En su oficina la veo acomodar unos papeles y darle órdenes a su secretaria que nos mira de hito a hito. Luego se sienta en su butaca y se agarra la cabeza, luego me mira, sus azules me perforan. Yo con mis manos en mis bolsillos la miro al igual que ella, está pensando lo mismo que yo. Casi, casi le muevo la estantería en ese baño.
—¿Vamos en tu coche? —me pregunta.
—Si, lo tengo aparcado en la calle, al frente del edifico —respondo.
—Necesito cambiar mi vestimenta, no puedo presentarme ante tus padres en estas fachas —la recorro nuevamente y vuelvo a morder mis labios. Esta mujer no tiene idea de lo que ocasiona en mis pantalones o si ya que su mirada esta ahora ahí.
—¿Quieres que vallamos a una tienda o a un motel? —pregunto esperanzado.
—Si quisiera que me cojas en un motel te hubiera dejado tomarme en ese baño ¿no crees? —dice y me deja un rayo de sol con esas palabras.
—Entonces admites que quieres conmigo.
—El sexo es una necesidad ¿No? —responde y me deja jadeando como un perro en pleno día de verano con cuarenta grados de temperatura bajo el sol, ¡ahuu!
—¿Entonces me dices que me dejaras explorarte? —me acerco a ella.
—Mira tenemos un almuerzo programado, ¿Podemos hablar luego de esto? —murmura levantando su trasero de la silla y tomando su cartera guarda su celular en ella.
—Bien, pero lo podemos discutir mientras me hundo entre tus piernas.
—¿Tan desesperado estas? —pregunta risueña.
—¿Sabes lo que llevo sin sexo? —pregunto—. Como dijiste antes, es una necesidad después de todo y te afirmo que desde que vives conmigo no la he mojado —aclaro—, y eso para mí es como... el fin del mundo.
—Bueno queridito si te comportas, capas que al fin tengas tu noche de bodas, porque la verdad yo ando peor que tú, como sabrás, ya que me espantaste mi sexo seguro —dice moviendo sus manos, yo solo puedo ver como se mueve su cuerpo de acá para allá—. Ahora sí, salgamos así paso por mi atuendo y vamos al encuentro de mi escracho.
—¿Escracho?
—Es lo que hace tu padre ¿No? —dice caminando hacia la salida de su oficina, yo la sigo mirando el contorneo de sus caderas. Muerdo mis labios—. Analía —le habla a su asistente—, te dejo estos archivos para que organices y luego puedes retírate, toma el resto de tu día libre y cancela cualquier tipo de cita que tenga programada para la tarde.
Su asistente asiente feliz al saber que su patrona le da el día libre. Me mira y le sonrió, pero el trasero de Zafiro me tiene cautivado. Dejo de mirarla para concentrarme en ese lugar de su cuarpo que se vuelve a poner en movimiento, como poseído la sigo hasta el ascensor.
—¿Tienes idea de lo que tu trasero me provoca? —pregunto una vez dentro de la caja de zapatos.
—Puedo verlo, eres un adicto al sexo —afirma.
—No lo diría así. Apuesto que cada hombre que pose sus ojos en tu generoso cuerpo hecho para el pecado termina como yo o peor.
—¿Qué podría ser peor? —pregunta divertida siguiéndome el juego.
—Una eyaculación precoz, eso sí es peor —ella solo comienza a reír.
—No creo llegar a causar tanto —dice cuando las puertas del ascensor se abren.
Mientras la sigo puedo darme cuenta que en verdad no tiene idea de lo que su cuerpo ocasiona, más de uno la queda mirando, hasta el chico del correo que por verla se choca con una columna. Ella camina como si nada.
Recuerdo cuando la conocí, usaba esa ropa enorme y vieja que valla a saber de dónde la obtuvo. También recuerdo que parecía más rellena, pero apuesto a que era la ropa que usaba. Ahora si su pelo sigue igual de independiente. Esa cabellera que dan ganas de enroscan en tu mano para tirar levemente de el mientras mis caderas chocan con las de ellas y de su boca sale mi nombre en un jadeo prolongado. Mierda. Creo que el precoz seré yo.
Salimos al exterior bajo las miradas curiosas de todos los que nos rodean y le abro la puerta, tengo que ser un caballero de vez en cuando, ella sube y yo hago lo mismo.
Me indica la dirección de una tienda que frecuenta y al llegar no dudo en acompañarla. Discute conmigo diciendo que no es necesario.
—Solo quiero asegurarme que elijas bien tu atuendo.
—No me veré como una zorra, eso tenlo por seguro —hago un puchero en repuesta, ver su cuerpo envuelto en ropa provocativa me ponen a mil, pero es cierto.
—Muy a mi pesar, tienes razón.
—¿Tanto te gustan las zorras para querer que me vea como ellas? —pregunta entrando al local.
