un buen día para morir

SHILOAH:

Hoy se puede decir que es un buen día para morir. Si definitivamente. El tacón de Zafiro se está incrustando en mi pie y la mirada de mi padre, que por cierto no es nada amable, de poder me estaría atravesando con rayos x y mi existencia se evaporaría.

Así de bien iba todo. Salvo por mi madre, sumisa como siempre no apartaba la mirada del mantel, quisiera que una vez en su vida diga o haga algo para saber que su cuerpo tiene vida y no es un títere manejado por la persona que dice ser mi padre.

Apenas llegamos la mirada reprobatoria de mi padre recorrió a Zafiro de arriba abajo y sin mucha dilación me dijo “esta es la ramera con la que te casaste”. Por suerte no lo dijo en español, pero como lo buena abogada que es mi mujer pudo adivinar que nada bueno salió de su boca. Si fuera así mi pie no sufriría la presión por un tacón que parece una vara filosa clavada en el empeine de mi pie. Le aprieto una pierna y como su vestido es como un guante de pequeño, digamos que mi toque fue muy íntimo. Gracias a eso me soltó y pude respirar con normalidad.

—Te agradecería que respetes a mi mujer, padre —le dije en el mismo idioma—. Madre —salude, pero como siempre ella solo atino a mover levemente su cabeza como haciéndome saber que me había escuchado.

—Tienes que terminar con esta farsa, debes cumplir con tu deber —lo escucho murmurar nuevamente a mi progenitor.

—¿Qué farsa, padre? —el aludido solo me mira y luego inspecciona a mi mujer, ella le sostiene la mirada, menos mal que le dije que no lo hiciera—. Zafiro es mi mujer desde hace cinco años.

Eso parece sorprenderlo, pero enseguida se compone.

—Si hace tanto que están juntos porque no hay herederos todavía, de ser así hare que anulen tu matrimonio y como sea te llevare de vuelta a casa. Hay un trono al que debes responder.

—Antes muerto que ocupar tu lugar —digo con rabia y tomo de mi copa. A mi lado Zafiro se mueve inquieta, los hombres que pasan a nuestro lado la miran de manera insinuante.

Siempre me gusto que mis mujeres roben miradas, pero esta no es la ocasión. No quiero que nadie la mire y menos con mi padre en frente. Creo que elegí mal su atuendo.

Un mesero se nos acerca y nos trae los platos con la comida que como siempre mi padre se adelanta a pedir, zafiro mira el contenido y arruga su frente. Por lo visto el filete y las verduras no son de su agrado. Mi padre también la mira y solo espero que no se arme alguna revuelta.

—Disculpe joven, pero yo no pedí esto y no lo pediría nunca —le dice ella al camarero y el chico no sabe qué hacer, mira a mi padre—. Quisiera que me traigan un plato de ravioles con salsa y muchas albóndigas y por favor que no sea muestrario —dice ella, el camarero retira su plato y cuando sale rumbo a la cocina mira a mi padre—. Dígame señor Adil, es su costumbre suponer que la porquería que come le gusta a todo el mundo.

Mi padre la mira con furia y luego me mira a mí, yo solo quiero desaparecer, o que por lo menos esto termine rápido, pero mi mujercita creo que no me lo pondrá fácil.

—Siérrale la boca a tu mujerzuela —suelta el en español.

—¿Quién se cree que es para faltarme así el respeto? —suelta ella tirándole dardos.

—Zafiro —suplico, ahora los dardos y creo que envenenados se dirigen a mí.

—Acepte esta cena, me vestí como quisiste, pero ni loca aguantare que tu querido “padre” me trate como una prostituta barata —espeta enojada—. Por lo menos que disimulé al hablar mal de mí.

—Eres un mal esposo si permites que esta arrimada te hable así, un heredero como tu necesita una mujer sumisa que se mantenga callada y te llene de hijos —ella alza una ceja y luego me mira como pidiendo una explicación.

—Creí que te había quedado claro que no quiero nada de lo que tu supones que es bueno para mí, y menos una mujer sumisa.

