Las cosas con Zafiro van tomando una forma inesperada. Nos estamos adaptando el uno al otro de una manera que nunca pensé que se daría.
Mi padre sigue insistiendo en que me divorcie. Mi madre no opina. Y yo ya no se si quiero que se aleje de mí.
—Necesito que entres en razón, hijo —dice mi padre bebiendo un trago agua de una copa.
—No puedo divorciarme —sigo repitiendo, ya parezco disco rayado.
—No tienen hijos y no los veo queriendo formar una familia, ¿Qué te ata a esa mujer? —todo, pienso—. Tengo que admitir que es bella y que te debes sentir muy atraído por su cuerpo, además de que tiene un carácter bastante particular, pero...
—¿Pero? —no me está gustando el tono que está utilizando.
—No es digna.
—Ya te dije que no quiero la corona ni nada por el estilo, por eso me aleje de todo. Por eso no quería que me encuentres. Estoy bien así no puedes solo tomar mi decisión en cuenta —reclamo exasperado y me sirvo una copa de licor, necesito algo fuerte.
—Es tu deber hijo, te guste o no. Eres el heredero.
—¿Quieres mi renuncia por papel? No tengo drama en redactar lo que sea para que me libere de todo eso.
—No puedes y lo sabes.
—Entonces acepta que vengo con paquete porque no pienso divorciarme pese a quien le pese —doy un ultimátum y doy por terminada la “charla”.
Salgo del hotel rumbo a las oficinas de mi querido padrino. Zafiro sé que en este momento esta con su amiga viendo algo del orfanato y todas esas cosas de caridad que acostumbra hacer.
Llego al complejo de oficinas y luego de saludar a la recepcionista que al reconocerme me saluda coqueta. En otro momento estaría tratando de ligar con ella, pero lo siento chicas estoy fuera de juego.
Subo al piso de mi abogado y luego de anunciarme entro a su oficina.
—Muchacho tanto tiempo ¿Qué te trae por acá? —pregunta el muy emocionado, eso me hace fruncir el entrecejo.
—Eres mi padrino que más me podría traer acá —digo tomando asiento en frente de su escritorio.
—Llevas razón, ahijado —dice y se remueve en la silla—. ¿en qué te puedo ayudar?
—Quiero que busques la manera de que me liberen de mi deber como príncipe heredero.
—No entiendo, ¿Qué sucede ahora?
—Lo mismo de siempre, quiere que me divorcie y me case con el robot que elijan para mí y además que me haga cargo de la corona y todo lo que conlleva eso —digo casi con calma—. Tú sabes muy bien porque no me puedo divorciar de Zafiro, cosa que todavía me cuesta entender cómo es que ese punto apareció en el contrato que ni yo estaba enterado.
—La solución la tienes frente a tus ojos, solo debes dejar de fingir —dice dejándome confundido—. Bueno muchacho siento tener que dejarte, pero me espera un cliente.
Sin más se levanta y me deja acá sentado confundido con el ceño fruncido y para colmo de males cuando reacciono estoy solo en la oficina.
¿Qué tengo en frente de mis ojos? Me quedo pensando un poco y llevo mi mano a mi barbilla sopesando sus palabras. ¿Qué tengo que dejar de fingir?
Se que tiene que ver con Zafiro, eso es lo que tengo en frente. Ahora no entiendo que es lo que sería la solución. ¿Me querrá decir de tener hijos? De solo pensarlo me da escalofríos. Nunca vi a los niños más que como una carga.
Otra cosa, el tema que tengo que dejar de fingir me confunde. Se que esa mujer me tiene enredado con sus pierdas, sus brazos, su trasero respingón digno de los azotes que le doy, sus pechos. Esas joyas que adoro lamer y ver su gesto perdido en el placer que siente cuanto mis manos acarician su cuerpo, el calor que siento en el pecho cuando la veo reír o llegar al clímax. Mierda creo que necesito buscar una distracción o terminare mal. Y por mal me refriere a enamorado y es algo que quiero evitar.
¿O será que no debo evitarlo? ¿Sera a eso a lo que se refiere mi padrino? ¿Qué gano enamorándome de mi mujer? Si lo miro del lado de ganar, creo que es mucho. Es una mujer integra y confiada. Además de la que se puede confiar. Tiene tantas cosas que me gustan de ella, como su sinceridad. La forma en que hace algunas cosas insignificantes pero que me ponen a mil. También verla gesticular al hablar.
