esposita

ZAFIRO:

Estamos los dos en el ascensor bajando hacia mi oficina, y me tiemblan las piernas. Como no, si ni mis sueños le hacen justicia.

Siento su mirada en mi cien. Me cruzo de brazos y lo miro, sus ojos se bajan a mi escote y sonríe. Miro hacia donde él mira y me dan ganas de abofetearlo. Bajo mis manos y trato de esconderme, pero es inútil. ¿Tanto se demora este aparato en dejarnos en nuestro piso? ¿Nuestro? Mio... ¡Mio! Mi piso.

Las puertas se abren y salgo disparada como flecha, mis taconeos resuenan en el piso de mármol. Mi asistente al verme se levanta de su puesto y quiere decirme algo, pero la freno.

—Mas tarde... — digo pasándola de largo y abriendo las puertas de mi guarida, sostengo la puerta para que entre el arrogante señor que me acompaña.

Se toma su tiempo, mira todo y hasta le hace ojitos a mi asistente que enseguida se pone nerviosa y mueve sus manos inquietas. El dechado de hermosura entra al fin y antes de cerrar la puerta miro a mi asistente como retándola, ella me devuelve una mirada de disculpas.

El señor pedante mira todo a su alrededor en mi oficina y se concentra en los cuadros con mis títulos académicos, mientras sus manos descansan en los bolsillos de su pantalón oscuro. La posición en la que esta me deja una buena impresión de su espalda ancha y se nota bien trabajada y sobre todo su redondito trasero, lo veo girarse y ahora mi vista esta clavada en su bulto, mmm... grande.

Escucho un carraspeo, enseguida me muevo y me ubico en mi lugar. Con un movimiento de mi mano le indico que se acomode en la silla que está en frente de mi escritorio. Lo veo acomodarse y reclinarse en la silla y me mira como estudiándome y de nuevo su vista viaja a mi escote. Maldito cochino, ¿Cómo antes no me dirigía la mirada?

—Quiero el divorcio.

—Te necesito —Ambos hablamos a la vez— ¿Qué? —pregunta.

—Como ya has escuchado quiero el divorcio, esta unión no tiene sentido y creo que tú ya tienes lo que querías, como yo tengo lo que quería —hablo sincera.

—No —replica haciendo que me mueva inquieta en mi silla.

—Sabes que no necesito de tu firma para divorciarnos —le recuerdo tratando de intimidarlo.

—Recuerdas que firmaste un contrato, ¿Acaso lo leíste? —argumenta con una sonrisa de suficiencia.

—Claro, no firmó ningún documento sin leerlo antes —aclaro.

—¿Incluso las letras pequeñas de la última página? —pregunta juntando sus manos dándole un aire macabro.

Inmediatamente mi mente revoca el contrato y las absurdas clausuras, pero no recuerdo nada de la última página y menos sus letras pequeñas, mi seño se frunce. Me levanto y busco en uno de mis libreros. Voy pasando de cajones y ya en el último escucho un resoplido, alzo la mirada y me encuentro con la mirada lujuriosa de quien dice ser mi esposo.

Enseguida me irgo en mi largo y acomodo mi falda, escucho su riza. —Pervertido— pienso.

Por más que siga buscando no hayo el contrato, vuelvo a mi escritorio y rebusco en los cajones. Nuevamente un carraspeo y me encuentro con la mirada llameante del espécimen que se encuentra en frente mío.

—Si no quieres que termine con mi miembro más duro de lo que ya está, deja de hacer lo que haces —me advierte y yo solo lo miro horrorizada a la vez que con la sorpresa estampada en mi rostro y mi boca desencajada—. Hasta tu boca abierta me llena de ideas.

Enseguida la sierro y ya salida de mi estupor por lo idiota que puede llegar a ser, señalo la puerta y lo hecho de mi oficina.

Maldito asqueroso.

Lo veo salir mientras suelta una risita que me enerva altamente los nervios. Al cerrarse la puerta, suelto el aire y gruño al caer sobre mi silla resignada —maldito asqueroso— vuelvo a pensar.