—No, pero me gusta que te veas provocativa —ella ríe negando, si lo se soy un caso perdido.
La chica de la tienda la saluda con familiaridad y me mira interrogante, ella solo se concentra en buscar algo que pueda remplazar su vestido y muy a mi pesar encuentra uno tan recatado que cubre muy bien su cuerpo de manera elegante.
Lo que si no esperaba es que verla de igual manera con tanta tela cubriéndola me excite lo mismo. Al salir de la tienda camino incomodo ya que mi erección aprieta mi pantalón. Subimos a mi coche y ella me está comentando algo que no tengo idea, yo trato de meter mi mente en otro lugar, pero escucharla hablar, aunque no entienda lo que dice me hace subir la temperatura de la sangre. Estoy perdido si solo escucharla hablar y verla vistiendo un vestido de monja me pone, no quiero pensar que no lo hará.
—¡Mierda! —me quejo y ella se sobresalta.
—¿Qué pasa? —pregunta.
—¿Qué, que pasa? —señalo mi pantalón—. Ya no puedo controlar mi cuerpo, cualquier cosa que hagas me pone como una locomotora —admito y la miro con reproche en mis ojos, ella solo me mira atónita.
Llegamos al hotel y bajo casi furioso, mi erección me molesta y solo quiero deshacerme de ella. Le abro la puerta del copiloto y tiendo mi mano que ella toma para salir del coche. Nos dirigimos al ascensor en silencio todo el camino. Dentro del aparato ella me mira de hito a hito, eso es lo peor que puede hace. Le da un aire de inocencia que la hace ver más apetecible de lo que es. Mierda.
No me aguanto y la ataco, si eso la ataco. Tomo su cara con ambas manos pera devorar su boca con hambre, siento su sobresalto por la sorpresa de mi asalta, pero al segundo se recupera y sigue mi beso. Su cálida boca le da acceso a mi lengua. Un jadeo sale de ambos al chocar nuestras lenguas sedientas por el tacto. La empujo contra la pared del aparato y me apoyo en ella, sus manos en mi pecho me presionan y luego la siento en tormo a mi ajustando su abrazo. Se siente tan bien.
Abandono su boca para recorrer su cuello y volver a su boca, es como una cascada de placer.
—Dios, no tienes idea de lo que me provocas, quiero entrar en ti y no salir jamás —digo sin alimento.
Las puertas del elevador se abren y costándome un imperio me separo de ella. Estoy por dar un paso a mi Pent-house y me choco con la mirada de mis progenitores.
—Al fin llegan —dice mi padre con ese tono arrogante que tanto me irrita.
—Fui por mi mujer al despacho —me justifico irritado—. Bueno ya que estamos todos juntos me pondré manos a la obra —mi padre me mira sin comprender—. Quieres almorzar, ¿no?
Sin esperar respuesta me dirijo a mi centro de poder, escucho que Zafiro saluda a mi padre.
—Buenos días —dice ella, pero apuesto que la ignora.
Entra a la cocina y se cruza de brazos, estoy buscando los ingredientes para la comida y verla enfadada me está desconcentrando.
—No te enfades, luego te compensare —le digo tratando de concentrarme en la comida.
—Mas te vale —dice apuntándome con su fino dedo, toma una botella de vino y unas copas.
La veo destapar la botella y esa imagen solo me hace pensar en que será larga la tarde.
Muy a mi pesar el almuerzo se dio... bien. Zafiro sabe cómo manejar a mi padre con sus comentarios sarcásticos y fuera de lugar que al final pudo distender el ambiente y sacar una sonrisa de ese viejo amargado.
Mi madre estaba atenta a todo, como siempre sin despegar sus labios más que para comer. En un momento de la velada, yo me dirigí a la cocina por más vino y ella me siguió.
—Me gusta esa chica, hijo. No arruines lo que tengas con ella —me giro para verla.
—¿A qué te refieres?
—Recuerda que tu padrino es mi amigo, hijo —ahí comprendo todo, el muy traicionero le debe haber dicho que no llevo un matrimonio real.
—No te preocupes mama —digo besando su frente.
—Enserio hijo, ella es la indicada para ti —dice y me deja casi sin palabras.
—Claro, y por eso mi padre la aprueba —respondo sarcástico.
—Ella se lo está ganando, por eso te pido que no arruines lo que tengas con ella. Es una buena mujer y se nota que pueden tener algo verdadero.
—¿Qué te hace pensar eso? Si sabes que lo que tenemos casi es inexistente.
—Hijo, soy tu madre no lo olvides. Además, ella te mira con un brillo en los ojos que, aunque no comprendas es el mismo que tengo yo con tu padre y el mismo que cargas tu cuando la ves sin darte cuenta.
—Hay mama, que tonterías dices —digo riéndome.
—Ya veremos si son tonterías las que digo.