Miro el reloj de la pared que tengo a mi derecha y me levanto para salir de la oficina vacía de Carlos. Salgo y me dirijo al ascensor, marco el piso de mi mujer. Al llegar a su piso salgo del aparato y frente a su secretaria pregunto por ella.
—La señorita Zafiro no tarda en llegar —dice su secretaria y yo me pregunto porque le dice señorita si es señora, mi señora, mi mujer.
—Señora Zafiro, recuerda que está casada conmigo —digo corrigiendo su error—. La esperare en su oficina, si eres tan amable me puedes traer o mandar un café.
—Si señor, enseguida señor —dijo la chica y salió disparada a buscar mi pedido mientras dirijo mis pasos a la oficina de mi mujer.
Entro a la oficina y doy una mirada más profunda al lugar, sobre una librería que ocupa una de las paredes laterales hay además de libros, marcos con fotos. Me acerco para mirar las fotos y en ellas veo la evolución de mi mujer.
En las primeras se la ve como la recuerdo el día que la conocí. No puedo creer que luego de perder algo de peso y cambiar su ropa por una más agraciada muestre la mujer que escondía debajo de todo ese traperío añejo. Admito que el sobrepeso no me hubiera permitido ver más haya, pero la ropa y la presentación en una mujer es como una publicidad. Todo entra por los ojos.
Sigo mirando y en las siguientes fotos esta ella graduándose y otra en el mismo evento del brazo de mi padrino, su sonrisa deslumbra su cara. En estas fotos ya se la ve mejor vestida y con algo menos de peso. No era muy gorda, pero es como que le faltaba ajustarse acá y allá, se nota por su cintura.
Su cuerpo me recuerda al de un reloj de arena y no es la primera vez que lo pienso. Sigo mirando y también hay una con el coso ese que fue su pareja, tomo el marco la observo y apretando los dientes abro el portarretrato para retirar la foto.
Por más que me ha dicho que son buenos amigos, sé que el coso ese sigue queriendo algo con ella. Yo me voy a encargar de que quede donde siempre debió estar. Lejos de mi mujer.
La puerta se abre y entra la secretaria de Zafiro que no recuerdo su nombre, me deja el café en una de las mesas y me anuncia que mi esposa está subiendo el elevador.
—Bien gracias, puedes retirarte —digo adueñándome del lugar.
Me acerco a la mesa y tomo la taza para tomar un sorbo de café y pensar que esta oficina necesita fotos nuestras. Dejo el marco vacío acostado en la biblioteca y me dirijo al sillón para relajarme.
Fuera se escuchan murmullos y el taconeo apresurado de Zafiro, la puerta se abre y barre la oficina con su mirada hasta que conecta con la mía, sonríe. Ese pequeño gesto calienta mi peco. Sierra la puerta y de apoya en ella.
—Hola —murmura.
—Hola —respondo y dejo la taza para acercarme a ella, que no me saca la mirada de encima.
—¿Aburrido?
—No, extrañándote —llego a ella y hundo mi cara en su cuello para aspirar su perfume, ella suspira y siento como sus brazos me rodean.
—¿Cuánto me extraño, Sr. Ad Shuar? —pregunta en un susurro sobre mi oído que me eriza la piel.
Trepo besando su cuello y llego a su boca, la miro sin hacer contacto con sus labios. Sus ojos me miran y su boca se abre levemente excitándome. Mis manos rompen con la inanición y ajustan su agarre para que mi boca cumpla con el deseo silencioso de los dos.
Un gemido se escapa de su boca cuando su lengua choca con la mía y en menos de un segundo somos un lio de manos y piernas queriendo apretar y rozar nuestro cuerpo en reencuentro.
Mis pasos la guían hacia el sillón donde anteriormente estaba sentado. Caemos en el perdido por la pasión. Sin abandonar sus labios me saco el saco mientras sus manos deambulan por mi pecho y llegan a mi pantalón, lo desprende y mete su mano en mi bóxer. Jadeo al sentir sus dedos sobre mi piel.
Mis manos ahora se ocupan de su falda y recorren sus piernas de forma ascendente para llegar a ese jirón de tela que me impide hundirme en ella de manera urgente. Tomo la barrera y la arranco. Su falda se enrolla en su cintura, sus manos liberan mi carne y con un jalón de sus manos en mi trasero me pierdo entre su húmedo camino que me recibe con dicha.