Cinco años y sigue siendo el mismo arrogante, asqueroso, mujeriego y podría seguir con la lista, pero mejor me concentro en mi trabajo.

Llamo a mi asistente y me concentro en mi trabajo por un buen rato.

Estoy revisando varios documentos y mi teléfono suena, veo la pantalla y se trata de mi novio, como no estoy de humor dejo que siga sonando y lo pongo en silencio para que no me atormente el chirrido de la llamada.

Termino con mi tarea del día y bajo con mi asistente por el asesor, ella me comenta no sé qué cosa, pero ya estoy perdida en mis pensamientos. ¿Qué dirá dichas letritas del demonio que no he leído? Por suerte mi asistente se da cuenta que estoy en mi mundo y no me molesta más con su perorata.

Llegamos al vestíbulo y salgo del ascensor, voy tan concentrada que no me percato de las manos que me rodean por detrás tapando mis ojos.

—¿A que no adivinas quién soy? —escucho la tonta voz de mi novio, todavía no sé porque lo aguanto. Siendo modelo imagínense lo que se tratan nuestras conversaciones. Aburrido, muy pero muy aburrido.

Lo que uno aguanta por un poco de sexo. Pobre Darío y su pene grande y... me suelta y enseguida mis ojos se cruzan con cierto espécimen que no quiero recordar y me volteo para encontrarme con mi novio, sonrió como tonta y me cuelgo de su cuello.

—Amor, al fin volviste —le digo y el me abraza y me da un beso.

—Hasta mañana, señorita —escucho la voz de mi asistente a la par mío

—Hasta mañana —respondemos al unisonó con Darío.

Me doy el lujo de hasta levantar un pie mientras estoy colgada al cuello de Darío, que por cierto lleva un perfume nuevo y eso solo significa una cosa.

Pero como mi presumido esposo está en el área no hare un escándalo, es más aprovechare la situación para mostrarle lo que se perdió.

Refriego mi voluptuoso pecho en el de Darío y con una sonrisa coqueta le susurro en su oído que vallamos a casa. El capta la indirecta y luego de soltarme me toma de la mano y salimos casi corriendo, en el camino a la salida saludo al personal y cuando mis ojos cruzan con él sonrió como tonta.

De lo que mi mente, y si es posible mi realidad, no contaban era con la reacción me mi... esposo. Cuando Darío esta por cruzar las puertas que separan la oficina del exterior, Shiloah desde mi punto siego, aferra su mano en mi brazo y tira de él.

Con el movimiento brusco mi cara se estaba en su pecho y Darío casi cae al piso con el movimiento brusco que lo mando de nuevo al interior del edificio. El ruido que marcaron sus pasos en el piso me dice que no se calló de pura suerte. Todavía no sé cómo en una pasarela puede caminar sin enredar sus pies, es tan torpe cuando camina. Aunque en esta ocasión se puede justificar.

La mano suelta de Shiloah se ajusta a mi cintura para apretarme más a él, mi rostro rompe el contacto con la tela de su camisa para encontrarme con su mirada gris que hace estragos en mis pantis. Carajo, eso debería ser por... por... ¿Cómo se llamaba? ¿Dan? ¿David? ¡Agg! ¡Darío, Zafiro! ¡Cómo te puede olvidar el nombre de tu novio solo con ver los hermosos ojos grises de tu esposo!

Mis manos en su pecho trabajado me cosquillean ¿Cómo se verá sin este retazo de tela que cubre su cuerpo? ¡Zafiro! ¿Qué pensamientos son eso? Aunque no puedo negar que el condenado tiene lo suyo y él lo sabe bien.

Sus labios se mueven formando una sonrisita que más que incomodarme hace que mí, de por ya húmedo panti, esta quiera salir caminado. La razón quiere hacer su entrada y me separo de él, o al menos eso intento, ya que agarre se afianza en mi cintura.

