ocupado...

—Si, te he visto con una colorada con unas tetas y un culo que me la pusieron en punta de solo mirarla —Escuchar decir eso de mi mujer me saco de quicio.

—¡Es mía! ¡Ni se te ocurra mirarla más que como a tu hermana! —le grito tomándolo de su camisa y gritándole en su cara sorprendida, alza las manos en señal de rendición.

—Ya comprendo amigo, tranquilo —dice y aflojo el agarre—, pero de ser así ¿Qué te trae por aquí?

—Necesitaba una copa y distraer mi mente.

—¿Y tu cuerpo? —dice mirando hacia la pista mirando lo que yo— Ese cuerpo se ve espectacular digno de un Rey —ese comentario me incomoda, él no sabe quién soy en realidad y escuchar decir eso me pone alerta.

—Pues ve por ella —Lo aliento—. Eres el Ray de este lugar.

—Mejor ve tú, lo necesitas enserio —dice señalando disimuladamente mi pantalón. Si, ya se, tengo una tremenda erección, pero no es por mirar esas bellezas mover su cuerpo, sino porque no puedo sacar de mi mente cierta pelirroja de pelo salvaje que hace una semana que no se nada de ella y me tiene con la sangre hirviendo y más porque quiero evitar pensar en ella y por lo visto no lo logro, maldición —Bueno amigo, creo que ahí entro la belleza que me sacara todo el jugo esta noche —dice y miro hacia donde indica, mi mandíbula se contrae.

—Creo que te dije que era mía —le dije poniendo mi mano en su pecho, me mira arrugando su frente y luego mira hacia dónde está mi mujer y luego me vuelve a ver.

—Mierda, pensé que se trataba de otra mujer, lo siento amigo. Nunca tocaría algo que quieres para ti —Y que ya es mío, pensé.

—Mas te vale —dije apurando el trago que tenía entre manos.

—Se que eres posesivo, pero no savia que tanto.

—Solo con mi mujer —admito marcando mi territorio.

—¿Tu mujer? —dice y se ríe incrédulo— eso sí que es nuevo, ¿Y dónde la tenías escondida?

—La verdad ni yo mismo lo sé —respondo y palmeando su hombro me alejo siguiendo los pasos de mi mujercita.

Camino entre la multitud de mujeres y hombres que están a mi paso y llego a la zona vip, subo las escaleras y recorro el lugar. La veo a lo lejos, me voy acercando y a medida que me acerco la ira crece a cada paso ¿Qué hace con el idiota de su ex?

Llego a su posición y veo como el idiota que la tiene agarrada de su cintura se pone blanco al verme. Ella voltea y me ve. Rueda los ojos y le susurra algo.

—Si no quieres que arme un escándalo, te aconsejo que te alejes de ese —digo lo suficientemente alto como para que me escuche.

—Celoso, AL Shuar —dice divertida. Hay querida no tienes idea, ironizo en mi mente.

—Si —respondo con un monosílabo y ella me mira por un momento y luego rompe a reír como una desquiciada ¿y esta que se fumó?

Tomo uno de sus brazos para alejarla del idiota ese. Mientras la arrastro el susodicho me trata de parar, pero una sola mirada logra hacer que retroceda. Ella protesta, pero no la suelto. Bajamos las escaleras y la meto en un cuarto donde sé que no hay nadie, es un cuarto secreto. Gajes de ser amigo del dueño.

—¿Qué tomaste? ¿Qué hacías con él? ¿Por qué no me escribiste nunca? ¿Cuándo llegaste? ¿Por qué llevas algo tan escotado? ¡Dios, mujer! —sin esperar respuesta la beso, un beso lleno de reclamo y reproche un beso cargado de furia. Ella me empuja.

—¡Dios! ¡Shiloah contrólate! ¿Qué es todo ese desplante? —dice zafándose de mi agarre.

—¿Desplante? Hace una semana que desapareciste y cuando apareces es para correr a los brazos de tu ex —casi grito, paso mis manos por mi cabello para calmar el temblor de mis manos.

—Si mal no recuerdo, tú tampoco me escribiste y otra cosa ¿Qué te importa lo que haga con mi ex? Si estás aquí, no creo que ellas venido a buscarme a mí, caradura —grita al igual que yo, empujándome haciendo que retroceda a medida que va largando sus reclamos, tomo sus manos para que deje de hacer eso y la aprieto a mí.

—¿Celosa, esposa? —pregunto irónico y vuelvo atrapar su boca. Esta vez ella me corresponde.

—Si, muy celosa —dice apartándose un poco de mi—. Al menos yo lo admito —dice cruzando sus brazos.

—Necesitaba un trago. Daniel, el dueño, es mi amigo —me justifico. Vuelvo a tomar sus brazos para acercarla a mi— ¿Por qué no me dijiste que volvías hoy? Me debes una cena —le recuerdo.

—No te debo nada, mejor búscate unas de esas tantas que mirabas —la miro directo a los ojos, está loca si piensa que me voy a conformar con simplezas.

—¿Qué te pasa? —se remueve en mis brazos—. Hace una semana que no se nada de ti, mis padres me enloquecieron preguntando por ti y ahora que te veo me quieres alejar.