Volvemos a la sala y me quedo de piedra al ver a mi padre reír a carcajadas con algo que le ha dicho mi “Esposita”, mi madre palmea mi mano y se dirige al lado de mi padre. El al verla acercarse le sonríe y otra vez me quedo de piedra, ¿Es amor lo que veo en sus ojos? ¿Ese ser amargado es capaz de sentir algo más que desprecio?
En verdad este día se ha convertido en una de descubrimientos. Para empezar, he descubierto a mis padres infraganti en la piscina, luego a mi mujercita volviéndome loco de excitación y ahora ver el amor de mi padre hacia mi madre. Definitivamente el mundo está cambiando o yo estoy percibiendo cosas nuevas.
Me lleno la copa que tengo a mi disposición y me la tomo de un trago. Una hora más tarde mis padres se despiden de nosotros. Zafiro está juntando las copas que están sobre la mesilla en la sala y las lleva a la cocina.
—Creo que al fin hice las paces con tu padre —escucho que murmura desde la cocina.
—Eso he notado —me acomodo frente al sofá y prendo la televisión—. Ven deja las cosas que luego la gente del servicio se encarga de limpiar todo.
—No tengo problema en limpiar —la escucho decir y ruedo los ojos.
—Ven, no seas cobarde. Veamos una película.
Escucho sus pasos resonar en la habitación y luego se acomoda a mi lado, la observo me está mirando, le sonrió.
—¿Qué quieres que veamos? —me interroga.
—¿Garganta profunda? —pregunto batiendo mis cejas.
—Definitivamente eres un adicto —dice y me saca el control de las manos para buscar algo que ver.
Ella se concentra en la pantalla y yo solo la mira pensando si es muy pronto para volver donde habíamos quedado anterior mente. Al parecer siente mi mirada porque me mira.
—¿Qué? —pregunta y le arrebato el control remoto, apago la pantalla.
Antes de que comience a protestar, como ya va siendo una costumbre en mi la ataco. Mi boca reclama la suya y ella me responde enseguida, se sube sobre mis piernas rozando mi entrepierna. Su vestido se enrosca en su cintura dejándome un mejor acceso a si piel. Aunque lo que quiero es sentirla al completo, por lo tanto, se lo quito.
Ella jadea al sentirse sin la tela sobre su cuerpo. Mis manos recorren su espalda al igual que mi mirada le da un recorrido a su figura. Su pecho sube y baja a medida que mis manos la recorren. Mi boca nuevamente se junta con la suya, ella comienza a sacar mi ropa. Mis manos desprenden su sujetador y sus senos pesados rosan la piel desnuda de mi pecho, trato de acunarlos con mis manos, son enormes.
Sediento por tenerlos en mi boca, primero me dirijo a uno de ellos mientras que mi mano se encarga de jugar con el otro, ella gime al sentir el contacto húmedo de mi boca en su aureola rosada. Sus caderas se mueven sobre mi duro pene que pugna por ser liberado.
—Dios, eres deliciosa —digo ronco por la pación—. Necesito hundirme en ti para poder explorarte más tranquilo.
—Si, si —dice ella perdida en el deseo.
Bajo mi pantalón como puedo y ella levanta sus caderas para facilitar la terea, luego mira mi amigo y su mirada se agranda y me mira.
—Eso me va a partir a la mitad —dice y sonrió.
—Espero poder contenerme he ir despacio —digo tomando mi miembro para ubicarlo en su entrada.
Ella contiene el aire cuando lentamente me voy introduciendo en su interior. Al estar sobre mí, sé que la lleno por completo. La veo contener el aire esperando a que su cuerpo se adapte al mío.
La tomo por las caderas para comenzar con los movimientos, ella me mira a los ojos a medida que se va moviendo y nuestros jadeos se mesclan. No me puedo contener más y la coloco debajo de mí y aumento la velocidad y mis envestidas.(...) Los gruñidos colisionan con los ruidos de nuestros cuerpos llenando la atmosfera de esta pasión desenfrenada que despierta de nuestros cuerpos.
(...)
Los movimientos se van calmando a medida que los latidos cesan. Me quedo quieto y la miro, ella me mira y luego me separo de ella.
—Definitivamente el mejor polvo que he tenido en días —digo y me dirijo al baño, sé que he sido un hijo de puta, pero no quiero que vea lo que en verdad siento.
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Hola soy nueva en la plataforma, espero que les guste mi historia y no quieran despellejar a mi principito.
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Updated 23 Episodes
Comments
Alejandra Gigena
siempre provocador y cachondo 🤦🏻♀️🤣😂🤣😂
2024-12-17
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Maria Barrera
me encanta tu historia! esta genial
2025-02-11
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Milagros Rodriguez
debería despellejar a ese ser tan hjp, que no mide lo que dice
2024-12-30
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