Diario me suelta y presiento que su mirada esta tan perdida como la mía.

—¿Qué pasa amor? —dice mirando fijo a mi... mi complicación.

—Me presentas a tu amigo, “querida” —habla la complicación con piernas y me hace temblar internamente. ¿Era necesario usar ese tono arrogante y excitante que aflojas más que los tornillos oxidados?

—E.. Mmm...—de mi boca solo saben letras disparatadas.

—¿Querida? —pregunta Darío y ahora si se cruza de brazos.

—Shiloah Ad Shuar, esposo de Zafiro —dice tendiéndole la mano, yo creo congelar me en mi lugar.

Darío nos mira alterada mente y veo la furia trepar por su cuerpo. Sin tiempo a nada se da la vuelta y sale por la puerta echando humo, adiós al sexo para mi —pienso con tristeza—

Cuando está fuera de nuestro alcanza, Shiloah me suelta y al verlo a la cara no se si pegarle o.… mejor no lo pienso. Me cruzo de brazos y mi pie adquiere un ritmo de reproche mientras la miro esperando una explicación.

Explicación que no llega y me frustro mirando sus grises, ¿Puede ser que sean como el mercurio liquido? No venenoso es lo que es.

—Sigo esperando —digo y mi voz suena tan ronca que me dan vergüenza ¿Cómo puede ser que me excite tanto? ¡apena lo conoces y ya sabes cómo es! Me reprocha mi mente.

—Eres mi esposa y no necesito darte una explicación, cuando a la vista salta que tienes un amante —dice el condenado sexi cara dura.

Mis cejar se levantan y puedo apostar que mi cara de asombro es digna de una foto.

—¿Ahora soy tu esposa? —digo y saco pecho como tratando de llegarle, aunque sea, al mentón, cosa que no logro. Cinco CM más de tacón de ahora en más— Hace más de cinco años que no se nada de ti, tu ni siquiera te dignas a saber mi nombre y ahora me reclamas, pero que hipócrita que eres cuando tú y yo sabemos que por tu cama pasan ciento de mujeres y a mí me quitas el único polvo decente que puedo llegar a tener una vez cada tanto —casi le grito en su cara socarrona y me arrepiento de soltar la última frase ya que sus ojos se abren desmesuradamente.

—¿Tu único polvo? Te puedo ayudar con eso, esposita —me dice y creo que la cólera se refleja en mi rostro adquiriendo el mismo color que mi cabello.

Enojada, frustrada y sobre todo más cachonda que en años, me doy la vuelta para salir antes de que cometa un asesinato.

—Mañana te espero para almorzar —escucho que me grita y yo solo sigo mi camino sin mirar atrás.

Sus manos recorren mi figura, su boca hace estragos con mi piel. Un jadeo se me escapa cuando su lengua hace contacto con mi centro. Estoy perdida en el delirio por las sensaciones que despierta en mi interior. Lo siento trepar por mi piel, morder mis pezones endurecido a la vez que un fuerte enviste me roba el aliento.

Mientras sus caderas se mueven fuertemente chocando con la mías, sus gruñidos se cuelan por mis oídos. Mis ojos se abren y su mirada gris me sonríe.

—Te gusta duro, esposita...

Un grito sale de mi garganta cuando me despierto en medio de mi habitación a oscuras, toda sudada y con una excitación de los mil demonios. Caigo nuevamente de espalda en mi cama, estiro mi mano y saco mi compañero fiel del cajón para terminar lo que mi pesadilla comenzó.

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Comments

Sol

Sol

de verdad que la abstinencia te tiene mal está acabando con tu autoestima y dignidad... el matrimonio es un contrato pero coquetear contigo al lado???

2025-02-23

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Sol

Sol

esto ya es patológico... y el vibrador será un personaje secundario con nombre y todo... 😂😂😂😂

2025-02-23

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Eva Doello

Eva Doello

🤣🤣🤣🤣🤣 me encantaaaaaa

2025-02-08

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