—Como si eso te importara —dice— ¿Qué pasa, cambiaste tu política de un polvo pasajero? —aprieto la mandíbula haciendo rechinar mis dientes.

—No —la suelto y volviendo a colocar mi mascara de me importa un carajo todo, salgo del cuarto.

¿En qué momento perdí la esencia? ¿Por ella? De seguro algo muy fuerte y degenerativo debo haber consumido.

—¿Qué te pasa ahora a ti? —la escucho preguntar a mi lado.

—A mí, nada. Solo que viendo las cosas con más claridad —digo mirando selectivamente las mujeres que se contornean cerca—. Después de todo es mi esencia ¿No? —la miro y luego me dirijo hacia una rubia de cuerpo exuberante que baila muy provocativa.

Tomo la mano de la chica y la pego a mí, miro a Zafiro que sigue cada uno de mis movimientos. Sin apartar la mirada de ella recorro el cuerpo de la rubia con mis manos, la chica se refriega en mi como gato en celo.

¿Qué es lo peor de todo? Darío. El coso ese que se acerca a ella, la toma y la pega a su cuerpo y busca sus labios con desesperación. Ella le corresponde de una forma que dan ganas de mirar a otro lado.

¿Cómo respondo yo? Como un toro en plena plaza. Llego a ellos envistiendo a todos a mi alrededor. De un manotazo alejo la cosa de mi mujer y mi puño se estampa en su cara.

—¡Maldito bastardo como te atreves a tocar a mi mujer en frente de mí! —grito desquiciado mientras mis manos siguen cayendo sobre su rostro.

—¡Suéltalo idiota! —me grita Zafiro y trata de alejarme de la escoria que esta debajo de mí.

De pronto soy elevado y alejado de mi objetivo y llevado a un aparte por el personal de seguridad. Me trato de zafar, pero el gorila que me tiene es fuerte.

Me dejan en la oficina de Daniel, que él desde su posición me mira incrédulo.

—¿Qué fue todo eso? —preguntó risueño mientras que lo miro con la furia todavía intacta en mi ser.

—Deciles a tus gorilas que traigan a mi mujer acá, ahora —espeto rugiendo y bufando como animal encerrado.

—Primero explica que fue todo ese espectáculo que armaste —insiste Daniel.

—Es mi esposa.

—Si, claro y yo soy el Rey de Roma —lo miro mal— ¿Enserio amigo? —sigo con mi cara de pocos amigos— No te puedo creer —rompe a reír a carcajadas, me muevo inquieto—. ¿Desde cuándo te atas a una sola mujer?

—No lo entenderías —ya que ni yo lo hago, pienso. Se queda mirándome y cuando sus risas cesan con un movimiento de su mano le indica el tipo que busque a mi mujer.

—Como no lo entiendo, mejor explica —dice—. Aunque con semejante monumento hasta yo me caso —lo miro con furia—. Si, ya se, es tuya. Eso me quedo claro.

La puerta se abre y entra una Zafiro muy enojada protestando, cuando me ve se acerca a mí y me da una cachetada que hace voltear mi cara.

—¿Qué te pasa estúpido? —me grita— Nunca te importe y ahora actúas como si fuera de tu propiedad, decídete ¡que mierda quieres de mí!

—Hablaremos en casa —digo poniéndome de pie y tirando de ella, la risa de mi amigo se escucha en toda la habitación, lo miro mal pero solo logro que se ría más —. Idiota.

—No más que tu —dice y sigue riéndose.

Llegamos al pent-house. Zafiro sale hecha una fiera hacia su habitación. Yo la sigo.

—Enserio, Shiloah no te entiendo, pensé que solo querías un polvo y ahora me reclamas ¿Qué te pasa? —habla de pronto, frenando sus pasos.

—Desapareciste para volver y verte en brazos de.. De.. Ese —digo sin aliento— ¿Qué esperabas que te felicite?

—Te recuerdo que esto que tenemos nunca fue real y que yo esté aquí es porque me necesitas para mantener tu farsa con tus padres, no te debo nada —tiene razón, pero no puedo acceder a siga siendo así.

—Que no me debas nada no quiere decir que te puedas llegar a quedar embarazada de cualquiera solo para librarte de mí, además te recuerdo que de ser así me tendrías que dejar al bastardo a mi —su mano se estampa en mi mejilla y sale echa una fiera rumbo a su habitación ósea la mía. Un portazo me hace sobresaltar. Mierda la he cagado al mil por ciento.

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Comments

Milagros Rodriguez

Milagros Rodriguez

y al menos lo reconoces, que la cagas y de paso la embarrada que dejas tras tuyo es monumental

2024-12-30

1

Alejandra Gigena

Alejandra Gigena

Ayyy la recagaste hasta la luna ida y vuelta!!! que pedazo de idiota!!

2024-12-18

3

Mirla Loyo

Mirla Loyo

ajá! y que carajo hacía ella ahí con otro hombre y encima dejar q la manociara, siendo que el se encontraba sólo?🤦

2024-11-14

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