—Tu nación necesita un hombre responsable que demuestre firmeza —dice recordándome porque me fui de mi país buscando mi camino.

—Yo ya creo que te deje bien claro que no quiero ser tu heredero ni nada parecido, tienes a mis hermanos para elegir. Yo ya renuncié.

Otra vez como caído del cielo aparece el mesero con he pedido de Zafiro y por un momento el silencio recorre la mesa, ella a mi lado mira nuestros rostros y veo que no comprende nada. Pero luego su mirada recae en el plato y sonríe.

—Gracias —le dice al mesero antes de que se retire—. Bueno señores si quieren seguir sacándose los ojos por mí no hay problema, pero mi comida es más rica caliente —dice y luego de pinchar con su tenedor uno de los ravioles lo lleva a su boca y gime de placer, hasta mi madre levanto la mirada para verla.

Como acto mecánico todos comenzamos a comer, el silencio es algo incomodo, pero me concentro en verla comer. Me fascina y debe ser el hecho de verla disfrutar de su comida. Salir con modelos que solo comen pasto no es muy ilustrativo que digamos. ¿Qué se sentirá llenar su cuerpo con chocolate y comerlo a lamidas?

Mi mirada viaja nuevamente a mi frente y mi padre me mira con estudiada intención. Mi madre a su lado solo come sin hacer ningún tipo de ruido, no sé cómo lo logra.

De pronto el celular de Zafiro comienza a sonar y ella lo toma para contestar, yo quisiera arrancárselo de la mano para lanzarlo lejos.

—Aina ¿Paso algo? —pregunta y quisiera saber quién carajo es para interrumpir nuestra cena—, No espera, deja que yo lo soluciono, tranquila —dice y corta la llamada y me mira—. Amor, surgió algo en el hogar y es urgente.

No se dé qué carajo está hablando, pero debo actuar como si entendiera.

—Puede esperar hasta mañana, cariño —le digo siguiéndole el juego y mirándola de forma que comprenda que no nos podemos ir.

—No, es urgente —dice levantándose de su lugar—. Necesito acudir de inmediato al hogar, espero sepan disculparme.

—Que desfachatez, seguro que tu amante te reclama y lo escondes con algún asunto de caridad —dice mi padre llevándose un bocado a su boca.

—Si seguro, Shiloah ¿crees que si le escupo en la cara al pedante insoportable de tu padre lo tome mal? —me pregunta y solo atino a reír.

—En ese caso seremos los dos, lo siento padre, madre, debemos atender la urgencia del hogar —digo imitando a mi mujer y levantándome del mi lugar para seguirla a la salida del restorán.

—Shiloah, no voy a rendirme hasta que dejes esta idiotez y asumas tu responsabilidad, después de todo eres mi primogénito por lo tanto el reino te pertenece por herencia, cuida bien de tu esposa —lo último lo dice en tono de amenaza.

—¿Acaso me estas amenazando? —pregunto volviendo mi mirada hacia mi padre.

—Tómalo como quieras, el reino depende de ti como lo será la vida de esa mujerzuela —dice señalando hacia mi espalda y para mi desgracia lo dijo en español.

 Zafiro me mira sin comprender, tomo su mano y salimos del local. En la vereda le doy al chico de la entrada la llave de mi coche y en el silencio de la noche escucho el ruido de su zapato en el suelo repiquetear, la miro y esta con sus manos en la cintura, sexy esta mujer me volverá loco.

—¿Qué? —digo llevando mis manos a los bolsillos para no tener que acercarla a mí y besarla, miro al interior del local y mi padre nos mira como esperando una reacción de mi parte.

Sin pensarlo dos veces, la tomo de la cintura y la acerco a mi acaricio su rostro y le sonrió.

—¿Qué haces? —pregunta tratando de apartarme.

—Mi padre nos mira, solo quiero que veo lo caliente que me tiene mi esposita —le digo recorriendo su rostro con mis dedos y acerco mi cara para dejar un beso en sus labios, uno tierno, sin nada sexual, pero a la vez placentero. Nos quedamos viéndonos hasta que un carraspeo nos saca del letargo y tiendo mi mano para tomar las llaves de mi coche.

