buen esposo

Dos meses después...

Traerla sin que sospeche nada fue todo un triunfo. Estamos parados frente a mi regalo de... bodas. Si, aunque parezca descabellado, volvimos a casarnos, pero esta vez fue enserio. De eso fue hace una semana.

Mi padre movió cielo y tierra y logro su cometido. Logro que anularan nuestro matrimonio. Lo que no esperaba fue que mi mujer estuviera embarazada, porque si eso fue lo que paso.

Después de eso todo fue un caos. Mi madre gritándole por primera vez en su vida a mi padre, mi padre mudo de la impresión y mi mujer vomitando de la impresión. Bueno más que dé la impresión fue por su estado confirmado.

La pobre se la pasaba mal, por la mañana vomitaba todo, y por la noche los antojos me tenían loco.

Al estar juntos sin ser esposos mi madre casi muere, y culpo a mi padre de que su nieto nacería y no podría llamarlo como tal porque él quiso separarnos. El insistía que no era mi hijo y mi madre amenazo con dejarlo. Eso armaría un escándalo en el reino que lo llevo a organizar una boda por su propia mano para su primogénito.

Así que si mi padre casi nos ruega que nos volvamos a casar con tal de tener contenta a mi madre. Obvio que no dudamos en aceptar su bendición, y guardamos la idea de escaparnos a las vegas...

La boda fue íntima y emotiva. Algo no muy cargado ya que Zafiro no la estaba pasando bien. Lo mejor de todo es que ahora si su oficina tendrá una foto de nuestra boda y muchas más que emos estado juntando es este tiempo.

Con respecto a la corona, sigo manteniendo mi idea y la verdad no quiero saber nada. Para ello en un mes me tocara volver y presentarme ante el consejo y renunciar a mi puesto como rey y cederlo a mi hermano. El sí está preparado para eso.

—¿Porque me trajiste acá? —dice mi querida esposa mirando todo el campo verde que se expande a nuestro alrededor.

—Es mi regalo de bodas —respondo con una sonrisa en mi cara.

—¿Y para que quiero un campo, ahora seremos granjeros? —pregunta mientras coloca una mano en su frente para mirar mejor y que el sol no le moleste.

—¿Quieres que construyamos una granja? —pregunto divertido, pasando mi mano por su cintura y atrayéndola— podría hacerte el amor en el gallinero...

—Mientras las gallinas pican tus bolas, ja, ja —su risa llena mi espacio y contagia la mía.

—Eso le quita todo lo divertido, pero no, aquí construiremos nuestro hogar.

—¿Nuestro hogar? Aquí entra un barrio entero por lo visto.

—Quiero que tengamos una casa grande, para todos esos niños que tendremos, porque te advierto que te dejare embarazada muy seguidito —beso su mejilla y ella me empuja quejándose.

—Claro, no eres tú el que se la pasa vomitando...

No puedo evitar y reír. Se que la pasa mal, pero es cierto quiero una casa grande y muchos mocosos gritando en ella. También quiero que haya una piscina donde pienso hacer mucho más que nadar. En resumen, un mini palacio para ella y todos esos niños que vengan. Si antes no quería saber nada con ser padre ahora desde que supe que lo sería la felicidad me invade y me veo con cinco niños o más correteando a nuestro alrededor.

—Lo siento amor, sé que la pasas mal —la vuelvo a sostener y acaricio su todavía vientre plano—. Pero ahora dime ¿Te gusta mi regalo o no?

—Si amor, me encanta —voltea y se cuelga de mi cuello—. Aunque me la pase vomitando como loca cada vez que esté de encargue me gusta la idea de tener muchos hijos con mi precipito —ruedo los ojos ante mi apodo y beso sus labios.

Tomo su mano y hacemos un pequeño recorrido. Elegí este lugar porque tiene diversos frutales y un pequeño lago que siempre hay diferentes aves, ahora hay patos sirirí y la llevo para que vea.

—Es hermoso todo esto, también puedo ver porque lo elegiste —dice señalando la hilera de frutales—. Esas naranjas se ven riquísimas.