—Señorita... —de pronto la puerta se abre y su secretaria se queda pálida mirándonos. Luego sale despavorida.
—Menos mal que le dije que está casada y que debe dejar de llamarte señorita —digo y comienzo a moverme, ella me mira sorprendida— ¿Qué?
—¿Le pediste eso? —pregunta y enrosca sus piernas en mis caderas.
—Si, eres mía —digo y comienzo a moverme de manera más certera sin dejar de verla a sus ojos que me tienen hipnotizados. Pronto ella comienza a gemir, pero trata de que sea acallado—. No te contengas, gime para mí.
Me mira y yo salgo para entrar de nuevo, ella gime. Repito el movimiento y gime más fuerte y así sigo haciendo hasta que me uno a ella y la habitación se convierte en un concierto con nuestros gemidos y gruñidos. Llegamos al clímax, exhaustos.
—Dios, pobre de mí secretaria —dice entrecortada por lo agitada que esta.
—Que pobre ni nada, que toque antes de entrar —respondo agitado al igual que ella—. Que se haga la costumbre que cada vez que venga es muy probable que mi mujer este gimiendo.
—¿Eso me dice que vendrás seguido? —pregunta con alegría.
—Te gusta la idea, pensé que me querías lejos.
—Bueno eso era antes de que sepa lo bueno que eres con tu amiguito —la miro con la boca abierta y finjo decepción.
—No lo puedo creer, me quieres solo para sexo —digo con voz chillona imitando alguna loca desquiciada. Ella se ríe y mi antes nombrado amiguito cobra vida—. Mmm creo que no tengo problemas con ese pequeño punto —aclaro con la voz ronca y me siento en el sillón arrastrándola a ella conmigo y dejándola a horcajadas sobre mi— Ahora Señora Ad Shuar, mueva ese hermoso trasero que tiene.
Una hora más tarde, estamos en el baño de su oficina tratando de acomodarnos la ropa. Ella está en frente mío. Termino de anidar mi corbata y pellizco su trasero.
—Que manito inquieta que estamos hoy —dice fregando su trasero en mi cadera.
—No más que tu —respondo apretando los ojos para tratar de contener mi excitación, Dios esto es de no creer ¿Cómo puede ser que me caliente la sangre de un momento a otro con tanta facilidad?—. Necesitamos fotos juntos —digo para desviar el tema.
—¿Fotos nuestras? —pregunta remarcando sus labios con carmín. Verla me da la idea de donde quiero que estén, así como están rojos carmín.
—Si, no tenemos ninguna juntos y las que hay en mi casa no cuentan. También me gustaría que hagamos cosas de parejas que no hemos hecho.
Ella se voltea para enfrentarme, me mira y su cara es seria igual que la mía. Mis manos en su cintura la atraen a mí y la atrapo en un abrezo.
—¿Por qué quieres hacer eso? —pregunta con cierto recelo.
—Porque eres mi mujer, eres mía —respondo sin apartar la mirada.
—No soy de tu propiedad —mis manos aflojan su agarre.
—Eres mi esposa, claro que eres mi propiedad.
—Para no querer lo que tu padre quiere de ti actúas igual que el —dice y aprieto los dientes— ¿Por qué no admites que estas enamorado?
—No soy igual a mi padre y muchos menos estoy enamorado de ti, solo me gusta coger contigo y no quiero que te revuelques con ninguno más que yo mientras sigamos casados.
—¿Por qué eres tan cruel conmigo? ¿Tan mala soy que no me puedes amar? ¿Tan mala soy que nadie me puede amar? —dice con lágrimas en los ojos, mi corazón duele, pero no hago nada para frenarla cuando la veo salir del su baño.
Me miro al espejo y mi reflejo demuestra lo idiota que soy. Si estoy enamorado de ella ¿Por qué me cuesta aceptarlo? Se que la quiero, pero... soy un idiota. Salgo el baño corriendo y trato de alcanzarla.
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Comments
LUZ AMPARO SALINAS ANGULO
ojalá se.balla.lejoscon hijos todo y lo deje mando cómo el ternero /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
2025-02-02
3
Milagros Rodriguez
que hombre tan desesperante!! tan orgulloso que no puede admitir que tiene una mujer, una hermosa y buena mujer al lado y solo la embarra cada vez que tiene un acercamiento
2024-12-30
1
Alejandra Gigena
Que mina desubicada!!!🤦🏻♀️
2024-12-18
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