Ayudo a Zafiro a que se acomode en el copiloto del auto y luego me monto para conducir.

En el camino nuevamente me intriga el tema del dichoso hogar.

—¿Qué es eso del hogar? —pregunto.

—ES el orfanato donde crecí, soy voluntaria y presto mis servicios jurídicos —dato que me deja pensando, es huérfana, no lo sabía.

—No sabía que eras huérfana —digo.

—Si, hay mucho que no sabes de mi como yo de ti, ¿Qué era eso de que el reino depende de ti? —me pregunta dejándome algo nervioso, no me gusta decir que soy... príncipe. Prefiero ser una persona normal sin privilegios ni obligaciones que me atan no solamente a una nación si no a una mujer desconocida y que no tendría nada que ver con la que es mi acompañante en este momento, seria alguien como mi madre.

—¿Quieres cambiarte antes de ir al hogar, te puedo llevar a tu casa y luego a tu destino? —pregunto tratando de cambiar de tema.

—No tengo que ir a ningún lado, le había pedido a mi amiga que me llame para simular que algo pasaba —dice y la miro—. Sabía que nada bueno saldría de esa cena, la llame cuando me estaba cambiando.

—Muy astuta —admito.

—Gracias, ahora responde a mi pregunta y recuerda que evadir mis cuestionamientos no te llevaran a ningún lado —dice y sonrió negando, de verdad me gusta. Como fui un tonto y no me di el tiempo de conocerla.

—¿Qué conoces de Kuwait? —le pregunto con la vista clavada en la carretera.

—Mmm... que es un país árabe y que consta con una política monárquica.

—¿Entonces comprendes que el sultán de Kuwait es el Rey de ese país? —ella asiente sin comprender—. Bien, mi padre es el Sultán de mi país.

—Entonces.... tu... —asiento, no necesito que termine la frase, sé que comprendido bien el significado—. ¡Y como carajo te cásate conmigo, rechazas un reino solo para ¿qué?, revolcarte con cuanto pierna abierta se pose en frente de ti!

—No es lo que tu piensas —digo, si disfruto de mujeres a montones, pero no por eso me aleje de mi país, de mi familia.

—No lo puedo creer, ¿Por qué no sabía eso de antemano? —pregunta algo preocupada—. Sabes que ahora que tu padre está aquí me complicara la existencia a mí. Está claro que no me quiere a tu lado y por más que firmemos un divorcio mi vida correrá peligro.

—No me quiero divorciar.

—¿Qué? Mira no sé lo que pasa por tu cabeza, pero en verdad yo aprecio mi vida como para que la arriesgue por nada.

—Si me divorcio de ti le estaré dando la razón a mi padre, y yo no quiero eso. Quiero mi vida como esta —como le explicó que no nací para ser rey—. Soy chef —digo de pronto luego de un prolongado silencio.

—¿Qué? —pregunta ella mirándome.

Llegamos a su casa y aparco el coche, la miro, sé que espera una explicación. Nadie creería eso de mí, pero es mi pasión, es por lo que deje todo, por seguir mis sueños y mis convicciones. Escondo todo lo que soy con la fachada de dueño de un hotel de lujo, pero en realidad todo lo hago solo para poder cocinar sin que nadie me juzgue, lo hago anónimo, nadie sabe que cocino y prefiero que se mantenga así.

—No nací para ser rey, eso es un hecho —comienzo diciendo—. Desde pequeño me reúse a todo lo que tenía que ver con eso, solo quería cocinar, siempre me gusto y más porque era el único lugar donde mi padre no metía la nariz.

—¿Pero vives de tu hotel, donde entra eso de chef? —me pregunta intrigada.

—Soy el chef anónimo de mi hotel, nunca di mi nombre, sobre todo porque no quiero que nadie me relacione con mi familia.

—¿Pero el hotel? —pregunta.