—Son de ombligo y muy dulces, pero hay otra cosa que quiero que veas —digo tomando su cara suavemente para que la gire y vea el lago. Su cara de asombro dibuja una sonrisa en la mía.

—Hay que bello. Parece cuento de hadas con patitos y todo...

—Si, esos patos estarán bien combinados con esas naranjas, Auch... —me quejo al sentir como su mano golpea mi brazo.

—Qué culpa tienen esos patitos de que seas un chef... —espeta con lágrimas en sus ojos.

Ya mencioné lo emotiva que se ha vuelto, con cualquier cosa llora. Como ahora que mira esos patitos y llora a moco tendido.

—Solo es una broma, sé que los patos del super son también igual de ricos —acaricio su cabello salvaje mientras la atraigo a mi pecho para consolarla y que deje de moquear.

Lo bueno que después de que deja de llorar, no me lo explicó, pero no me quejo, es como que se le sube la calentura y siempre terminaos teniendo sexo. Sea donde sea. Como cuando escucho los latidos por primera vez de nuestro bebe. Lloraba como loca y cuando salimos del consultorio me arrastro hacia un cuarto que resulto ser el de limpieza y prácticamente me obligo a que sacie su necesidad contra la pared de ese pequeño cuarto. Soy buen esposo no me opuse.

También no me opuse luego de la emoción que tubo al recibir el primer par de calcetines blancos para nuestro porotito y nuevamente me vi beneficiado de sus arranques de “calentura”, por supuesto soy un esposo de diez al cumplir con cada necesidad de mi chica.

Y como era de esperarse sus ojos dejan de derramar lágrimas y cuando sale de su escondite entre mis brazos, la mirada lujuriosa que posee me advierte que debo seguir siendo un buen esposo. No me hago rogar y mirando a nuestro alrededor puedo ver unas rocas grandes entre unas plantas florecidas y creo que se convertirá en nuestro nidito momentáneo de amor. La guio hasta allí y sentándola sobre la piedra que se encuentra tibia por el sol. Beso su boca con la misma necesidad que ella, mientras sus manos recorren mi cuerpo y me quita la camisa.

Saco su blusa y sus pechos me reciben felices y con la primera lamida ella gime tirando su cabeza hacia atrás. Sus pechos están tan sensibles que si sigo manipulándolos llegara al orgasmo sin que la allá tocado siquiera.

Beso su cuello y acaricio su cintura, espalda y llego a su trasero, paso mis manos por debajo y lo aprieto. Sus manos bajan de mi pech desnudo a mi pantalón y de ahí todo se vuelve un gemido constante.

Sin dejar de envestirla siento como su cuerpo se contrae por segunda vez. Con tan poco llega al éxtasis que me complace tenerla entre mis brazos.

—Me complace ser un buen esposo —susurro en su oído y ella ríe.

—A mi también me complace que mi buen esposo ahora recolecte algunas de esas naranjas y mientras yo como un par tú te encargues de lamer cierta parte de mí que todavía necesita de ti.

—Sera todo un placer mi Princesa, pero eso será en casa ya que está refrescando y no quiero que te enfermes.

La ayudo a incorporarse y acomodar du ropa. Recolectamos unas naranjas y nos encaminamos donde deje aparcado mi coche. En el camino a casa feliz escucho sus planes para nuestra granja, según ella.

Al llegar se olvida de lo que hablábamos para atacarme, besarme como loca mientras me guía hasta la sala con las naranjas en mano y desabotonando sus pantalones. Y otra vez como el buen esposo que soy, devoró su centro mientras ella disfruta de sus naranjas. No pensé que verla así me excitaría tanto, pero lo logra, luego de que estalla en mi boca arrastro su cuerpo, lamo sus labios probando el dulzor de las naranjas y me hundo en su ser.

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Comments

Rayza Rojas

Rayza Rojas

Por Dios, está pareja todo lo que piensa es en sexo, que fogosidad. 🤣🤣🤣

2024-11-06

3

Cinzia Cantú

Cinzia Cantú

Unas imágenes difícil de olvidar !! 😉😉😉😉😉

2024-11-04

0

Rous

Rous

jajaja jajajajajajaja jajajajajajaja

2024-10-27

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