—Bueno eso es algo a lo que nunca te comenté, pero esta todo a tu nombre y Carlos arreglo todos los papeles para que mi firma se pueda imprimir en vez de la tuya, no tengo nada a mi nombre para poder mantener un perfil bajo y que mi padre no esté en la mira de mi vida.

—Pero yo nunca firme ningún documento como para que eso que dices sea así.

—Somos esposos y en el contrato prenupcial esta todo, solo que en letras pequeñas.

—Letras que no leí, muy astuto.

—Al fin admites que no leíste todo el contrato.

—Sea como sea lo hubiera firmado lo mismo, estaba en banca rota y con una soga en el cuello en el momento que me dijeron de ese trato.

—¿Por cierto como te enteraste de ello? —eso es algo que nunca supe ni por que medio se dio la búsqueda de la supuesta esposa.

—Un amigo de la universidad me dio el dato, estudiaba economía —responde pensativa—. Él es mi ayuda económico, me ha aconsejado como invertir y así poder aumentar mis ingresos.

Eso sí que no me lo esperaba, si me lo nombro antes, pero no le di importancia, pero ahora que lo hablamos me queda claro que Carlos eligió bien a mi esposa.

—Ósea que, si tienes tanto dinero porque vives en ese departamento, es lindo, pero no tiene mucho lujo.

—Me crie en un orfanato, lo material no me interesa —dice y acomoda su cabello—. Es verdad que tengo ciertas comodidades y gasto en ropa lo que nunca en mi vida había gastado, pero es el único lujo que me permito.

—¿Qué te frena a despilfarrar? —de veras no la entiendo yo en su lugar viviría como un rey o un príncipe, irónico.

—Todo lo que tengo y puedo lo utilizo para ayudar a la gente que lo necesita, sonara tonto, pero eso de cierta forma me reconforta y me llena de placer.

—Se nota que no sabes mucho de placeres —le digo con doble sentido.

—Bueno en eso puedes tener razón y creo que la culpa ya sabes de quien es —la miro sin entender a qué se refiere—. Darío, mi novio, recuerdas.

—A si, ese, tu amante —me hecha una mirada gélida—. Bueno que si es cierto.

—Lo dices como si fuera un pecado que tú nunca sucumbes y apuesto a que te dejas enredar por largas piernas muy seguido —si puede ser, como la de anoche, sonrió—. Viste tengo razón.

—Si, bueno. Tienes razón, pero ahora tendremos que ser precavidos no me parecería raro que mi padre nos mande a seguir.

—Mierda, ¿sabes lo que eso significa? —me pregunta y miro por el espejo retrovisor de mi coche.

—Si, que tendremos que fingir —digo y la miro—. Creo que tenemos compañía.

Ella mira lo que yo y suspira. Ahora si más que nunca la tendré bajo mi mira, la idea me agrada y mucho. No quiero ser un hijo de puta, pero su cuerpo me tiene loco y como sea, aunque sea una vez lo tengo que probar. Creo que ya tengo un nuevo deseó o meta como sea lo tengo que conseguir.

No voy a descansar hasta terminar entre las piernas de mi esposita y mientras más la prive de sexo más fácil será para mí. Sonrió pensando en el nuevo reto que me espera.

Primero alejarla del supuesto novio, segundo meterla en mi casa y tercero en mi cama.

—Voy a cambiarme y a buscar algo de ropa —la escucho decir.

—¿Para? —pregunto algo distraído.

—¿Cómo que para qué? Nos siguen, tenemos que simular que somos una pareja por demás de enamorada, “queridito” —mierda va a ser más fácil de lo que creí.

—Ok, entonces te acompaño.

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Comments

Sol

Sol

lo mismo digo... muy "fácil"... 😂😂😂😂

2025-02-23

0

Cinzia Cantú

Cinzia Cantú

Qué no le pase nada a Zafiro porque el padre de su esposo no me gustó nada

2024-11-03

4

Leticia Nilda Gutiérrez de Sarango

Leticia Nilda Gutiérrez de Sarango

ahora si ,que buena se está poniendo con las ganas que se traen jejeje 🙈

2024-11-01

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